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Noche Eterna...

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Noche Eterna...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Mar Mar 30, 2010 6:01 pm

Noche eterna...
Tan blanco y un chico llora,
Amor, soy el charco de sangre en el piso
Yo sueño tan lejos, tan lejos, en algún lugar, ¡Te amo!
Amor, nunca muero por que he pecado mucho, lo sabes
Querido, vengo por ti, esta soledad asfixia..., nunca mata
La posibilidad de perderte

F/G G/F

El tiempo es polvo...
•*• Parte I •*•



Cap. 1: Cierta noche - El no principio

El primer relámpago alumbró su habitación. Los truenos venciendo su sueño, se cubrió el rostro con la manta porque a pesar de no poder protegerlo del frío, mamá se lo había dicho; los monstruos no le verían bajo las transparentes mantas.

La lluvia tocaba con ansias a la ventana, encogido, casi que desapareciendo. El temblor cada vez mayor, y no, no era su reacción por el miedo, a su lado, el pequeño tiritaba, Gerard se preocupó bastante, su abuela estaría aún fuera de casa...

Tenía miedo, mucho miedo, seres extraños y feos bajo su cama, con manos ensangrentadas y descarnadas, uñas rotas, uñas largas o como quiera que fuesen… le atraparían.

Tenía miedo, mucho miedo, la medicina estaba del otro lado de la recamara, ahí, frente al espejo, de ser para él, ignoraría la hora predicha por la anciana, pero... el perjudicado no seria él.

– ¿Hermanito, te sientes muy mal? – Cuestionó al castaño para saber si soportaría su pequeño niñito, tal vez, no sería muy necesario el frasco traslucido que presumía de ser único en la recamara. – Mikey, responde por favor...
.*.

Todavía eran demasiados los lugares por visitar, después de muchos años nada resulta tan sorprendente, las ciudades muy cambiadas, mucho desde la ultima vez que la visitó, aun recordaba el sonido de los niños asombrados al ver por primera vez las locomotoras, al fin, todo resulta tan monótono y aburrido, como si sus vidas fuesen planificadas.

"Es tan aburrido huir"

El piso había dejado de ser hermosa tierra pura, los caballos habían sido abandonados, las diversiones pasadas no se recordaban, ni los valores, ni las principales ideas de gloria en una nueva ciudad.

– "Los niños han dejado de ser niños, y los adultos, adultos..." – Su ultima victima muerta hacia horas, con esos ojos de minino y esa cara de jovencito galante, nadie que pudiese resistirse existía. Con ese corazón de piedra y ese odio a todo el mundo, él no sentía el menor remordimiento, nunca inundando en su ser la culpa.

La vida una porquería, y él, un nuevo héroe de venganza, un asesino sin sueldo. Con sed de sangre y sueños de muerte. La lluvia lavando su cuerpo, cubierto de forma excitante apasionado en imagen, profundo pozo de dignidad y vanidad.
.*.
Su madre le llamaba a lo lejos, con sus cabellos recogidos en una graciosa trenza, campanitas le llamaban, cascabeles en su cuello y sus prendas blancas como nunca; le hacían saber que hoy era un día especial.

– Es muy pronto, niño bonito, querido bebe mío, Gee estará muy triste si regresas por favor, no te acerques a mí

Borroso el recuerdo de su hermano, aturdido en niñito paró su caminar, neto momentos y una voz que le llamaba asustada, ser viró un momento...

Árboles formados de forma incorrecta, ramas pidiendo a gritos liberación, cielo un poco más umbrío, allá no quería regresar nunca, se viró de nuevo hacia su madre.

– Gee se quedara solito allá si no regresas.
.*.

Convulsiones, feas y tristes convulsiones en su hermanito; lloró mientras corría hacia el tocador de madera mate. Cerrando los ojos para evitar a los fantasmas y monstruos, lo tomó con temor, se aventó lo mejor que pudo al colchón magullado, se abrazó a su niñito...

– Mikey por favor, abre tu boca – Sacudidas bruscas que le impedían socorrer al hermanito.

– Por favor...

Primer intento: vertiendo entre los labios cerrados.
Segundo intento: roseando con sus dedos blanquitos.
Tercer intento: el frasco cayó en la cama, poca medicina que quedaba, sus ojitos verdes enrojecieron, aún para hoy y mañana seria suficiente, pero... ¿Y qué pasado mañana?

El mes apenas comenzaba, su abuela sufriría por ello, Mikey perdiendo su medicina... un nuevo relámpago que le sacó del sueño cruel.

Una persona que tocaba a la ventana, ahí en el balcón de la casa vieja, las cortinas blancas formaba la silueta del enorme hombre, su gabán de gente rica...

– ¡Dios... piedad!–

Si es que había cometido un pecado, se dijo el niño, debía pagar él la medicina a su hermanito para que la abuela no trabajara demasiado... enfrentaría al monstruo también...
.*.

Un gritó saliendo de la ventada... el olor a miedo, fragancia desprendiendo de dos cuerpos, fetidez provocada por la ternura y el amor, también la esencia de la desesperación... como buen asesino, como excelente hombre ego centrista…

... Su fragancia preferida, predilecta entre todas las del mundo... tan espeso vaho casi que sentía que lo podía tocar. Ese hedor de sintomáticos aromas, y su preferido.

De aquella casucha horrorosa, nada más podía ser tan atrayente...

– Huele a muerte...– mordió su labio inferior mientras se visualizaba ahí dentro...– A muerte de niño.


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Última edición por Doki_Doki01 el Sáb Jul 10, 2010 11:15 pm, editado 1 vez




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Cap. 2: Monstruos de Elite.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Jul 10, 2010 11:10 pm

Cap. 2: Monstruos de Elite.

El mayor abrazando a su hermanito, "aquello" fuera de el balcón se permanecía inmutable ante la lluvia, la medicina apenas sí hacia efecto, en niñito, de cabello castaño, rabioso comenzaba a tranquilizarse, pequeños espasmos y leves susurros.

Gee, le tapó con la sabana, se tapó el mismo pero sus piecitos resaltaban entre las amarillentas telas.

Cerró los ojos y el primer golpe se escuchó, las enormes ventanas, al unísono se abrieron, y Gee tembló, pero no gritó, los pasos más cerca, una respiración agitada...

.*.

Subió al balcón con gracia y finura. Un bulto en la cama, más que un niño, sería un jovencito o mejor aun, una jovencita...

Sin tiempo, se apresuró a abrir las ventanas, sin tocarlas.
Un paso, dos pasos, y ya más cerca, trató de destapar el cuerpo, sin manos.
Entonces lo notó eran dos cuerpos, intentó de nuevo descubrirles, sin manos, no pudo...

– Les diré una cosa, uno de ustedes esta más de aquel lado que de este, si no quieren que sean dos muertos mejor dejarme hacer lo mío.

La sabana por si sola se corrió, debajo de ella un niñito bonito, demasiado mal alimentado, pero bonito... con los ojitos cerrados y sus brazos rodeando otro cuerpo aun cubierto por las percudidas telas.

Definitivamente no era ese el que olía a muerte.

– ¡Hazte a un lado...!– Gee tembló en ese instante...

¿Mamá había mentido? ¡No! ella nunca lo haría, tal vez este monstruo era de una categoría elevada, "Un monstruo de Elite..."

– Mi abuela vendrá, es grande y fuerte, vete monstruo malo, vete que ella te echará a golpes...

– "¿Monstruo malo...?" Niño idiota, las abuelas son viejas y escuálidas, hazte a un lado, déjame ver a quien proteges.

– ¡NO!–

Furioso era más poco de lo que él estaba. Comenzaba a dolerle la cabeza, tenía hambre... y aquel exquisito aroma...

Tomar sangre de un humano medio muerto, mentira que eso era lo más horroroso...
En aquel punto tan apetecible de inconciencia y muerte...

– Hazte a un lado, te he dicho – Gee notó que era rápido, muy rápido, un parpadeo simple y "Aquello" ya estaba frente a él.

No tubo que pedir nada más, tomó al niñito más grande por el cuello del pijama blanco, lo arrojó fuera de la cama, apenas si tubo tiempo de quejarse, cuando lo notó, aquel hombre con sus ropas mojadas se encontraba sentado en la cama... descubriendo la frente del pequeño Mikey...

– Le enfermaras si lo mojas...

– No deseo que eso suceda niño...– La voz del mayor, notó el niño, resultaba demasiado hipnotizarte...
.*.

– No... No... ¡NO no, quiero regresar... a aquí! – el niñito lloraba, su madre cada vez más lejos, ¿Porqué mamá era tan mala? ¿Porqué no corría hasta donde él y le abrazaba?

Recordó que Gerard había mencionado algo de no ver a mamá por algún tiempo, la abuela también lo decía..., pero no mucho había pasado, tres semanas tan tristes y sombrías, demasiada presión para un niñito de su edad.

Porque vivir sin mamá era tan triste..., ya nadie le sonreía si caía, nadie velaba sus sueños, ni le acariciaba el cabello para despertarlo, nadie le quería allá, donde los árboles mostraban sus dedos de rencor y saña.

Él quería estar entre amor y ternura, entre los brazos de mamá...

– Gerard se quedara solo, Mikey... regresa...

– ¡NO QUIERO...! – Lloró el niño, la madre aún a distancia, frunció el ceño de forma tiernamente molesta...

– Si no regresas por ese camino, me enojare mucho contigo Michael ¿Entiendes...?

– Pero...

– ¡Vete, y dile a Gee que te cuide por que si no lo hace, le regañaré...!
.*.

Si ese pequeño moría... tal vez dejaría de sufrir...

– ¡¡¡Ah!!!– El castaño abrió los ojos de golpe, un hombre frente a él, se asustó, trató de aventarle... Gee expectante y asustado... y el hombre completamente atónito

– "Estaba delirando... no, no puede ser "–

– Tú – Llamó Gee, mientras se abalanzaba hacia el hombre...– Le has curado... ¡Gracias!

– ¡Suéltame mocoso!– Aventó por segunda vez a Gee y salió acomplejado – "¿Yo le hice eso...?"
.*.

– Mikey ¿Estás bien? ¿No te duele nada?– Cuestionó el mayor de los dos niñitos – Debes cambiarte de ropa y... será mejor que quite las sabanas, están mojadas y...

– ¡TE ODIO!– Gritó el pequeño – Por tu culpa mamá no me llevó con ella... estuve con ella y...

– "Calla... Mamá esta muerta..." Mikey, tranquilo, mañana hablamos ¿Sí?– El niñito con los ojos llorosos sintió que el aire le faltaba...–

La puerta de la entrada principal se escucho rechinar...

– La abuela a llegado Mikey... cambia de ropa mientras arreglo las sabanas...– Iba a tomar de los hombros a su hermano...–

– ¡No me toques...!


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Cap. 3: El enano trabajador...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Jul 10, 2010 11:11 pm

Cap. 3: El enano trabajador...

Mejor no comentar nada del lo ocurrido en la madrugada, Gerard tomó sus libros bajo el brazo, dejó que la abuela acomodara su saquito zurcido, después peinó su cabello de ensueño.

Mikey llegó a la cocina un poco adormecido, la abuela se apartó con cariño de Gerard para besar en la frente de su niñito más pequeño.

– Michael, mi pequeño flojito... ¿Porqué aún no estás vestido para ir al colegio?– Gee jaló del delantal de la anciana, y ella entendió. – ¿Quieres faltar hoy? ¿Qué te parece si me acompañas a la casa de la señora Rosie?

El pequeño asintió con alegría, miró a su hermano, también le sonrió... Gee un poco encantado, pensó que Mikey no le hablaría pero que mejor que se le hubiese pasado ese mal enojo.

– Diviértete Mikey, prometo pedir los apuntes de tu clase, adiós abuela. – Corriendo el pelinegro salió de la casona vieja de gran portón.

Gee pensó, que hoy tampoco él iría al colegio.
.*.

Reposando el cuerpo, su único recuerdo de antaño... el sol ahogándose entre las nubes blancas, tan maravillosamente...

Cuando niño, pensaba que el ser adulto sería lo más grandioso del mundo, “Ella le alentaba a alimentarse” decía que al crecer tendría una hermosa familia, después de sus sueños un encuentro cercano con alguien que ya ni recordaba, mucho miedo entonces… todo desaparecía. Sabía un poco más.

Tiempo de inconciencia... un hombre joven le cuidaba, entre despertares le platica cosas sin sentido que ahora comprendía perfectamente. El tiempo paso, él encerrado en aquel lugar, cuando notó, cuando se dio cuenta, cuando los años pasaban y sus manos no se hacían grandes, ni se ensanchaban sus hombros..., ni su voz se endurecía...

Cuando se preguntó sobre las meriendas extrañas que nunca recordaba, fue cuando se dio cuenta... que el tiempo no pasaría para él, que los años habían dejado de tener importancia... no más sueños celestiales, ya muy tarde para dar marcha atrás...

El día y la noche, cada tanto tiempo, juntos, sus ojos avellana se abrieron, la posición que le entumecía fue rota, abandonó su lugar de criptas modernas, un sótano olvidado, al igual que la casa a la que pertenecía.

Aún estaba confundido por lo de la noche anterior ¿Tenía él acaso el poder de curar? ¡No! Apenas si podía hacerlo con él mismo...

– ¡Maldición... si no hubiese ido, no me estaría atormentando ahora!– Pero la duda no era lo único que le hacía ponerse nervioso, recordó al niñito regordete que protegía al desahuciado castaño. Le recordaba tan ingenuo y bonito... le recordaba su infancia utópica, se preguntó; ¿Yo también habría protegido a seres querido...?

Caminando por la calle, a oscuras, una victima segura, ahí donde los hombres y las mujeres promiscuas pierden la cordura, bonito lugar para perder gente, y nunca encontrarla.

Los hombres, en su mayoría con sombreros cortos, chalecos o trajes sastres, un barrio de mezclas, pobres y no tan pobres. Se paró, simulando esperar a alguien, la noche era joven y muy posiblemente tendría que esperar mucho para tener a alguien cerca, absorto en pensamientos mientras miraba aquella figura...

– "Pobre vida..."– Un enano ayudando a descargar botellas de vino. – "Ya de noche y aún trabajando... "
.*.

– ¿ Tu abuela no lo sabe?– El pequeño negó con la cabeza... no era la primera vez que hacia ese tipo de trabajos, el señor dueño del negocio, un hombre demasiado ambicioso y lascivo, haría cualquier cosa por ahorrarse unos centavos...– Mira niño, si prometes no contar a nadie que te he puesto a trabajar seguiremos en esto.

– Yo lo juro, no, no se lo contare a nadie, pero por favor...–

– Será sólo por que se que nenecitas el dinero... pero oye bien esto... vete buscando algo más para tu edad.

El niñito sonrió, la paga del viejo siempre era buena "para un niño de su edad" con sus manitas blancas comenzó a acarrear las cajas, una por una, el viejo no le había puesto limite de tiempo, ese señor tan bueno, le había pagado por adelantado para reponer la medicina de Mikey, también le había dejado ir a la escuela a medio día para recoger sus apuntes y los de su hermano... tan buen señor... quince minutos de descanso cada tres horas para poder adelantar sus tareas escolares.
.*.

Ese perfume a vida combinado con alegría y cansancio...

Con sus ojos avellana miró al enano trabajador...

– "Debo estár imaginando"– Las manos del enano temblaban, rojas y ya con visibles llagas, un gorro para cubrir su rostro, el paliacate, rojo sangre, a medio rostro para mayor seguridad – Debo dejar de pensar en eso...

¿Y qué perdía si se aseguraba de que todo era una ilusión...?
.*.
– ¿Te conozco...?– Cuestionó alguien a su espalda – ¿Te conozco de algún lado?

Gee sin intenciones de voltear, si le descubrían decepcionaría al dueño del negocio, ya había acabado de cargar las cajas de comida, las de copas, también su nueva reserva de vinos... sólo tres cajas de cosas para la cocina y todo estaría perfecto...

– ¡Dime, que no tengo tu tiempo...! – Ah... ese mal nacido que no facilitaba las cosas... lo habría convertido en su cena, de no ser por que... los enanos no le apetecían.

Gee echó a correr con la caja, apenas si podía... apenas si sus piernas le respondían...

– ¡Maldito...!– corrió tras él, poderes y un cuerpo menos agotado, lo jaló, la caja cayó al suelo, su gorra se desprendió de su cabeza, el paliacate fue arrebatado...– ¿Qué haces aquí?

– Lo siento... no debo hablar con extraños...–

¿Y encima de todo el mocoso le había olvidado...?. Sin cuidado jaló al pequeño de una mano, las llagas dolieron más, no sabía hacia donde, no sabía del por qué, de esa atracción espiritual que ese mocoso le ocasionaba...

– Por favor... suélteme, necesito acabar con esto... mis cosas están dentro del local..., no puedo marcharme si ellas "He trabajado tanto por eso..."

– Yo las llevo – Empujó al niño y fue directo a las dos cajas dentro de la carroza de carga, también tomó la que Gee había tirado...– Te doy tres minutos para que vayas por tus cosas... ¡Ahora...!

– Sí...– Dijo el niño y echó a correr. Ese hombre ayudando en su trabajo, parecía bueno y además... había curado superficialmente a Mikey...

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Cap. 4: ¿Quién eres...?

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Jul 10, 2010 11:12 pm

Cap. 4: ¿Quién eres...?
Y ni siquiera se dignaba a mirarlo, sus manos apenas si podían ser movidas, grandes ampollas que dificultaban el agarrar del gran tarro de cerveza que el hombre le habría brindado... tampoco era que quisiese tomarlo pero... le parecía de tan mal gusto despreciar lo ofrecido, el hombre se había tardado demasiado en conseguirle algo para comer....

– Anda niño, tómalo rápido – Gee dando un traguito, dos traguitos. Tres traguitos y ya no podía más...– ¿No tenías mucha hambre?

El niño bajó la mirada, no por vergüenza ni miedo... Gee acababa su tarea, "él" ayudaba a hacer los pinitos de Mikey... de mala gana y muy a su pesar, el de los ojos avellana tuvo que aceptar que estar en esa casa vieja no era tan malo.

Aún no entendía por que el afán de llevar a ese niño a su hogar...

– ¿Cómo puedes estar tan gordito si no comes?– Entonces Gee le miró a los ojos...–

– Estoy lleno de amor – Sentenció el menor... con una risita tonta...

"Él" quiso reír, quiso estrujar de forma tosca aquel cuerpo apachurrable pero recordó que él tenía corazón de piedra... que no tenía sentimientos y que era malo...

– ¡Ya acabe mocoso! Me voy, contigo se esta muy mal, acaba de hacer tu tarea. – Tomó su gabán y peino su cabello –

– ¿Te veré mañana?– Cuestionó el niñito – ¿Volverás? ¿Cómo te llamas?

– Mientras más me preguntes, menos contesto., y no, no vuelvo nunca, tu casa es horrorosa y tú demasiado aburrido...

No esperó a que Gee digiera algo, tan rápido y molesto, como una ráfaga de frío; cuando lo notó el niño, ya no había más compañía..., sí un recuerdo junto a la medicina de Mikey, una montañita de monedas.

– Las ha olvidado – Gee las agarró con prisa, con sus manos maltratadas y rojas – Tienes motivos para volver mañana...
.*.

Se alejó de Gerard, abandonó la casa lo más rápido que pudo, se sentía extraño ¿Cómo un niño podía cambiar tan precipitadamente su forma de pensar?

Remiso caminar vacilante, dócilmente entre la noche y las estrellas de predeterminada oscuridad, sonatas al aire que ni él mismo comprendía. Más como él definitivamente en ese lugar no había, eso era bueno, nadie que le siguiera, vacilante, el hambre difuminada entre un nuevo recuerdo a organizar y almacenar... olvidar.

– " Eres extraño..."– Y sus manos comenzaron a temblar, y se sentía tan solito, un tanto tonto.

Llegó al sitio perfecto, mujeres drogas y vino, prostíbulo visitado por muchos, negado por algunos... a la luz del día seguramente, prohibido por todos.

Fue tan monótono todo... él no recordó día más insignificante, soplo de recuerdos, no, no mucho que recordaba, en algún tiempo, alguien como él fue tan grande, ahora un simple vagabundo con ropas caras, un sótano para sólo él. Y noches y calles vacías mientras las horas en el reloj eran marcadas...

... Un ser nocturno...
.*.

Cuando la abuela llegó a su hogar, Mikey dormía, su cabeza en su hombro, su cuerpo entre sus brazos.

– Gee despierta – La abuela zarandeó a su nieto, y el pequeño restregó las mangas del saquito entre sus ojos.

– ¡Abuela... has llegado temprano...!

– No Gee, es de madrugada, te has quedado dormido... – ¿Ya has comido algo...?

– Si, un compañero en el colegio me convido de su almuerzo – La mujer se tranquilizo, por lo menos sus dos nietos estaban bien.

– Bien... ve a dormir, enseguida subo a Mikey...

– Sí abuela.

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Cap. 5: Tú que me cuidas.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Jul 10, 2010 11:13 pm

Cap. 5: Tú que me cuidas.

Tras la primera noche, la segunda, y la tercera, en un orden no consecutivo, nunca se sabía cuando llegaría, siempre bien recibido. En los estudios en niño, un poco menos interesado, sus noches y madrugadas echas para platicar en el balcón.

Ayudaba a con las tareas de Gee, con las de Mikey, de vez en cuando, cuando el dinero hacia falta... Gee pedía al hombre del negocio clandestino trabajo, y a escondidas "él" le ayudaba...

========================== Y los días pasaron....

"Él lo supo" De la muerte del padre, la madre y el abuelo..., todo ello apenas hacia unos meses, le habló de su hermanito, un año tres meses menor que él, y de su abuela la "mujer fuerte"

Sin que el pelinegro lo supiera, "él" aumentaba los ingresos familiares cada vez más, todos pensaban "una familia que crece después del terror", la abuela creyó ingenuamente, que sus ahorros y su trabajo eran suficientes.

========================== Y las semanas pasaron....

La abuela era ingenua, Gee también lo era, incluso "él"
¡Qué los problemas económicos eran los únicos...!

Un pequeño castaño que dejaba de sonreír... sólo la noche lo arrullaba con tranquilidad, un profundo sueño en el instante en el que su hermano se posaba frente a la ventana del balcón. Cuando "Él" llegaba

Hoy Gee con ansias, la abuela y Mikey aun no regresaban, el doctor quedaba fuera del pueblo, el único buen doctor que no cobraba demasiado, los frasquitos de medicina apilados.

Esperó a que las sombras del crepúsculo desaparecieran...
Esperó con ansias, lo había prometido...
"Regresar otra vez..."

.*.

Sus ojitos avellanas abriéndose, notó la incomodidad en su cuerpo mal colocado, recostado en una mesa apolillada, cubierto de polvo semi-acumulado a sus costados.

Primero alimentarse, su índice de nutrición había bajado considerablemente... el corazón de piedra dejo ver un cristal unicolor en el fondo.

========================== Y los meses pasaron... muchos de ellos, del viento al calor, las lluvias y las nieves...

A un hombre no muy vivo, sangre sabor a alcohol, limpió la comisura de sus labios, delineó en un acto casi inconciente el dedo índice con su lengua sonroja….

... y después lo más importante.

¡El niño en la casa vieja...!

Caminó por las calles sin ser visto, no corría, pero sus pies eran rápidos, muy rápidos, demasiado para un mortal... ¿Y a él que importaba? Su cajita de monerías resultaba ser ese niño... un entretenimiento demasiado sano.

El niño le hacia recordar cosas, y "él" adoraba recordar el color del pasto de su ciudad natal... el polvo elevado por las patas de los caballos. La voz de su madre... sus recuerdos se mezclaban con los de Gee, y eso era aun más perfecto.

Subió al balcón, la ventanita estaba semi cerrada, sin timidez alguna, se adentró en la casa ajena.

En la recamara no había nadie... nadie a quien dormir, ni con quien platicar, salió al pasillo, corredor estrecho y gastado, bajó por las escaleras que amenazaban con caer, crujir a cada paso, pasó junto a los sillones desfondados, Gee sentado en el suelo, su cabeza recargada en la mesa que simulaba su cuarta pata con cajas de cartón... los cuadernos con tareas terminadas...

– "Tareas no tuyas..." ¡Hey! niño he llegado... – Su mano en el hombro del niño...– Gerard despierta que no tengo tu tiempo...

– Tan... lejos...– Murmuró el niño en sueños... – Yo... sueño....

– ¿Qué dices?– De modo infantil " él " golpeo en la cabeza de Gee.

– ¡AH..., SEÑOR..., LLEGÓ…!

– ¿Que soñabas...?– Cuestionó interesado el oji avellana...

– Yo... "El sol... una lágrima de ojos verdes, un sentimiento de tristeza..." No lo recuerdo...

– No te creo... pero, no me interesa " Demasiado" Oye... ¿Puedes dejar de decirme señor?

– No, no puedo, no me ha dicho usted su nombre...

– Es cierto...– Contar nada a cambio de todo no resultaba gran cosa...– Entonces...

– ¡¡¡ GERARD!!!– Gritó un niño entrando a la casona – ¡¡¡GERARD MIRA LO QUE LA ABUELA A COMPRADO PARA TI...!!!

– Te espero en tu recamara...– "Él" a velocidad autentica, directo a la habitación del niño... era muy temprano para marcharse, Gee lo entendió.

.*.

– ¡Feliz cumpleaños!– Mikey incluso más emocionado que el pequeño pelinegro.

Ocho velitas en el panque de chocolate, panque barato...

Gerard apenas si comió del suyo... adicto a los dulces, Mikey pidió doble trozo, la abuela, un trozo más pequeño... sacrificando sus gustos, sacrificándose aun más...

– Eres todo un niño grande Gee, estoy segura de que tu mamá y… tu papá

– ¡Y el abuelo!– Recalcó Mikey...

– Sí Mikey, el abuelo también... todos, están muy orgulloso de ti mi Gee...

– ¿De mi también...?– De nuevo el castaño interrumpió emocionado...

– Sí Mikey... de ti también.

.*.

– Es tu cumpleaños...– Él hacía mucho que había dejado de festejarlos... "Él" con el rostro hundido entre sus piernas... recargando su cuerpo en la ventana que daba al balcón...– Eres tan extraño...

Tan extraño que daba miedo acercarse... mucho miedo...

Gee entró sin hacer ruido, el trozo de panque de chocolate en sus manos, envuelto en servilletas, lo había guardado para compartirlo con el señor del gabán hermoso.

– Señor – La abuela y Mikey dormirían juntos, hoy, toda la habitación para estar con él. – ¿Esta llorando...?

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Cap. 6: Primer adiós...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Jul 10, 2010 11:14 pm

Cap. 6: Primer adiós...

– Habrá un festival, yo recitaré un poema para mi abuela – Sus ojitos brillaban – ¿No te gustaría venir señor?

– Los siento Niño... – Y lo pensó muy bien... mejor marcharse... mientras más lejos mejor...– Tengo demasiadas cosas que hacer de día... me es imposible "vivir en luz"

Gee bajó la mirada, sintió que el piso tiritaba bajo él... no era el suelo, era la decepción en su cuerpo...

– Bueno señor... no importa...

– Gee, porqué no me lo dices ahora... – Él soñó que lo malo era malo y que lo bueno era bueno, soñó desierto, sintió pena... tristeza, y eso daba a un más miedo aún.

Sonrojado, asintiendo... voz que hechiza...

"Él" cerro los ojos, tan lejos... frente a un cielo, loco y azul... "él" era, quien corría tomado de la mano de alguien.... tan lejos, tan lejos, y "él" quería, decirle a alguien que le amaba...

Y saliendo el sol, las ciudades destruidas, y "él" soltó la mano de alguien, otra persona le tomaba entre sus brazos... y era feo tan horrible... un olor extraño recién notado...

– ¡MALDICION ME ENCONTRARÓN...! – Gerard dejó de decir algo que el mayor no había siquiera escuchado a la perfección...

El mayor ni se despidió, salió por la ventana presuroso..., intranquilo, maldiciendo, con su gran velocidad resplandeciendo entre las calles vacías, Gee se asomó al balcón, nadie había ya.
.*.

Pensando sólo en él, se alejó del hogar del chiquillo, el aroma de alguien que le buscaba en el aire, alguien a quien no quería encontrar, corrió hasta la casona abandonada, ahí en el sótano, tomó su maleta, pocas prendas demasiado finas, el sombrero que le llenaba de misterio, todo lo que pudiese delatarlo en manos, y corrió, por los tejados de algunas casas.

Y así se alejó, el efímero encuentro que duro demasiado para ser no planeado...
Él era el olvido, jamás volvería a un lugar así.
Y entre tanto humo y vías, subió al ferrocarril que le llevaría lejos.
Y sólo pensando "él", una vida que no se puede acabar...
Los días y las noches volaron, y nunca quiso mirar atrás.

.*.

Los primeros días que resultaban tan agotantes, los deberes de dos sólo para él, las cajas pesadas que se volvían más odiadas, él dinero que se agotaba, y la salud de Mikey un tanto deteriorada, la abuela también lo notó... sus ahorros volvían a encogerse, una duda en su pecho...

¿Alguien le estaba tomando sin permiso dinero...?

No se atrevió a cuestionarse más... pero la duda traviesa de vez en cuando aparecía por su mente.

Y era tan difícil, una punzada en su pecho, engañarse, Gee pensó que eso era mejor

"Él nunca ha existido..."
"Nadie ayuda a nadie por nada"
"En ningún lugar, ninguna persona, corre más rápido que el pensamiento... "

Y la infancia moría, y los ojos se cierran, dormir de madrugada se volvió una necesidad, estudio de día, trabajo de tarde... tareas al anochecer...

...un poco más demacrado... había que descansar.
.*.

Muchos de ellos buscando, con trajes de misterio y capas de terror, rostros blancos, rostros sugestivos... los más importantes sólo tres...

...los más fuertes

– Nos notó antes de tiempo...– Con el cabello rubio, jovencito demasiado atractivo...– ¡Maldición... escapó de nuevo...!

– Tranquilo... tranquilo... tenemos toda la vida para encontrarle... recuerda que siempre hay un perdedor y que nosotros nunca lo hemos sido...

– Y siempre hay una primera vez para perder...– La voz tranquila del chico que caminaba detrás del rubio y el joven de rizos...– Él es fuerte e inteligente...

– No tiene mucho que se marcho...– El aroma de "él" aun impregnaba toda la ciudad... podemos alcanzarle.

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Cap. 7: El tiempo pasó para mí...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Jul 10, 2010 11:15 pm

•*• Parte II•*•



Cáp. 7: El tiempo pasó para mí...

– ¡Felicidades Mikey!– Los ojos brillosos de Gerard eran su mayor gratificación... la abuela les miraba desde lejos, Gerard sostenía con orgullo el reconocimiento dado a Mikey – Eres un hermano para presumir.

– Deberías de dar tu mayor esfuerzo, como Mikey, Gee...– Un reproche teñido de amor – No entiendo, si eras tan bueno... no ser por qué...

– La escuela no es para mi, abuela, te dije que quería dejarla y tú...

– Por favor, no peleen hoy – Mikey se abrazó a Gee, le susurró al oído – Tú sí eres un hermano para presumir.

– Bien – Gee nervioso, tomó su saquito viejo entre manos, una gorra para el frío – Regreso al anochecer.

– ¿A dónde vas?– Cuestionaron la abuela y el hermano menor...

– Por ahí...– Apenas al cerrar la puerta gritó – Regreso al anochecer...

Gerard siguió con pasos directos, ahora ya no era un niño tonto... ni inocente... la vida le había cambiado, el tiempo pasaba de una forma cruel.

Entró al bar, saludó a algunas personas, chocó con otras, tantas que ni siquiera notó rostros, un estremecimiento de repente, un hombre sólo un poco más alto que él, le miraba desde una de las mesas.

Otro de "esos" – pensó.

Por el pueblo había muchos, difícilmente se daban a notar, tan temerosos de ser descubiertos y todo juzgados, que con mirar se conformaban, luego llegaron más hombres junto a aquel extraño, diferentes todos, prendas similares a las de el que le miraba.

Bromas gritos y él pudo seguir con su trabajo, hacia muchos años que había abandonado el negocio de las cajas....

... Desde que el dueño del lugar descubrió lo buen mozo que era, desde que los quilos de más le abandonaron por falta de dinero y desde que dio a notar que tenía talento para...

.*.

Sus ojos de gato se reflejaban en el cristal, los árboles y sus sombras, ya había estado en ese sitio antes, un mal recuerdo, no se había despedido...

Al final... los esfuerzos y los escapes no sirvieron de nada, recordaba a cada momento su última noche de libertad.

Hoy día, seguir órdenes de nuevo y callar sus disgustos, viajar y malacostumbrarse al silencio... otra vez...

– No te vez muy animado – Murmuró un chico de rizos a su lado –

– Nunca me anima demasiado esto, el estár con ustedes – Contestó cortante y se puso de pie...– Nunca me va a gustar esta porquería.

Caminó con calma hacia su camarote, los otros dos sujetos, "sus compañeros" le miraron alejarse, se encogieron de hombros,

– Seguro odia este lugar por que aquí le atrapamos siempre ¿No...?

.*.

En cuanto la puerta se azotó, la abuela cayó llorando en el sillón, el dinero que tenían nunca fue mucho, hoy de vez en cuando les sobraba un poco para uno que otro gusto... pero...

Ideas equivocadas...

– Mickey ¿Qué le ocurrió a tu hermano?– Cuestionó la abuela al castaño – Esto es de todos los días... va a llegar oliendo a alcohol, de madrugada, Mickey... ¿Por qué se Gee a cambiado tanto?

– "Gee trabaja para nosotros abuela" Gerard es bueno, abuela – Mikey mordió su labio inferior, Gerard tenía sus secretos – " Es tan magnifico... "

.*.

En cuanto llegaron al pueblo, decidieron ir a inspeccionar, buscar al hombre, sus amantes, sus compañeros y matarles...

Alimentarse de algo bueno.
"Él" recordó... un lugar para tener una buena cena, los tres compañeros le siguieron...

– ¡Este lugar apesta!– Se quejó el rubio, el más conservador y critico – Un prostíbulo sería más decente que esto...

– Robert es un prostíbulo disfrazado de bar – Entonces el rubio se sonrojó...-

– Cállate ya, si sigues gritando nos echarán...

– ¡Cállense los tres...!– El oji avellana se viró para mirarles, enojado, adelantó su camino, justó cuando iba a sentarse, chocó con alguien, un olor indescriptible, conocido y a casi olvidado...

Aroma antes más cerca de lo fétido, ahora el recuerdo: el olor de la ternura y el amor.

Levanto la vista, allá a lo lejos, con el cabello negro ya más largo, con el cuerpo extraño, tan distinto, se sentó y siguió mirando... y los recuerdos volvieron...

– "Sigues siendo un niño, tan inocente, la vida tampoco te cambia a ti, el tiempo te pasa de lado..."

– Frank ¿A quién vez...?– Cuestionó Robert, mientras se sentaba a su lado...

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Cáp. 8: Persecución

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Jul 10, 2010 11:16 pm

Cáp. 8: Persecución

========================== Y las horas pasaron...

El reloj marcaba las tres cuarenta de la madrugada, Gee ayudó a recoger los vasos y las botellas rotas, no era cierto que le gustara ese ambiente, pero aquel hombre, el dueño, había sido tan bueno.

La mujer mayor que recogía las colillas de cigarros y acomodaba las sillas le recodaba a su querida mujer mayor que después del trabajo, llegaba a casa demasiado cansada.

Gee terminó con el trabajo no correspondido, tan normal en él, se despidió del dueño, de la mujer mayor y de una que otra chica, esas que jugaban a ser putas baratas. Gee con tristeza lo sabia, niñas envilecidas sin familia ni amor.

– ¡Hasta mañana Gee!– Chilló una de ellas, con voz ronca por "gritar" tanto de noche.

Con un ademán el pelinegro se despidió, salió del local, un hombre nada disimulado le miró fijamente... "un hombre de esos" pensó y siguió su paso...

El hombre tras él aún, a un paso de Gerard, dos pasos del desconocido, un atajo innecesario para llegar a su hogar..., una trampa para “Él”.

No funcionó por que las pisadas aún se oían

– ¿Y USTED QUÉ DEMONIOS SE CRESS? ¿POR QUÉ ME SIGUE...?

.*.

Trabajando por cuenta propia, el rubio, el castaño oscuro y el de los rizos, todos dispersos, el plan: buscar a todos... eliminarlos, "él" decidió que para hacer el trabajo había tiempo de más...

... Hacia tanto tiempo, el poste seguí ahí, ahora reteniendo lámparas eléctricas. Las calles más lucidas un poco más repletas de gente ebria... cuanto había cambiado todo en casi ocho años.

Escuchó el de los ojos avellanas, la voz de varias personas despidiéndose, y le vio salir, y no supo por qué de la emoción en su pecho... un "bon-bon" extraño...

– " Es sólo por los recuerdos " – Se dijo, apresuró el paso, casi que estaba frente a él y de pronto... camino equivocado... ¿Abría cambiado de casa...? Miró su reloj de muñeca...

Aún había tiempo para platicar...

Giró en la esquina... y casi salta del susto... Gee estaba justo frente a "él".

– ¿Y USTED QUE DEMONIOS SE CRESS? ¿POR QUÉ ME SIGUE...? – No respondió por que la voz ya no salía, porque los ojos del oji-verde lucían diferentes, un tanto rojizos, demasiado cansados – ¿NO PIENSA RESPONDER? ¡BIEN, SÓLO NO ME SIGA...! ¡Maldición... que miserable suerte tengo con el tipo de hombres como usted...!

Gee comenzaba a alejarse mientras murmuraba cierto tipo de maldiciones a todos... a paso rápido, retomando su camino...

"Pero el oji-avellana era más rápido que los pensamientos..."

– No debes creerte la gran cosa, no porque ya no estés tan enano... – Frank sonrió con gracia, sensualmente, y la sangre de Gee le subió precipitadamente de los pies a la cabeza y luego de regreso, un escalofrío después de un intenso bochorno. – Ehh... niño ¿Te ha comido la lengua el gato...?

¡PUM!

Un cuerpo inconciente directo al suelo...

.*.

– Faltan dos horas para que amanezca... ¿En dónde diablos está Frank?– El de rizos cuestionó bastante irritado – ¡Ah..., sabía que no debíamos separarnos...!

– Tranquilo Manu...– Dijo el rubio con un deje de gallardía.

– Maltito Boby... odio que me digas así...

– ¡Hey! era broma – Se quejó el rubio – No tenías por que decirme Boby…

– Ni tú a mí –

– No puedo creer que aun peleen por esas cosas absurdas...– Los dos le miraron con odio... intentaron hacer algo para que se molestara pero Matt no tenía aparentemente punto débil...– ¿Ya apareció Frank...?

El rubio y el de los ojos negros se miraron recordando el punto principal de la discusión... después negaron con la cabeza.
.*.

– Hey... Gerard despierta – " Él " se encontraba sentado en el portón de la casa, ahora mucho más vieja – Si no despiertas antes de... las cinco me marcho y te dejo aquí afuera ¿Entendiste...?

Pero era casi imposible, más bien ridículo... platicando con un chico inconciente que mantenía sus ojos ligeramente cerrados..., y una nariz respingada, mejillas llenas de vida, y el rostro algo agotado.

Un halo que hacía tiempo ya se veía venir..., él rostro de Gee era bonito, tan igual a cuando niño, pero ahora un más sugestivo, menos tierno pero más sugestivo, un rostro infantil que luchaba por lucir maduro...

... Y el tiempo se detiene. Y aquel rostro tranquilo le recordaba sus recuerdos, y le hacía sentir un cosquilleo, extrañas emociones, reacciones tontas, campanitas de ilusión... y el de los ojos avellanas cubrió sus orbes… hechizadas, y se dejó llevar aún más...

Casi un mimo de labios rosas a rojos... y el sonrojo en las mejillas del rostro conciente... espontáneamente... y casi al instante... casi un beso…

– ¡Gerard has llegado!– La anciana abrió la puerta de madera marchita, a sus ojos, su nieto ebrio y un buen chico, con ropas finas que seguramente le habría ayudado a llegar ahí. – ¡Gerard! ¿Qué te paso...? ¿Joven... le ha traído usted hasta aquí...?

Más asustado que confundido..., se paró de golpe y la cabeza de Gee fue a dar al suelo.

– "No, de echo le vi tirado en la puerta de su casa y decidí entrar y sentarme a su lado..." – Pensó con ironía – Sí señora, lo que ocurre es que Gerard se desvaneció y... yo...

– ¡Muchas gracias, muchas gracias, dios se lo pague...!– La anciana intentó ayudar a Gerard, "Él" no lo aceptó y se adentró a la casa conocida, sin cuidado aventó a Gee al sofá casi muerto, palabras para tranquilizar a la mujer que tenía ideas equivocadas, minutos más y se marchó.

Media hora más para el alba cuando con sus compañeros…

– ¿En donde estabas Frank?– Cuestionó el rubio…

– No te importa Boby – Respondió a forma de burla, Ray y Matt, detrás del rubio rieron a carcajada abierta, y Frank disimuladamente también lo hizo, hoy era una gran madrugada, sería tonto si no estaba de buen humor.

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Cáp. 9: Cartas con marca.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Jul 11, 2010 3:35 pm

Cap. 9: Cartas con marca.

Fue sólo cosa de un castigo, para el más joven de los magníficos, un clan sin treguas ni promesas, obligaciones, sí, permanecer juntos, obedecer al más poderoso de todos.

Casi atado a la muñeca de Matt, un laso compromiso. Desesperado y algo sumiso... “Él” había esperado más de tres días para volver a ver a Gee, y se dijo, hoy un poco más sutil que sería al hablar.
.*.

Mikey terminó el ejercicio en clase temprano, siempre era el primer del cuadro de honor, los profesores le adoraban, sus compañeros celando y admirando, con su sonrisa sincera, con su sumisa forma de actuar, un estuche de linduras y fantasías.

Mikey tenía una particular forma de hablar, sí, siempre alabando a su hermano, ese que daba disgustos a su abuela, el que hasta hacia tres años había dejado de ser un ejemplo a seguir.

Mikey caminando entre la gente y sus compañeros, como su hermano en ocasiones lo hacía, decidió sin motivo, buscar a los compañeros de clase de Gerard, pidió apuntes, y de regreso a su hogar: Gee estaría contento de saber que no había muchos deberes por hacer.

Las llaves resonaron en sus manos y sus pasos se convirtieron en una burda forma de llamar la atención del pelinegro que se encontraba recostado en el sofá viejo.

– Gee, he llegado. – Pero el pelinegro no decía nada. Gee rodeado del celaje invisible, duda y miedo, recordaba un rostro, aquella noche y al amanecer una discusión que le destrozaba el alma – Sabes, hoy no tienes muchos deberes, le pregunte a tú amigo, el del cabello raro.

Y Mikey siguió hablando, y las horas pasaron, decía muchas cosas importantes de verdad, preguntas sin respuestas. Sentado a los pies del mayor, sus ojitos con anteojos luchaban por no ser vencido por el cansancio, últimamente, lo notaba, un dolor en su cabeza frecuente y el ardor en su garganta, los ataques de tos cada mañana al contacto con el frío.

El castaño preparó la comida, la abuela regresaría de noche, ya no de madrugada, Gee, seguramente no comería otra vez. Tan entretenido en todo y nada, unos cortes y rodajas para la sopa.

– Mikey no deberías preocuparte tanto – Exclamó el pelinegro con la mirada fija en los cuadernos de su hermano, Michael impresionado, dejó la cocinita fea y corrió hasta donde su hermano comenzaba a ponerse de pie – Voy a dejar la escuela y a quien le pediste los apuntes no es mi amigo.

– ¡Gee! ¿Qué dices...? La abuela confía en que termines, por favor, no botes tanto esfuerzo que ella a hecho...

– No Mikey, ella dejó de creer en mi, todo esto es tan amargo, Mikey – Terminó y no dio tiempo a revancha, su hermano castaño cerró los puños...– En cuanto las cosas se mejoren, creo que... iré a vivir a otro lado, estoy causándoles demasiados problemas.

– ¡No se te ocurra hacer una tontería como ésta...!– Un regaño en una situación tan dolorosa, sólo resultan palabras huecas – Estoy seguro que no fue un sueño..., juró que ella lo dijo... ¡Cuídame, si no lo haces mamá te regañara...!

– No juegues con esas cosas Michael...– Gerard abandonó la salita, quería decir sentía mucho ser tan estupido e infantil... pero no pudo.

Acomodó algunas cosas, un fajo de billetes maltratados y viejos, propinas de algunas personas. Estaba pensando guardar ese dinero para comprar uno de esos aparatos que producían música, ahora que las cosas empeoraban había cambiado de idea.

"Le descontarían los días que había faltado"

Bajo las escaleras de nuevo, su cabello parecía levitar por la prisa.

– Mikey – Llamó a su hermano que aún se encontraba parado mirando las escaleras – Dáselo a la abuela, dile que lo encontraste de regreso a casa.

– Pero...

– Compra algo rico de comer, tu sopa suele saber espantosa – Sonrió un poco más confiado, Mikey no tenía la culpa de nada, no tenía por qué enterarse de sus cosas – Guarda algo para comprarle algo a la abuela.

– ¿Vas a salir?– El castaño jaló del brazo a su hermano – No te vayas...

En otra ocasión hubiese caído ante los suplicantes ojos de su pequeño niño...
No había posibilidades de faltar, ya muchos días había incumplido,

.*.

– ¿Me estás pidiendo un favor?– Y precisamente no recalcaba su cuestión con un gesto tosco para parecer grosero, en verdad que estaba impresionado, retrocedió, no uno , ni dos, sino tres pasos...–

– Tómalo como quieras... sólo necesito que... que me des la noche libre, no le digas a Ray ni a Bob

– Mira, incluso si lo niego sabes que tiento un poco de aprecio por ti, bien pero... si escapas, sacrifico mucho, demasiado ¿Quién me asegura que no te iras?

– Tienes que aceptarlo, he tenido varias oportunidades de hacerlo y hasta ahora no lo he hecho. –

Tenía razón, Matt se mordió el labio inferior, mientras sus ojos de hielo a derretir.

– Dos horas... sólo dos horas y confió en ti –

La primera sonrisa en los labios de Frank, una noche perfecta...

.*.

Cuando la abuela llegó Mikey ya había regresado de hacer las compras, encargos de Gee; platico lo ordenado, la mujer sonrió, y pensó "Que su nieto tenía lo merecido".

No se atrevió a preguntar por Gerard, ansiosa y desubicada, se sentía molesta aún, la discusión de la mañana hacia días había rebasado los limites..., imprudencia y soberana dificultad de procesar reclamos.

– Has hecho mucho mi niño, ve a dormir, yo recojo la mesa – El castaño negó sonrió a la mujer, ella también le sonreía...

Los gestos de ambos resultaban poco elocuentes, el silencio dando su mayor significado: "incomodidad". Elena se despidió, buenas noches en su mente para el nieto ausente.

Ya solito y con el corazoncito roto en pedacitos astillados; no era nada fácil encubrir acciones buenas, remplazarlas por actos de adolescentes irresponsables. Lloró como nunca, Gee era demasiado para ser un ángel, incluso entre el resplandor de lo oscuro resultaba diferente. No entendía, nunca lo haría, pensaba él, el momento exacto en el que su hermano comenzó con esa vida nocturna tan problemática.

"Mejor no decir nada más"

Tenía un sueño en especial..., ayudar en lo posible, darle lo deseado a su abuela, a Gee también, empeñándose en lo único que era bueno, y después, llegar hasta donde su madre...

– Juro que no fue un sueño – ¿Y ahora ya no era demasiado pronto? Ya era tiempo de que Gerard dejase de cuidarle.
.*.

Y si lo demás lo veían grotesco, el ni siquiera lo notaba, perdido en un mundo que opaca la realidad con dulzura, no había sido su intención llegar en ese momento, mal momento dijeron todos, con cuidado pasó el trapo por el suelo recién matizado con vomito de ebrio.

Hoy precisamente, hoy, no había casi ningún cliente, y los pocos presentes no eran para él, el dueño estaba enojado por que había faltado algunos días al trabajo, él un poco ajeno a todo, autómata con sentimientos, sólo por hoy, los aseos del local, la mujer mayor descansaba picara mientras bendecía su buena suerte, de no ser por Gee, ella estaría limpiando esa porquería.

Un emocionante acto para los concientes, las puertas se abrieron de par en par, y le vieron entrar, a aquel chico tan sugestivo, con sus manos blancas y su ropa fina, camisola clara y pecho ligeramente descubierto, lo demás en negro, hermoso, realmente admirable,

Directo a la barra, sonrió a la mujer que ocupaba el lugar de Gee, esa que se apachurro a su cuerpo como un hambriento ser.

Últimamente la clientela del lugar comenzaba a ser más abundante.

– Disculpa, ¿Gee ha venido a trabajar?– La chica le miró algo extrañado, ningún cliente había preguntado nunca tan directamente por el pelinegro, ella quiso preguntar más, no había tiempo, asintió y corrió hasta donde el jefe, avisó, el hombre mayor con mala cara se dirigió al jovencito que estaba por terminar su trabajo.

– Gerard, te buscan – Voz seca he interesada – El de la barra ¿Quién es?

.*.

Matt frunció el ceño, el castaño de rizos sonrió

– ¡NO ES JUSTO!– El aludido sólo se encogió de hombros y colocaba las cartas en la mesa. – ¡HICISTE TRAMPA!–

– Que seas tonto en algunas cosas no es problema mío Matt. – Comenzó a ponerse de pie y se dirigió a la ventana – Aprende a perder

– No soy tonto, tú hiciste trampa... ¿Cómo quieres que acepte algo que no tiene que ser?

– ¡No hice trampa, gané porque nadie puede igualarme en esto!

– Ray – Matt mostró su rostro serio, sus ojos entre verdes y castaños tomaron una tonalidad dorada – Me he dado cuenta... tus cartas están marcadas.

Y no entendió Matt, bien la reacción del de rizos... ¿Sonrojado?

.*.

Frank miró al pelinegro acercarse, sus brazos desnudos sincronizados con sus piernas... el jefe detrás de él, como un perro guardián que teme perder a su dueño.

Gerard caminando hacia donde todos veían, levantó la mirada, sus ojitos verdes como siempre... abiertos de par en par.

– ¿Le conoces?– Cuestionó el hombre, demasiado fuerte que sonó su pregunta, el oji avellana no necesito de facultades especiales para escucharlo.

– Sí...– Contesto con temor teñido en sus palabras...– Sí le conozco... "Nunca fue un sueño..."

– Cuanto tiempo mocoso...– Cínica y cruel, una sonrisa que ocultaba sentimientos... alegría y dolor...–


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Cap. 10: ¡Tómame esta noche!

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:04 am

Cap. 10: ¡Tómame esta noche!

A las afueras, soledad a medias.


– Y antes parecía más alto, parecía más serio, un poco más libre, entre pensamientos y utopías, recordando lo nunca olvidado...– Gerard reflexionó un poco, rodó su mirada y frunció el ceño – No se por que te hablo de usted, no pareces muy mayor que yo. Deberías estar más viejo ¿No?

– Vengo a saludarte y me hablas de cosas tontas, siempre lo pensé, no eres buena compañía

Tal vez si sonaba un poco imprudente, tosco y engreído lenguaje.
Un trueno fornicando en el cielo con un relámpago de luz...

Como un mágico momento, los dos, se miraron sin pensar.

– ¿Y entonces porqué está aquí?– Cuestionó inquieto el oji-verde, emocionado, aquel hombre era su fantasía de niñez... y sonrió, pensó de pronto, un sueño echo realidad, ¡Tu amigo imaginario cobra vida!–

– Bien, si te incomoda me marcho – Sintió un pequeño remordimiento el más joven... aquel que venía de muy lejos para verle. "Él" comenzando a darte la espalda.

– No quiero que te vayas – Frunció el ceño mientras sus ojos rodaban para evitar ser vistos, la lluvia les llegó de repente, y era tan hermoso...

... el agua dibujando sus rostros de antaño.

El niñito que lloro de noche por su hermano, el que le había hechizado desde el primer momento.

El intruso que no tuvo la decencia de preguntar, si sería bien recibido en su vida

Las lágrimas de Gerard se confundieron con el agua que habitó en el cielo... Frank se sentía en un sueño confundo... tal vez de nuevo estaba soñando con el reencuentro.

– ¿Porqué estás llorando...? Gerard... ¿Qué te ha pasado...? – Y fue indiferente a las preguntas, sus ojitos verdes que se cerraban sin pedir permiso, se abalanzó hacia el oji avellana... se aferró al saco negro de buen ver.

Frank comenzaba a cansarse, demasiadas cosas extrañas, un sentimiento de alivio... se sentía tan bien ser recibido en un lugar. – "Como regresando a un hogar..."

– ¿Porqué no se despidió...?– Se sintió tan solo... se sintió en el aire...– ¡Creí que había sido un sueño...!

– No recuerdo haberte dicho que siempre iría a verte...– Gee que se protegía con Frank del agua... y "Él" que con añoranzas protegía su perdido corazón de piedra...


.*.


Una eternidad peligrosa, una noche sin su hermano en casa... otra vez... sin saber la hora de su retorno, la lluvia era demasiada, no pedía nadas más, sólo a Gee sin trabajar.

Cada movimiento de la manecilla, ni concentrarse en sus tareas, con sus dedos delgados, intentaba no arrugar los apuntes de su libreta., un minuto a espera, Mikey pequeño alumbrado con la luz de una vela, flama calida y aureola desértica. Seca e incomoda.

Su mente corrió en fantasías, la ventana opacada por el vapor, miró el paraguas de la abuela

"¡Tómame esta noche...!"
"¡Sal y búscale, hace frío...!"

¡¡¡NO!!!, NO, No…, no... Mejor evitarse pensamientos tontos... la lluvia estaba prohibida para él, ni siquiera al menor chubasco podía aferrarse, a mojar sus cabellos, ni correr con las mejillas sonrojas por entre los charcos fugases.

Mejor seguir con sus tareas, resúmenes, lecciones y operaciones que no lograría entender nunca, procedimientos de memoria...

Una forma de vida tan marcada, procedimientos, números... sonaba tan triste tener un final tan esperado, predicho, conocido.

El sonido, nubes y cielo gruñendo, una ráfaga de luz entre la oscuridad. Mikey por inercia miró hacia la ventana... otra vez.


"Un final tan esperado, predicho y conocido..."


– Si no fuera tan real...–

"Mikey, no corras, te agitaras demasiado..."
"Mikey, si te mojas enfermaras de nuevo..."
"Mikey, si no tomas las medicinas, las recaídas serán peores"
¡¡¡NO!!!, NO, No..., no... Mejor evitarse pensamientos tontos...


.*.


Para no predisponerse completamente, sentirse solo a pesar de no estarlo era lo peor de todo.

– ¿Se marchara de nuevo?– Frank se encogió de hombros, tratando de evitar cuestiones internas.

– Tal vez...– ¿Por qué no decir la verdad? ¿Por qué evadirle mientras caminaba entre la lluvia? – ¿Porqué lo preguntas?

– Curiosidad...– Una ráfaga de viento les caló los huesos... deshaciéndose ante el contacto, Frank caminaba un poco más aprisa que Gerard. – Espera...

– ¿Qué ocurre?

– Yo siempre me pregunte algo...– Los pasos disminuyeron hasta hacerse nada – Tú nombre... ¿Cuál es...?

– ¿Para que quieres saberlo...?– Cuestionó sin interés mientras sus pasos continuaban... los puñitos blancos de Gee se cerraron con fuerza... caminó hasta donde el mayor, jaló de su hombro con fuerza... así de frente, ojitos avellana y orbes furiosas en un verde intenso...– " Verde inocencia..."

– ¡Mírame...!– Cada segundo más cerca, Frank sintió deshacerse ante él – ¡Ahora responde!

– Mocoso... ¿Quien te has creído para hablarme así?– Los ojos hermosos, los avellanas cambiando de un color visible al uno impresionante, tiritando intranquilo, el pelinegro intentó separarse, Frank ya le sujetaba de los hombros...– ¡Nunca nadie me ha hablado de esa forma! ¡Nunca nadie se a atrevido a tocarme como tú lo has hecho...! La próxima vez estarás más que muerto Mocoso...

Vehemente acto violento, su discurso concluido con un golpe a la ahora rojiza mejilla derecha, no fue tan fuerte, la impresión demasiada, Gee cayó al suelo mojado, se contuvo de sobar la zona golpeada, de chillar y hacer algún puchero.

– Perdón – Se disculpó confundido, es faceta violenta nunca la hubiese imaginado de "Él". Frank se sintió torpe y arrepentido, el chiquillo "no tenía la culpa de su infundado mal humor" – Señor... no es mi culpa que nunca nadie se allá interesado en usted.

“… ¿Y ahora alguien se interesa?”

Frank quedó pasmado... Gerard le sonrío de forma rebelde e inocente...
Frank sonrió, desubicado, el oji-verde le contestó el gesto.

– Mocoso, deja de decir tonterías...– Miró su reloj, era tiempo, Matt no debía meterse en problemas con sus niñerías, adiós a las dudas. – Frank, iré a visitarte al bar mañana al anochecer.

–Volverás mañana...– Dijo a la soledad rodeante, por fin sobó su mejilla, sonrió sin entender nada... se mostró tan tontamente sumiso que ni el frío se sentía. – Frank…



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Cap. 11: Muy blanco y muy Frío.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:05 am

Cap. 11: Muy blanco y muy Frío.

I


Un imperio de sentidos que no recordaba si habían existido. Eran tantas cosas.

== Solo y diferente, nunca entendido. ==

Cuando niño, él el más joven de siete hijos, su madre le mimaba mucho mientras el padre estaba y cuando lejos se encontraba le olvidaba frente a hombres extraños, ella siempre sonreía, y el padre algo violento, siempre perdido en inconciencia, noches de violencia y llanto, él desde pequeño supo que las caricias de su padre eran demasiado más crueles de lo debido, las mucamas lo sabían, y los familiares sospechaban, nunca nadie dijo nada.

Uno a uno, sus hermanos se alejaron, nadie amaba su hogar. Y todos los hijos galantes, las hijas demasiado lindas. El más pequeño mezcla de ambos.

Todo era tan soportable, la madre gritaba de noche, las lágrimas de sus ojos escurrían, la lluvia de la ventana era tan acogedora en aquel momento. Y creció, y creció, y creció, pero aun seguía tan solo, y su madre más vieja seguía sonriendo y su padre de alcurnia seguía tomando.

Nadie deseaba seguir vivo... ni su madre, ni su padre, mucho menos él.

Una noche, los golpes se excedieron, la sangre resbaló demasiado más de lo común, y el padre asustado... reprimió los quejidos de su esposa… le llevó a la muerte.

Todos se enteraron, al día siguiente; "la esposa que se había arrojado desde el balcón de la gran mansión..."

Un funeral asfixiante, un hombre desconocido, muy blanco y muy frío decía conocer a la fallecida, le ofreció el poder para vengar a su madre, sin pensarlo dos veces acepto.


Un encuentro, una nueva noche, el padre sufrió demasiado y deseó no haber cometido errores, su hijo hundiendo una daga con mango de plata en sus entrañas mientras su rostro sólo dejaba ver la inocencia perdida...

– Ojala estés sufriendo por lo menos la mitad de lo que ella sufrió toda su vida – Palabras venenosas, teñidas en odio puro, la última envestida al estomago del padre, casi más muerto que vivo, tirado en el suelo,

– Lo hago... lo hago en verdad que lo hago...– Las lágrimas de vida corrieron por los ojos del hombre castaño – Y no me arrepiento de nada. Ninguna bofetada ha sido un acto arrepentido para con ella.

– Es despreciable... – Murmuró el rubio a su padre.

– En verdad que lo soy... mi pequeño que se convirtió en hombre – Cayendo un poco de sangre por la comisura de sus labios..., y el jovencito se sintió sediento, el padre lloraba como un niño pequeño – Ella dijo: Que no eras mi hijo. Pero yo que te amo tanto nunca lo acepte

––.*.—


Cuando regresó al local, el dueño del negocio ya estaba bastante molesto, Gee mojado y sonrojo por correr entre lluvia.

– ¿Te ha pagado bien...? Se veía un hombre demasiado buen mozo y adinerado, ¿Va a regresar?– Furioso, un tanto desubicado, Gee se viró molesto.

– No es cliente, es un amigo. Ni siquiera sabe que es lo que hago aquí, no pienso decírselo...

– ¿Pero cómo que no lo sabe? Métele en el negocio, hazle un adicto, un cliente como el nos conviene.

Gee bajó la mirada, meter a "él" en un mundo como este no era nada agradable... seguro sabría cuidarse solo, pero el simplemente no podía.

Hombres morían, asesinaban y peleaban, hacían cosas horribles, él al mirar de lejos actos inhumanos se sentía tan asqueado y repleto de áurea sucia.

– Él no...– Pensó en... "Él", el señor que llegaba al anochecer, ahora Frank, sonrió al pensar que sus recuerdos por fin tenían nombre. – No creo que quiera, pero... voy a intentarlo.

El hombre de manos duras y rugosas le sonrió de forma linda, demasiado ilusionado, mucho que lo estaba, por todo el dinero que sus grandes manos podrían contar y contar.

– Gerard, niño... no creo que tengas trabajo hoy, estamos por cerrar – Algunas personas indiscretas, chicas sin clientes, todo que escuchaban, casi todas sonreían, aquel que pensaron, era cliente de Gerard resultaba demasiado atractivo, tal vez, sólo tal vez, una de ellas podría meterse entre las sabanas de su, seguramente, gran mansión. – Mejor que te vayas, estás mojado y no quiero que enfermes, te necesito aquí temprano, por si tu amigo regresa.

– Va a regresar – Aseguró ingenuamente el oji-verde – Me lo ha dicho.

– Perfecto, mañana empiezas a ofrecer ¿Entiendes?– Asintió – Vete ya.

Miró su reloj, la abuela y Mikey ya estarían durmiendo. El llegaría temprano, a dormir como una piedra, porque sus ojitos ardían del sueño. –


– Gracias – Se alejó del hombre, cambió su camisa negra y el pantalón negro por la propia, remendada y ceñida al cuerpo de lo vieja que era.

Cuando ya con mochila en mano se dirigía a la salida, alguna que otra chica cuchicheaba y le miraba de forma dudosa, no entendió porqué.

– Hasta mañana – Dijo a mujer más vieja y esta con un gesto ambiguo le despidió mientras acomodaba las sillas.

Fue incomodo, pensar que el se marcharía a casa, y la mujer se quedaría sola con sus deberes de madrugada.

– Hasta mañana – Gritaron las mismas chicas de siempre. Una entre ellas se distinguía.

Y entonces retrocedieron sus pasos, no era tan fácil cambiar, ni aunque los deseos fuesen inmensos.

Regresó y alejó a la mujer de las sillas, ella no entendía, nunca había conocido a alguien tan bueno, no sabía comprender los actos de caridad.

– Usted las colillas y yo las sillas, ya lo sabe – Ella asintió sin ganas, bufó y se alejó del pelinegro, las chicas estallaron en carcajadas, Gee les miró confundido.

– Lo sabíamos – Dijo la muchita que se despedía, de él, siempre sin importarle, nada la más entusiasta – Que no te ibas a ir hasta ayudar a la vieja.

Las demás asintieron y él se sintió un poco extraño...


.*.

II


– ¿Qué dices...?– La daga cayó al suelo... resonó aun más que las palabras del hombre agonizante.

Pero ya lo había hecho...

– Me lo recordaba cada noche, trate de olvidarlo copa tras copa ¡Solo y diferente que soy! Un desastre como hombre, mi amado hijo, puede que sea un fiasco pero soy tu padre – El sollozo ya era mucho, el jovencito trató de creer que era una broma... artimaña para hacerlo sentir culpable, pero las palabras eran tan elocuentes, y el olor a verdad invadía la habitación – Ella deseaba que tú fueras sólo un recuerdo de un mal momento, un alma al lado de nuestro señor... por esos intentos mis golpes callaban sus palabras. No eres un error de una mujer promiscua. ¡No eres un engaño... tú eres mi hijo...!

Pero ya lo había hecho...

– Yo...– La respiración agitada del hombre le asustó demasiado, dieciocho años en una época de inocencia, con un titulo de puridad, siempre alejado de lo vulgar, señoriíto de buen ver, quiso decir algo el padre, la sangre escurría mucho, sus sentidos dislocados y el sonido de la muerte cerca... Las lágrimas del mayor se secaron – Perdón...

Pero ya lo había hecho...

Chilló, gritó, zarandeó al padre pero el padre ya no existía... Él lo había desterrado de este mundo...

¡Perdóname!
¡Perdóname!


_.*._


A las horillas del pueblo, una casona recién comprada por un hombre misterioso hacía ya cinco años, parecía extraño, que a pesar de estar abandonada, ninguna persona se apoderara de forma ilegal del lugar. Muchos se decían, que era una casa vieja pero hermosa, muchos niños acudían ahí a contar historias extrañas, hacer travesuras sanas o un poco fuera de lugar para la edad.

Una noche, la casa con las ventanas iluminadas comenzó a mejorar, se escuchaban risas y platicas un poco extrañas.

Los vecinos lo notaron, jovencitos de porte elegante y guapos, seguro hijos de hombres poderosos.

Seguro sólo habían llegado a pasar el rato en aquel pueblo. Personas tan elegantes no podía quedar estancadas en aquel lugar.

Era extraño, de vez en cuando se les veía, sólo de noche.

Niños ricos muy activos, muy misterioso... demasiado, peor al fin ricos y guapos, nada nadie les podía decir algo.

Demasiadas habitaciones para perderse, varias olvidadas, sólo cuatro habitadas y esas con ventanales deslumbrantes tapizados con maderas blancas, para que la luz no pasase y los vecinos no sospecharan.

Cama con colchón reconfortable y sabanas blancas, piso de madera y muebles reconstruido, era la recamara más promiscua con toques de gloria y rebeldía, demasiados extravagantes, muy poco apetecible para descansar un día ahí.

– ¿No me dirás a donde has ido?– Matt se echó en su cama, Frank le miraba desde el marco de la puerta, estaba renuente a entrar ahí.


.*.


¡Perdóname!
¡Perdóname!

– Perdóname...– Unos pasos a su espalda... se viró con los ojos rojos y fingió que nada pasaba – Robert siento ser tan antipático en ocasiones pero...

– No te preocupes Ray, mi mal humor fue el culpable de esta discusión – El de rizos sonrió, creyó que el rubio sería un poco menos indulgente...– Dijimos cosas hirientes, pero todo olvidado

– ¿Amigos?– Cuestionó el de rizos mientras extendía su mano.

–Amigos – Rectifico el rubio, sonrió y jaló a Ray para brindarle un abrazo fraternal...– ¿Ray crees que soy diferente y estoy solo...?

El otro chico se encogió de hombros...


III


Lloró tanto abrazado al cuerpo del padre muerto, cuando el alba amenazaba con llegar, un chico de rizos se poso frente a él, con el gesto amistoso y conocido, con sus ojos totalmente abiertos... demasiada sangre le hacia aún sentir extraño.

– Me han mandado por ti... él dijo que has conseguido lo querido y toca a él cobrar lo suyo...

– No pienso ir con nadie... no te conozco, no quiero moverme de aquí.

– Me llamo Raymond, ahora ya no soy un extraño – Se inclinó un poco y ofreció su mano, le habló con voz pasiva – Por favor, soy nuevo, como tú, sí no te llevo con migo creerán que soy un tonto...


_.*._


– Te he dado las gracias y además, llegué antes de lo predicho...– Respiró de modo profundo, se mordió su labio inferior, hacia días que no se alimentaba y ya era demasiado tarde para hacerlo esta madrugada. – ¿No se han enterado?

– Bob se enojó con Ray, no sé por qué, y el otro, ¡bah! Lo entretuve con las cartas, es insoportable estár a su lado – Recordó por segundos, y sonrió de forma amistosa – Es demasiado irritante, y sus cartas están marcadas.

– No están marcadas, yo también lo pensé la primera vez que jugué con él. ¿Nunca te lo ha dicho?– Matt negó con la cabeza. – Son demasiado viejas, de cuando el todavía...

– ¡Pues debería comprar otras!– Interrumpió.

– Fue el ultimó regalo de su padre antes de... ya sabes.

– Nunca me lo hubiese imaginado...– Una mueca extraña en el rostro de Matt.

– Su hermanito las maltrató porque siempre perdía, son un tesoro para él...

– Que Ray fuese tan sentimental...– Frank no entendió a la perfección, por supuesto arrepentimiento no había en esas palabras...– Tengo más tiempo conociéndolo... no entiendo como no me di cuenta, es débil…

– Ni se te ocurra decirle algo, Bob me lo dijo un día que yo le reclame a Ray lo mismo que tú.

.*.


– ¿Con quién quieres que te compare para saber si eres diferente? ¿Cómo quieres que yo sepa si estás solo...?

Abrazados, recargando su mejilla en el hombro de Ray... se sintió tan tonto por haber discutido esa noche tan bonita...

– Si estoy extraño, compréndeme...

– Estás completamente mojado Robert – El rubio sonrió tontamente...

– ¿Me dirás que moriré de por una pulmonía?– ironizó el rubio

– Te diré que lo que estás mojando es mi saco favorito, tonto.

IV


El rubio acudió al castillo enorme, esperándole en la puerta el hombre del cementerio...

– Me engañaste – Chilló el chiquillo – Dijiste que la conocías... era tan mala ella.

– Y tú tan ciego – Sentenció el mayor – Era tu madre... debiste de conocerla más. Ella quería ser siempre bella, le di lo que quería... tu fuiste el pago. Por eso murió, porque tu padre la descubrió. Robert ahora eres uno de nosotros.

La sangre se le congelo al instante... y sus recuerdos, después de eso, se hacían borrosos...

¿Pero de qué sirven las memorias?

Para sufrir, para llorar, para recordar errores...

... para saber que quien eres.



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Cap. 12: Agua y jabón.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:06 am

Cap. 12: Agua y jabón.

Mirando el paraguas de la abuela, sus ojos lindos se cerraron, y su respiración un poco menos complicada, taimada forma de vencerse a si mismo, el sueño y los gloriosos momentos de tranquilidad.

En su sangre el instinto de nostalgia perdida, sintió el tiempo en un lugar desconocido, y a lo lejos, un murmullo muy lento, sutil forma de adivinar el futuro, y no lo sabía..., que todo era un anuncio del cielo lluvioso.


"Es momento pero el tiempo ya no existe"
No era la voz de Gerard, ni la de la abuela, mucho menos la de sus seres queridos muertos.

"Perdí la oportunidad de llorar junto a ti. "
Una silueta que daba miedo, tan triste y preocupada. Lloraba mucho, mucho que lloraba, recuerdos perdidos que luchaban por volver.

"Cansado, quiero soñar de nuevo a mi madre. "
En inconciencia semi dulce, glorioso estado en el que el dolor de su pecho ya no le hacía tiritar.

Pero el miedo estaba presente, muy desconocido y turbio el camino adelante, sintió un peso demasiado tormentoso, un dolor ajeno que le intrigaba a morir.

Ahogado, el aire faltaba y el viento era mucho...

– Eres tan bueno...– Y en una ráfaga todo lo malo y desconocido salía huyendo.

Un ángel sin alas que no resplandecía con un aura celestial, a su lado, sin saberlo, el bien y el mal unido, todo se alejaba, y unos brazos le reconfortaban y el peso en su espalda desaparecía y después, el verdadero descanso inundo su ser...


Alguien velaba sus sueños...


.*.



Gerard se inclinó un poco más, ver a Mikey dormir era un gran alivio, miró al reloj de madera que apuntaba con sus manecillas de hierro, cinco treinta y tres de la madrugada.

¿Dormir...?

¿Ver a Mikey hacerlo...?

El pequeño que siempre trataba de esperarle. Cada regresar con el mismo final, el pequeño con la ilusión de estar despierto a su llegada, el café frío que siempre estaba entre sus idílicas manos.

Los cuadernos de ambos a los lados...

– "No deberías de hacer esto Mikey"– Sus ojitos más rojitos que verdes filtraban amor por sus orbes. – Eres tan bueno...

Ayudó al menor a recostarse en el sofá de los resortes salidos, viejito y reconfortable.

Subió, después, por una manta y dos almohadas, retiró sus prendas frías, mejor un pijama calientito, descalzo, a prisa, hacia su hermanito querido.

Y su cabecita castaña se elevó gracias a una almohada, un hueco en el silloncito viejo fue llenado con la otra, ahora todo parecía estar a nivel, tapó a Mikey, debía de estar fuerte y alegre, bien descansado y por supuesto cómodo.

– Te admiro tanto Mikey...

¿Dormir...?

¿Ver a Mikey hacerlo...?

Verlo hasta que el sueño le venciera era lo mejor...


.*.


Hacia tanto tiempo, acto demente e inmaduro.

Las sabanas demasiado infantiles para pertenecer a un ser tan sugestivo.

Cobertores de lana, demasiados calidos para un ser que no sentía frío.

¿Y qué es soñar un poco?
¿Qué si se divaga en el aire?

Frank se acurrucó en su cama de niño. La recamara más olvidada y solitaria, sin recuerdos de seres queridos, nada, en pizcas el pasado.

Su nariz bonita chocó con el almohadón demasiado temprano, tanto lujo no era necesario, pero por sentirse un poco más vivo, cualquier cosa se haría.

– "Corazón de piedra..."– Por ultima vez talló el costado de su mano a sus ojos cerrados – Porque la sangre ajena nos seca...


.*.


Y regresó al mundo real...
Y Gee recarga su cabecita negra en él, y sus puños se cerraron con fuerza.
Su hermano dormía tan tranquilamente...

– Mikey... – Llamó la abuela, ver a sus dos nietos, como en tiempos de antaño resultaba algo complicado. La mujer mayor se sintió tan bien, observarles tranquilitos y bonitos, tiempos pasado que nunca vuelven.

Su voz rozó la inconciencia de Gerard, comenzó a agitarse, Mikey se paró muy rápido, un ataque de tos que comenzaba.

La abuela corrió a auxiliarlo, golpecitos en la espalda que no mejoraban nada. Gee entonces pudo despertar agitado.

– ¿Estás bien, qué ocurre?– Cuestionó asustado... el castaño trataba de sonreír, tranquilizarse el mismo antes que nadie. – ¡¿Has tomado el jarabe?!

Negó el castaño, la abuela frunció el ceño, Gee corrió hasta la habitación de ambos, ahí donde las botellas se apilaban cada vez más.

Le hicieron beber, tranquilizarse poco a poco, la abuela le abrazaba y quería protegerle.

– Será mejor que desayunen antes de ir al colegio – Se soltó del castaño y apachurró la mejilla de su nieto mayor – Gee, Mikey encontró dinero ayer, ¿Puedes creerlo? Suerte que tiene ¿No? Hay para desayunar chocolate y panque...

Sin oscuridad ese día, Gee sintió que el alma se le encogía, sólo una ráfaga de recuerdo... su abuela ya le había perdonado por ser tan grosero.

– Mikey tiene suerte por que es muy bueno – Dijo Gee, un tanto más tranquilo, no menos cansado se acercó a la mujer mayor – ¿Puedo llevarle un trozo de panque a un amigo?

Más que incomodo, se sintió un tonto engañado por una ilusión, Mikey un tanto más tímido, con la punta de sus dedos blancos tomó el trozo de nuez que se escondía entre las capas de masa horneada y chocolate roseado.

Se la llevó a la boca, la masticó más veces de lo necesario. Él no era para nada bueno. Un simple cómplice tal vez, pero no un chico bueno...

– Mikey ¿Quieres que vayamos en bicicleta?– Los ojitos temblorosos de Mikey hacía la abuela, una suplica para su aprobación, ella pensaba; que aquello era tan peligroso para ambos, las carrozas comenzaba a circular por las calles estrechas. No muy confiada, ser viró y los ojitos verdes de Gee le hicieron recaer en un mundo infantil. Ella también sonrió y asintió.

Entonces el castaño afirmó con un movimiento de cabeza.

Gee y Mikey tomaban el baño juntos. El agua no subía a la segunda planta, ya no, la tubería demasiado picada y vieja, con cubetas y bandejas, Gee se apresuraba y Mikey también lo hacia.

– No quiero volver a hacerlo – Dijo el castaño y Gee que ya se secaba con la toalla que tenía el perrito blanco, ni siquiera miró a su hermano, no entendía, pero fuese lo que fuese, no le gustaría que lo digiera frente a frente.

– ¿A qué te refieres?

– Que digas que soy bueno, tener que fingir para dar a la abuela el dinero que tú ganas. ¿Por qué no le dices en que trabajas? ¿Porqué no me lo dices a mi?– Entonces Gee se dijo; "Que inteligente que era" de estar mirándole directo a los ojos, simplemente, no podría mentir.


– Mikey, soy "Una escoria del mundo, que envicia a quien se le ponga en frente... una trampa y luego nadie quiere dejar de verme..." cargador. ¿Qué no se notan mis músculos atléticos?– Hizo una pose extraña, como los hombres a mármol, de los libros de historia. Mikey no pudo evitar sonreír. Gee no tenía brazos de cargador.– Me ofendes Mikey... creí que había notado cual fuerte me he vuelto...

– Se nota más bien que no has crecido Gee – Arrebató la toalla a Gee, por que le gustaba más el perrito que el gato – Me estás mintiendo.

– Mikey...– Llamó el hermano mayor, voz suave y cariñosa, demasiado pasiva – Para mi eres la persona más buena del mundo... bueno, estás a la par con la abuela. No me digas que no diga lo que siento.


.*.


Antes diferente entre los normales... y ahora, extraño entre lo desconocido. Sus ojitos rojitos y no por falta de descanso, estaba enojado, muy enojado que estaba. Se dijo: Que la vida era una tontería si de día permanecía sólo y de noche aislado.

Si ser tan eterno no hubiese sido tan fantástico al ser mortal.
Si su provisional vida no hubiese sido extendida para siempre.

Este es mi recuerdo:

Aquella noche muchas personas le esperaban, muchas personas pensaban en él. Niño necio y presuntuoso...
... Tanto que deseaba volver a ser sólo un jovencito, decente y quieto. Tanto que deseó haber sido un poco más desconfiado.


Miró por entre las aberturas de la madera en la ventana, un hueco hecho premeditadamente. El rayo de luz entre tanta oscuridad. ¿Cómo seria de nuevo mirar sin miedo hacia el cielo? Caminar entre la gente a pleno rayo solar y empujar a quien no le permitiera el paso rápido...

Pelear hasta sentir miedo de perder la conciencia, y para terminar, un regaño de su padre... escucharles decir "Prometer" que crecería, que la juventud no duraba eternamente, que cuando fuese un hombre maduro tendría que ser respetado y adorado...

Acercó a su mano al rayo de luz que se colaba... y un resplandor escarlata inundo su habitación rebelde.

– Mejor descansar...– Se dijo y enterró su rostro en la almohada... él que siempre alentaba a los que recordaban cosas pasadas...– Mejor... no existir.

Matt cerró los ojos por tiempo indefinido, su secreto muy escondido, muy de vez en cuando, sus recuerdos se volvía realidad, muy de vez en cuando, se desvanecía del mundo existente y palpable, y recordó, que a veces soñaba y se sentía descansar... muy de vez en cuando.


.*.


– ¡Hasta la noche abuela!– Gritó Gee, con sus pulmones fuertes y sanos. Mikey hubiese hecho lo mismo, pero su garganta raspada lo lamentaría todo el día. Mejor despedirse con una sonrisa y un ademán.

– Vayan con cuidado – Se despidió de sus nietos, ella más tarde saldría hacia la casa de la familia rica, a la familia a la que le cocinaba cosas más deliciosas que a la propia, con quien pasaba más tiempo, a los que les había dedicado toda la vida.

– ¡Sujétate Mikey, que es muy tarde!– El hermanito miedoso se aferró a los hombros de su hermano mayor, de pie en los diablillos de la bicicleta, ocasiones: la bufanda de Gee le impedía ver demasiado.

Al llegar más de uno les miraba, Gee resultaba ser para los infantiles amigos de Mikey un ejemplo de revendía. El chico malo del colegio que pocos conocían, contradictorio y exasperante, cariñoso con su hermano, demasiado cohibido para entablar verdaderas amistades.

– ¿Te espero a la salida?– Cuestionó contento Mikey, primero el bajaba, Gee encargaría la bicicleta en la tienda del señor más amigable del pueblo.– ¿Vas a ir a trabajar...?

– Si Mikey, tengo que ir, y espérame si sales primero que yo.– Le sonrió a su hermano menor, sin saber exactamente por que, se abrazó al pequeño.–

Y le vio alejarse, Mikey miró hacia el suelo... quería ayudarlo pero no sabía como, su cabello cayó sobre sus ojos, y sus anteojos de antaño resbalaron, narizita linda que se sonroja por el frío.

En clases distintas, ambos entregando tareas, en el colegio, uno más simpático que otro. Mikey, sonrisas y bromas lindas, era tan hermoso portar tanta inocencia, magnifico y tentador. Gee en un rinconcito, jugando con fantasmas nocturnos, entre lluvia y frío, sus sonrisas eran más esporádicas, y los profesores viejos ya ni se inquietaban de esa rara actitud, dejándole rozar su cabeza con el escritorio, no mucho que faltaba para no volverle a ver ahí.

Y es sueño le fue venciendo...

Ahí, en el fondo del cielo alguien para él, almas a su alrededor, dolores crucificados, el amor lo destruía todo, su amor lo destruía todo... incluso a él.

Y la canción de una muerte segura, la de la historia que se repite, todos mueren, en sueño fundido con momentos resucitados, esos que nunca mueren, que saca el aire de tus sueños, cuando se tiene la necesidad de un abrazo... y lo que se termina obteniendo es un cuerpo para abrazar...

Aún dormido, sus memorias servían, la necesidad de ser demasiado bueno, fuerte y paciente. Por algo el había resultado ser el mayor, protector de un tesoro indescriptible. "Un niño que juega a ser hombre…"

Necesitaba dejar de soñar...
Desintegrar el miedo de perder a alguien.
Para que nada le haga daño, luchar mucho de noche.
¿Pero y si las medicinas no era suficientes...? ¿Cómo ayudarle entonces...?

Y si Mikey...

– ¡¡¡NO!!!– Del letargo despertando, y sus ojitos llorosos... sus compañeros de clase le miraron cansados, no era la primera vez que interrumpía la case de esa manera. Y el profesor exasperado, ese remedio de estudiante era una perdida de tiempo.


.*.


En el marco de la puerta principal del colegio, todos sonrientes, en bola y presurosos de llegar a casa, Mikey tenía que esperar a Gee, siempre media hora después que el castaño. Mikey rara vez se encontraba acompañado, tal vez hoy un día diferente, una compañera, demasiado infantil, no había dejado de incomodarle toda la mañana.

– Tu hermano te esta esperando – Le dijo un chica, rozando sus labios a su mejilla, incomodo, muy incomodo que le resultaba tanto acercamiento. – Hasta mañana Michael


– Adiós – Se despidió y echó a correr, hasta donde Gee estaba, recargado en la pared junto a la bicicleta. – ¡Gee te dejaron salir antes!

Gritó el pequeño que corría no muy rápido, el pelinegro levanto la vista... Ahí su razón de vida.

Lo más maravilloso que su madre pudo haber dejado en este mundo.

– Mikey, no corras, te agitaras demasiado...– Y Mikey paró de golpe.

"Un final tan esperado, predicho y conocido..."

Platicaron de su buen día escolar, el mayor mintiendo, no contó: que peleó con el profesor, que le suspendieron lo que restaba de semana por ignorar al director.

Llegaron a casa, una brisa hermosa, el aroma de la abuela aun se podía percibir. Gee corrió a la recamara para acomodar sus útiles y los de Mikey, de nuevo a donde su hermano. Mikey comenzaba a pellizcar el trozo de panque restante.

– ¿Quieres ir a comprar algunas cosas para comer, Mikey?– El pequeño asintió, hoy día de la semana en que las verduras no estaban demasiado subidas de precio – Abrígate bien, hace mucho frío.

Y entonces el uniforme del colegio fue cubierto, por el gabán café claro, mientras Gee le retiraba las migajas de su mejilla derecha.

El sol tímido entre las nubes lóbregas, Gee tomó dos paraguas por seguridad, y se marcharon del hogar vendito.

De su hogar quedaban algo lejos los negocios y las tiendas. “Un día bonito” pensó el castaño, entre casas de buen ver, entre todos, esos niños eran sólo el recuerdo de una buena familia.

Legumbres de buen precio, en cantidades y tamaño, apenas si Gee podía con las bolsas...
... Y Mikey entendió... si antes lo intuía, hoy estaba seguro, Gee no era cargador.

– ¿Mikey, alcanza para comprar un poco de carne?– Gee se detuvo y coloco las bolsas que cargaba en el suelo, su hermanito sacó las monedas del bolso de su pantalón negro. Contó, hizo una mueca mental, sus mejillas se sonrojaron –

– No... Tal vez para un poco de pollo.

– ¡Perfecto!– Retomó entre sus manos las bolsas – Haremos un caldo delicioso y después a hacer los deberes ¡¿Entiendes?!

– ¿No iras a trabajar Gee?– Suspiró de forma pesada y aburrida, de pronto Gerard un tanto pensativo

– Mikey, ya hablamos de eso.

.*.


El aroma de las flores fue desapareciendo, adiós al aura de paz, sus recuerdos retomados comenzaron a esfumarse, la respiración que nítidamente había desaparecido, volvía a hacer que su cuerpo se agitase... sutilmente.

Una nueva noche, se dijo, a pasear sin ganas, alimentarse un poco, lo necesitaba demasiado, últimamente se descuidaba mucho, demasiado para el gusto propio, ¿El motivo...?

Su corazón de "piedra" lo sabía, no lo aceptaba.

El ruido en el pasillo era nulo, fiel prueba de que era el primero en despertar. Tal cual dormido, con movimientos involuntariamente agradables se separó de la cama y las sabanas de algodón esponjoso y suave.

Su recamara era la más mimosa, aun con su carácter frío y duro, todos la reconocieron en cuanto la vieron, su recamara suntuosa y perfecta, se dirigió al baño, en verdad que no lo necesitaba pero lo deseaba, por que su cabello mojado le traía un hermoso sentimiento, un recuerdo tal vez.

El agua llenó la tina blanca, y las burbujas arco iris se extendieron, un chapuzón del cuerpo perfecto, y el suelo en azulejos caros fue mojado y resbalando lentamente... agua y jabón escapando de la bañera, se hundió lo suficiente, mucho tiempo, y el agua por su nariz raspaba, no era necesario apresurarse, ni preocuparse ni enojarse...

Frank no veía entre el agua por que sus ojitos avellana permanecían cerrados.


.*.


La abuela había llegado mucho tiempo antes de lo predicho, fue grata la cena, los tres hablando de todo y nada a la vez, Gerard un tanto tenso, la abuela se enfadaría demasiado si le veía salir, pensaría que se iría a vagar, cosas nada productivas para él.

La mujer mayor aun más perturbada, se sintió tan poca cosa, tan inútil, ya la edad se le venía encima, Gee que se le revelaba de vez en cuando, Mikey que sólo por ratos mejoraba, y lo peor aún..., aquella familia que vendió su vida resultaba ser sólo una masa de gente sin piedad y amor al tiempo. ¿Ahora cómo conseguiría dinero?

– Abuela ¿Crees que podría dormir hoy con tigo?– Tanto Helen como Gee se sorprendieron, Mikey hacia tiempo que no tenía peticiones tan candidas. Y Mikey sintió que era lo menos que podía hacer... por la mujer que parecía tan falta de un cariño y por el hermano que necesitaba huir de noche.


– Por supuesto Mikey, sabes que no necesitas pedírmelo.– Le sonrió tan amablemente que dolía, a Mikey le dolía que todos tuviesen secretos para no preocuparse entre ellos mismos. Y él que resultaba ser una simple carga para ambos...

... Pobre de su hermano, luchando en el frío mientras el disfrutaba de los mimos de su abuela.
... Pobre de su abuela, luchando de día, mientras él era el semi-portador de la mitad de los secretos de Gerard.

Gerard y la abuela, mintiendo un poco más, porque en el hogar había dos grandes motivos para luchar...


.*.


Partículas repletas de aroma, fragancia que opacaba el olor a sangre. Último retoque a su cabello castaño oscuro, era tan esplendido mirarse al espejo y pensar que todo era una horrible pesadilla.

Colocó la botella, de cristal cortado, en el tocador, juntó a sus otras pertenencias. Apenas si se dirigía hacia la puerta de madera fina, cuando un jovencito descuidado entraba sin permiso y peor aun, sin avisar, a la habitación de el más intranquilo de ellos.

– Ray esta en la sala – Matt cerró la puerta y se recargó en ella – ¿Piensas salir otra vez?

– ¿Por qué lo preguntas?– Visible cuestión, no todos los días Frank se perfumaba tan ansiosamente, mentira, siempre lo hacia pero hoy, parecía un día especial –

– "Por que te brillas los ojos como ayer..." ah... nada más para avisarte que no te puedo cubrir hoy – Pareció recapacitar sus palabras – No si te marchas solo, pero... si me llevas con tigo.


– No, no te voy a llevar con migo.– Sentenció de forma brusca

– ¿Porqué no?– Chilló mientras hacia un gesto infantil y se aferraba a Frank – ¿Qué escondes Anthony?

– ¡Ah... no me llames así!– Gritó aun más fuerte que Matt.

– Pero así te llamas ¡ANTHONY!, ¡ANTHONY!, ¡ANTHONY!, ¡ANTHONY!, ¡ANTHONY!, ¡ANTHONY!

– ¡MALDICION MATT, CALLETE Y DEJA DE MOLESTAR A FRANK!– Una voz algo lejana les calló de pronto.

– ¿Y TÚ QUE TE METES BOBY?– Contestó sin pena y Frank se sintió fuera de lugar.

– ME METO POR QUE ES DESESPERANTE DESPERTAR DEBIDO A TUS GRITOS DE LOCO.

– ¿LOCO?– Apretó los puños y salió de la habitación, dejó a Frank con una mirada asesina... el maldito Matt se había encargado de llamar la atención de los otros dos sujetos...– Ahora veras tú loco... ¡Robert habré esa maldita puerta!

Los golpes en la puerta no se hicieron esperar, "Toc" "Toc" irrelevante.

– ¡Cállate Matt, y vete!

– ¿Qué esta pasando aquí? – Cuestionó Ray mientras subía las escaleras, para ese entonces Frank ya estaba asomado en el pasillo.


.*.


No se escuchaba nada, peor el jugaba a imaginar que la respiración de la abuela era esa tranquila brisa de ternura, que estaban juntitos, su hermanito y su abuela, el menor siendo abrazado por ella, en pijama los dos, con los ojitos cerrados.

– Buenas noches – Dijo sin esperar respuesta. Se apresuró a bajar las escaleras, aún era temprano pero quería llegar antes de su hora de trabajo.

Las calles ahora apedreadas, el sonar de sus zapatos era genial, sentir sus pasos y escuchar el agitado movimiento, centavos en la bolsa de su pantalón.

Cuando llegó, el local ya se encontraba abierto, saludó a las chicas de siempre y sonrió a la más alegre de todas. También a la mujer mayor que hoy estaba especialmente molesta, caminó a la bodeguita, ahí escondía su uniforme bonito, su ropa sugestiva, la fuete de sus decesos. El pantalón negro y hoy una camisa blanca, mangas un poco holgadas que tapaban recelosamente sus muñecas blancas.

Y así pasaron los primeros minutos, y el jefe le miraba expectante, y las muchachas también lo hacían, cada que alguien entraba al local.

Parecía una noche tranquila, una perfecta noche.

– Gerard, no me habrás mentido ¿Verdad?– El hombre se colocó detrás del chico, y este sintió que el miedo le congelaba todo el cuerpo, por primera vez agradecimiento dejó de ser lo ultimo que sintió por ese hombre, que metía un paquete conocido entre las mangas de su camisa.– Dijiste que vendría hoy. El chico rico.

– No mentí, lo juro.

– Mejor que sea así – Revolvió los cabellos azabache del oji-verde – Mejor que no me hallas mentido.

Apenas si comenzaba a alejarse el jefe, cuando una chica se acercó a Gee.

– Gee te buscan – Y el dueño se viró para ver al cliente de su " Querido niño". La chica aun le señalaba, entre toda la gente, tenía que ser él quien fuese a buscarle.


.*.


Como cualquiera, sin siquiera pensar por un segundo en lo malo.


Cuando todos existimos

Ray explicaba el plan, el plan estaba por dar inicio, tácticas de siempre, engaño, seducción, sonrisas y ¡bah! Otra historia sin vida.

– ¿Frank, me estás poniendo atención?– Cuestionó el de rizos. – ¿Frank...?

– Esta tontito por que no ha salido desde hace días, Ray, no a consumido nada en meses...– Tanto el de rizos como el oji-azul abrieron la boca impresionados...

– ¿Es verdad eso Frank?– Pero el oji avellana no respondió.

– Lo vez...– Matt se puso de pie, y golpeo la cabeza de Frank, entonces dejó sus pensamiento a un lado miró de forma asesina a Matt – Ray creo que hoy podríamos tomarnos el día ¿No? Tengo ganas de salir y ver esta zona, tenía mucho que no veníamos por aquí.

La opinión de más persuasivo siempre resultaba conveniente.

– Ah tienes razón Matt – Extraño, muy extraño que Ray fuese tan fácil de convencer – Mejor irnos todos.

– Yo opino que podríamos irnos cada cual por nuestro lado. Al fin y al cabo no es una misión.

– Ni locos Frank – Ray comenzó a ponerse de pie y sacudió su camisa negra. – Te metes en cada sitio y luego nos morimos por encontrarte.

Ni fue broma ni chusco planeado, pero todos rieron, incluso el malhumorado Bob... "Morirse por encontrarle..."

– Sí, sí... Ray tiene razón..., yo no conozco mucho por aquí, ¿Que te párese si nos llevas a un lugar interesante Frank...?

El aludido rodó los ojos e hizo una mueca de disgusto... ¿Cómo ver a Gee?

.*.


"Él no era uno de los clientes… Aquel hombre podía tenerlo sin pagar"

Era la habitación de una chica. Ni siquiera el dueño del lugar sabía exactamente lo que ahí sucedía, el hecho de ganar dinero y de que su negocio perdurara le hacia sentirse mejor, Gee para ese tipo de negocios era bueno y lo disimulaba muy bien, tenía la pinta del niño "tontito e inocente" demasiado bueno para siquiera encasillarlo en algo. Gee no distinguía, todo aquel que quisiese ser su cliente lo podía ser, claro, mientras los billetes y las monedas se apilaran en grandes cantidades.

¿Qué si era peligroso hacerlo? Por supuesto, incluso más que la prostitución de las chicas que trabajaban en su local, pero el jefe se arriesgaba, por dos simples razones: La primera y la más importante, una vez que te metías, no podías pensar siquiera en dejarlo... y dos, era el negocio de moda, con enormes ganancias y sin esfuerzos, por lo menos para él.

– Niño, hacerlo por tu cuenta te sería mejor – Suspiró mientras veía directamente a los ojos del niño que jugaba a ser hombre – Ganarías más dinero.

Las manos de Gee se deslizaron por sus ajustados pantalones estaba nervioso, el hombre le brindaba más de lo que él pedía, porque se había encariñado de su mirada inocente.

Gee y sus ojitos abiertos, entre negocios, lo mejor es no perder la cordura, no desesperarse, no gritar de miedo.

Por que era un chico valiente, por que Mikey y la abuela lo valían.


.*.


"Porque quiero recordar tiempo lindos"

Tan cursi y tierno, tanto que dos de ellos no dudaron en aceptar la idea perfecta para pasar la noche, Bob por otra parte, un poco más conservador, buscaba alguna forma de negarse a acompañarlos a aquel horrible lugar, no gustaba de convivir con mortales, no gustaba de ser visto por ellos.

El viento jugueteaba con sus cabellos rebeldes, Se dijo: "Estoy arriesgándome mucho por él"

Y se regañó internamente, tendría que ser cuidadoso y muy, pero muy disimulado. Para que ellos no conocieran a Gee. Para que Gee no se sintiese ignorado.

"¿Y cuando había dejado de pensar sólo en él...?"
"Hacia ya casi ocho años..."

– Ya llegamos – Sentenció y comenzó a adentrarse, en el local más de uno le reconoció, y entonces lo notaron, que aquellos sujetos sugestivos de la vez pasada era amigos del amigo de Gee.

Mucho dinero para ganar esa noche.


.*.


De manos a manos, dinero proporcionado, fue contado dos veces, todo perfecto, Gee sonrió de forma tímida, él sujeto más alto guiño su ojo derecho.

– Vendré la semana que viene Gerard – Sentenció el mayor, mientras se ponía su gabán negro.




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Doki Amare Peccavi

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Cap. 13: Esencia sacrificio

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:07 am

Cap. 13: Esencia sacrificio


••• Parte Uno •••
Aroma único


II
Entorno medioevo, una discusión con el hermano mayor, que resultaba ser demasiado risueño. Un hombre entero y el día fue perdiendo fuerza, caminando sin rumbo, cuando lo notó se dio cuenta..., seguía a su padre. Y lo supo, afirmando sospechas. El padre caminando hacia el negocio clandestino muy bien remunerado, adiós por primera y última vez a la luna, aterrizando en humanidad, crueldad, no, nadie lo volverá a hacer, esta noche...

Valentía hasta que dure, durante la visita, el hombre había mentido, la verdad les había alcanzado, visitas a damas poderosas, igual que él. Hermanito pequeño que cometía muchos arrebatos de ilusa juventud. No hubo momento para respirar otra vez. El tiempo flotaba, y sus esperanzas puestas en el padre cayeron al lado de la lujuria.

– Eres un miserable. – Escuchó que una voz detrás de él, resonaba y resbalaba por su espina dorsal. Se viraron el padre y el hermano menor que iba detrás de él a escondidas. A pasos más alejados, un hombre imponente, mirada demoníaca, voz grave y temblorosa. – Has deshonrado y ultrajado a mi hermana. Mereces la muerte.

– Ajeno a sus problemas hombre prosaico y vulgar, miserable yo nunca sería capaz, tengo dos hijos y una adorable mujer a mi lado, nunca en brazos de otra fémina, esta equivocado, a un lado, por favor que se haga le pido, de hombres no es atacar por la espalda, discutir entre presentes ajenos, mucho menos respeto. ¿Y sus modales perdidos? Ese jovencito frente a usted es mi hijo, nuestro respeto se merece por que desconoce lo que me desconcierta y a usted le aflige.

– Ni mentiras ni engaños, has mancillado a mi padre y a mi mismo, muerte mereces – Sus pasos se volvieron peligrosos, el chiquillo corrió, detrás de su padre se sentía más tranquilo – Tú que corres y te escondes, escucha bien, ese que roba de tus labios la palabra padre, es un desgraciado.

... hasta que durase la noche.

Hombre de muy buen ver, luchando por la decencia familiar. El primer movimiento, y la espada mal lanzada, era de noche y las lechuzas aleteaban. Sangre, un grito, un niño enfurecido con el hombre de la espada, en la pelea su arma era la única.

Él desconocido enterró el metal a su padre, hijo menor que trató de intervenir también fue muerto.

Muerte aquella noche para dos personas, el demente acto que arrebato su ascenso al paraíso.

Y a la mañana siguiente todos lo supieron, un error nocturno, un chiquillo de quince años y el gran hombre de semi poderoso, autor intelectual: "espíritu de venganza".


El tiempo es polvo...
... y vuela tanto



En el bosque, un camino que llegaba al burdel más cercano, los único sobrevivientes de aquella familia de cuatro.

Ofrecimiento gratificante, la madre y el hermano mayor, únicos sobrevivientes de aquella familia de cuatro. Solos y temerosos, el mejor amigo del esposo, única persona en brindar la mano.

Alma caritativa, un alma que embauca, a cambio de sus bienes, protección y amor.

¡Mentira!

A cambio de sus vienes la eterna agonía, el odio de su madre.

Y los demás les señalaban, la viuda que había perdido la decencia.

... Pero la pesadilla apenas comenzaba.


_.*._


"Por qué me dejaste marchar..."


Le miró de lejos, Gerard permanecía cabizbajo, con las lagrimas cayendo, sollozó muy fuerte, las luces completas y apagas, trató de acercarse sólo un poco, mientras más cerca más lejos. Su corazoncito se oprimía, y no pensó más en cierto pasado, lo sentía todo, como un loco recuerdo. Esto era más que un reencuentro, choque de luces y momentos, por fin podía verle otra vez, y a pesar de ser muy diferente, le distinguía.


.*.


"De la sangre que nos unía no queda nada"

– Mikey, despierta... – La abuela acurrucaba en su pecho a su hermoso niñito castaño. Estaban solos, lo notó cuando había ido, a la recamara de sus nietos, a recoger la medicina.

Gee lo había hecho otra vez.


.*.


Frank esperaba impaciente, muchas de las chicas se les acercaban, en ningún momento las oportunidades aparentes para preguntar por Gee.

Y el tiempo paso, los hombre más ebrios, y ni rastro del que buscaba.

– Estoy aburrido – Fue Bob quien quejándose, hacía lo posible por mantener sus ojitos abiertos, había mucho humo. – ¿Frank por qué te gusta venir aquí?

– Porque quiere recordar tiempo lindos – Se burló por enésima vez Matt – Además mira que a Ray también le gusta esto...

Ray ajeno a las burlas y gruñidos, para él nada de esto sería tan nuevo. Eran memorias que había aún gravadas.

– "Tengo tantas ganas de llorar..."


III


Una ráfaga de viento que cambio su todo. Sólo de día los buenos recuerdos, cuando no podía ser conciente de ellos. Pero despierto: únicamente momentos de dolor, momentos en los que el hermanito menor y el padre ya no estaban.

Una vez... más.
Cuando quería que todo acabara...
Cuando el tiempo paresia, irá más lento, incluso.

A morir sus sollozos, muchos.
Y la luz le hacia más infeliz que ahora.
A la luz sus lágrimas secas y la sangre que no alimentaba.


– Niño, levántate, anda. – Sus rizos cedieron, rozaron su rostro apagado y en sus manos los dolores, no quiso pensar en lo que vería, un choque de ruidos, su tío estaba a un lado. Gritaba y parloteaba, nuevo padre promiscuo. – Ayuda a limpiar porquerías, has algo, ya has dormido bastante.

Asintió, evitó sonreír para dar buenos días, no era necesario, nada era tan bueno. Muchas mujeres lloraban, le partía el alma todo aquello. Mala luz de día, si tan sólo el reflejo de la luna fuese tan eterno.

Cada día a su hora, y los movimientos más lentos. Entre gemidos y alaridos, hombres golpeando cual ganado lerdo, mujeres insulsas sin sueños ni glorias. Todas acepto una. La más buena de todas. Esposa, madre y puta.

Entre alfombras de piel y vestidos de holanes corrientes, una buena casita grande, entre las joyas del tiempo y los momentos insanos. Sus deberes fueron demasiados y muy duros, el tío lo veía todo con ojos críticos, pequeñas orbes disidentes, mirando al cielo y al infierno en un parpadeo.

– He terminado – Sentenció con una pequeña inclinación. Entonces aquel hombre desdichado, que mostró su sonrisa tan tierna y calida.

– Eres bueno, mi Manuel – Entre las manos cuarteadas, los ajenos ricitos de gloria, se sintió incomodo, instinto más que repulsión, hombros encogidos y ojos entre cerrados.

– ¿Puedo ir a verle?– Cuestionó temeroso –

– Puedes, pero... no te le acerques, te dejara mal olor. – Escuchó la suplica, pero no la aceptaba, ella jamás tendría mal olor.

Las escaleras crujían, y sonaban sus pasos. Mujer estrecha y sumisa, varias más similares, pero no iguales, no para él.

– ¿Puedo entrar? – Pero nadie respondía, nadie respiraba, temeroso entre abrió la puerta, y la soledad era lo último que habitaría, por ahora esa habitación....

Dos pares de ojos mirando sus rizos en movimiento y sus ojitos omitiendo. Sin petición ni orden cerró de nuevo la puerta, demasiado obvio y muy inocente. Ya él estaba detrás.

– Te lo dije, tendría mal olor – Dijo el hombre que le había seguido, intentó marcharse, por un día era suficiente, se dijo; "para una vida ya era mucha desilusión". Su esencia cristal opaca, para notarlo sólo una mirada bastaba. – ¿Qué fue lo que viste?

Preocupado el mayor, por los intereses.

– Nada, esta dormida – Mentir, un don negado a muchos. Y lo que más duele es que el ser idolatrado venere a otro. La primera bofetada, dada esa mañana.

– No me vuelvas a mentir por ella. – Adentrándose sin pena, la figura del más joven detrás de él. Él dueño frunció el ceño. Trabajando sin rendir cuentas. Un golpe al ebrio abusivo, y le hecho de la casa, acompañándole con gritos hasta la puerta, groserías y mofas.

– ¡Fue tu culpa!– Gritos que calan al alma. No le importó que ella le golpeara y le gritara y le acusara.

– Tranquila mamá...– Ayudo a limpiar las marcas de pintura en los ojos. Aún tintes muy primitivos. –

– Todo es tu culpa...– Ella lloraba, y mucho. No lo bastante fuerte como para que un ser divino le oyera.

– ¡MANUEL, SAL AHORA!– El que fingía ser tío había llegado otra vez, en el marco de la puerta, agitado y muy enojado. – ¡SAL O LA ECHO, LES ECHO...!

¿A dónde ir si él les echaba?


__.*.__


Gee se despidió del aquel sujeto en el marco de la puerta, que apuntaba a los cuartos, ahí su última mirada semanal. El mayor le hizo una broma, Gee no entendía una indirecta muestra de sentimientos, aún así río, el tonito usado había sido demás chistoso.

Sólo unos segundos para supervisar el local. Entre mesas y humo, muchos hombres llamando la atención de otros.

– Gerard, a llegado y viene acompañado – El viejo hombre sonaba tan alegre, el romper su ilusión sería un pecado – ¿Qué te párese si lo intentas con todos?

– ¿Con todos?– "Él" estaba ahí, estudiando con ojos críticos el lugar decadente pero bien proporcionado – Yo...

– No te digo que ahora te les pongas en frente y se lo propongas... Puede ser, uno por uno y después... Lo sugieres, o mejor aún, lo insinúas para que ellos lo deseen más, todos juntos al mismo tiempo.

– Pero... ¿Al mismo tiempo?– Una locura completa ¿Cómo con todos...? ¿Cómo con "él"?–

– Es una sugerencia, Te ahorraría tiempo. – Una propuesta definida por las últimas palabras, una estrella que guía el camino, creciendo la ilusión del más viejo. Pero de cualquier manera, una ilusión, en ilusión quedaba por siempre. – ¿Qué dices?

– Tengo que dejar esto – Señaló el tabique rosado envuelto en papel barato.

– ¿Vas a hacerlo?

– Sólo a intentarlo "Mentira"– No cambió nada, con alas propias su apócrifas palabras, nunca juntos al mismo tiempo...

Gee con un paquete en manos, a ponerlo seguro entre sus prendas. Un olor dulce invadió el lugar. ¡Lo recordó. Para Frank un pequeño presente!

Acomodo lo mejor posible su uniforme, salió de la bodeguita y a paso decidido, con el rostro sonrojó y la mirada en alto, caminó tan feliz, que ni siquiera notó que Frank le prestaba mucha atención al chico de rizos.


.*.


Miró de reojo todo, demasiados aromas desagradables, tipos ebrios y... muchachas ofreciéndose

– No voy a volver a poner un pie aquí – Sentenció y fingió tomar un poco del liquido barato que jugaba a ser fino Coñac – Apesta horrores... ¿Es que no lo notan ustedes?

"secretos para todos, no puedes culpar a nadie por no saber que te hace mal."


IV


La madre rogó para que no le abandonara, pero el era joven, tenía miedo... y el hombre mayor le jalaba de la ropa, le arrojó fuera de la habitación, y los gritos comenzaron a escucharse. Mientras el tiempo pasa la voz se iba perdiendo... pero siempre con la misma sonata de culpa.

"MALDITA LA HORA EN QUE NACISTE"
"SI TAN SÓLO ESTUBIESES YA MUERTO... "
"MEJOR PERDER A UN HIJO QUE A UN ESPOSO"
"TE ODIO, POR SIEMPRE... Y PARA SIEMPRE MI ODIO A TI.."


Los golpes en la recamara. Y las palabras de su madre. La que había llorado mucho, después de aquella noche en que las lechuzas lloraban, la que ya no le cobijaba de noche, ni le despertaba con besos de día, La que ya no besaba al hombre muerto hacia dos años, ni alimentaba al hijo perdido.

Un día como tantos, ella jamás contrato a un nuevo cliente por su cuenta. Ray todas las noches ambientando el lugar. Ray y su toque celestial. Un lugar vulgar con música de Ángeles... Traída desde el paraíso para borrar los pecados expandidos y contagiados.

__.*.__


"Secretos para todos, no puedes culpar a nadie por no saber que te hace mal."

– ¿Mal olor Bob?– Ray le dirigió una ultima sentencia, silencio aceptado por el rubio. – Esto que hueles es sacrificio, llanto y trabajo mezclado. ¿Alguna vez has llegado a dejar una esencia tan dolorosa? No... Nunca, ni siquiera esa noche que llorabas.

Incluso Frank quedo paralizado. Eso había sido demasiado cruel.

– ¡Creí que no vendrías!– Muchachito de ojos verdes, muchachito que se alegra, no veía que no era momento. Bob y Matt fueron los más atentos al jovencito frente a ellos. Ray le miró de frente. Y tembló tanto, tanto.

La ternura y el amor
Como su pequeño hermanito.

Y el aroma a sacrificio
Como su perdida madre.

– "No puede ser cierto..."– Incomodo y un tanto tonto, el de rizos se había puesto de pie, muy rápido para parecer disimulado, la atención de varios comenzaba a posarse en ellos.–

Nada que entendía y la lejanía de "él" le parecía espantosa, su vista hacia el de los ojos avellanas, y el oxigeno no fue suficiente. Gee notó que Frank trataba de no mirarle.

– Lo siento, no debí interrumpir. – Si no era bien recibido. ¿Qué cosa debía de hacer? Virar su cuerpo y refunfuñar a solas. – Pido disculpas sinceras. Les he confundido.

– ¡No espera!– Ray aprisionó la mano de Gee, la que tenía el extraño y atrayente aroma.

– Ray déjale en paz. Nos estás asustando – Sentencio Matt, más serio, menos infantil –

– Matt, no me pidas eso – Le habló pero no le miró, sus ojitos fijos en los verdes brillosos – Porque no lo voy a hacer.

– Tengo que irme, pido disculpas nuevamente – Sin ser ofensivo, retiró el agarre.

– ¿Cómo te llamas?– Y esa fue su última suplica, con sus rizos bailando y sus mirada suplicante. La necesidad de entablar confianza con alguien tan familiar.

Él jefe desde la barra sonreía, una montaña de inmensa felicidad a su lado. Gee era obediente, muy obediente... Uno adentro.

¡Mentira, eran dos!


••• Parte Dos •••
Te preocupas por mí

I


No principio:
Soy tan feliz... ¡no! era...

El hermanito pequeño, con un humor incontrolable, era tan cómico tenerle cerca, guiarle y jugar con él.

Y sentirse tan grande, ni superior, ni más privilegiado. Un lazo de sangre, lo daría todo por la felicidad de los presentes en su vida. Un ruego al dios, que en esos momentos, mantenía una pinta de crueldad y recién adquirida forma de satirizar a todos.

¡Culpable!
¡Pecador!
¡Vulgar!


Entre gritos, muchas demasiadas, gente pobre con rostro sucio, niños llorando, mujeres mendigando.

Pero que bien que se nadara en inocencia. Nada importaba, no en ese momento. Muchos de ellos morirían. Todos al fin, pero...

... era tan feliz e inquieto.
Una mano indecisa tiró de los holanes en su camisa.

– ¿Podemos marcharnos Manuel...?– Chilló el menor de todos. Él que, hasta ese momento, se había mantenido calladito observando la inmundicia en la miseria, asintió con la cabeza. Eso era mucho por hoy. –

– Nunca te has preguntado. ¿Por que ellos son tan infelices?– Cuestionó a su hermanito menor. Manuel era curioso, mucho para el gusto de algunos.– ¿Crees que hayan hecho algo tan malo cómo para que dios les castigue de aquella forma?

– No es pecado, simplemente, creo... no tienen la gracia de dios – Inconforme el mayor de los dos. Adelantó el paso – No como nosotros, su error fue ser ello y no nosotros.

– Mi padre te ha dicho que no actúes de aquella forma tan altanera.

– Y mi madre que no te mezcles con los de abajo – Se miraron fijamente. Ojos azules del menor, castaños y brillosos los del primogénito –

– Serás como aquellos hombres que tanto odia mi padre.

– No me importa. Eres tan blando que seguro rogaras en unos años por estar bajo mi sombra.

– Mal hombre.

– Mal hermano – Sentenció, este fue aquel recuerdo del tiempo perdido entre pétalos de culpabilidad y sosiego, teñido con dudas y un poco de magia indiferente, mientras se tapizaba, una y otra y otra y otra vez, con las sonrisas no dadas.

Uno de ellos siguió un sendero equivocado, trató de ir a la nada y encontró a su padre y con el padre, la muerte segura, ya contada.

El otro, decidió pasar por el corredor que daba a su suntuoso hogar. Se acobijo a los brazos de la madre de mal carácter. Ella de ojos hermosos, decidió dar cobijo al más paciente de sus hijos.


__.*.__


La sangre por sus venas de hibrido, entre muerte y vida. Frank sintió que sus puños se cerraban y sus ojos cerrados le hicieron parecer bastante furioso.

– Gerard, se llama Gerard. – Los ojos avellana a un tono más escarlata, sin cuidado pasó entre el cuerpo de Bob y Matt. Se acercó al de rizos, y al del panque en la mano. – No me sigan.

Ray fue el primero en oponerse, cómo siquiera permitir que Frank saciara su furia y su hambre con aquel que tantos buenos recuerdos le traían, intento seguir al amigo que jaloneaba hacia la salida, al más vivo.

– ¡Suéltame Matt, va a hacerle algo!– Y los presentes en el lugar casi que tiemblan de miedo, por muchos conocidos en jovencito de las sonrisas bellas. Entre ellos, muchos de sus clientes, incluso el dueño del local sintió temor. –

– No hagas escándalo – Le susurro al oído. – ¿No lo notaste...? se conocen.


.*.


Haló bruscamente de la manga larga. Gerard bastante asustado para reaccionar, sin quererlo, sin desearlo, mal movimiento, y triste resultado. El trozo de panque cayó al suelo, y el suelo mojado terminó de arruinarlo.

Ese panque era más que simplemente masa y buen sabor, arruinar los ingredientes secretos fue lo más doloroso, sacrificio de su hermanito, abstinencia de su abuela y mentiras a diestra y siniestra por parte de él.

Sintió que no tenía que ser tan sumiso.

– ¡¿Qué te pasa?!– Hizo fuerza, mantener la vista con el ceño fruncido era ya de por si muy difícil, y ahora, que su mirada parecía más sádica, Frank pareció un tanto agitado. Era mucho esfuerzo controlarse y hablar mejor, parecer feliz. – No puedes sacarme sin que pida permiso.

– ¡Eres un imprudente, no debían de saber que te conocía! ¡Lo arruinaste todo!

– Nunca me dijiste que tus amigos vendrían, ni que tenía que fingir que no te conocía – Tomó aire, por que cuando las verdades salen, el aliento se pierde. – Además eres tú quien me a buscado, tú les has traído, tú tienes tus mentiras y sólo tú te entiendes. No quiero formar parte de algo tan complicado, ni tener que soportarte con arranques de furia, eres extraño, demasiado para mi gusto.

– Hablas puras tonterías – Porque ni siquiera ponía atención a las palabras del menor, Frank sólo se sentía flotar de pronto, un mal momento y un excelente sentimiento, estar junto a Gerard era reconfortable, aunque mantuviese un "bla-bla" tan molesto. Era tan perfecto ver sus labios rojos moverse en un sube y baja tan prolongado. – Gerard calla.

– Eres tan extraño –

– ¡¡¡Calla, te digo...!!!

– Cuando niño te creía un tanto menos complicado. – Fue su última sentencia – Ya no me agradas tanto.

– Cuando niño eras completamente admirable, con esas manos gastadas y tu corazón puro, hay muchas cosas que puedo decir ahora para hacerte sentir tan miserable que no querrás siquiera verte al espejo. – Frank se mostraba con un gesto pintado, tan siniestramente adornado, a miradas sensuales y gestos felinos. – Sí lo dices, que tanto te molesta mi presencia, yo lo acepto y te "acabo" dejo en tu vida sacrificio.

– Frank... esto es algo, demasiado extraño, misterioso – Sentencio el menor, las primeras gotas de lluvia comenzaba a hacerte presente. Una sonrisa motivo aparente, aprendió Frank ese día, que las sonrisas no siempre son motivo de alegría, Gee ironizo su voz y su garganta fue cediendo a las palabras vacías. – Cuando estás junto a mí... siempre llueve. Como si la lluvia te persiguiese eternamente.

– Tonto ¿Entre todo ese es tu gran misterio...? Temporadas de lluvias mi gran solución.

– Tendré que fingir que no te conozco. – Para saber si el tener un amigo era algo misterioso, había que preguntar antes de ser completamente infeliz. –

– No lo creo.

– ¿Es malo que te hable? ¿Te conseguí problemas?–

– Resultas muy persuasivo después de hacer cosas tontas – Pero Gee no tenía la culpa, Gee de hecho no había hecho nada malo. Él y sus misterios, y su faceta insegura. – Regresa, no te les acerques, ve deprisa.

– ¿Y tú?– Sin desearlo, control mental, los ojos de Gerard se mantenían tan rojos y vivos, y él descontrolándose apenas si podía, el poder correr por sus venas ¿Y si no lograba escapar? se dijo: "pensamientos tontos". Sonrió al oji-verde, niño de mirada, aroma y labios deseables...

Deliraba, mucho.

– Tengo que pensar algo. – Un chubasco agraciado e incomodo, decidió que lo mejor sería regresar a trabajar, antes de acercarse a Frank lo había notado, había muchos clientes que atender.

Con el rabillo del ojo Frank espiaba, y comenzó a actuar una vez que estuvo lo suficientemente seguro de que nadie le seguía, de que Gee había entrado.

Y esperó, más de lo que hubiese deseado. Y un hombre abrió, de mala apariencia fue el único en salir de local.

Frank acercándose hacia él.
Frank le ayudó a mantener el equilibrio.
Largas, casi eternas maniobras y después... un cuerpo inerte.
Otro más vivo.


.*.


Se adentró apenado, semi mojado y atento a las miradas que no perdían movimiento de él. Los amigos de Frank. Su jefe y las mujeres, incluso la más anciana de todas.

"No te les acerques."

Caminó a prisa, más aún, se escondió detrás de la cantinita, inmediatamente las chicas le rodearon. Eran curiosas y Gerard muy bueno para molestarse por las preguntas.

– ¿Has discutido?– Cuestionó una de ellas – ¿Se ha marchado?

– No – Miró hacia la puerta, aún no entraba – Esta allá afuera.

– ¿Porqué dejaste que te jalara de aquella forma? – La chica que siempre sonreía, hoy no lo hacía, cómo estarlo si aquel sujeto rico parecía ser prepotente y mandón. – Sabes Gee, no me agrada, me párese alguien muy violento, él y sus amigos dan miedo.

Todas las chicas a callar, virando su mirada disimulada apenas, hacia los tres chicos sentados en la mesita del fondo, después de forma brusca regresaron su vista a Gee.

– Son tétricos – Exclamó, Gerard iba a decir algo. No hubo tiempo, un cliente ambiguo comenzaba a llamarlo.

– Ahora vuelvo. – Fue directo a la bodeguita, separo cuidadosamente y en estraza papel todo perfecto.

Ya de vuelta en la barra, el hombre le sonreía de forma tonta, estaba pasado de copas, muy corto de dinero, pedía más de lo que Gee quiso ofrecer.

Se puso violento, aun en frente de todos, mucho que lo hizo, era grosero y comenzaba a disparar golpes a todas partes.

Un puño hacia el rostro de Gee, otro más hacia el ojo derecho del dueño. Muchos quisieron interceder, demasiados lentos los hombres de heroísmo-caracol.

Gerard sintió un pequeño empujón en el pecho, el dueño del local se asombro al saberse hecho a un lado. Jovencito de ojos avellana salvando la noche.

– Lo vez es muy violeto – Sentenció una de "ellas" a Gerard, todos miraban como el amigo de Gee agarraba al sujeto del cuello de su camisa y arrastraba. La puerta abierta y el hombre en el suelo.

– ¡Tonterías, no vuelvas a poner un pie aquí! – Su voz terciopelo sonó represiva, el hombre en el suelo tuvo miedo. Y mentalmente lo acepto, antes muerto que volver a aquel lugar.


.*.


Elocuencia de la noche sin luna llena, Ray estaba lo suficientemente enojado como para mostrar un puchero infantil en su rostro. Aún de su mano derecha Matt le contenía. Bob incomodo, expresión real. Ni lo complicado o complejo le agradaba. Y no entendía por que tanto alboroto por un chico cualquiera.

Un chico cualquiera que se adentró al local después de varios minutos. Les evitó. Ray entendía, mucho para su gusto. Frank ya le había advertido el no acercárseles seguramente.

– No creí que fuese tan malo. Le prohibió hablarnos... – Matt apretó aun más la muñeca del de rizos. – Matt... suéltame.

– Ray, cuando tu mente se aclare y tus motivos se renueven, ¿Para que quieres que te suelte? ¡Eh! para decirle, Hola, me recuerdas a mis cientos de años pasados, te voy a sacar todo por dentro porque se me apetece.

– No era eso... yo...


– ¡Miren!– Bob pensó que las cosas se ponían interesantes, un poco de pelea y entretenimiento, que mejor si estaba incluido el que había traído todos los problemas

Ray aún, quiso ponerse de pie. Muchos hombres igual a él. La puerta se abrió tan rápidamente..., sus ojos semi alegres perdieron el brillo. Otra vez, como tantas veces, la furia en el rostro de Frank.

Un parpadeo...
Dos parpadeos...
Tres parpadeos...

¡Frank y su supuesta ayuda, salvando una noche, y el rostro de dos hombres..!

– No es justo. Ese hombre estaba ebrio ¿En donde queda la pelea justa?– Sentencia de muerte, si fuese una broma pasaría como no escuchada pero...
... Esos eran los comentarios, sinceros, de Bob que exactamente todo el mundo trataba de evitar.


.*.


– ¡Estás bien!– cuestionó a Gee, apenas si su mejilla se tornaba violeta.

– Sí, no es la primera vez que pasa. Él – señalo a su jefe – y yo siempre les echamos, es la parte más laboriosa de mi trabajo pero... no es tan malo.

– ¡Déjalo!

– ¿QUÉ?– Cuestionaron al unísono, él hombre mayor y Gee. Una sentencia por parte del dueño.

– Nunca te has puesto a pensar las cosas serias. ¿Qué tal si alguien llega con un arma? ¿Y si son más de uno? ¿Que pasara con tu abuela y tu hermano si te ocurre algo?

– No, muchacho, no te preocupes, Gee, aquí esta en buenas manos, yo le cuido – el hombre mayor abrazo a Gee por la espalda – Es como un hijo para mi, aquí todos somos como una gran familia.

– Pero...

– Además, si lo dejo, bueno yo... simplemente no podría dejar de llevar dinero a casa.

– Si, eso, su abuela es mayor y su hermanito están enfermo. – Ahora se daba cuenta razones obvias de por que Gerard seguía en aquel lugar. Hombre sabio y perverso...

... le tenía bien amarrado.

– Mira Frank. – Frank se viró por instinto hacia la puerta principal del establecimiento. Los ojitos atentos y bien abiertos de Gee no se desprendían de ahí – Tus amigos se van.

– Maldición – Masculló el oji-avellana – Nos vemos mañana Gee...

Y el pelinegro sintió que la sangre se le helaba... Gee... Frank le había llamado Gee de una forma tan despreocupada. Impresión y alegría.

¡Santo cielo, un error!

– Frank, mañana es mi día libre "No estaré aquí..."


.*.


En la mesa, la luz opacaba la vista, ya casi las tres de la madrugada, Bob platicaba con una chica que con dobles intenciones se había acercado a él.

Ray recargado en el hombro de Matt y viceversa. Tan aburridos y sumisos. Incluso el mosquito que fallidamente intentaba alimentarse de Matt paresia más alegre.

–Ese idiota. Nos trajo aquí para venir a ver a ese. – Se quejaba Matt. Ray no separaba la vista de Gerard. Ahora que lo veía más detenidamente se daba cuenta que había algo extraño en el. Una sonrisa extraña. Preocupación y miedo. – No se ha tomado la molestia de dirigirnos la mirada ni una sola vez. Quien lo iba a creer, Frank tiene amigos. Para morirse de espanto ¿No?

– Matt, cállate ya, hasta Bob aprendió a cerrar la boca mejor que tú.

– Sabes que, ya me aburrí, yo me voy – Se paró y Ray casi cae de la silla. – Nos vemos Ray...

– ¡Espera! Yo me voy contigo.

– ¿A donde van?– Cuestiono el rubio al notar que sus amigos se alejaban – Ah... lo siento – nos vemos luego, miro a sus amigos y luego a Frank, – Es muy probable que pasemos mucho por aquí.

Anonadada las chicas les miró a los tres, con su imponente presencia, se habría paso entre los ebrios hombres. Perfecto, simplemente, cualquiera que fuese de ellos, resultaba ser un gran trofeo.

Segundos después se vio al amigo de Gerard correr tras los ausentes.
Y entonces se pregunto. ¿De donde sacaba Gee hombres de tan buen ver?


••• Parte Tres •••
Aun recuerdo el sol



– Una explicación – Y sus rizos esponjosos y sus ojitos brillantes, Frank rodó sus ojos hacia Matt. Seguramente el que le había sugerido a Ray preguntar, había sido él.

– ¿Porqué tengo que contestarte? Ray no lo olvides, que ante todo y únicamente es la ley de "él" quien nos tiene unidos.

– No trates de actuar de esa forma otra vez, simulas lejanía cuando algo te inquieta – Frank trató de ser hiriente y malo, pero a la voz del de rizos una mueca de desagrado parecería un insulto fatal – No le haremos daño, solamente... yo... quiero saber quién es.

– Se llama Gerard, vive con su hermano y su abuela.

– ¿Le obligan a trabajar? Seria tan cruel si lo hicieran.

– Su familia no sabe que lo hace. Tiene dieciséis años y dos meses...– Frank, pensó, que seguramente era grandioso llevar una cuenta tan corta, Frank no notó que sabía mucho de Gerard, más de lo que un desconocido debía saber. Detalles que se vuelven tontos, verdaderos y un tanto bonitos. – le conocí cuando cumplió ocho. Y él aun... se acuerda de mí. Y no sabía mi nombre, y a pesar de todo, no me olvido.

– ¿A él le fuiste a ver ayer? Saben, ha de ser muy importante por que Frank escapó del castigo ayer, para ir a verle.

¡Momento mágico al diablo...!

– ¿¡¡¡ESO ES VERDAD FRANK!!!?– Cuestionó alarmado Ray. – ¿ES VERDAD?

– Yo...– El de rizos estaba molesto, muy molesto, y Frank miró a Matt con odio, Matt era inteligente, en verdad que lo era, sólo en ocasiones hacia cosas tontas. Ocasiones como estas...

– ¿No se estaban diciendo verdades?– Respondió Mathew, pero Frank ya no escuchaba...

Matt echó a correr hacía su habitación, Frank corrió detrás de este, para hacer que Matt aprendiera a mantener su bocota cerrada, para huir de Ray enfadado.

Sólo Matt corría más rápido que Frank una gran ventaja, y hasta el final de la fila. Un tanto más calmado y confuso. Un rubio que entre sus manos pasaba un trozo de duda.

Después de muchos intentos había logrado destaparlo, peo aun sin forma algo demasiado grande para ser un anillo, además, no había hueco para meter un dedo.

– ¡Oigan! – Todos pararon de golpe los deditos de Bob estiraron algo plástico lubricado, una forma demasiado explicita, ellos se sonrojaron. – ¿La chica del local me lo dio? ¿Qué es...?

Y ese era el tipo de preguntas que Bob no debía hacer.

Y a pesar de los años, hay cosas que no son necesarias explicar, por que con el tiempo se aprenden... o se enseñan.


.*.


Agradeció haber ido al negocio en bicicleta, sería demasiado cansado caminar después del largo día. Pedaleó con ganas, quería llegar a su hogar y saber que todo estaba bien.

Cruzó el portón.

Una luz encendida. Se adentro a su hogar.
Una luz encendida. Supervisó el lugar...

...una luz encendida y una mujer llorando crudamente.

– Abuela...– Llamó, y ella no contestaba. – ¿Te pasó algo? ¿Le ha ocurrido algo a Mikey...?

– Hoy lo supe, mi nieto a muerto... Gerard...

– Pero...


.*.


En la mansión de los cuatro chicos sugestivos. Una lucecita prendida en la recamara de alguien. Semi recostado en su cama. Todo era tan extraño. Pero se sentía bien.

Sus rizos habían sido retirados con listón negro de antaño. Y sus ojos castaños comenzaban a cerrarse. Y se preguntaba, mientras el día llegaba, y sus ojitos se cerraban.

¿Por qué la parte más importante de la historia se repetía sólo en sueños y nunca las recordaba al despertar?

V


El nuevo padre quería acariciar más que los rizos, y la madre cada vez más trastornada, hubiese sido bueno haber muerto hacia días, la ira del pueblo, una de las chiquillas más añoradas había sido arrastrada al vicio, como muchas tantas.

Pero cuando la masa se une uno sólo no es nada.
Las voces del pueblo retumbaban en el aire, y él estaba ofendido y enojado.

Rogó esa noche por no tener que volver, por el descanso eterno de su madre, dicho con palabras bruscas, de la admiración y el cariño no quedaba nada, y al hombre de las caricias, ningún castigo. Dios se encargaría de todo, de todos.

Caminó toda la noche, y en la madrugada se dio cuenta, no valía de nada soñar. A regresar a levantar a su madre y limpiar el hogar barato.

A través del tiempo amargo
Fue un susurro, fue una plegaria
Sintiendo como la nostalgia le invadía
Cayó en sus hombros el dolor de su presencia...


Hoy nadie a su lado, un poco más calido el hogar...
Cenizas y rosas. Aroma putrefacto y el llanto oprimido. Remordimiento y todo dolía demasiado.

Corrió, aún en llamas, y pegó y golpeó, y la puerta estaba atrancada, y el pidió a dios un verdadero milagro. Quería ir con su padre y su hermano. Rogó, ojala que su madre les acompañara.

Y sus manitas rojitas y su rostro sucio. Las lágrimas no podían lavar el dolor de su rostro. Ya no tenía un hogar vulgar. Nadie tocaría sus rizos nuevamente. Manuel murió esa madrugada.

Vagó y vagó... y se perdió entre tierras lejanas, y todos le miraban con asco. Por que sus prendas no eran bonitas y su presencia ya no atraía buen olor.

Y una madrugada...

– Eres lo que yo estaba buscando – Sus ojitos acuosos, movimientos débiles, tal vez le golpearían, no había nada que alguien pudiese desear. Ovillo echo el pequeño, rizos sucios y manos delgadas. – Raymond sangre de la sangre hermosa. Sólo tú y todo será perfecto. La profecía y las noches en vela... Mi líder de lideres...

Y sintió que le elevaban, alguien le tomó en brazos. Una cuna para alguien desprotegido, se sintió tan bien el sentirse de nuevo protegido. Sus ojos cerrados y las estrellas dañando la vista de los nocturnos.



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Cap. 14: Almas en el balcón. Una lección para los curiosos.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:08 am

Cap. 14: Almas en el balcón. Una lección para los curiosos.

La calidez bonita que le protegía comenzó a esfumarse, lenta... cruelmente, como una voz rasposa que se apacigua, suspiros poco menos que intensos. Ella se alejaba otra vez, su madre soñada decía adiós, como cada noche de sufrimiento.

Quien le abrazaba abandonó la habitación y el abrir y cerrar de los cajones en la recamara siguiente le hizo salir del semi letargo. Sus ojitos no se abrían, y sus manos no se movían, esos labios, húmedos e intranquilos, los minutos pasaron, la lluvia comenzó a caer y se pregunto: ¿Qué sería al amanecer de su adorado hermanito?

El llanto de la abuela no gustaba a sus oídos. Su corazón que leía el motivo. Quiso ponerse de pie, lo logró, por el pasillo gastado sus piecitos arrastrando, tiempo después sentadito, en la sima de las escaleras era casi perfecta la vista y no fue lo que encontró lo más deseado, ella, la mujer fuerte con el rostro entre los brazos recargados en la mesita de tres patas. Desde lejos se quedó mirando.

Reprimió estornudos, quería velar a su abuela desde lejos, porque de cerca... sería él quien fuese consolado.

Y no lo necesitaba, no era tan débil como parecía.


.*.


Y se adentró a su hogar y una lucecita le rogó a gritos alejarse.

Su ansiedad le acompañaba, no pudo nadie robar su mala suerte, sólo uno parpadeo, estaba todo de nuevo mal. Ella permanecía de pie, con el rostro pálido, en la mesita el dinero maravilla, polvos rosas: llave a dimensiones desconocidas. Suspensión por tres días, la firma del director y los motivos explícitos en la nota.

– Pensé que podía ser diferente, trataste de mentirme Gerard. – Lágrimas muchas, corrieron por el rostro arrugado, bella mujer que no entendía de motivos. Gee trató de acercarse a ella, sólo un poco... un poquito más – ¿Has obligado a Mikey a mentir por ti?

– ¡No! Mikey no sabe nada, abuela...– Una ráfaga de viento que golpeó y extinguió la luz de las velas. Ella cerró los ojos, idealizó las palabras precisas, confusión y miedo, decepción y locura. Humana y mujer, errores y más mentiras.

– Gerard no quiero que enseñes tus costumbres a Mikey, temo tanto que el piense que eres tan bueno. Yo dejé de creer en ti – Tal vez las palabras no lastimarían si fingía no escuchar, se dijo, pero cómo ignorar a esa mujer, ella que estaba llena de sabiduría. – Mi nieto Gee, en niño que adoraba murió hace tiempo... y no me di cuenta. Gerard, no tengo fuerzas para resucitarte.

– Abuela... yo... "soy malo pero... no dejes de amar, por favor... "– Pudo haber dicho tantas cosas, pero hablar era lastimarla aun más, Gee clavó su silencioso al suelo, miró fijamente a la madre de su madre.

– Gerard, ve a recostarte. – Dijo ella, no podía más ver a los ojos a aquel jovencito. He aquí la ruptura del mundo conocido. Casi tan similar como la tierra y Aradia. Ella sin contemplaciones, su diosa desafiante.

– No tengo que levantarme temprano, no iré a la escuela. – Era más que obvio. Más difícil que oscuro. –

– Será un día largo. Iras a dejar las tareas de Mickey.

– ¿No ira al colegio... él?– Rogó entre lo amargo y lo triste. Cada día una ilusión rota, su estomago con un rugir extraño, no era hambre, era miedo. –

– Mikey tuvo un ataque, no quiero que sepa nada de lo que hablamos, no quiero que recaiga. – Pero era demasiado tarde, muy lentos, nada preciso. Gee ya corría hacia donde su hermanito. Sus ojos verdes recorrieron las escaleras, y en la punta desclavada, unos ojitos dudosos le miraban. –

– Mikey...– El castaño miró a su hermano herido, y a la abuela que apresuraba su paso para encontrarse con ellos.

.*.


Casi que sentía que el sueño le vencía, inoportuno anuncio de una llegada, aún estaba solito sentado en las escaleras frías. Fue su esperado hermano quien se adentró con una sonrisa en el rostro. Una buena noche, pensó Mikey.

La sorpresa, el miedo y Mikey comenzó a entender por que su abuela lloraba, respuestas cubiertas por manchas oscuras y sugerentes las ideas, palabras que infundaron valor. Ellos eran superiores a él.

Tan superiores y no notó cuando Gee emprendió su huida hacia la planta alta.

– Mikey – Encontrar sin buscar, bajando su mirada acuosa, su nariz se arrugó sin prisa. – ¿Qué haces ahí...? Deberías de recostarte.

– Te escuche entrar, quise verte – Se puso de pie, y Gee le vio tan frágil que temió tanto. Adoraba a ese niñito castaño – ¿Y la abuela?

– ¿La abuela...?– Sí, eso era perfecto. Que Mikey no se enterara de nada. – Te diré su secreto.

Gee le guiñó un ojo, mientras apuntaba con el dedo índice hacia la mujer petrificada en la sombra

– ¿La abuela tiene "más de…" un secreto?– Gee asintió mientras se apresuraba a subir las escaleras, tenía sueño y las piernas malas amenazaban con doblársele cual sándalos tiernos. – ¿Sabes? La abuela tiene un apetito insaciable. Le he encontrado comiendo pan y leche después de la cena. Lo vez abuela, te he delatado porque el trozo que te has comido era el de Mikey, ahora él se quedara sin desayuno.

Entre lo oscuro ella perdió el color de su rosada piel... Gerard mentía demasiado mal.

– ¡Enserio!– Mikey abrió sus ojitos muy asombrado – ¿Me compartirás de tu trozo de pan abuela? No desearía tener que quitarle a Gee el suyo.

– Claro, Mikey, claro, Gee esta bromeando, yo... solamente vine por un baso de agua.

– ¡Ah... pero que malo que eres Gee!– Mikey fingió fingir enfurecerse. Sus mejillas rojitas le delataron y ella tembló por segunda vez porque Mikey se deslizaba demasiado bien en el juego del disfraz. – Sólo por eso dormiré con la abuela, y tú tendrás mucho frío.

– ¡Eso no es justo!– Se viró para preguntar a la mujer que comenzaba a subir las escaleras, mientras sus manos cansadas escondían los secretos encontrados en la recamara de Gerard. – Abuela, ¿Puedo dormir contigo también...?

El aire le abandonó cruelmente, para culminar su noche de culpas, una sonrisa petitoria por parte de ambos.

– "Sólo por hoy" Claro que puedes.

Era de noche, y estaban cansados...
... en una recamara solos y cobijados
Una bella familla que no puede durar demasiado.


.*.


La niebla dispersa en la gloria, una sombra entre tantas unido a una melodía placentera, era la voz soñada... la persona inesperada, ahí, posando su cuerpo porcelana en las sabanas de su paraíso, las sabanas infantiles de siempre, holancitos y bordes cursis que se adherían a la piel de "aquella persona" tan recelosamente...

Pasó su mirada, por esos labios rojos sangre, la respiración agitada y algo más que el corazón se volvió piedra.

Y el cabello negro cayendo en cascada sobre las sabanas... y esos ojos verde inocencia incitando a lo desconocido.

Y se dijo en sueños:
... ¿Porqué precisamente él?

.*.


Acurrucados, Mikey y Gerard, la abuela sentada en la cama, en el aire la inocencia de sus criaturas.

– Gerard...– Casi a su oído que le llamó la mujer, era mañana húmeda y vientos salvajes. – Gerard, es hora de despertar

Pero estaba tan cansado... soñar no agotaba en lo absoluto... sólo unos segundos más.

Ella un tanto desesperada, se hacia tarde y aun quería mantener una conversación muy seria con Gerard.

Gee despertó después de mucho, incluso Mikey fue más rápido que él y la abuela pareció un poco molesta, Mikey insistió en ir al colegio, era su única manera de agradecer a ambos...

¿Cómo podría siquiera pensar en fallarles en eso?

El pelinegro acompañó a su pequeño niño, ahora ya no tan pequeño, hasta el colegio, muchos de los compañeros del mayor le miraron de forma despectiva. Gee fingió no verles, y Mikey intentó olvidarlo.

De regreso, pensó que hacer tiempo sería la mejor opción esperar a que la abuela se marchase a su trabajo. Necesitaba pensar, no discutir, aclararse la misma idea.

Por ese día sería tan malo. Sentadito junto a la reja de la escuela, las personas pasaban y los vecinos no se sorprendían de verle sentado ahí en el suelo frío.

"Era de esperarse, su futuro estaba predicho, había obrado mal ese niño..."

La espera se hizo ligera, el sueño le vencía en el primer minuto de reposo, sintió sólo por segundo los ojos cerrados y al siguiente un pequeño mareo le hizo abrir los ojitos, alguien le había golpeado ligeramente.

El sol calentaba demasiado ya, y a su alrededor varias personas simulando su presencia. Mikey a su lado, con una sonrisa en el rostro mientras su compañera comía un trozo de chocolate amargo.

Su boquita no probaría, por hoy. Labios rojos saboreando.

– ¿Por qué no has entrado a clases Gerard?– Mikey estaba serio, mucho para su gusto. Con el ceño fruncido se le veía tan adorable –

– Me suspendieron tres días – Dijo al fin, después de una larga espera, mientras sus piernas le elevaban, listo para caminar, retiró con una sonrisa la mochila formal y vieja, del hombro de Mikey – Me quede dormido en clases, sólo por eso.

– ¿Y por eso me has esperado?–

– No, quería hacerlo, siempre nos vamos juntos... ¿No sería extraño caminar sólo hasta la casa?– Y de nuevo Gerard tenía razón. – Mikey, ¿Quién es ella?

Y fue que al fin notó que la chica seguía detrás de él, un tanto sonroja por haber sido olvidada.


.*.


Gerard no llegaba, tardaba demasiado, la mujer demasiado preocupada por aquel muchachito irreconocible.

Y pasaron las horas, siete largas y crueles horas... y media hora más tarde, el crujir de la reja de la entrada principal sonaba tan estridentemente... se asomó por la ventana, y ellos sonreían.

Y recordó que había algo que resultaba tan extraño a esas horas del día...
... Su presencia


Se adentraron los dos hermanos, y ella, sin dejar de estar junto a la puerta, frente a la ventana, les esperó, y como un caracol insaciable, el tiempo fue cruel... y los segundos se alargaron tanto, tanto que sintió morir.


– ¿Quieres que hoy cocine yo...? – Cuestionó el mayor mientras se adentraba a su hogar frío. Gee sin prestar atención, aventó la mochila de Mikey en el sofá viejo, caminó hasta la conciba, tenía hambre, no había desayunado nada. – Tengo algo de dinero guardado, ¿Qué te párese si compramos algo rico otra vez? A la abuela le gustará si esta vez es carne y no pollo.

– ¡Abuela...!– Gritó Mikey al virar su vista hacia la puerta.

– ¿Qué dices Mikey...?– Salió su hermano de la cocinita vieja. Y sus orbes se expandieron a una realidad muy lejana...– Abuela...

– Te estuve esperando Gerard.

– Yo...

– Mikey, necesito hablar con Gerard – Apuntó de forma acusadora hacia la planta superior. – Sube por favor.

Una nítida idea de lo que debía hacer, ni negarse, ni patalear sin cordura, sería bueno y haría caso a su abuela, su última mirada fue casi una caricia dada a su hermano.

Y una vez que estuvieron solos...
... la desventurada realidad les invadió.

– Necesito que seamos sinceros Gerard. – Se sentó de nuevo en su lugar preciado. El sentirse extraña, cobijó la soledad adquirida – Los tiempos empeoran Gerard, y yo, necesito que seas sincero conmigo, que te comprometas y procures ser menos problemático.

– No te entiendo abuela...

– Buscare un nuevo empleo, se que puedo hacerlo, quiero que me des fuerzas... que me prometas que estudiaras duro.

– ¿Un nuevo empleo abuela? y qué tiene de malo el que tienes – Cuestionó Gerard mientras se sentaba, sin permiso junto a la abuela –

– Se mudaran, van a vender la casa y... les dije que no podía irme con ellos. Lo entiendes ¿No?

Lo entendía bien, demasiado para su gusto. Otro sacrificio más a la lista, uno duro, muy difícil de cargar.

– Sí... pero... no puedes pedirme eso, no ahora. – La mujer con ojos despiertos le miró con tranquilidad agonizante, no era justo, se dijo. Nada resultaba tan fácil y tenía miedo, mucho miedo que tenía. – Abuela yo podría... dejar el colegio.

– ¡¡¡NO!!!–

– Sólo este año por favor abuela, al siguiente podré ingresar otra vez...– Los ojos no brillan por que no hay luz al frente, y la abuela comenzaba a sentirse tan desesperada. Y Gee creyó que eso era lo mejor. – No es tan mala idea abuela... el año que viene, podré ir en el mismo grupo que Mikey...

– No puedo aceptarlo Gerard. Simplemente yo...–

– Dame una oportunidad. Déjame hacerlo. –


.*.


La gente un tanto más disidente a su vida, después del tiempo no hay nada, intentó respirar más lentamente, los ventanales del balcón fueron abiertos, pero el aire frío no era bueno, sintió que algo en pleno pecho era presionado tan cruelmente...

¿Pero quién puede ser tan cruel con un ángel como él?

Cerrando sus ojitos inconformes, apresuró a sus labios a succionar la mayor cantidad de aire posible, no quería traer más problemas, y el esfuerzo que le agotaba, no quiso traer más problemas, sintió que no tenía el derecho a pedir ayuda.

Y sus piernitas se doblaron, la espalda recargada en la pared azul. Suelo de madera que crujía, lloraba mientras él se resistía a dejar la conciencia. Un sonido y todo perdido... tosió varias veces... y se sentía tan mal y el dolor en el pecho incrementaba.

Dejó caer el rostro entre las piernas, y su cabellos largos, castaño y brillosos, su manitas blancas en contraste con su rostro rojizo...

... y el aire faltaba.


.*.


Curiosidad.

Seguro... deberían estar todos descansando. Cuidadosamente... envuelto en un cobertor rojo sangre. Sus pasos resonaban y sus ojitos curiosos imaginaban cosas emocionantes. Una pelea en esos momentos sería perfecta...


Su primera opción.

Intentó abrir la puerta, manija floja que juega bromas, con seguro puesto... Ray seguiría igual de desconfiado siempre... Porqué tenía miedo, aun ahora, de dormir sin el seguro de la puerta puesto.

– "Tonterías seguramente..."–


.*.



Una decisión, los problemas habían sido encarcelados en un frasco de cristal que difícilmente les podían contener. Gee besó a su abuela antes de marcharse, tenía metas ese día. Pasearse por la plaza del lugar. Algo bueno que debía saber hacer. Miró sus manos sin motivo, caminaba libremente pero sin prisa.

De forma casi grácil, se contorneaba la melancolía por su rostro y él no lo notaba, porque resultaba tan natural el manto sobre su rostro. Refunfuño al sentir el entumecimiento en sus piernas, de sus labios una ráfaga de aire capas de levantar por segundos su fleco negro y algo largo.

– Ojala que me allá escuchado...– Pensó y el labio superior fue atrapado por sus dientes mientras elevaba su mirada para asegurarse de haber llegado al sitio correcto.

Al entrar el hombre con ropa blanca le dirigió una mirada cansada, ese muchachito problemático otra vez. Era un tonto, pensó Gee, de antemano sabía lo que, la poca gente que conocía, pensaban de él.

– Un cuarto. – Tajante y siniestro. Fingir ser malo era la única travesera que nadie le había negado jugar. Miró despectivamente, al hombre echó su mano a la cintura y las manitas blancas de Gerard se unieron justo en su nuca – ¿Podrías apurarte Bill? tengo prisa. "La abuela ha hecho caldo, tengo hambre..."

– ¿Y qué será eso que hace que alguien como tú este tan ocupado...? ¿Qué será...?

– No te esfuerces, no podrías imaginarlo siquiera –

– No entiendo como alguien tan buena como tu abuela puede tener por nieto algo tú. Por lo menos tu hermano le alivia los pesares. Es una suerte. – Y eso mismo pensó el chico, una suerte tener a Mikey.

– Es una suerte – Repitió en tono modosito mientras tomaba el frasco de cristal pardo y pagaba – Que sólo tenga que verte cuando esto se acaba.

No se detuvo a escuchar lo que Boticario decía, seria un "bla, bla, bla" intenso... sin querer azotó la puerta, las persianas apenas colocadas temblaron ante el golpe, Gee miró de nuevo al viejo, el que le hacia las señas obscenas, echó a correr, el frasquito seguro en su gabán.

– ¡¡¡ABUELA HE LLEGADO!!!– Se apresuró a subir las escaleras, el aroma a comida inundaba sus sentidos, ambiente calido, sólo físicamente. Confiado y alegre, de pronto, abrió la puerta de su habitación, seguro ahí ella y él, alegres y vivarachos.

– Silencio Gerard, Mikey se a quedado dormido...– Sentencio la mujer y Gee le vio, al castaño, acurrucadito en una horilla de la habitación. – ¿Crees que nos haya escuchado...?

– No lo se... pero... "Tiene lágrimas secas" creo que es mejor que le despierte, abuela, se pasará la hora de la comida y Mikey va a enojarse si no le despertamos... además... es feo dormir en esa posición más aun si es en el suelo.

– Tienes razón, iré a poner la mesa – Ella le conocía, mejor y muy bien, Gerard mentía demasiado mal.

Salió la mujer, de golpe se arrodillo en frente de su hermanito, y le recostó en su cuerpo, Mikey estaba frío, presionó varias veces en el pecho de su hermano, masajeaba, de arriba hacia abajo, lentamente, trató de brindar calor al pecho de Mikey.

– Despierta, Mikey...– Suplica y orden, porque él temblaba cada vez que esos masajes eran dados.

.*.


Su segunda opción.

Ni siquiera intentarlo, ese ser era un salvaje en momentos precisos... no arriesgarse, entonces pensó, que la habitación más alejada debería de ser investigada... porque el murmullo era insistentemente atrayente.

Su tercera opción

– " Frank ¿Qué demonios estás soñando?" – Se cuestionó internamente al entrar, sin dificultad, en la habitación más infantil. Acercándose al que descansaba entre mantas...

... No era muy buena idea intentarlo hacer "eso" con Frank...

Respiraba de forma apresurada y sus manos tenían un temblorcito raro.

– " Tal vez lo esta recordado "– Matt curioso se acercó más, conocer lo que ni "él" recodaba era algo difícil de resistir.

Sus ojitos de castaño a oro... y brillaban demasiado, una sonrisa sádica en el rostro intranquilo de Matt...

– "Vamos a ver que es lo que Frank oculta..."–

Y ni aunque estuviese dormido resultaba tan fácil... y los minutos pasaron y nada... pero Matt era persistente, mucho que lo era... una oportunidad, el ultimo intento... y de pronto... sus mejillas comenzaron a tornarse rojizas...

Y eso fue más de lo que Matt quiso saber de Frank...

... Y el cabello negro cayendo en cascada sobre las sabanas... y esos ojos verde inocencia incitando a lo desconocido.

– ¡¡¡PERO QUE MENTE TAN RETORSIDA LA TUYA!!!– Se quejó y salió corriendo de la habitación sin cerrar la puerta...– "Maldito depravado..." pobre niño... si supieras como te imagina.


.*.


Sentaditos en el sofá de siempre, una velita y su baile "fiu-fiu" y su luz rebotando en las salita.

– ¿Quieres que te ayude?– Cuestionó Gerard a Mikey mientras este, con esmero, transcribía sus apuntes a manuscrita para la clase de literatura –

– No, gracias Gee. – Su hermano ahora esta muy feliz, después de lo de la tarde, cuando despertó y este le miraba con temor, entendió que algo andaba peor que mal. La abuela no quiso comentar nada, había sido una comida calida, y qué decir de la merienda, gratificante momento familiar, y se dijo: "Todo muy perfecto"

– Mikey, ¿Quieres un cobertor?– La abuela, desde la cocina, asomaba su cabeza para asegurarse de que Mikey estaba bien.

– Gracias abuela, así me siento bien – Sentenció y no tuvo oportunidad de replica.

– Mikey, ¿Quieres que guarde tus cuadernos para mañana?– Se viró sin ganas hacía su hermano mayor – Puedo subir los que no estás ocupando

– Yo los subo cuando termine, Gracias Gee. Sabes, deberías ir a dormir, pareces cansado. – El mayor negó y sonrió para parecer más despierto.

– Mikey ¿Quieres un poco de leche caliente?–


– No.

– Hace mucho frío, necesitas abrigarte más. Voy a traerte un suéter. ¿Quieres algo más?– Y negó... y negó... y negó.

– ¡Ya se! voy a acomodar tu uniforme para mañana, ahora vuelvo – Y también su hermano comenzó a alejarse...

– Quiero que me cuenten todo... sólo eso quiero – Murmuró pero nadie escuchaba, había dejado de estár acompañado... sólo un momento.

– ¡¡¡¿MIKEY, QUIERES QUÉ TE BAJE EL MEDICAMENTO?!!!– La penetrante voz de Gerard rompió un lecho silenciosamente amargo...

Vacío...
Quieres
Quieres
Quieres

– " Mamá quiero que el tiempo pase... yo aun no puedo ir contigo" No Gee. Gracias – Dudo que su voz se escuchase en la segunda planta pero... él no acostumbraba a gritar, nunca habló tan fuerte. –


.*.


Frank sonrió Bob, Ray y Matt le miraron extraños.

– Iré a verle, Matt hablas mucho, Ray actúas raro y Bob aceptas presentes extraños. No llevo a nadie

– Yo no tenía la intención de pedir que me llevaras, pero Frank, recuerda que no estaremos aquí por siempre, y nuestro deber no es venir a divertirnos, tenemos un trabajo. – Sentenció Matt, Frank no entendía el porque, mientras hablaba el sonrojo incrementaba en sus mejillas. Matt recordaba.

– ¡Lo se, como si fuera muy fácil olvidarlo Matt!

– Frank, creo que tienes razón, ve con cuidado – Ray se dejó caer en el sillón de patas largas de roble y rosas fundas, Matt se alejo de ellos, un tanto inquieto, el rubio miraba hacia todos lados.

– Nos vemos – Canturreó Frank, y silbando salió de la mansión.

– No entendí que paso Ray – Bob llevó su dedo índice a la boca, blancos y estilazos, pequeña alteración que no disimulan sus labios. – Pero déjame decirte que yo también necesito salir.

– Saldremos todos, mientras Frank le busca nosotros lo hacemos y después...– Guiñó su ojo derecho al oji-azul – lo mejor. ¡¡¡MATT!!!

– ¿Qué?– cuestionó mientras se balanceaba en el pasamano de las escaleras.

– ¿Ya podemos irnos?–

– Como quieras. – Se encogió de hombros y nada más. – Va tan distraído que ni nos notará.

– Bien –

– ¿A donde van? ¿Puedo ir?– Matt y Ray se miraron de forma cómplice, siempre las preguntas de Bob.

– Claro Bob – Casi a rastras que le guiaron hacia la puerta. – Ray conduzco yo.

– Está bien, yo de regreso. – Un poco menos dudoso, les siguió, subió al auto negro después de Ray, y Matt, dando cuerda, gran velocidad fingida, habría tiempos mejores.


.*.


Había conducido bajo la luna predispuesta. Mirando por la ventana al rededor, inconcientemente comenzó con una platica mental, lo que diría, cómo saludaría, los gestos que obtendría, para poder, tiempo después recordarlo.

– Lo siento, Gerard no ha venido a trabajar.

– ¡Está mintiendo!– Las manos viejas y manchadas del dueño del local temblaron.–

– No, no, él intento decírselo pero... ya se había marchado. – Intentó zafarse del agarre que el más joven le proporcionaba – Hoy es su noche libre, tiene una cada tres semanas. Nunca lo reclama, es raro el día que acepta, él prefiere venir a trabajar siempre pero, ayer dijo que no estaría.

– ¿Tiene otro trabajo además de este?– Porque ya estaba ahí, y no quería perder su tiempo, por que había planeado un desde el "hola", hasta el tema a hablar –

– No lo creo, no... Supongo que estará con su abuela y su hermano. – Respiró tres veces, una sonrisa en su rostro, el dueño temió un tanto, sólo un poco, porque sonriese era aun más tenebroso que su ceño fruncido – Puedo atenderle yo mismo hoy...

– No. – Desinteresado y amistoso, negó con la cabeza y se despidió del dueño, el auto estaba lejos de ahí, velocidad y libertad auto portada.

Cuarenta y siete parpadeos, cuarenta y seis, cuarenta y cinco...
Ráfagas que acariciaban su cabello castaño oscuro...
Sonreía pero no lo notaba.
Y tres y dos y un parpadeo...

Frank frente a la reja, mirando la luna predispuesta para una noche de amistad. El destino corre y tiñe el presente sin desearlo. Algo grande a ocurrir, a dejar sin aliento, el momento preciso. Frank en el balcón, su sombra en las cortinas viejas, descoloridas y con finales incompletos.

Coloquial demostración de su instinto sempiterno, sin tenerles que tocar ventanales abiertos, él y el estridente frío, entraron de golpe.


.*.


– Hasta mañana abuela – Dijo Gerard y la abuela imitó las palabras, Mikey se había recostado hacia más de una hora, tendría que estar dormido.

– Gerard has tardado mucho en subir – Se quejó su hermanito, inofensivo reclamo pintado en el rostro, Gerard terminó de cerrar la puerta, una intuición, puso el seguro, se quitó los zapatos ahí mismo, igual con la camisa y el pantalón grueso y gastado.– ¿Porqué te cambias? ¿Te vas tan temprano?

– Tendrías que estar dormido Mikey ¿Te sientes mal?– El castaño, claro, negó. Caminó hacia su cama, debajo de esta su pijama dos tallas más grandes, había que hacerlo así, por que de ese modo la ropa tiene un mejor uso, por mucho más tiempo. – Hoy no iré. Así que habrás de compartir la cama conmigo.

Y como quien dijo "hágase la luz" Mikey se arrimó hasta la horilla de la cama, espacio suficiente para Gerard, esa cama individual resultaba algo extraña, de niños era perfecta pero ahora...

– ¿Ya no iras más?–

– Hoy tenía ganas de quedarme en casa Mikey, pero... mañana iré, como siempre – Su cabello negro fue hecho para atrás, Mikey le miraba insistentemente. – Te contare algo pero no te enojes Mikey.

– No podría molestarme contigo... Gee...– El mayor y su aliento maravilla, la vela que les iluminaba sucumbió momentáneamente. Y se sentó en la cama, comenzaba a asomarse el señor sueño. –

– Voy a dejar la escuela...– Él que se recostaba y Mikey impresionado volvía a sentarse.

– Pero... no puedes tú...– Fue silenciado el dedo índice y medio de la mano derecha de su hermano, las palabras contenidas se transformaron en lagrimas... y sus ojos preciosos no pudieron contenerlas...– ¿Esta ocurriendo algo...? ¿Por qué no me cuentas...? Tal vez yo podría ayudar en algo...

– No hay ningún problema, será sólo por este año, al siguiente, prometo que me vuelvo a inscribir, Mikey, no me gusta este curso – Recordó, internamente, que sus compañeros le miraban de rara forma y sus profesores no creían en él. – ve el lado bueno, iremos en el mismo curso. No será tan complicado y me ayudaras si no comprendo algo.

– ¿Se lo dirás a la abuela?– Retomó, Mikey, su posición de reposo. – Si quieres yo... puedo "ayudar, aunque sea sólo en esto" a decírselo.

– Ya se lo he dicho...

– ¿Se enojó?– Cuestionó interesado –

– Creo que no...– Una bella sonrisa por parte del pequeño, Gee le abrazó, calido y seguro...– "pero le dolió tanto"

Dedos de porcelana cepillando cabellos de ceda, el castaño sucumbió ante las caricias de su hermano, un mimo nocturno difícil de resistir, Gee estaba cansado y sintió que el sueño le invadía, la respiración tranquila de Mikey le relajaba. Y la silueta en el ventanal se hacia sentirse seguro.


.*.


Ante la espera y sosiego, no es que fuesen inmunes a todo, pero la expresión de vacío en sus rostros parecía tan muerta.

Subiendo al balcón de la forma antigua, su esencia escondida impedía sus acciones subnormales.

– Creo que deberíamos irnos – Por que después de eso, a pesar de los años, seguía siendo tan desagradable, por eso, el momento llegaba sólo si la necesidad era mucha y el control poco. – Ray ¿Porqué estás actuando como Matt?

– Bob, guarda silencio, nos escuchará. – Matt hizo a un lado al rubio, mientras él y su Ray , incrédulos, ponía completa atención a lo que decían.

– Bob... sólo queremos saber que tanto ha cambiado Frank.


.*.


Dejó escapar sus palabras, la sombra acaricio sus cabellos castaños, sombra de un hombre desconocido. Mítico y frío,

"Protección"

Hubo una historia, en donde las manzanas eran devoradas por los gusanos...
El árbol olvidado, fruto maldito, por que maldito era el árbol.
Un viajero piadoso... que resguardo a la más bella entre sus ropas.
Le separo del maldito árbol que le dio la vida el veneno que le hacia sufrir.

Viajero orgulloso, lucho contra los dioses: Miedo, cansancio y enfermedad.
Una gitana muy linda junto a un cordero, sus nombres secretos " Hambre y egoísmo..."
Y el viajero cayó en el juego, y de la manzana comió para que nadie la mordiera, y por ella murió.

Y la sepultado, los gusanos comieron de la carne del viajero y de la manzana dentro de él.
Y los gusanos lo entendieron, la protección no existe si se mutila un cuerpo... un alma.
Los destinos son inevitables.

– He tenido al líder de líderes, al puro de puros, al valiente de valientes, al más poderoso de los poderosos... y me siento vacío, necesito a alguien como tú.


.*.


La brisa extraña le hizo abrazarse más a su hermanito, Gee sintió que los ligeros cobertores eran desprendidos de su cuerpo, y el cansancio le impidió abrir los ojos.

– Despierta. – Dijo sin miedo, él hermanito no despertaría hasta que él no quisiese, como en momentos de antaño, y ahora, se dio cuenta, Gee no le esperaba. – No he venido hasta aquí para ver como duermes.

Revolvió los cabellos que llamaban su atención, eran suaves y desprendían un aroma lindo. Y sus dedos bajaron traviesos, y de su frente a su nariz respingada... era tan especial la piel, y de la nariz a sus labios... labios rojos

– Fra....– Intentó nombrarle pero esos ojos avellana le dejaron ensimismado. – ¿Estás molesto...?

Bruscamente Frank se alejó de Gerard, limpió el aromo, que sus dedos recién habían adquirido, en la bolsa de su saco negro.

– Te dije que iría a verte ¿No pudiste evitarme la molestia de ir ahí? Eres tonto niño... ¿Porqué no me avisaste?– Los ojitos verdes de Gerard resaltaban en la oscuridad de la habitación...– ¿Es que acaso... no querías que fuera, no querías verme?

– No... Yo... cuando quise decirlo, ya era tarde, te habías marchado. – Gee frunció el ceño – Me dejaste porque tus amigos comenzaba a abandonarte, no fue mi culpa, además. No me gusta que me llames niño, ya no lo soy.

– Claro que lo eres – Sentenció Frank mientras se sentaba en la silla vieja, en esa en la que el uniforme del menor de los hermanos lucia espléndidamente acomodado. – Lo eres por que yo lo digo ¿Entiendes?

– No pareces muy mayor que yo... ¿Cuantos años tienes? ¿Veinte?– Gerard se desprendió tranquilamente del Mikey.

– En mi familia no se nos juzga por apariencia, si no por edad y créeme niño, si te digiera mi edad, ahora mismo me besarías los pies.

– Eres prepotente...– Dijo dudoso, Frank se puso de pie mientras Gee le observaba con esos ojos rebeldes y tiernos – Pero me agradas, y me gusta que estés aquí, que te tomes el tiempo para venir a verme... te lo agradezco mucho.

– Lo hago por que no tengo nada más importante que hacer.

– Podrías dormir ¿No?– Cuestionó, en verdad Gee necesitaba aclarar esa duda – Mikey dice que es necesario que uno duerma bien.

– ¿Estás dándome razones para no venir? –

– ¡No...!– Soltó sin importar que alguien le escuchaba.

– Pues entonces no hables sin pensar, ah... me molesta que seas tan tonto. Siempre lo has sido.

– ¿Puedo llamarte Frank?

– Por algo te he dicho mi nombre. – Frank se acercaba a la cama y Gee se sentó junto a Frank, cobijó antes a Mikey. – ¿No?

– ¿Por que eres así conmigo?– El pelinegro recargó su cabeza en el hombro de Frank... temblor y nervios. Fragancia regalada, otra vez – Tengo que saber si en verdad te agrado.

– Lo haces Gerard – Era un poder tenebroso, dejarse llevar por emociones y situaciones extrañas, y entonces recordó; que su plantación de saludo y temas a hablar había sido truncada. – Gerard, yo, quería preguntarte... ¿Aceptarías si yo te pidiera que me acompañaras por algún tiempo, a un lugar lejano?

– ¿Lejos por un tiempo...?– Y pensó en la abuela y en el niño que recostado se encontraba – A donde fuese, yo no podría...


.*.


– ¿Pero que demonios estás pensando Frank...?– Se quejó Matt mientas intentaba adentrarse por el balcón, Ray le intentaba detener, si en verdad hubiese querido liberarse, el de ojos entre castañas y pastos habría roto el agarre con facilidad – Ray... ¿Lo escuchaste...? esto está yendo muy lejos...

– Cálmate Matt, Frank sólo... esta confundido, ya veras, en cuanto nos marchemos de aquí se le pasará...

– Yo creo que deberíamos irnos... comienzo a sentirme mal por esto – Se viraron a ver al rubio que, sentado en las rejas del balcón, miraba la luna. Luna predispuesta... – Lo que haga o deje de hacer no es nuestro problema... deberían dejarle ser, si le cansan terminará abandonándonos... otra vez...

– Creo que tienes razón...– Ray trató de tomar la mano de Matt, pero ya no estaba... se viraron el rubio y el de rizos...

Matt era tan impulsivo.

– No te acerques tanto a al cristal – Susurró el rubio – Matt...

– Le acaba de rechazar – Dijo sin maldad, los otros dos temblaron de pronto. Problemas para todos..., trataron de acercarse tanto como el primero... pero eran malos para espiar, y Frank había decidido enojarse en ese momento... Frank se marchaba, se levantó de golpe...

... Su avance estancado... una pared de carne no le permitió pasar, involuntariamente...

– ¿Qué hacen aquí...?– ojos avellana a escarlata.


.*.


– ¿No puedes o no quieres?– Cuestionó con sus ojos avellana casi clavándose en su alma.

– No quiero... – Gerard se levantó Frank también lo hizo. Quedaron frente a frente... y eso fue tan incomodo, los pies desnudos de Gee que encogía sus dedos por que el suelo estaba frío – La abuela nos a cuidado tanto... es mi turno de ayudarles.

– "Siempre lo has echo." Bien, de todas formas no pensaba pedírtelo, sólo era una pregunta – Y sintió ganas de llorar, un rechazo, se lamentó por que tal vez eso era muy difícil de olvidar, por que su corazón palpitaba... fuertemente, y la sensación de afición le invadía, Frank apretó sus puños, se sentía molesto, herido, había esperado otra respuesta... tal vez un "déjame pensarlo" o "a donde iremos..." pero Gee era tan poco predecible... o tal vez, él resultaba ser más ingenuo en ocasiones – Ah... es tarde, tengo que irme...

– ¿Te hice enojar?– Temeroso siguió los pasos de Frank hasta el ventanal – ¿Volverás mañana...?

– No te importa. – Las ventas se abrieron... tres aterrorizados rostro sostenidos por tres tontos curiosos...– ¿Qué hacen aquí?

Frank se desconcentró, y el hechizo para los durmientes fue olvidado.


.*.


Y los meses pasaron, y la semilla intacta de la manzana protegida surgió de la nada.
Y la carne y la cara del viajero fueron olvidadas, su sabor y su voz.
Un nuevo árbol maldito. El viajero fue olvidado por la tristeza.

– "Muy blanco y muy frío"– Pensó Mikey mientras sus pupilas se dilataban y la luz invadía su ser adormilado... era momento de regresar... y hoy no había recordado el rostro de su madre.


.*.


– Yo... nosotros...– Matt trataba de solucionar las cosas, era su problema, él había insistido y convencido. – Yo... quería saber qué hacías...

– ¿Con qué derecho me siguen?– Gerard se acercó... los amigos de Frank parecían aterrados.

– ¿Quieren pasar...?– Sugirió por bienestar propio, si los vecinos despertaban hablarían con la abuela. –

– Sí – Asintieron todos, los ojos avellana rencorosamente, humillado, furioso... fulminaban –

– Si quieren discutir, yo les dejo... pero... no despierten a mi hermano... por favor. – Todos con vista aguda, la cama maltrecha y las sabanas arrugadas, unos ojitos adormilados les devolvían el gesto de duda.

– Oye, ya esta despierto – Comento el rubio, y Gee tuvo que forzar su vista para comprobar lo dicho...

Ahí, echo una sombra, arropado y sumiso ante lo desconocido
Despertaste de una vida que no resulta ajena
Hundido en la noche, creciste no mucho

– ¿Quienes son ellos...?– Cuestionó inquieto Mikey, con su voz de hilo y sin despegar la mirada de las sombras creadas por la luz de luna. – ¿Gee en dónde estás? Tengo miedo...

A tropezones Gee fue hasta donde éste estaba.

– Amigos del trabajo. – Pidió ayuda sin mirarles, ni Matt, ni Bob, ni Ray supieron que responder – ¿Verdad?

– Tu debes de ser el hermano de Gee, yo soy Frank lamento si te despertamos, es que, estábamos preocupados por que tu hermano no fue a trabajar... – Comenzó a caminar hacia el balcón nuevamente...– Pero ahora que le vemos tan sano, es mejor que nos marchemos... Hasta mañana Gee.

– Hasta mañana Frank – se despidió el pelinegro – Adiós a ustedes también

– Adiós – Si tan sólo los nombres hubiesen sido mencionados, tal vez, sólo tal vez... la despedida no hubiese sido tan polar.

– ¿¡¡Gee van a bajar por la ventana!!?– Cuestionó aterrado su hermano.

– Están acostumbrados, hacen escalerita para llegar al suelo – Se recostó de nuevo, acurrucó a Mikey intentó reconciliar el sueño...– Mikey duerme...


.*.


Y una vez abajo, había que dejar de fingir, Frank no se tomó la molestia de mirarles...

– No se les ocurra seguirme, me voy solo...–

– Pero Frank – Matt trató de llamarle. Pero testarudo que resultaba él cuando se enojaba.

– Ya han echo mucho por hoy, se quien lo planeó todo, y quien le siguió el juego, y quien vino por aburrimiento...y no me importa pero...– Tomó aire y acomodo sus cabellos traviesos, esos que le cubrían el rostro de forma protectora – Si él tiene problemas, no será sólo malestar sentimental el que les ocasione pensar en mi.

Atónitos, cuerpos helados y almas pasmadas...

– Siento que ya lo he visto todo...– Intervino de forma traviesa Bob...– Todo en esta vida...

– Frank nos amenazo, por él...– Ray miró hacia el balcón por última vez – Y eso que le rechazo...

– Frank es raro pero esta vez si se pasó... ni siquiera me golpeó, ni me correteó


.*.


– El sueño se me ha ido

– Lo sentó, fue mi culpa...– Negó su hermanito mientras abrazaba el almohadón olvidado.

– Fue bonito despertar... Y saber que tienes buenos amigos Gee... que se preocuparon demasiado por ti ¿No?

– Ah... Yo... "Despertar y darse cuenta que se tiene buenos amigos..." si, eso creo... "¿Qué se sentiría...?"


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Cap. 15: Felicidad a coro

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:24 pm

Cap. 15: Felicidad a coro

Los vientos que fugazmente resonaban, y un momento, dos segundos, tres pestañeos... ojos de vino batidos entre la espada y el desasosiego de las miniaturas plagas que dañaban a toda hora su mente encerrada.

Tendido sobre la nada o de pie memorablemente, y hacia tanto tiempo que no ofrecía una sonrisa bonita a alguien ajeno.

– ¿Tengo él trabajo?– Cuestionó mientras elevaba la vista, gesto suave. Exhaló de mala gana ante el movimiento negativo. – Gracias de todas formas.

– Conozco a alguien que necesita ayudantes ¿Te interesa?

– Por supuesto – Gee recogiendo migajitas sin exclamar protestas, el señor señaló, ansioso porque el jovencito se retirase, el lugar sugerido – Gracias de nuevo.

Se despidió con una inclinación casi invisible, corriendo, sus piernas esperanzadas daban más de lo que nadie más creyó. Entre sus labios la onomatopeya, plagio del risueño sonidito de la campanita que anunciaba un nuevo cliente.

– En qué puedo... – La dueña se viró entusiasmada...– ah, niño eres tú.

– "Por supuesto..." Señora yo...– Cuanta fingida humildad en ese niño, pensó la mujer, antes prepotente y malo, las almas no cambian su destino en un cerrar de ojos – Yo... estoy buscando un empleo y...

– Aquí no lo vas a encontrar – Cortó tajante ella, él no tuvo más remedio que bajar la mirada... los intentos fallidos, ya demasiados, aún no quitaban el aliento. – No es que no necesite alguien que me ayude, pero no me da la gana tener a alguien como tú aquí. A nadie le gustaría verte mientras me compra.

– Gracias, de todas formas... gracias. – Un suspiro que elevó su pecho, era triste escucharles, aun más desagradable reprimirse.

Caminó sin rumbo por las calles apedreadas, lindas y rojizas piedras que gastaban sus zapatos viejos, elevó sus manos un tanto, manos cubrieron su pecho, manos blancas examinadas por esos ojos verdes. Desprecio, perdición, catastrófico pensamiento.

La honradez inculcada caló en sus huesos, si todo fuese tan fácil, como mirar un punto cualquiera, hacia donde fuese, los puños cerrados a nivel de su pecho.

Caminó otra vez... a paso lento y mirada perdida.


.*.


Un vagabundo que reconquistaba a su mundo. No más historias tristes, un cuento para despistar a los profesores, para hacerles creer que lo que gira no es el mundo, sus ojos detrás de cristales rayados, atento a la clase del profesor, comenzó a encerrarse cada vez más, sus mejillas, anteriormente sonrojas, lucían tremendamente descoloridas.

El proceso de la vida, las pequeñas y diminutas formas, sin alma ni buenos deseos, poco entendible, el profesor entusiasmado, escuchar debatir a los alumnos sobre su clase era emocionante, mucho que lo era. Decir y aclaraba teorías que se convirtieron en leyes, hasta ahora sólo ideas promiscuas, Mikey pensó, por primera vez que el mundo no tenía una razón tan clara, almas y paraísos, él siempre lo entendió de aquel modo, silencioso y confuso, miraba como sus compañeros aceptaban con los brazos abiertos las ideas del profesor.

Y no es que cuestionase todo. Generalmente se reprimía de hacerlo, pero... el profesor lo decía tan deliberadamente... indirecta forma de, sin desearlo, contradecir las cosas enseñadas por su madre... hacia tantos años.

– ¿Alguna duda?– El mundo no giraba... era su vista en busca de alguien que se mostrara un tanto confundido, como él... pero, nadie, ni una pizca de desconcierto en el rostro de sus compañeros – Bien, pueden irse.

Sus cuadernos y libros de regreso a su mochila, suspicaz la mirada, más de un compañero se despidió de él con alegría, Mikey estaba confundido, pero nunca, jamás, haría desaire a cualquier persona. Cuando salió del aula ya muchos platicaban y reían, él seguía pensando. No quería dudar, ni siquiera pensar más en eso...

– Mikey, ¿Estás esperando a tu hermano?– Cuestionó la misma chica de siempre, un tanto más confiada, resultaba ser que el castaño era muy buen oyente, y ella tenía tanto que contar – ¿Puedo esperarle contigo?

Asintió afirmativamente a las dos cuestiones, porque todos comenzaban a alejarse y no quería esperar el tiempo indefinido a su hermanito mayor.

– ¿No te llaman la atención? Por llegar tarde a casa – Ella mostró un gesto desconocido, una sonrisa gastada – ¿Nadie viene por ti?

– No..., mi madre trabaja y no puede y yo... yo adoro irme sola a casa. Es algo... lindo. Y al llegar a casa, el silencio me mese. No hay nadie que me rete.

– ¿Algo lindo?– Pensó, que también era lindo regresar a casa junto a su hermano –

– ¡Mira Mikey... ahí viene tú hermano!– Apuntó con su dedo índice la niña, y jugó ella a imaginar por segundos: "Vienen por mi, se dijo" y entonces sonrió con más fuerzas, Mikey también lo hacia, y el chico de azabache cabello lo hacia aun más fuerte. – Párese contento...

– Sí... mucho, sabes, él es tan bueno...– Haló sin presionar demasiado de la mano de la niña, él, jovencito demasiado inteligente... callado y temeroso, conformista tal vez un poco... ¡no!, demasiado, pero inteligente al fin.– "No puede ser tan bueno andar solo..." Y tú me agradas demasiado. ¿Quieres venir con nosotros a casa? Mi abuela cocinara, también, hoy.

– ¿Me estás invitando?– Por supuesto que lo hacia, Gee les dio alcance, evitó tener contacto con Mikey, y con su amiga, estaba contento pero tendría que llegar primero a casa, para limpiar su cuerpo, para no oler tanto a...

– ¡Mikey, tu hermano tiene mucha suerte! Encontré trabajo en el primer día de búsqueda. No pagan mucho pero me dan tiempo para venir por ti y llevarte a casa.


.*.


Hacia ya mucho tiempo, recordó, era un niño muy simpático, la gente le miraba de forma linda, y su madre le tomaba de la mano con cariño, caminaban el día en que todos los se colocaban en la banqueta de su negocio, pescado, pollo, dulces, juguetes, lindos hombres y lindas mujeres todos mucho más amigables que en estos tiempos, antes plazoletas y risas, hoy... un jovencito caminando por las calles vacías.

Se alejó un poco de los negocios conocidos, había pasado ya hacia más de media hora el local del boticario, último en su zona pobre. Cambiando de aires y rostros, las calles rojizas tomaron tonos más grises y azulados, el inicio de paraíso en su propio mundo de gloria. Infierno para otros.

– ¡HEY CHICO QUITATE...!– Se quejó un hombre de piel oscura, Gee con ojos intensos le miró sin malas intenciones, nunca había visto en toda su vida un hombre con la piel tan pigmentada, ni un tono tan oscuro concentrado en todo el cuerpo. Ni con una cabeza tan desprotegida del frío, sin cabello brillante y dañada. –

– ¿QUÉ NO LE ESCUCHASTE, NIÑO, QUITATE?– Se quejó otro hombre, con el cuerpo húmedo, era alto, habla distinta, un acento extraño, cabello rojizo. Gee sonrió de pronto. Un desfile de hombres desconocidos le gritaba palabras no muy elegantes. Estorbaba, entendió al fin, pero no dejó de mirarles.

Segundos y minutos, parpadeos incontables. Muchos demasiados, seguramente.

– ¿Qué estás haciendo aquí niño?– Cuestionó el hombre de piel oscura.

– Estoy buscando trabajo...– Soltó bastante en confianza. – ¿Usted no sabe de ninguno?

Él hombre le miró de la cabeza a los pies, no tenía pinta de ser muy resistente, mucho menos responsable, además... ese tono "Verde rebelde" en sus ojos le incomodaba

– No lo creo. No darías el ancho. Niño, mejor márchate, tus padres estarán preocupados, deja de jugar al rebelde y regresa a casa.

– Pero… necesito el empleo – El pelinegro se aferró al brazo del mayor.

– No, conozco a los de tu tipo, escapan de casa, juegan a ser independientes y en menos de un mes regresan llorando a brazos de sus padres. No, veté. Además esta zona es peligrosa, eres nacional y por estos rumbos los de tu tipo, no encajan.

– “En ninguna realmente” Pero...

– ¡Largo!– Gee vaciló en mover sus piernas, la mirada oscura del hombre, voluntariamente calvo, espantaba. Sus orbes, no tan extrañas como la escarlata de Frank pero... espantaba al fin.

– ¿Ocurre algo Irick?– La voz del hombre a espaldas de Gee resultaba dulzona y triste

– No, nada, este chico que...

– Busco empleo – Interrumpió al hombre oscuro, giró su cabeza, lo había imaginado, el dueño de esa voz tenía que ser un hombre de semblante armonioso. – ¿Usted no sabe de ninguno?

– Niño, ¿No deberías estar en la escuela?

– Yo... en verdad necesito un empleo. – Gee fue inspeccionado nuevamente, sí, pesar de que el hombre mayor hacia esfuerzos, no veía nada en Gerard que pudiese interesarle –

– Mira, te lo seguro, que si sigues buscando lo encontraras – Gee parpadeó varias veces, aquél hombre le había rechazado de una forma tan sutil que sintió deshacerse de alegría. Pensó, que a él le gustaría, algún día, cuando fuese ya muy viejo y canoso, llegar a tener la sutileza de ese hombre.

– Bien, gracias – La inclinación aprendida, su madre no le había educado en vano... a él tampoco. – Y a usted también.

El hombre y el viejo le miraron expectantes, y Gee sin decir más se fue, un poco menos cansado, más animoso.

– Ese niño es extraño – Dijo el hombre de piel oscura, el hombre mayor sólo afirmó. – ¿Cree que haya huido de casa?

– No tiene ropas finas, no lo creo... tal vez en verdad necesitaba el empleo.

– Me da lastima – Irick miró al anciano, comenzó a alejarse cuando la voz del mayor resonó como una orden no muy bien aceptada.

– Si tan sólo le pudiésemos ayudar... ¿Por que no vas y le dices que no ofrecemos mucho?

– Él no podría cargar.

– Pero podría ayudarme a mí, mis manos son viejas, ya no soy tan ágil.

La neblina densa pero intocable, y las cosas que se cuentan ocurrieron de la forma más tonta que alguien pudo imaginar:

Corrieron tras de él, que estaba más conforme con su día.
Le aclararon unos puntos, él con una sola petición.
Aceptaron, el día de prueba, el hombre mayor, le enseñó sólo una cosa.
Quitar escamas, cortar cabezas y colas, abrir en dos, órganos afuera.
Gee casi que vuelve el estomago en su primer intento.
"Estas son cosas que se aprenden" Dijo el viejo.

Pero Gee no se sintió tan a gusto... una hembra con retoñitos entre sus manos... y se dijo: “Que era una crueldad matar y alimentarse de otros...”

... y entonces ¿Morir de hambre?

No, era un poco despistado y no entendió sus propias palabras.

El trabajo terminado, se dijo, miró el reloj "cucu" en mal estado, sucio y con manecillas casi inmovibles, la hora esperada, pidió permiso al nuevo jefe, era hora y él estaba algo impaciente.

– ¿Puedo marcharme? mi hermano está por salir y...– cegado amor, el mayor nuevo jefe le sonrió – y no le he dicho que no iría por él.

– Todo por hoy – Dijo Pippo, el nuevo jefe – Has trabajado duro, tienes el puesto, mañana procura venir más temprano.

– Sí claro, gracias. – Irick les miraba señalado en una butaca vieja – Adiós a usted también, gracias.

Con el mal olor en sus prendas, se deslizo por las calles, presumiendo ante los que le rechazaron, buena suerte y rostro amigable, tenía trabajo.

A lo lejos, su hermanito y su amiga. Se encontró con ellos, caminaron de regreso a casa, no entendió por que ella no se separaba de ellos en el cruce de calles, no le desagrado la idea, no cuestionó nada. Caminaron juntitos, y a pesar de eso, Gee evitó que su hermano le tocara. “Por que su uniforme era bonito y no quería ensuciarlo"

– Abuela hemos llegado – Gritó Gee a la abuela, salió a recibirles, miró expectante a la chica – Ella es una amiga de Mikey.

– La invite a comer – Sentenció él menor, ella sonroja. La abuela un poco incomoda, había comida sólo para tres. –

– Ah... mucho gusto, Mikey, ofrécele algo. Té tal vez....–

– Sí, sí... ¿Quieres sentarte?– Cuestionó. – ¿Te traigo té?

– No gracias Mikey

Gee les dejó hablar, a la abuela, la niña y su hermano. Corrió hasta donde su recamara, tomó algunas prendas, las adecuadas para salir en unas horas hacia la tasca.

Fue una tarde agradable, más después de varias horas, acompañando a la niña hacia el cruce de calles. No temió no regresar a casa, comenzaba a oscurecerse y la abuela le había mandado una sentencia silenciosa.

Pero era por el bien a todos, la felicidad que a coro todos pedían. Y eso era bueno, desear ser feliz, estár bien... se dijo: "Buenas noches Mikey"

Noche esperada... ¿Volverás mañana...?

Y mañana, y mañana, y mañana tres días pasando... ¿Y mañana?


No resulta nada tan fácil
Mientras tú ríes alguien más sueña
Y puede, que ni bueno ni malo, este confundido
El último encuentro ocasionó la ruptura interna, esa que duele
A nada a que recurrir, sólo esperar, mira el tiempo pasa, tú cambias...

... pero él no.

.*.


Entre las sabanas, los ruidos de los que no estremecían y en la noche, su vida, sin ganas, confundido, entre el recuerdo y el olvido, pensaba en lo que trató de evitar demasiados, muchos, años.

Él no podía simplemente sonreír, ni fingir que fingía... trató de mil maneras explicárselo y arrebatadamente decidió alejarse de todo.

Lo entendió cuando les vio tan atentamente, habían discutido, él no supo defenderse, lo dicho se había dicho y sus sentimientos encerrados luchaban por salir, le apreciaba, y más que eso, le había ofrecido viajar junto a él. Sin derecho y sin ser sinceros lanzó una oferta... pero Gee no había aceptado, tal vez por un difícil presentimiento.

"Adiós"

Dicho de sus labios rositas, y dolió, dolió... dolió. Porque Gee no entendía, era tonto, se dijo: "es tan extraño".

Y ahora, he aquí al gran Nosferatu llorando por que ha sido despreciado, porque sus iguales se habían preocupado. Ellos, curiosos y niños entre los grandes, sin culpa ni conocimiento, esta es la lección aprendida, nunca debió de haberse acercado a ese niño.

– Frank... habré la puerta... por favor – Detrás de la puerta, Robert se mantenía atado a una sombra que siempre había permanecido cerca de él. – Frank; Matt y Ray se han marchado... les han encontrado, pero sin ti y sin mi no pueden. Acaba con esto, vamos... después de todo no habrá porqué volver aquí.

¿No hay por que volver...?
¿No hay por que regresar...?
Y el motivo para marcharse.

No quiso pensar, no mucho más de lo que ya lo hacia, se enredo en las sabanas, sus almohadas mojadas, y su triste no-vida realmente extraña.

– Frank, sal ya...


.*.


Acababa de despachar a su primer cliente, trató de disimular las miradas de las chicas y su jefe.

– ¿Porqué no ha venido tu amigo?– Cuestionó el jefe bástate enojado – Seguro sigue molesto por que vino y no estabas.

– Sí, seguramente – Respondió Gee.

Hacia días había comparado a Pippo con este hombre, el que decía quererlo como un hijo... Pippo no gritaba, ni le hablaba mal, mucho menos presionaba con saña su brazo.

– Si perdemos ese buen cliente será tu culpa, te lo descontare. – Gee le miró fijamente a los ojos, se sentía tan confundido... y a pesar de todo, no quería resultar tan malagradecido.

– Tal vez sea mi culpa... es justo. – Continuó con su trabajo, la copas se sirvieron y sus paquetitos como pan caliente hacia los hambrientos clientes, miradas en él, ninguna era intensa y limpia. – "Seguro es mi culpa."


.*.


Ray y Matt, se miraron fijamente, todo esto estaba relativamente mal. Frank ocasionaba problemas.

– Nosotros solos no podemos Matt... ya deberías de saberlo.

– Maldición, y justo ahora "él" decide actuar así..., ¡bah! solamente le espiamos y aquel es sólo un niño huérfano, tiene hermano y abuela ¿No es eso mucho pedirle a la vida? ¿Qué hay en él que le tiene tan en suspenso?

– No podría decírtelo. – Se giró y siguió su camino, el trabajo por hoy estaba concluido, de la madriguera y el padre de todo. Sólo esperar, que tomen confianza y lo demás esta predicho. Asesinato justo. – No soy Frank

– Estoy cansado de esto – Matt era más rápido que Ray y la zona era la misma, corrió y los parpadeos no dejaron de medir la distancia... – ¡Voy a acabar con el problema!


.*.


No muy tarde, hoy primer día de la semana, el negocio cerraba un poco menos de madrugada.

Gee ayudó a las que le miraron con cansancio, él incluso, paresia más vivo que ellas, y todo fue un error, se despidió como en todas ocasiones, la que siempre sonreía le entretuvo más de lo querido.

Salió del local, y una brisa le anunció que sus pasos no deberían de ser tan fuertes. Y él sintió que debía de ir más aprisa... Él ultimo recuerdo...

Dos sombras en la calle, una con esencia triste... la otra rabiosa..., tuvo miedo y pidió a dios, nada malo le ocurriese.

– ¿Y ahora qué planeas hacer? – Cuestionó y sus rizos fueron tomados entre las manos de Matt.

– Derramar su sangre para que Frank no se confunda. – Los ojitos castaños del oyente se abrieron desmesuradamente. Gee yacía sobre el hombro de Matt. – No seas tonto Ray, lo voy a llevar con "él" para que esta bobería acabe.


.*.


Cuando ser bueno se volvió un obstáculo triste, siniestro y malvado. Hay un mundo detrás de todo lo que se puede ver y lo que se oculta toma la forma de pequeñas motas invisibles.

Verdad y difícil modo de solidificar los sentimientos de confusión, lágrimas nocturnas que dicen adiós a la creación. Gotas vertiéndose de los ojos a las mejillas sonrojas, y el sollozo, nada es tan fácil nunca.

Acurrucadito en su cama, ni siquiera las sabanas cubrían el frío en el corazón, por que ese, sólo, con imaginarios arrumacos de confianza se logra. Ante los rayos lunares comenzó a perder la conciencia, entre lágrimas y murmullos de otros mundos. Se quedó dormido, él, la noche y sus interminables sueños extraños...

Alejado de esta realidad que rompía sensaciones, porque la que él conocía, era mucho más compleja… turbia. Ahí, donde el tiempo no se presentaba sin ser invitado, donde todos llegan, de donde todos vienen. Ese era su don, el dado, no era alegre en exceso, ni valiente ante toda situación ambientada..., pero entre nubes y viento, comprobado, él podía encontrar algo más que nubes y viento

– No mires para atrás pequeño – La misma voz que le invadía, noche tras noche. Mikey era inquieto y curioso, demasiado infantil para mantenerse atento al hombre de semblante amistoso que en sus sueños había irrumpido –

Y miró hacia atrás, a lo lejos, el paraíso familiar, escuchaba la risita triste de su madre, sentía él, que comenzaba a alejarse... separarse después de muchos años, y una frontera falsa miles de pasos más atrás, los Árboles mal formados que gritaban por su liberación bajo el cielo umbrío, donde antes no había deseado regresar. Y pasó a través de los años sin darse cuenta, era el destino o su nuevo consejero, no lo supo, no le importo... mientras alguien le contara algo, de noche, para no perder la costumbre y el sueño, todo estaba bien.

– A lo lejos están todos... ¿Porqué no lo entiendo...?

– No tiene caso que lo explique, no necesitas saberlo, te han enseñado buen saltimbanqui que sólo tienes que sonreír..., que no todo tiene solución, niño sol... Aprende, desde hoy, a no mirar hacia atrás.


.*.


Se sintió obligado a abrir sus ojos verdes...
Tres cuerpos casi empinados, él recostado, ellos de pie con ojos abiertos de par en par...

– Eres tan mortal...– Matt se arrodilló para mirarle de frente, Gee trató de erguirse, difícil si una mano con semejante fuerza presionaba su pecho.– Te trajimos para que hables con Frank, está molesto desde el día que fue a tu casa, es tu culpa, tú soluciónalo.

Gee pareció meditar las palabras mientras se soltaba del agarre de Matt.

– ¿Frank está enojado? ¿Él les mando por mi?– Cuestionó interesado –

– No – Respondieron al unísono los tres presentes.

– Él ni siquiera nos ha hablado. Por eso queremos que tu hables con él – Gee miró al chico de los rizos, entre todos, era quien más pasivo se veía, – ¿Crees que podrías hacerlo?

– ¿Y porqué creen que conmigo si hablaría? ¿Qué tengo que decirle? Apenas si le conozco y yo... creo que no es buena idea, además... ¿Cómo me han traído hasta aquí? ¿En donde estoy...? Ohhh… pero que irresponsables son, ni siquiera preguntaron si tenía algo que hacer... ¿Qué hora es?– Sus ojos recorrieron las paredes tapizadas, no había ningún reloj, se giró a seguir inspeccionando, había algo en ese lugar que no cuadraba. Tan frío y sólo...– ¡¡¡Tengo que ir a dejar a Mikey al colegio y después al trabajo, no soy tan unido a Frank como para que me reciba, y si esta molesto lo mejor es que me vaya!!!

– Oye niño, no digas tonterías... fuimos hasta allá por ti, no puedes hacernos esto – Matt le rodeó, Gee terminó por inquietarse y poniéndose de pie, corrió hacia el marco del recibidor, que imaginó; le llevaría a la salida. – ¡Hey! a dónde crees que vas.

Matt estaba algo enojado... demasiado para ser él mismo. Velocidad parpadeo, una ráfaga humana que impidió el paso a Gee...

– ¡¡¡Ah, ¿cómo has hecho eso...?!!!

– Ahora mismo sube y habla con él. – Matt le tomó de la muñeca, sus ojos dorados daban miedo.

– No, suéltame..., suéltame...

– Si no lo haces por voluntad, te juro que te llevó con él aunque sea por partes...– Chilló, y jaloneo demasiado a Gee.

– Matt, basta, suéltale ya, si no quiere no podemos obligarle. – El aludido miró a Ray con una semi risa... fijamente le miró Mathew, pensaba que algo planeaba Ray, algo que seguramente no era bueno.

– ¡No, le esperamos demasiado, para que, por un caprichito, le dejemos ir!– Gee seguía jaloneado, no era berrinche, por dios que no lo era, tenía miedo, su voz resultaba demasiado gélida, como para tratarse de una discusión... un mal presentimiento, su último intento...

– ¡¡¡No quiero, no quiero...!!! – Enterró sus uñas en las manos de Matt, el de las pupilas brillantes y doradas se viró, y le vio directo a los ojos, hechizado y confuso... sintió que su alma salía del cuerpo portador... y las protuberancias blancas encajándose en los labios del castaño que le sostenía. – ¡¡¡ ¿QUÉ TE PASO...?!!, SUELTAME, POR FAVOR SUELTAME... VOY A SUBIR, LO JURO, LO JURO... POR FAVOR...

Y Matt le soltó porque una puerta había sido abierta... allá arriba, allá donde importaba, fue cuestión de segundos... el chiquillo lloraba, mucho y temblaba y comenzó a desprender un aroma desagradable... ternura y amor... y los parpadeos de nuevo contaron de forma retrospectiva. Matt fue lanzado hacia la pared más cercana... y unos protectores brazos rodearon al niño que temblaba...

– ¡¡¡ ¿QUÉ SE SUPONE QUE ESTÁN HACIENDO...?!!! ¿Qué le hicieron...?– La mirada escarlata pedía una explicación... secó las lagrimas del rostro porcelana, cogió a Gee entre sus brazos... y Gee no reaccionaba...– Qué te han echo...Gerard


.*.


Su ultimo suspiro fue dado, cuando dejó de escuchar los golpes en la puerta de su habitación, sin ganas de siquiera responder... un extraño aroma invadió el ambiente y se dijo: "No me puede estar pasando esto a mi..."

Señora noche:
Deja por favor de atormentar a las almas que confunden el aire con el aroma deseado...
¿Es él, que esta oculto para que no le vea... o soy yo, quien quiere verle desde este mundo lejano?


Escuchó un murmullo, palabras sin cordura, sus agudos sentidos incapaces de percibir el significado de lo dicho..., lo dicho... he dicho.

Era él, con su rebeldía a flor de piel, negándose a un trayecto, y la voz de Matt, y la de Bob, y Ray... sus ojos se abrieron, aquel color escarlata le llevaba a lo que se había negado a sentir...

Mundos separados que se unieron... para ser más capaces. Con furia salió de la habitación... y bajó las escaleras, a sus pies un chiquillo llorando, y uno igual a él semi enfurecido.

Lo más importante: apartarle de Matt. Le abrazó con recelo, y el temblor ajeno se volvió tan propio..., cuestionó y nadie que respondía, y abrazó más a ese niño...

– ¿Qué te han echo, niño tonto?– Decía, y los demás le miraban marcharse... subir las escaleras de nuevo, ir directo a su habitación. Encerrarse nuevamente...–

– En su mundo, es tan tonto y ese niño... es un llorón, demasiado ingenuo, todavía – Matt sentado en el suelo, recargó su cuerpo a la pared con tapizado romántico. – Pero... está bien. Tiene que llevarle a su casa, tendrá motivos para salir y alimentarse, y cuando llegue, hablaremos con él. ¿No?

Ray y Bob asintieron. Y se dejaron caer en el sillón

– Eres un estupido Matt – Se quejó Ray con el miedo contenido, un nudo en su garganta y sus ojitos bajos – Hiciste enojar a Frank...

– Lo que pase, es lo importante. Además... no tienes porque preocuparte.., entre Frank y yo, lo único diferente es la forma..., lo de adentro es igual.

– No vuelas a hacerlo...- Murmuró Ray


.*.


Luz de luna, y les alumbró inteligente, y la habitación con un ambiente más nítido, ellos, y la luz, y la luna y uno muy seguro, uno temblando entre sueños... el otro pensando en su gran decisión

Añoró por bastante tiempo el rostro apacible del pelinegro...

– ¿Que te has echo, hueles extraño...? – acercó más su rostro a las manos de Gee inconciente...– ¿Qué me has echo, siento algo raro...? "Por ti..."

De las manos a su rostro de niño, y sintió morirse Frank, por que se sentía tan angustiado. Porque ellos nunca eran felices... y Gee no iría nunca con él, Gee tenía una vida, una abuela y un hermano, Gee nunca aceptaría y no se atrevería, nunca a forzarlo... Y se dijo, en su mente confundida...


* Una luna echa para mí,
Siempre iluminada para mí...
Por mi...
Por mi...
Por mi...



... Que era tan hermoso todo... y pensó un instante... y las ideas le ilusionaron.

Y se dijo: "Gee jamás irá conmigo..."

Y se dijo: "Yo podría no alejarme de él..."


Abriendo los ojos por fin...
Contigo viviré...



Frank respiró del mismo aire, compartiendo, sólo esta madrugada, un sentimiento pos-confusión. Gee no se enteraría, Gee no tenía razón para enojarse. Cerró los ojos... y su respiración nunca antes igualada, como un gélido manto de muerte. Los escalofríos previos... y sus labios rosas dejaron la lejanía que antes se pudo haber sentido... y los labios rojos rozaron el paraíso, y en la unión de los sueños, una sonrisa boba para el sonrojo y travieso Nosferatu. Y como Gee lo había pensado, "él" "señor" "Frank"... era un ser de Elite, fijando su inmortalidad y su dedicación a un niño que indirectamente había decidido no acompañarle hasta el final de los tiempos...

... un niño que conoció una noche de lluvia... y que nunca logró olvidar.



|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|



(º·.¸(¨*·. ¸.·*¨)¸.·º)
«. ·°·~*~' Por siempre '~*~·°·. »
(¸.·º(¸.·¨* *¨·.¸)º·.¸)



*Por ti volare




๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Cap. 16: Creador, padre apócrifo

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:25 pm

Cap. 16: Creador, padre apócrifo.

El rosario frío chocó con su cuello, mientras el murmullo de la gente le rodeaba de pronto, giró su vista para mirar esos labios rosas que no se decidían a hablar. Era extraño, no recordaba el porque se habían vuelto tan poco asombrosas sus visitas, y no era, la razón, que le entusiasmara poco, pero había tanto por preguntar, sintió una acción obligada, ambiente ambiguo.

Ocho noches atrás...

Cuando despertó junto a su hermano, ahí en su recamara... y una vela encendida, y Frank sentadito como un soldado sin sueño. No preguntó nada, y Frank no quiso comentar cualquier cosa. De pie ante el pelinegro, sonrió con nostalgia, como aceptando una triste condena. Besó su frente y Gee casi que sentía no respirar, y en un cerrar de ojos, ocultos recuerdo... Frank se había ido.

He ahora aquí.

Era extraño y no disgustaba, sería la lejanía perdida...

Evitando a clientes que pudiesen incomodar a Frank, el dueño aún así se mostraba contento, porque lo había notado, ese que de prendas suntuosas vestía y cabellos peinados presumía, no consumía tanto, ni lo deseado, ni lo más normal, de hecho, una copa para toda la noche era más que suficiente... y aun así, abundante la cantidad de billetes, billete sólo para el dueño del lugar. Motivo suficiente para alabar al amigo de Gee.

– Conseguí otro nuevo empleo. – Gee, soltó de repente, para mantener un tema, había algo interesante que comentar. Frank vio viajar, en la boca de la copa, el reflejo de las luces, disfrutó de las olas encerradas en cristal, movimientos con vino barato.

– ¿Porqué?– Cuestionó sin mirarle. – ¿No te pagan lo suficiente aquí?
– Mi abuela se quedo sin empleo. – El de los ojos avellana se acomodó mejor en la silla de madera que luchaba por no chillar a cada movimiento suyo –. Es en un almacén, surten a restaurantes y los fines de semana venden comida preparada.

– Pescado..., ahora lo entiendo, tienes impregnado un aroma extraño, es por que frecuentas un lugar nuevo. – Sus labios rosas humedecidos de forma inconciente. – ¿Y qué es lo que ahí haces?

– Mi jefe, es amable, se llama Pippo – Varió la pregunta sin perder el fin.

– Ese no es un nombre – Interrumpió Frank, interesado y dudoso.

– Sí lo es, así le llaman.

– Yo podría llamarte "niño tonto" y no por eso tendrías que llamarte así, ¿No?

– ¡Oye!– Se quejó Gee mientras dejaba escapar uno de esos gestos prohibidos, risueña mueca de enojo bien fingida.

– Era broma – La voz terciopelo de Frank era tan sugestiva, Gee sintió caer a un abismo de algodón en el preciso instante en el que "él" había dejado escapar una risita escondida – No te interrumpo más. ¿Qué hay con ese tipo?

– Pues, es muy bueno, a él le ayudo a limpiar los mariscos, el pescado y las legumbres, también hay otro hombre, se llama Irick, es amigo del jefe, y es cargador. ¿Te acuerdas cuando yo era cargador?– Frank asintió – Pues esas cajas pesan un millón de veces más que las de aquellos tiempos.

– ¿Y te gusta ese lugar?– Cuestionó, comenzaba a interesarse, Gee cerró sus ojos mientras sonreía, momento oportuno, Frank roseó más de la mitad del contenido de la coba sobre sus mano. Y en la bolsa de su gabán la secó. Truco bien aprendido, sólo un poco más y acabaría con ese vino de mal olor.

– Sí, mucho. El señor Pippo sabe muchas cosas, siempre me habla de sus viajes y su vida. Tuvo hijos pero le abandonaron, y su esposa murió hace dos meses. – Entonces el pelinegro bajó su vista – Es muy alegre y comprensivo, me da oportunidad de ir por Mikey al colegio.

– ¿Y tú? ¿A que hora estudias? – Frunció el ceño, y por primera vez Gee se sintió algo avergonzado. – No me dejas que lo has dejado.

– Yo... sólo será lo que queda de este curso. – Intentó defenderse, pero la mirada acusadora de Frank le perforaba. – Te juró que regresare al siguiente.

– No te creo, y no tienes que prometerme a mi cosas, prométetelo a ti mismo, si dejas los estudio, te vas a arrepentir, Gee, la vida no es tan fácil como crees – Frank sonaba tan extraño, no estaba siendo irónico, ni el frío, ni parecía un regaño, Frank no se burlaba, y no entendió, esa noche Gee, por que le caló tanto la extraña actitud que Frank venía mostrando...–

– Tú... ¿qué es lo que haces?– Cuestionó sin titubear. Una duda escondida, desde hace mucho tiempo, y además... quería cambiar de tema –

– Yo... trabajo en un negocio... familiar – Dijo confiado por que no mentía, por que todos eran hermanos, no compartieron el vientre de una madre pero si de condena del padre. Gee sonrió, eso era un avance. –

– Un negocio... Frank, ¿Qué son de ti los chicos de la vez pasada? ¿Porqué te seguían?–

– No tengo por que responderte todo – Se quejó Frank mientras se erguía en su lugar y comenzaba a acomodar las mancuernillas en su camisa azul.

– Pero yo te respondo todo. – Dijo de modo mimado. Modosita forma de quejarse.

– Porque quieres, yo no te obligo a nada. – Gee enchuecó sus labios hacia su mejilla derecha, a Frank le pareció un gesto chistoso, pero ya había demostrado mucha simpatía en esa noche. Suspiró con añoranza. Se puso de pie y Gee, por instinto miró su reloj, él aun tendría que estár, como mínimo, dos horas más ahí. – Ya me voy.

Ya era tiempo... el pelinegro se encogió de hombro, no pregunto por la presencia del día siguiente por que estaba más que acostumbrado a esperarle.

– Adiós Frank –

– Hasta mañana. – Comenzó a dar los pasos más duros, en esos en los que la presencia aun es demasiado cerca, en esos en los que los pies pesan y las ganas de virarte de ganan.

– ¡¡Frank!!– Llamó Gee con lindo tono, y Frank dudo, se dijo: "Quizás mejor fingir no escucharle" resopló sin ganas. Ningún motivo era ya aceptable, no tenía más valor para ignorar.

– ¿Qué ocurre?– Preguntó, una cansada forma de mirar.

– Me agradas más que Pippo, él me cuenta tantas cosas pero... tú me escuchas. Por eso gracias.

Bien. Una mañana dejar de pensar en él. Sus sentimientos recién asimilados, apenas si podía aceptarlo. Gee era tan injusto, decía cosas tan extrañas. Le hacia sentir tan especial....


.*.


Un poco exhaustos, Frank se negaba a salir junto a ellos, evitaba tenerles cerca, y que Gee les mirase, Bob parecía un tanto calmado, demasiado para el gusto de Ray y Matt, las noches siguientes se mantuvo alejado, con los ojos abiertos, de azul a turquesa. Realidad de pureza, entre las dudas y los miedos, también él.

Un mensaje escondido en las palabras que el viento le traía desde lejos, y temió Bob, simuló lejanía, por que no mandaba respuesta a las cuestiones. Sus manos temblaban. Y su apetito disminuido.

El sol, mira al sol...– Se repitió mentalmente las palabras predichas antes de despertar, y entre las sombras unos ojos le angustiaron más aun. Todo, sueños, todos sueños.–

Se asustó ante lo astuto de sus pensamientos, él nunca antes había tenido un sueño del mañana. No eran su fuerte los pensamientos..., el poder suficiente e indispensable era poseído, pero se rehusaba a aceptarlo.

Pensó: "Que lo malo estaba por llegar." Muchas casualidades y muchos ojos color vida.


.*.


Todo es un aviso.

Confundido, alguien detrás de sus sueños, alguien que decía cosas misteriosas, primero su madre desaparecida entre los caminos pasados, y las historias que no lograba entender, temor y ternura, él no era lo que seguramente "alguien blanco y frío" buscaba. No quería ser llamado tan constantemente, por un nombre apócrifo.

En las pesadillas encontrando los temores, lejanía y soledad, llanto en sangre y unos ojos tornasol que deseaban hipnotizarle. Temió descansar como siempre lo hacía, porque las pesadillas eran muchas y su débil espíritu no deseaba soportarlas más.

Sus piernitas encogidas, y su rostro encerrado entre sus rodillas, en un canto casi gregoriano, la voz de miles de sombras que le decían: "La paz y el descanso eterno negado"

Vide cor meum
No el momento preciso, sus ojos cansados deseaban que la luz del día le brindase protección, hijo del sol que le teme a la noche, porque es oscura y malévola. Del bien al mal lo peor, pero...

Peccavi
...la noche corta incapaz de privar a alguno de sus no hijos a la angustiosa. Mikey no durmió esa noche, y sus ojitos rojizos chillaban angustiosamente por cerrarse y descansar. Tres suspiros instantáneos, uno detrás de otro, sintiéndose tan cansado y tan conforme, malos sueños, no hoy.

Las casualidades no existen.
Escuchó a Gee abrir la puerta y de forma casi tonta se arrojó completamente a la cama, se tapó hasta los cabellos castaños, estaba por amanecer, se sintió tan seguro, las pisadas constantes, se estremeció al escuchar los pesados bostezos de su hermano.

Gee retiró las sabanas, telas viejas, del rostro de su hermano, temía que tantas cosas dificultasen su respiración. Y lo notó.

– Mikey, se que estás despertó – Dejó escapar débilmente su hermano mayor – Cuando duermes tus parpados no tiemblan.

– Gee...

– ¿Te sientes mal?– Cuestionó, mientras sus dedos se adherían a la frente de Mikey.– No tienes temperatura.

– Estoy bien Gee. Es sólo que... me he acostado demasiado temprano y el sueño se me ha acabado.

.*.


Amenazaba el alba. Esperaban en la sala de la mansión, una señal, sólo ellos dos, ni el frío, no sentido, le hacia perder su posición actual.

Estatuas cubiertas de sal en su mente. Un castigo, una sentencia, el más importante de ellos reclamaba una respuesta, los actos dedicados que debían de cumplir. Se viró un poco, las velas alumbraban el rostro sosegado, y de la piel pálida a los rizos embarrados en miel imaginaria, caramelo quemado.

– Ray...– Llamó con un hilito de cordura –. ¿Qué vas a decirle?

– ¿Yo voy a hablar? ¿Tú no piensas decirle nada?– Cuestionó inmutable. – Si es eso, pues, no le veo el caso a que estemos los dos. Puedes subir y encerrarte.

– Si estás de mal humor no tienes por que desquitarte conmigo.

– Si tienes dudas tontas, no tienes por que hacérmelas a mí. – Quejándose se puso de pie. – Y si no quieres escucharme pues vete.

Matt apretó sus puños, manifestación de enojo. Se acercó con malas intenciones hacia el chico de rizos.

– Sabes que no puedes hablarme así Manuel. – Velocidad y fuerza. Veracidad ante las acciones y palabras – Con Robert puedes tener este tipo de riñas, pero yo no te doy esa libertad. Y si te sigo y te respeto, sabes que no es, justamente por fuerza.

Apenas si Ray pudo evitarlo, pero después del primer golpe, vino el segundo, y el tercero, y sometido y furioso. Matt inteligente y elocuente. Pensó: " Que hacia demasiado tiempo que no se veía en la vergonzosa necesidad de dominarlo."

Un golpe en la puerta, una respiración agitada. Frank se adentró a la mansión, caminó por el pasillo y sus ojos avellana recobraron un tono escarlata.

– ¿Pero que están haciendo?– Interrogó con locura. Un momento oportuno y el cuerpo sorprendido de Matt fue a dar a suelo, Ray se había liberado de su agarre.

– Esto es lo que ocasionas. – Gritó a Frank y subió por las escaleras, tenía tangas ganas de estrujarles y hacerles rogar por sus acciones tontas, a ambos. Y al caminar por los pasillos desiertos, se sintió con la necesidad de no estar solo. No esta madrugada. Caminó hacia su recamara, la más suntuosa de todas.

– "Robert"– Llamó de una forma intangible, casi que suplicó. Ostentosos muebles tallados a mano, y las sabanas bordadas con dedos ligereza. Y la recamara era tan extraña. – "Robert..."

A la segunda llamada, una teatral entrada. El rubio se adentró sin pedir permiso y se sentó de forma violenta e infantil, sobre la cama de Raymond.

– Matt lo volvió a hacer, la ultima vez dijo que...

– Lo se, los escuché – El rubio tomó aun más confianza, se recostó, y Ray le siguió en la acción. – Tú lo provocaste.

– Pero no debió de haberlo hecho...

– Exagerado, la verdad no entiendo, que insistencia la tuya, en estar pegado a él todo el tiempo. No entiendo eso.

– No estoy todo el tiempo con él.

– Lo haces, casi siempre...– Despegó su mirada azul, por inercia miró los rizos chistosos. – ¿Por qué siempre lo haces?

Soy nuevo, como tú, si no te llevo conmigo creerán que soy un tonto...

– Yo...– trató de defenderse, mientras meditaba es pregunta, antes echa por él mismo. –

– ¿Es que le admiras...? a él...

.*.


Ligero y quieto. No despertar… no aún.

El ovillo en la cama acurrucado a la espalda calida de su hermano. Gee respiraba con tranquilidad, Mikey se sintió seguro y sin embargo el deseo de permanecer despierto no se iba. Eran sus ojitos verdes, de uno más calido y alegre que el frío e inocente verde en orbes, de Gee.

Gee era seguridad, aun ahí dormido. Acurrucado en la horilla de la cama, rodeando con sus brazos descubiertos el almohadón gastado. El cabello de Gee casi que rozaba sus hombros, negro y brilloso.

Mikey atrapó un mechón de su castaña cabellera, el de él, apenas si cubría sus mejillas, tramos lisos con terminaciones circulares.

La diferencia no creaba molestias.

Descansando los ojos, esperó a que su padre sol saliese, el anuncio de los pichones tontos peleaban por las hojas caídas de los árboles, había tan pocas, pero en meses se harían montañas de ellas y ellos peleando por las más secas, para asegurar un buen refugio, los fríos tiempo están por llegar y los bebes pichoncitos debían de ser alimentados.

– Gee – Mikey casi con la duda escapando por sus poros, incitó a su hermano a abrir los ojos y mirarle a poca conciencia. – Los pichones... ¿Tienen sueños?

– No lo se – Bostezó, sus ojitos se serraron sin permiso y su voz disminuyo en calidad – Pero yo... si... ten...go mucho... sueño.

.*.


Frank arrinconó a Matt con fuerza, después de mirar a Ray irse tan deprisa.

– No me digas que estás así por lo que viste – Comento de forma burlesca, retiró de se rostro el cabello despeinado. – No te queda ese puesto.

– ¿Qué le hiciste?– Cuestionó, y sus orbes violentas no dejaban de mirar al castaño.

– ¿Qué crees que puedo hacerle? Es el preferido... – aseguró. Frank meditó y le soltó violentamente – Estaba insoportable porque no hemos acabado con ellos, él esta por pedirnos explicaciones y tú, te escapas de noches para ir a ver al niño ese.

– ¿Ya sabes cuantos son?– Evitó más reclamos, se alejó de Matt y Frank comenzó a quitarse el gabán. –

– Por supuesto, no esperabas que nos quedáramos aquí, hasta que tuviésemos la grandiosa dicha de tenerte una noche con nosotros.

– Matt, no digas esas cosas, sabes, he estado pensando algo...– Eran tan seria, tan horrorosa y sorpresivamente pasiva, la voz que Frank utilizaba, sintió como su piel se enchinaba y chillaba de terror.– ¿Y si decido no regresar con ustedes cuando acabe todo?

– ¡No! No me digas que es... por ese niño – Chilló Matt. Su voz seguramente se escucharía hasta la planta alta pero... todo era tan desgraciadamente malo –

– ¿Y si lo fuera...?

– Sabemos que él no se opondría pero...– Meditó en sus palabras, habría que ser excesivamente sinceros, para hacerle entrar en razón. Sacrificar todo por nada no era cosa de todos los días, no hablando del inmutable Anthony... ese chico de leyenda que no titubeaba por nada. – ¿Qué es lo que pretendes? ¿Por qué quieres empezar con una tortura...? Sabes lo que ocurre siempre. Le veras morir y la pena será tan grande que te odiaras por haberte dejado enredar.

– No sabe lo que somos... ni siquiera pensé en decírselo. Matt, estoy tan confundido. Siento que él es diferente... tal vez...– Paró de pronto, comprendió sus palabras y sus manos se deslizaron sobre sus ojos. – ¿Y si lo soporta...?

Me gusta tanto...

– Estás… loco. No te hagas ilusiones con esto. ¿Serias capaz de condenarle sólo por que te parece interesante?

– Le ofrecí "indirectamente" venir conmigo, y me rechazó, por que su abuela y su hermano son tan importares para él...– Los ojitos avellana brillaron tanto, la pena en el alma y el fuego en el corazón, Matt apenas si entendía, algo similar en su pasado. – pero hoy me dijo que le agrado demasiado.

– No en el sentido que tu piensas... se... que tipo de pensamientos tienes – El sonrojo fue más grande en Matt, titubeó varias veces, mientras acomodaba sus palabras – Y se de que tipo de personas es él. Olvídalo, ayúdanos. Robert y Raymond comienzan a desesperarse, deja de soñar, cuando regresemos con él, te vas a dar cuenta. Estás confundido.

La última mirada que Frank dirigió a Matt fue una mirada vacía.
Fue triste ver al gran Frank derrotado por un niñito.
Matt agradeció tener más razón que corazón.
Se dijo: El jamás cometería errores...

... de ese tipo, otra vez.


Y no es lo que piensas...
... es peor


.*.


La tiza desintegrándose tan lentamente... los ojos de Mikey se clavaban en los dedos sucios de su profesor. Sus manos eran viejas, y sus dedos se veían tan cansados, y aun así, su rostro era alegre. Risueño él hombre adorador de las matemáticas.

Mikey sonrió al recordar el rostro de confusión que su hermano mostraba cada día un berrinche maratónico, lloraba y pataleaba en sus años de escuela elemental, porque las matemáticas eran difíciles. A Mikey nunca le parecieron tan complicadas, tenía una facilidad para memorizar procedimientos. Su vida estaba llena de ellos.

Hoy: Gee había despertado tarde, recién bañado, despeinado y sin desayudar. Le había acompañado hasta el colegio, y corriendo se fue hasta su nuevo empleo. Se sentía tan orgulloso.

Ella, la niña que gustaba de la compañía, se mostraba más en confianza, sonreía mucho, y mucho que le hacia reír a él, a Gee y a su abuela. Respecto a eso no se podía quejar, alguien más en su vida pero... ella tampoco hablaba mucho, mantenía silencio para con sus cosas, igual, o incluso más que Gee y su abuela.

Eres tú el que no la escuchó...

Se confundió un poco, meditó sobre lo acontecido los últimos días. Sus sueños extraños y sus casi imperceptibles momentos de sueño. Comenzaba a agotarse y la medicina ya no podía hacer mucho por él. Los ataques más frecuentes, quizás, pensó, había llegado el momento de visitar a mamá.

– Mikey, tu hermano, ahí viene – Dijo la niña, el castaño casi que tembló, él día escolar había pasado en un abrir y cerrar de ojos. Suspiró, mientras bajaba la mirada y se encaminaba hacia su hermano. Ella le tomó de la mano. Mikey sonrió.

Los sacrificios invisibles son un juego.

Y tan rápido llegaron, Gee parecía aturdido, sonrió, y entregó a cada niño, un trozo de chocolate por ser tan buenos. Esplendidos e inocentes.


.*.


Gee corrió por el camino que cambiaba de rojizo a gris azulado, sin intenciones siniestras, los que le conocían le miraban con recelo, ellos que no le aceptaban, le envidiaban por atravesar los horizontes conocidos.


El tiempo se esta acabando...


Cuando llegó al establecimiento, los cargadores ya deambulaban de un lado hacia otro. Pippo supervisaba, paraíso en la puerta trasera. Gee saludó a algunos cuantos, los que le sonreían de buena forma.

Irick le miró de forma insistente desde el camión de descarga, el pelinegro no le había visto porque esta mañana le había tocado a él descargar.

– ¿Qué haré hoy?– Cuestionó, Pippo le sonrió, esos ojos verdes le hacían sentir tranquilo.

– Las patatas están hirviendo, baja el fuego y limpia las tres cajas de salmón. – Entonces Gee entendió, y asintió con la cabeza, hoy día de encargos y clientes hambrientos.

Se adentró, el suelo del negocio era rocoso, había que limpiar y después lavar. Roció en el suelo una cubeta llena de agua, evitaba que el polvo se levantase con el movimiento que los demás hacían. Arrastró las cajas hasta la mesita, corrió hacia la alacena y detrás de esta, sacó el babero rojo que su jefe le había regalado.

Lo ató a su cintura, el cabello que cubría su frente fue atrapado detrás de sus orejas, y comenzó con lo suyo. Sentadito en un bote boca abajo. Sus manos sumergidas en agua, si se moja el pescado casi secó no se vuelve tan duro.

Y trabajó, y de vez en cuando vigilaba los alimentos en las casuelas enormes. Y Pippo le regaló un trozo de chocolate en vuelto en papel dorado.

Lo escondió en la bolsa de su pantalón.
Y prosiguió, sonriendo, y trabajando.
Ayudó su jefe, y escuchó historias,
Un buen trabajo, un gran chico.

Cuando el reloj apuntó la hora más esperada, Gee le difirió una mirada expectante al hombre mayor.

Y él comprendió, aquel chiquillo quería irse pronto, sonrió al oji-verde y brindó la otra mitad de chocolate, porque era buen niño, antes de darle permiso para marcharse

Gee confundido, Pippo sabía, que con dos mitades de chocolates, no habría sacrificio. Y entonces, contentó y silbando, corrió el chiquillo hasta don de su hermano.

Atravesando de nueva cuenta las miradas furiosas.
Pero no, nada importaba.

Le vio, a Mikey, algo decaído. Mirando al suelo y cerrando los ojos levemente, presionó sobre con sus puños cerrados los trozos de chocolate, cada mitad a cada bolsa.

Y entonces la vio, ahí, como siempre... sonriendo al verle. Y se detuvo de pronto. Y ella dijo algo a su hermano, y entonces el castaño levantó la mirada, y sus ojos se encontraron con los similarmente difiéreles.

Y les vio tomados de la mano...

Y Gee se pensó: En lo egoísta que había sido todo el camino, mientras saboreaba el dulce obtenido. Ella que cuidaba de su hermano y él que le había olvidado en tan sólo un día.


.*.


Él, diferente, de antemano entendido, una tortura doce horas más grande que la de los demás.

¿Qué hacer si nunca se tiene paz?

Recordar...

De los último momentos de la noche.

I


Mathew, se empeñaban en decirles todos. Pero era una tontería...

Él era Matt.

Mientras todos obedecían órdenes él se paseaba por los pasillos, jugando a buscar pasadizos secretos. Sólo alguien a su mismo nivel. Anthony....

Anthony... en un incansable y profundo letargo de día. Ellos dos... creaciones perfectas.
Tenía libertades, y las aprovechaba, esta, una nueva aventura para un muchachito ansioso.
Su gran pecado, el juego se convirtió en tortura, y la alegría en una eternidad torturante.
Él más importante de ellos le consentía a él más que a nadie pensó:

"Qué todo algún día se acabaría."

Y un día llegó otro. Tan perfecto como tanto, jamás como él y Anthony... recordó, esa noche cambió rotundamente su estancia en los castillos nocturnos.

Intentó odiar a quien fingía ser tan especial. Miles de actos infantiles, en el momento de adaptación, de la nueva creación, y por cada mala acción una sonrisa tierna de su creador.

Entendió que eran más que bonitas adquisiciones, padre Nosferatu habló con cautela:

"Ahora todos hermanos.
Una bonita familia, un nuevo clan. Entendió" y dejó de mirar con envidia al muchacho de rizos que no abriría sus ojos, no hasta que su cuerpo eliminase toda huella de mortalidad.

Matt le vio llorar en inconciencia, llamar a una madre, a un hermano y un padre.

Matt en ese entonces dejó de sonreír, de vez en cuando se escapaba para cuidarle... y su insaciable espíritu valiente y rebelde fue domado, mas no eliminado. Sus sonrisas dejaron de ser altaneras, y sus palabras ya no herían… mucho. Aprendió de humildad, rara vez practicada, el bien y el mal. Él más importante de ellos le consentía, y él pensó:

Y su padre semi apócrifo le dijo:
"El que yace aquí llorando, loco de tristeza. Mírale bien, mi adorado Matt, él es quien te guiara hasta el fin. Respétale no por fuerza...

... si no por grandeza, mira que inconciente te ha cambiado. Mira que esta destinado a la eternidad. Como tú."


.*.


En el cruce la despedida. El viento ligero movía sus cabellos y ella en un viene y va, su muñeca despedía a los dos hermanos buenos.

Y ellos continuaron con su camino, y llegaron a casa, y Gee estuvo un rato corto con la abuela, que se dedicaba a los quehaceres de la casa, platicó nada y regresó a su trabajo, el jefe Pippo le sonrió al volver, y sus deberes continuaron.

Seis de la tarde, la campana de la iglesia mal construida anuncio del fin de la jornada laboral, sólo a él, para los católicos la hora de la última misa. Gee tenía ansias de pasearse y dar gracias, por las cosas buenas que le pasaban, y no fue la balanza, entre lo bueno y lo malo, lo que le hizo desistir, tenía sólo dos horas para regresar a casa y acomodar sus paquetitos rosados.

Los fines de semana siempre había más movimiento que el resto de los días.

Y entonces, con la seguridad de asistir sin falta, con su abuela, el siguiente domingo, decidió emprender su marcha acostumbrada.

¿Hay algo diferente?

Gee llegó a casa, la abuela le esperaba sentada en la mesa, Mikey juntó a ella, sostenía su lápiz con la mano izquierda, mientras que con la derecha, cambiaba de página a un libro, grueso y extremadamente cuidado. Tanto la abuela como el hermano sonrieron para recibirle, entre ellos un corazón lleno de culpa.

Sobre estimando las acciones, la abuela, con lagrimas invisibles, le insitó a comer. El pelinegro aceptando, era muy tarde y su segunda comida del día merecía respeto.

Ella y él, disimuladamente le miraban. Dio gracias, una seña cruz, norte, sur, este y oeste.

Era sopa... y después el modesto guisado más parecido a un entremés.
¿Era tan hermosa la vida?
Seguían sonriendo.


.*.


¿Mal tiempo?

Comenzaba a oscurecer. Matt tomó entre sus manos las prendas hermosas del la noche presente. Que poco gustaba mantener el orden entre tanta confusión, recordar era malo, a la buena memoria un maldición, para él y todos.

Perfecto, muñequito vestido de gala. Su reflejo bonito bien que ondeaba entre soberbia y cantando a la gloria sus cabellos revueltos, esos ojitos entre tierra y pasto. Ojos de naturaleza artificial. Y el rostro mojado, de sus brazos agua, fiel reflejo del agua diamantina. Eternidad bondad.

La superficie de su ser aflorando casi en lo perverso, escuchó los pasos silenciosos, dos sombras que corrían titubeantes. Los que durmieron juntos, seguramente. No pensó más, ya mucho y dolía. Sin acomodar los cabellos, y su camisola que se arrugaba, se aventó a la cama, aposento de gloria ligeramente nuevo. Esperó el silencio, a que los dos se marcharan un poco más... si que lo hicieron, se les escucho murmurar muy frágilmente. Era de noche y el alboroto comenzaba.

Un silencio de pronto, presa de la inconformidad, y bajó las escaleras, el aroma de la carne y la madera juntas. Un piano y unos dedos comenzando a tocar.


*Para Elisa...


El aroma sensible en el aire esparcido, el de rizos y el rubio circulo vicioso que creyó olvidado, el oyente, el artista y el piano.


.*.


El criterio: Lo malo es malo y lo bueno efímero. Simples palabras de costumbre y lejanía. Por demás esta decir, que el corte positivo no existe, como un naturalista encerrado en una época equivocada. Penetrante y persuasivo. Y ese, nunca fue, en verdad el verdadero punto de vista.

Tosió su tarea era poca, sus ganas gastadas. Tosió, tosió, tosió... un estornudo. Nariz constipada y ojos dilatados, delineados en natural y fogoso rojo, sus labios temblaban, tenía frío y sueño, pero temía.

La velita comenzaba a tiritar por las corrientes que se colaban entre la madera y el cristal opaco de la ventana siempre cerrada. Inevitable, sintió que sus fuerzas flaqueaban.

– Dios... – El cosquilleo de la garganta a su nariz, en sus oídos el zumbido, y comenzaba a empeorar noche con noche, se viró hacia el crucifijo colgado en una esquina, sentadito, en la vieja silla, le veía perfectamente. Mikey arrugó su rostro ante el constante mareo. Tenía nauseas, la medicina comenzaba a no ser suficiente, la cantidad... la solución, nada bastaba ya.

Estaba enfermando, más.
Las pocas horas de sueño, algunos días nulos.

¿No tienes miedo?

Sintió, que era un sentimiento casi obsesivo, quizás sólo era cansancio y miedo infantil... quizás no, por si la razón fuese otra, el prefirió no subir a su habitación, esperaría ahí, sentadito hasta que Gee regresase.

El sentirse vigilado, destinado y sin memoria. Si entre sueños era aterrador, imaginó que en un plano más real, llegaría a ser torturante.

Por eso mejor no dormir, para no sentirle: Tan frió y blanco.

He aquí el momento, una vez aceptado, lo demás es sólo suerte...

.*.


Frank bajó las escaleras de una forma así tierna, atado al pasamanos mientras su dedo índice se entumecía entre sus labios. Era la melodía perfecta entre los dedos imperfectamente lindos.

Se dejó guiar hasta el estudio que nunca ocupaban, Matt escondido, recargado en la puerta mientras cerraba los ojos y fingía no sentirle.

– ¿Porqué no entras?– Cuestionó desinteresadamente.

– No te importa.


.*.


Gee recibió el dinero, su primer cliente, sonrió con sinceridad, era bien recibido el dinero y más si las personas, a pesar de su urgencia, eran tan amables. Aun faltaban más de tres horas, para que Frank apareciese, como siempre, suspiró halcón cansado y regresó a sus deberes.

En un continuo, sirve y entrega, ayudaba a las chicas que apuradas llegaban por una botella más.

Y el tiempo paso, y las manecillas del reloj avanzaban, casi que llegaba la hora, Frank no aparecía por ningún lado. Una ligera incomodidad en su pecho, alguien le veía intensamente, virándose hacia ambos lados descubría que nadie en ese lugar le prestaba más de la atención debida.

– ¡¡¡Gee, date prisa!!! – Exclamó una de las chicas, había dado tres veces su orden al chico y este ni siquiera le miraba.

– ¿Qué querías?– Cuestionó bastante apenado, ella exasperada decidió no decir nada, le miró de forma enojada y rodeó cantina para llegar ella hasta las cajas de brandi. Tomó dos bazos y les colocó en una charola de metal que con dificultad brillaba.

– Estate más atento, si el jefe ve que andas en las nubes te va a regañar. – Comenzaba a alejarse, y se viró con un sonrisa, molestia oculta – Tu amigo seguro se retrazo por algo, no le esperes de modo tan obvio y con tanta insistencia.

– Yo...

– Si les persigues, les asustas – Dijo y Gee sen sonrojó de sobremanera. No era verdad, él no insistía tanto en su presencia. Todo era por que Frank quería estar ahí.

¿Por él?
¿Por aburrimiento?
¿Por qué sólo de noche?

De pronto algo extraño y siniestro, levantó la mirada para un tipo elegante, y sugestivo, mucho más atrayente que Frank y sus amigos, y no por eso, le agradaba.

Fue como si una espesa niebla le invadiese, comenzó a dejar de respirar con facilidad. Nadie más lo notaba.

El sujetó le obligó a salir. Con la mirada penetrante y furiosa y... nadie lo notaba...

Y se dejó guiar hasta la salida, y le miró sin temor, rebeldía pura en su rostro.

– ¿En donde esta Anthony?– Cuestionó con tono polar, sin gestó de emoción.

– No conozco a ningún Anthony...– Sentenció, del agarre del sujeto un silencio obligatorio – No tiene ningún derecho.

El hombre posó una mano sobre la cabeza de Gee. Y Gerard tembló. Y sus ojos se cerraron. Soñó con su hermano en una noche de insomnio.

.*.


Las pisadas entre los charcos de agua y el suelo rocoso llamaban demasiado la atención, cuatro sombras a velocidad-pensamiento. Excitadas, con las orbes distintas, brillosos en todos ellos.

Transformadas, de castañas a canela intenso, las orbes del líder. Con movimientos leves, intentaba guiarles hasta la entrada de la mansión suntuosa que amenazaba con ser devastada. El viento a su favor y los aromas humanos fueron simulados perfectamente.

Una emboscada.

Raymond fue el primero por la puerta principal, Frank y Matt, entre ventanales de la segunda planta. Robert afuera, por si alguien semi astuto, pretendía escapar.

Los presentes en el hogar nocturno se viraron hacía los tres intrusos, sus dientes blancos mostraban la furia. Con ligereza entierrados en sus labios. Eran profundamente sugestivos, sensuales... demasiados afilados.

Y correspondieron al gesto tres de las cuatro sombras.
Y la matanza comenzó.

Con movimientos aligerados, no era necesario tocar a nadie para partir sus cuellos e incinerar sus cabezas, era extraño, nunca fue tan fácil.

Gritos y sangre, violencia tratando de ser ejercida. Pero las cuatro sombras eran demasiado sublimes como para ser tocados.

Demasiado fácil. Este sólo era un anuncio, el anzuelo perfecto para seducir jefe de ese Clan. Que llorara de enojo y retornara a su hogar en llamas.

Fin, cuarenta minutos de insistencia y nadie llegó, y fueron crueles, para que el aroma de la sangre viajara por las calles hasta llegar a papá.

Mal recuerdo, Ray prefirió esperar afuera, el olor a carne chamuscada era extremadamente asqueroso, sangre y gritos ahogados.

Adentro, en llamas los cuerpos que apilados esperaban la destrucción, las cabezas sin voz abrían sus labios y de sus ojos lagrimas muchas.


Esto es cosa de no mirar a los prójimos,
Pensar: Que ellos no tienen sueños
Esto es cosa de no mirar a los prójimos,
Y no notar, que tan similares se ven.

Sólo cuestión de días. Una pelea para avergonzar a un inmortal.

Robert sentadito junto a Ray, los dos a las afueras de la mansión, Matt y Frank, que salían con el rostro normalizado, les sonrieron, tranquilidad ante todo.

– ¿Cuanto tardara en llegar, a vengarse?– Cuestionó Matt, con tranquilidad, a Ray.

– Trece horas.

– ¿Estás seguro?– Esta vez su voz sonaba un tanto alegre. – Es demasiado tiempo.

– Cuatro horas para que la sangre llegue hasta él, cinco más para encontrarnos, Tres de viaje hasta aquí, una para planear su venganza.– Ante las palabras dichas, tres de sus sombras les miraron impactadas, eso era más de lo que querían saber.–

– ¿Cómo le haces para estar tan seguro?– Bob le miró insistente, Ray le sonrió de forma tétrica y mantuvo la calma. De pronto se sentía cansado.

– Es lo que siempre a ocurrido Bob. – Sentenció el de rizos mientras comenzaba a ponerse de pie. Y su mente comenzaba a nublarse.

Tiempo en segundos, barrunto… porque el viento comenzaba a cambiar de dirección. Matt comenzó a sentir cansancio, mucho que sentía, y las piernas de Bob ardieron... y Frank les miró temeroso mientas ellos bajaban la mirada.

– ¡Maldición, maldición, maldición...!– Chilló Ray mientras se llenaba de furia y decepción. – Perdón... perdón... yo... debí de haberlo notado.

– Son tres...– Sentenció con furia – él sólo habló de uno...

– ¡¡¡ Ahí esta!!!– Robert y sus piernas no se reponían intentó ponerse de pie, Matt y Ray se mantenían inertes... las reacciones de cuerpo era nulas. Y temieron tanto... uno igual a su padre apócrifo. Un poder casi inalcanzable para ellos. – Sacrificó a todos para... no, no puede ser...

Estaba en la sima de la mansión en llamas. Y su voz viajo por el viento... sus labios no se abrían pero los pensamientos dirigidos a Nosferatu... corazón de piedra.

“Él niño de ojos verdes te delato... era tan hermoso... pero... lloraba mucho.”

Dejó de escuchar todo. Y en su mente sólo Gee.

Se viró hacia sus amigos... No entendían nada porque las palabras no eran para ellos.

– Gerard... – Ellos sintieron el temblor en su cuerpo, ese niño…


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*For Elise: Beethoven




๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
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Doki Amare Peccavi

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17. Cáp. 17: Segundo Adiós

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:26 pm

17. Cáp. 17: Segundo Adiós
*Estoy enamorado
Enamorado de ti


Gee dejó que las sabanas gastadas cayeran al suelo, y sintió un pequeño temblorcito en su cuerpo intacto, nadie le había visto nunca a la luz de las velas, Frank enmudeció y sintió que sus ojos se opacaban. Era tan feliz. Un feliz hechizo que disfraza las acciones queridas con movimientos un poco adelantados. La única regla ahí: distraerle y hacerle perder la cordura.



- Te quiero...- Sentenció el menor mientras se acercaba hacía el chico anonadado, paralizado... intranquilo.


*De tus palabras, tu rostro
Tu respiración, tu tacto.


- No Gee, para - Pero Gee no hacía caso, le rodeó con cautela, sus manos ligeras es aferraban al cuerpo de su único amigo. Tan calido y hermoso. Quiso dar tres pasos hacía atrás, y pestañar tres veces más para que la irrealidad de los sucesos indebidos, fuesen menos dolorosos.



- No me digas eso... no lo pidas, me duele tanto - Llevó su mano al pecho descubierto... infantil pecho que subía y bajaba de forma traviesa. Gee estaba agitado. - Si me pides que me aleje me duele tanto. ¿A ti no te duele... alejarte de mí?



- Gerard... estas actuando extraño. "Me confundes siempre"



- Yo te amo.



Ray y su corazonada imposible de evitar. Enojado, furioso... era de cobardes incluir a inocentes...



- Bob... acompáñame - Apenas si se puso de pie, y Bob aun en peor estado. En una condición tan vulnerable, Frank agradeció las palabras, entre dos, era suficiente. Les miró alejarse, con esfuerzo y titubeantes pasos. Robert y Raymond eran distintos a él y Matt.



Ahí, algo agotados sin motivo, y el ambiente pesado hacía más difícil la razón, Matt fue el primero en caer de rodillas al suelo, y sin piedad una bofetada en su rostro, la sombra del ser conocido se movía más veloz mente. Era, millones de parpadeos, más veloz que ellos dos. Y después Frank, aferrando sus manos a las prendas de quien había intentado golpearle.



- Eres despreciable...- Sentenció mientras sus ojos avellanas se posaban en los ojos desfondados.



- Somos tres en uno. Y ustedes cuatro... débiles a pesar de los tiempos. Anthony, Alfa y Beta te quieren destruir... control mental Anthony - Y tras decir eso, tomó al que en el suelo yacía, le abrazó y besó su frente. - Matt, tiempos peores, es bueno no descansar.



Y se quedaron solos, un real alboroto, todo para un huida tan precipitada. Y las llamas había dejado de ser calurosas, la mansión y los cuerpos cremados dejaron de existir esa noche.




.*.

Bob y Ray ayudándose mutuamente, era agotador entra frente a alguien tan poderoso. Sin dudar, aquel que con Matt y Frank se había quedado debería de ser el ser odiado por su padre.



Meditaron, un lugar para buscar al "amigo" de Frank. A su hogar, sin adentrarse, la brisa ligera se los dijo, ese niño no se había acercado en toda la noche a ese lugar. Por las calles, en los lugares cercanos, tal vez... en la pocilga en donde le conocieron, y sus pasos constantes, tres calles para llegar ahí, donde ese niño, y nada... no estaba. Frank estaría tan preocupado, furioso. Y siguieron sus instintos



Búsqueda larga y precisa, por todos los rincones explorables, y no estaba....

... y su aroma en el viento violento había muerto.



Y sin notarlo, sin presentimiento alguno.



- ¿No es él? - Robert fue el primero en verle. Con la mirada perdida y el rostro bajo. Estaba sonriendo al rocoso suelo - Raymond ¿Es...?



- Se le párese y aún... distinto - Le miró atentamente, de esencia sacrificio su cuerpo plagado, un aroma sombra entre sus prendas..., y esa sonrisa sádica en el rostro dulce, tétrica y decadente - Robert... crees que ellos...



- No - Se acercaron un poco más. Tenía algo entre sus manos, un rosario viejo. - ¡HEY TÚ, VOLTEA!


Ray casi que golpea a Bob por aquella reacción tan improvisada. Gee levantó al fin el rostro, y ellos con dudas, temblaron por que de forma violenta su cuerpo se deshizo de lo confuso, el niño había acabado con la sombra de confusión, su dulce esencia a él.



Gee les vio intranquilo. Arrugó su entrecejo por la duda, les sonrió algo asustado. Les recordaba, eran amigos de Frank. Ellos acercandose más, cada vez más. Titubeó, quedarse o echar a correr. Y cuando sus ideas fueron claras "Echar a correr" ellos ya estaban justo en frente de él.




- Bue...buenas noches - Ray le vio tan normal.



- ¿Por qué no estabas en tu trabajo...? - Cuestionó el rubio de forma brusca. - Frank mando a buscarte ¿Con quién te has topado está noche? ¿Alguien extraño?



Gerard negó con la cabeza. Reprimía la incomodidad de forma excelente. Pensó: "Que los amigos de Frank no tenían la culpa de causarle temor..." tendría que ser educado.



- Yo... ¿Frank fue a buscarme? - Gee no recordaba el por que de su estancia junto a la escuela, tendría que estar recordando. - ¿Es urgente?



- Ven con nosotros. - Sentenció Ray y le tomó del brazo para arrástrale. Caminaron.



Todo es verdad. Cerrando los ojos, dejándose guiar, con la razón después de la locura, incomprensible, una luz, luz de luna, luz clarita, blanca y silenciosa.




.*.

Luna, luna, luna... lunera

Papá se asoma por la ventana.

Luna, luna, luna... "la'rala"

Papá enfrentará la oscuridad


Cómicamente solitario, y sus cabellos negros/rubios/castaños se pegaban juguetonamente al cristal sudado. Miraba, por la ventana, con recelo, ceño fruncido y labios torcidos. La capota negra y los asientos rojos, incómodos cuando el destino es tan deseado. Un viaje suave en la novedad que sería un clásico, rueditas negras y rines dorados. Algo curioso.



Una vaporera andante.



- Señor. ¿Esta seguro de querer viajar en tren? - Cuestionó uno de sus millones de sirvientes instantáneos, y él ni siquiera se digno a mirarle, hizo una señal para que el mozo se estacionara, ahí, donde todos los demás autos, no tan lindos como el de él, y algunas carrozas estaban.



Movimientos sublimes, indiscretos y curiosos. La oscuridad le besaba insistentemente. Y el mozo lloró al saberse abandonado. Fin del cuento para él.



Luna, luna, luna... Lunera

Vigila bien mis sueños ocultos

Luna, luna, luna... "la'rala"

Creo que voy a caer.

.*.


Solito... solito, difícilmente tranquilo, Matt giró su cuerpo insensible hacia el camino ascendente. Frank esperaba impacientemente la llegada de Ray y Bob.



Ahí, fuera del hogar del niño. Ellos tan inmortalmente confusos.



- ¿Y si le ocurrió algo? - Cuestionó Matt bruscamente. - ¿Te importa tanto? Te dije que nos traería problemas.



- Indiscreto - Espetó, con sus húmedos ojos avellana parecía ser más frágil. Matt recapacitó, que nada que conocía él de ese niño. ¿Y si le cuestionaba? ¿Qué tan malo sería tratar de conocerle más?



- Ahí viene tu costalito de problemas, Frank. - Sí, ahí, cerquita, con pasitos lentos, lentos, lentos, era de noche y un escalofrió precioso recorrió su cuerpo. Gee parecía confundido pero se dejaba guiar tan sumisamente por su compañero de rizos. - Ah, no le ha pasado nada, exageraste.



- ¡Idiota...! - Matt no entendió muy bien las palabras en el momento, cuando Frank se alejó salvajemente, de su lado, para acercarse al niño lo supo.



- ¡¡¡Frank!!! - Gritó Gee al notarle tan cerca. Parpadeos suspensos. Ahí, el la calle, enfrente de su casita paraíso. Sonrió al verle.



Frank soltó una bofetada que le tiró al suelo. En verdad dolía. Frank le recogió por el cuello de su camisa blanca. Creyó entender el motivo.



- ¡Eres un estupido, me has metido en problemas...!


"Él niño de ojos verdes te delató..."

- Lo siento, lo siento... - Chilló Gee con demasiada soltura. Era inesperado y comenzaba a titubear al hablar. - No volveré a hacerte esperar... no... Yo... no querí...a yo...



- Abriste tu bocota, lo arruinaste todo. Y ahora te conocen. - Gee cerró sus ojitos, Frank le tomaba tan fuertemente que, quiso, en ese momento, tener tanta fuerza como Frank, para evitar verse tan débil.



- ¡Frank, suéltale...! - Rogó Ray. Bob miraba expectante, como si lo que viese fuese solamente una cómica representación, Matt sonrió de lado, sabía que: Sólo había dos finales para eso.



Matarle para evitar problemas o convertirle en problema. Demasiado perceptible que se sintió.



- Eres detestable - Dijo en susurró Frank. - Yo... me voy a quedar contigo.




Matt entonces recordó, que Frank adoraba ser impredecible, viró su rostro, lo notó, que Bob dejaba al lado ese gesto indiferente.



- Pero... - Abrazó con fuerza el cuerpo del niño, una mano en su nuca y la otra rodeando su espalda. Una condena auto-impuesta. Por siempre, para siempre... hasta que la muerte los...



- ¡Pero qué cosas dices Frank! - Deshizo Ray el abrazo, y le encaró, al poderoso de los poderosos. Suplicó por un mortal ajeno a él, por que su esencia era similar a la de su madre. - Déjale en paz, le estas haciendo daño con las cosas que dices. Ni le entrometas ni le tortures. Es un niño todavía.



- No, me quedo con él, para que nadie le haba daño. Porque ya le metí en esto y Ray... es sólo un niño.



- Si tú te quedas, yo..., tengo que hacerlo también, y si yo lo hago Bob también, y Matt. - Sentenció Ray. El rubio bufó por lo bajo, no quería quedarse, no ahí, tenía un mal presentimiento y... un tanto de miedo.



Discutieron por bastante tiempo. Gee se mantenía un tantito alejado, y entre la noche y la oscuridad, una sonrisa distinta había escapado de él.


"SOY... I N V I S I B L E"

.*.


Habían sido demasiados días en vela. La noche aclamó a sus sueños y el descanso del solecito miedoso.


Sólo hoy, por que "quien proporcionaba las pesadillas" estaba un tanto más ocupado, pudo descansar. Y fue tan hermoso soñar con su madre.



Y después, los árboles y las aves les rodearon, todo fue tan extraño. Y las horas pasaron, y entonces él despertó. Porque el sueño se alejaba tan lentamente..., ojos entreabiertos, todo estaba tan oscuro, un caluroso cuerpo a su lado, seguramente su agotado hermanito. Intentó estirarse en su cama, golpeó algo suavecito, otra patadita para asegurarse. Suave y tibio.



- ¿Gee? - Llamó con temor. Y su hermano no respondía, una risita en la horilla de su habitación, intentó zarandearle... entre sus dedos ricitos suaves, ricitos ajenos. Mikey abandonó en su camita tibia corrió hacia la puerta de su recamara mientras trataba de llamar a su hermano. - ¡¡¡Gee..!!!



- Calla, vas a asustar a tu abuela. - Suplicó una voz detrás de él. Y el castaño tembló Matt le notó tan temeroso - No deberías temerme, soy amigo de Gee, él nos dejó quedarnos aquí.



El castaño con su vista nublada, caminó de regreso hacia el tocador juntó a su cama. Tomó sus lentes de armazón pesado y aumento aligerado. Un espiral de planes. Le vio, ahí ocupando el lugar de Gee, un chico de rizos. Y acurrucados de forma revuelta, el rubio y otro chico.



- Son amigos de Gee. - Aseguró para si mismo, Viró su vista hacia el despabilado Matt. - Yo soy Mikey. Mucho gusto.



- ah; yo soy... Matt, sabes, no era mi intención asustarte - Confesó de forma sincera, muy tierno el hermanito. Sonrió ante sus pensamientos tontos. - Lo que ocurre es que tu hermano salió temprano, dijo que te digiera que nos escondieras de la abuela, que él te explicaba al regresar. Mira, no quiero causarte problemas pero ellos están muy agotados, ¿Podemos quedarnos hasta que tu hermano regrese?



Meditó un segundo, no era devoto a ocultar cosas a la abuela pero... Gee pedía un favor, y sus amigos también, se sonrojó un poco por motivos inexplicables, miró al chico de ojos color, hibrido, entre verde y castaño.

.*.


Pippo cuestionó sobre las marcas en su rostro, Gee sonrió, no dio importancia, evitó la respuesta con otra incoherente pregunta. Mientras cortaban en rodajas similares las zanahorias recién hervidas, hablaron, de lo mucho que Gee apreciaba a su familia, de su anhelo por que su hermanito estudiase una profesión, pero más que todo, Gee habló sobre la esperanza que mantenía en, su velita encendida demasiados años atrás, que la salud de Mikey mejorara.



Ese eran su sueños.


Y eso fue lo que dijo, por segunda vez en la mañana.



El día siniestro, espeluznantemente nublado, nubes abrazando el cielo oscuro. Luchando para que el sol no fuese visto por nadie más. Gee, en algunos momentos, pensaba que eso era tan hermoso... pero la conciencia regresaba antes de aceptar su preferencia por los días así.



- No me gustan los días como este. - Dejó escapar, Pippo dejó sus labores y se dispuso a poner atención a su joven empleado. - Mikey no puede salir por que la abuela le hace cubrirse demasiado. Mikey odia los suéteres y las bufandas, dice que le asfixian.



- Yo también odio las bufandas - Confesó con el corazón en la mano - Pero los suéteres me agradan demasiado. Este que traigo. Me lo tejió mi Martha. "Antes de morir."



Gee interesado, despegó su mirada de la mesita, la tabla y las zanahorias, le sonrió comprensivamente.



.*.


Mikey miró el reloj, doce del día y la abuela no había salido de su habitación. Raro, realmente raro... ella no era de las personas que estaban más tiempo del necesario.



Entonces a pasito lento, mientras el amigo de Gee cobijaba a los durmientes, llegó hasta la habitación de ella, y abrió la puerta, una cama matrimonia con vestigios de lujo y comodidad. Quiso llamarle pero pensó: Que debía de estar realmente agotada, quiso hacer acciones buenas, sonrió, era su oportunidad para hacerles entender, que no era tan necesario mantenerle tan vigilado, estaba enfermo y no por eso podía permitir que la vida le fuese facilitada de un modo tan absurdo.



Corrió de vuelta a su recamara, tomó del translucido frasco, y la medicina cajetosa, ámbar y limón. Matt sentado en la sillita junto al balconcito, no quiso preguntar pero la duda le carcomía, una de las cobijas para el invierno estaba atorada en el cortinero, impedía que la luz en exceso traspasase hasta la recamara.



- Están muy cansados, y el sol es mal acompañante del sueño - Dijo él, no adivinando los pensamiento del castaño. Mikey le sonrió, tomó del dinero en la cajita de madera - ¿Vas a salir?



- Voy comprar algo para comer. Cuando la abuela despierte estará hambrienta, y Gee también. - El castaño comenzó a abrigarse, un fin de verano con mucho viento. - y tus amigos también.



- ¿Irás muy lejos? - Cuestionó con una punzadita de envidia.



- mmm, no, a la placita - aseguró, temeroso de que Gee hubiese dejado más indicaciones - ¿Quieres venir conmigo?



Matt entonces, le miró con ausencia... quiso asentir. Y recordó que el era como un diamante tornasol ante la luz. Entonces suspiró con pesar y negó con la cabeza.



- No, si ellos despiertan nos iremos, te agradezco mucho que les dejes dormir en tu cama. - Se acercó hacia el niño, posó su mano en la cabeza castaña. Sonrió, el hermanito y Gee eran adorables, pensó, que hubiese sido maravilloso haberles conocido en otra época. Después de la conversación personal de madrugada, con el mayor de los hermanos podía asegurar el por que de la insistencia de Frank, en protegerle.


.*.


Cubierto en prendas ligeras, asientos forrados en lujo, ojitos de padre cerrados... costumbre y no necesidad... buscó por muchas horas al niñito sol, para llevarle el mensaje: "Cuídate que los sueños cada vez son más claros. Recibe estas palabras en el dialecto del viento..."



Una flor nocturna

Que se riega con sangre

Que absorbe entre amores...

Que se marchita con la luz solar

Una flor teñida de amor

Con un olor maravilloso y triste

Una despedida que acongoja

Una presencia que aturde

No.

Nos alejamos juntos... todos menos uno

Eyaculando lágrimas de lejos, un hijo más.

Derramando las sonrisas tristes, él se ha quedado sólo.

Te detengo de la mano, inhibiendo los pasos hacia el niño - luna

Pudo sentir su carne...

Que se desliza tan lento.

Y el corazón, que se marchita...

Y esa rosa, que se destiñe...

Una receta mágica, que le haga estremecer.

Que me permita imaginar lo que es un cuerpo

Afrodisíacos que les permitan llegar al orgasmo

Nos alejamos juntos... todos menos uno

Eyaculando lágrimas de lejos, un hijo más.

Derramando las sonrisas tristes, él se ha quedado solo.

Te detengo de la mano, inhibiendo los pasos hacia el niño-luna

Y cuando se marchite,

Cuando el sueño termine...

... tal vez será tiempo de...


Papá, estando cansado, pedacitos de cordura... mensajes, señales, y ruegos, que sus hijos sean valientes, la primera prueba de la vida en sus manos. No para ellos. Una historia de blasfemias y sacrificios, como la de todos los de sangre sacra. Atención, muchos mensajes ocultos, y papá se dijo...


... es este el primer secreto de la decencia. La grotesca profecía.


.*.


Al finalizar la semana sus manitas resentidas se notaban débiles, la sal de la carne marina y los cuchillos afilados dejaban pequeñas llaguitas, hilitos profundos que llegaban a incomodar.



- Gerard, mañana llega temprano. - Sentenció Pippo, no es que el pelinegro hubiese, en alguna ocasión llegado tarde pero..., tantos años que aquellas palabras era una forma de despedida. Gee asintió con cautela, un dolorcito en el pecho le hizo sentarse de nuevo. Guardó su paquete de dinero, monedas raspadas y billetes doblados, en la bolsita de su gastado saquito. Se sentía algo contento. Frank estaría en su casa, su amigo Matt, se lo había asegurado. Entonces, olvidando la incomodidad en el cuerpo, se puso de pie, despidiéndose del jefe matutino, también del fiel cargador Irick. Sólo por este extraño día, él se despidió amablemente...



Caminó, de regresó a casa, un buen momento, y bolsillo llenó, se había prometido ser un poco más ahorrativo, pero aun era tan infantil, un pensamiento en su mente, se imaginó feliz, teniendo una bonita comida, con su abuela, Mikey y Frank... también el chico simpático Matt. Y el rubio, y el extraño chico de rizos.



Entre sus manos panes frescos, la cuarta parte de su pago gastado en alimentos.



Cargó con reparo, los huevos castaños con pecas blancas. Nunca les había visto, le parecieron curiosos, demasiado llamativos. Les compró sin reparo, eso y pan, y leche, y algo de fruta en modositas cantidades


A sus cuentas mentales, las otras terceras partes serían para los gastos en las necesidades de la casita. El sueldo en su diurno trabajo, el primero: En las medicinas de su hermano. Lo segundo, en el ahorro para el año siguiente, por si los tiempos empeoraban. Un seguro de tranquilidad.


.*.


La abuela sentada en la salita, su mirada perdida y sus manos ligeras, hacia tanto que no lo hacía, una linda bufanda aguamarina. Las agujas haciendo cadenas, costura tras costura, Mikey pensó, que generalmente no se le notaba tan tranquila. Matt, sentadito junto al castaño, no decía nada, miraba a la mujer sumergida en neblina, Matt pensó: Que su poder era grandioso.



Posesión de la cordura de la anciana, para evitar preguntas, para posibles situaciones. Que ella viviera por algunas horas en un mundo invisible. Rosado y feliz.


He aquí los poderes de seres inmortales, esos que en fantasías y mitos se han de temer.


De la comida hecha mucha, todos rechazaron, dos presentes y dos durmiendo. Mikey sentía como si una esfera de succión suprimiera su cabeza y le evitara pensar con razón y cordura, casi como si el suelo disparejamente bailase, estaba mareado, imaginó que sería algo nulo. Sus mejillas ardían


- ¿Puedo preguntarte cosas? - Cuestionó aun incomodo el castaño, con respeto y oculto temor. - De Gee y de ustedes.



- Pregunta lo que quieras. - Se ensombreció su rostro, ojos híbridos ligeramente cerrados. Pensó que ese niño era esencialmente diferente a Gee. Un alma de distinto tono. Inocente. -



- ¿Trabajan con Gee? - Dejó escapar su duda rota.



- Ah, no - De eso y más había hablado con el pelinegro, en el alba sumergida. - Gee trabaja... como cargador. Le conocemos nosotros por que... mi padre le contrata de vez en cuando.



- ¿Entonces son todos tus hermanos? - Titubeó a la pregunta, para nada que se parecía él a los demás. Sonrió, si ellos saliesen que les emparentaron de aquella manera.



- Son mis primos. No nos parecemos en nada. ¿Qué te hace pensar eso? - Mikey sonrió ahora más tranquilito. Matt era ingenuo.



- Gee y yo no nos parecemos. Y somos hermanos. - Recalcó estas palabras con un tonito alardeante - Tú les cuidas mucho. Creo que es por eso que lo pensé.


.*.


Sintió el inigualable aroma entrar por sus nariz, arrugando su rostro... era especial, casi orgásmica la sensación... de tenerle cerca, entre sus sabanas la esencia de Gee... y sonrió con más ganas... y mordió su labio inferior... era necesidad contra cordura.



- Mira Ray ya está despertando. - Dejó escapar Bob mientras trataba de zafarse de Frank. - ¿No podemos despertarle completamente? Comienza a dolerme su agarre, Además, no me gusta para nada este sitió, tiene mal olor y... es muy feo.



Ray le miró con enojo, Bob podía actuar de una forma tan caprichosa y altiva en ocasiones...



- ¿Mal olor? Robert, deja de quejarte. - Lo sabía, que Bob como último de ellos había sido complacido en todo, nunca un no, Robert, el rubio niñito de alcurnia. Sin una pizca de sentimiento hacia lo gastado y viejo, era bueno, pero demasiado torpe para entender algunas otras cosas.



Escuchó apenas la ultima queja, Frank abrió sus ojitos avellana, soltó un gruñido al notarse abrazado al rubio con gesto refunfuñante



- Ah... Raymond ¿Qué demonios hiciste? - Ray miraba con curiosidad todas las cosas que había desordenado por curiosidad. Libros regados y casi contestados en parpadeos.



- Los libros del niño están mal contestados, tiene lecciones incompletas y una caligrafía horrorosa - Sentencio mientras llevaba el lápiz a sus labios - Sólo le ayudo.



- Está de entrometido - Acusó el rubio - Ah desordenados cartas y fotográficas, son viejas...



Aventó sin ganas a Bob, otro gruñido a la lista. Frank caminó hasta donde Ray, una fotografía con cuartiaduras y raspones, una mujer joven un niño en sus brazos... cabecita cubierta por cabellos claros y a su lado, apenas si se alcanzaba a captar la mitad del cuerpo de otro niño, sentadito en el suelo, llorando...



- ¡Qué vas a hacer! - No una cuestión, una reprimenda por parte del castaño de rizos. Frank no le tomó importancia, guardo en la bolsa interior de su gabán, la foto. Recuerdos de niños. - Eso es de él.


- Es ahora mío.

.*.


Gee notó que la potencia máxima del sol había bajado hacía unos minutos, un atardecer nublado se vuelve más mítico si la lluvia no cae. Sacudió sus cabellos negros sin motivo. El viento peligroso golpeaba su nuca. Con una sonrisa indiscreta que vacilaba con ser más brillante. Gee caminó hasta llegar a su casa.



Felicidad.



Se adentró a su hogar lindo, trató de cubrir las marcas en el rostro, fue fácil, su cabello largo y liso ayudo al trabajo. Y avanzó con pasitos leves, todo demasiado silencioso. A primera vista, el recibidor vació, la salita vieja sola en el comedor con vista hacia la cocina, cinco cabecitas bajas.


No por los mismos motivos.



- He llegado - Se anunció desde la división de la sala y el comedor.



Todos levantaron la vista, la abuela comía sin distracciones, ni levantó la mirada ni correspondió al saludo.



- "Seguro está enojada" - Se dijo para después sonreír a los invitados, y a su hermanito que estaba un tanto sonrojo. - ¿Te sientes bien Mikey?



El hermanito asintió, no era verdad, sus mejillas bochornosas le delataban, Gee nunca gustaba de pasearse por la casa después de trabajar con Pippo, el olor de los ingredientes y las carnes se impregnaba en su ropa. Habló de algunas cosas triviales, ofreció lo comprado y corrió hasta su recamara.


Todo un verdadero desorden. Evitó pisar las cosas tirada en el suelo, ya habría tiempo para acomodar, entre sus manos la tela con los perritos dibujados, y las prendas del trabajo siguiente, todo en sus manos, corrió al baño, tomó su cubo de hierro, y bajó hasta la cocina, no había tiempo para calentar el agua. Todos les miraba y el fingía estar demasiado ocupado, no quería incomodar.



- Gee, necesito hablar contigo - Llamó Frank aun sentado. Los demás se encogieron en sus propios asientos. Frank con una reverencia extra, posó su mano sobre la cabeza de Mikey, agradeció la comida intacta... era extraño, dos veces el mismo acto.



- Yo - Frank no le permitió decir nada fuera de lugar. Haló de Gee hasta las escaleras - Yo... siento mucho lo de ayer.



- Necesito que me cuentes bien... ¿Qué paso ayer? - Arrugó la nariz de manera inconciente, y Gee le notó apenado. Evitó verle a los ojos. -



- ¿Puedo... bañarme primero? - Cuestionó incomodo. Frank entendió, asintió y esperó a Gee. Parado en el pasillo de la planta alta.



Pensó en ser rápido, de vuelta al baño, las prendas sucias al suelo. Piel blanca y la cubeta de agua a la tina.



Talló, fuerte... fuerte su piel y el agua corrió por su cabello adherido a su rostro. Bálago rozando su piel, de blanco al rosa, de rosa a rojizo... sus ojitos cerrados ante el jabón sin aroma. Adiós sales y especies adheridas, Gee con el aroma infartarte de regreso al su hogar.


Un encanto a pleno anochecer...
... Y los ruidos removieron las dudas


Desde afuera Frank podía percibir los ligeros gemidos de Gee ante el contacto con el agua fría, y ese tiritar tan sumiso. Y sintió que no era nada, no lo suficiente como para merecer conocer ser tan puro y lindo. El agua correr por su cuerpo... y el jabón atorarse en su ombligo...


... lo imaginó todo, todo lo "insano". Amor y reacciones hostiles. Y por primera vez no temió a nada.


- Gerard date prisa - Llamó recargando su nuca en la puerta de madera dañada. No podía soportarlo más... el pensar en Gee le hacia tanto daño.



- Sí, sí, espera por favor - Rogó apurándose más y Frank amargó más el gesto en su rostro. Gerard era tan malo. Torturaba y estrujaba su corazón y su alma. Quería verle.


Esto es un juego:
Parpadea un millón de veces sin contar.
Y cuando fijes tu mirada al frente
Tu destino lucirá de gala. Por ti.


- Perdón por hacerte esperar. - Disculpa aceptada. Frank fijó sus ojos en el cuerpo en frente de él, y esa camisola blanca y los pantalones oscuros que se ajustaban, todo a su cuerpo de niño... y el cabello escondido tras sus orejas, y las marcas amoratadas que desfiguraban el tono marfil de su piel. Gee se sonrojó ante vistosa inspección. Los únicos que le miraban de esa forma eran los tipos raros, esos de los que le habían dicho: "Debía cuidarse". He inconciente mente aceptó, que no le molestaría que esos ojos avellana le juzgaran eternamente.


- Yo te hice las marcas - Frank se acercó a su Gee. Suyo, suyo que era, suyo y de nadie más. Le tomó por el mentón, y sus ojitos verde inocencia brillaron con más ganas. Gee se sintió en una burbuja, Frank pasó su mano por la mejilla marcada. - Lo siento... lo siento...

Abrazó a ese niño tranquilo y el pelinegro se dejó hacer. Por que se sentía bien, porque el gesto provenía de Frank.


- Es tu cumpleaños... eres tan extraño...
- Señor ¿Esta llorando...?


- ¿Estas llorando...? - Gee trató de alejarse, y quería secar lágrimas y saber del motivo... Frank tan orgulloso y arrepentido, evitó la lejanía y se aferró más fuerte. -

- Eso no te importa. - Sentenció Frank... el aire de él a los cabellos oscuros - Dime Gee: ¿Pasó algo extraño ayer, alguien desconocido a quien vieras de pronto?

- No - Aseguró el oji-verde, mientras sentía los labios rosas de Frank... cerca de su cuello... extasiados, Frank por la belleza de Gee, Gee por el hechizo indirecto que Frank comenzaba a mandarle. - ¿Porqué?

Y el nosferatu no lo notaba, se sintió tan correspondido que no notó la esencia diferente que poseyó por un instante a Gee...

- Curiosidad. Quería saberlo porque...

- ¡Frank, Frank! - Llamó asustado el rubio desde la planta baja, el mencionado se alejó de Gee, y el frío caló los huesos de ambos. Y no dijeron más y corrieron hasta las escaleras, y bajaron de prisa.

- ¿Qué ocurre? - Cuestionó asustado.

- La abuela... - Respondió en un hilito de voz el hermanito

.*.



- ¿Y cómo te llamas? - Ray decidió romper el silencio.



- Yo soy Michael. - Respondió sonrojo, los tres presentes le ponían demasiada atención, más de la que le hubiese gustado tener.



- Yo... estuve viendo tus cuadernos. Eres bueno para la escuela... - Las manitas del hermanito se apretaban con insistencia sobre el mantel de la mesa.



- Eso es mentira, Michael es una porquería. - De los labios ancianos las palabras más crueles... y los ojitos de Mikey le miraron de forma temerosa. - Un inútil enfermo que no sabe cuidarse por si solo..., que sacrifica a Gerard y a mí sin importarle nada.



- Yo... - Ray, Matt y Bob erguidos de manera necia. Bob fue el primero en actuar, gritó a Frank y Mikey continuando su huida, tenía miedo. -



- ¿A dónde vas? ¿Te duelen las verdades? - Voz profunda, y movimientos demasiado ágiles para una mujer de su edad, casi a la velocidad de palabras. La buena abuela frente a Mikey...



... Y le tomó del cuello... y le abofeteó con rencor, odio, crudeza... y Gee le vio, todo desde las escaleras. Y corrió, tratando de proteger a su hermanito arrinconado en una esquina, hecho un ovillo, temía a las palabras más que a los golpes.



Entre la abuela y su hermano, el golpe esperado nunca llegó. Frank acorralando a la mujer que no era ella.



- ¿Qué le has echo? - Cuestionó al controlador de conciencias. Matt temeroso, tres pasos hacia atrás..., negó con la cabeza



- Yo no he sido. - Aseguró con lágrimas rojizas en los ojos al notar que los hermanitos lloraban abrazados y la abuela se retorcía entre los brazos de Frank... - Yo no he sido...




Esto es un juego que comienza:

Mira hacia el cielo y nótales

Veloz y veras ríen de ti.

Ten cuidado:

S O N... I N V I S I B L E S

Y vienen por ti.


- ¡Llévenle a la mansión! - Gritó Ray mientras miraba a Frank sostener a la mujer con cautela - Frank... ven con migo.



Matt asintió, temió jugar con las mentes de nuevo, mejor soportarles llorar y patalear, está noche dudo de sus capacidades. Bob titubeo un poco; estos problemas no eran de ellos, no había que entrometerse entre curiosidades de mortales. De mala gana tomó al castaño que lloraba, y Matt cargó con el niño ido.


Y salieron de la mansión... sombras tres y de las tres, dos hacia ellos.


Y Frank y Ray subieron azotaron a la mujer en el suelo... y olvidaron que era una anciana, y que sus descendientes eran esos niños.



- ¿Quién controla este cuerpo? - Cuestionó Ray mientras sus ojos mutaban y sus colmillos asemejaban lindas agujas de hielo.



- ¿Se han marchado el sol y la luna...? - Cuestionó con voz autoritaria la mujer abuela. - Entonces la vida se acaba...



He aquí los poderes de seres inmortales, esos que en fantasías y mitos se han de temer.




Una explosión por dentro, el cuerpo de una mujer descansando... y sonrió, una bendición para sus nietos. Era ella antes de llorar.



- Gerard va a odiarme - Afirmó Frank mientras sus manos temblaban y sus ojos evitaban ver a la mujer agonizante.



- Ese niño tiene mucho que agradecerte, si sale vivo de esto, deberá hacer un altar en tu nombre.



- Le he traído problemas. Le metí en esto. ¿Son ellos, no? - Ray asintió y no supo que decir. El menos culpable en todo esto era ese niño.



Las manecillas del reloj sonando

Ocho de la noche, dos minutos, tres segundos, cuatro, cinco.




๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Doki Amare Peccavi

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17. Cáp. 17: Segundo Adiós II

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:28 pm

17. Cáp. 17: Segundo Adiós II

Gallinitas vecinas anunciando un nuevo amanecer.






- ¿A donde vas? - Cuestionó entre las sombras - No has dormido nada...






- Tú tampoco. - Sentenció Gee con una sonrisa, Matt también sonrió, ese niño inocente pero inteligente, no mucho pero lo necesario para ser mortal - ¿Es que no tienes sueño?






- Es exactamente eso, yo nunca lo tengo - Matt confesó entre sonrisas y palabras a condigo - ¿Y tú, tampoco?






- No, yo... siempre, pero, me acostumbre a dormir poco, además... tengo que ir a trabajar. Tengo un jefe, se llama Pippo.






- Ese no es un nombre - Gerard comenzó a prestarle más atención mientras vestía con prendas gastadas y viejas.






- Ya lo sé, Frank me lo dijo. Pero Pippo dice que ese es su nombre, su esposa muerta le llamaba así, olvido su nombre por eso. Dice que Pippo es mejor - Ahora Gerard comenzaba a acomodar cobijar sus pies. Matt se sentó en el suelo, le miró atentamente.






- ¿Y en la noche qué haces? - El pelinegro abandonó su tarea completamente. Mordió su labio inferior. Se guardo su secreto, muy dentro de su corazón.






- Sirvo copas a los clientes de ellas.






- ¿Sólo eso? - Gee negó con la cabeza. - No te creo.






- Yo... soy malo. Me dedico a hacerle mal a la gente.






- ¿Frank sabe qué es lo que haces? ¿Y tú hermano? - Entonces Gee entendió, suspiró y comenzó a platicar con más confianza.






- Mikey no sabe, ¿Podrías mentir por mí? - Cuestionó intranquilo






- ¿En qué?






- Si Mikey pregunta... ¿Podrías decir que soy cargador?






- ¿Cargador? No tienes la pinta de serlo. - Matt era una mezcla de Mikey y Frank, pensó el pelinegro. - Aun así, no mi importaría mentir por ti.






- ¿Lo dices enserio?






- Sí, pero tengo una condición.






- ¿Cuál? - Comenzó a poner más empeño a sus pies que se enfriaban. -






- Cuéntame... ¿Cómo haces mal a la gente?






- Yo...


....




- ¿A dónde se ha ido? - Matt parecía poseído, lleno de coraje y cólera. Apenas un descuido, Bob sostenía al castaño metros más adelante, y él, que debía cuidar del niño, no lo hizo, un arrebató y la brisa del peligro. -






- ¿Y él? - Cuestionó Robert al verle con las manos bacías. -






- Yo... no lo sé. De pronto, desapareció -Los dos titubearon. -Voy a regresar con Frank, tú ve de prisa...




- No quiero irme sólo con él, no me agrada. -






Por que lloraba mucho, se quejaba, había dejado de patalear pero... era tan frágil que le causaba miedo. Matt le miró por ternura "Sólo por Frank" y Bob puso los ojos en blanco por milésimas vez.







.*.




- El niño es responsable, es una noche muy saturada. Su trabajo amerita el esfuerzo.






- ¿En dónde estás? - Frank de forma frágil le seguía el juego, Ray trataba de encontrarle... tan perceptible que era y en esos momentos no podía hacer nada.






- Estoy, en donde quiero estar... hoy concretamente con el niño que cuidas. ¿No me crees? ¿Porqué no averiguas que tan cierto todo? Te espero, el niño también te espera Anthony...






- Raymond, dice que le tienen, a Gee - Los ojitos avellana era un mar de cristal fundido. - Tenía miedo.






- ¿Y tú que crees? -






- Que sí...



.*.




Alcohol, hombres que se creían sementales y actuaban como monstruos. Un jefe interesado, una anciana amargada, una señorita que sonreía a todos por que nadie le sonreía a ella, y muchas más niñas que simulaban ser mujeres.






- ¿Qué te ocurrió en el rostro Gee? - Sobó la mejilla del chico, mientras este servia los tragos para los clientes de ella. - ¿Te peleaste?






- Me lo hice durmiendo. - La chica suspiró, Gee mentía, se encogió de hombros y tomó la charola. Gee solito miró hacia las mesas acomodadas, un hombre más que sombra, Gee entendía, que algo no estaba completamente bien, le parecía un sueño, una laguna mental, recordaba haber llegado a casa, bañarse con insistencia y llegar al negocio. Nada más eso.






Y sentía que algo faltaba.


Y sentía que a alguien había perdido.






Miró a las chicas, contonearse de un lado para otro, con vestidos ceñidos y escotes pronunciados, suspiró por sus vidas... y se cuestionó, ¿Cómo sería vender algo tan preciado? No se imaginaba en semejantes sacrificios, ni a personas que pagasen por él, no quiso pensar más, se aferró al borde de una sillita, y entonces el rechinar de la madera al lado suyo le hizo titubear.






- ¿Porqué demonios estas aquí? - Y sus ojos verde inocencia fueron opacados por la inconciencia... aún de pie, frente a frente con el nosferatu más codiciado. La sombra se contuvo en reír... sus labios en el mismo movimiento que los labios del niño pelinegro.




Control mental.




He aquí los poderes de seres inmortales, esos que en fantasías y mitos se han de temer.



**Donde no somos los mismos
No notaste mi cambio




- Yo... Frank, lo siento..., tenía tanto miedo por ti, y tus amigos me dejaron ahí en la calle... yo... no quise volver a casa y aquí hay demasiada gente, perdón... perdón...






- ¿Y Matt y Bob...? ¿Qué paso con ellos?






- No lo ... yo...






- Voy a buscarlos - Afirmó Ray..., no quería que el niño se quedase solo, y mucho menos llevarle con él - Frank, te quedas con él.






Vio al chico de rizos marcharse, y Frank permanecía inmóvil.






*Mi corazón, mi amor
Una palabra y se ha ido




- Pensé en muchas cosas - Comenzó a decir Gee mientras jalaba de la mano derecha de Frank, las chicas en el lugar le miraron dudosas, furiosas y confundidas. Gee comenzaba llevar a su amigo de ropajes suntuosos hacia las habitaciones. Gee un tanto mareado, las palabras brotaban solas de sus labios, y de sus labios a su corazón... todo era tan cierto que tubo miedo, de no haber notado cuan vulnerable se veía al lado de Frank. - Quiero decírtelo todo...






- ¿De qué estas hablando? - Preguntó una vez que a una habitación grotesca, con aroma a sexo y desventura - ¿Qué te ocurre?






- Yo... comprendí algo hoy, tuve tanto miedo, la abuela parecía tan extraña y tú me salvaste, eres tan bueno que... yo... creo que... fue inevitable. Me siento tan sucio por que no me has dado nunca motivos... yo... - Sus manos manipuladas despojaron de su cuerpo el gabancito, y las velas su única compañía... Frank le miró atónito y Gee seguía, con la mirada baja y las lágrimas a flote... - Yo soy tan malo... cosas malas hago...






*¿Cómo me puedo acercar a ti?

¿Cómo puedo yo, el tonto?

La belleza no puede ser vista, solo besada




Frank apretó sus puños fuerte... y las prendas de Gee cedían, la camisola blanca dijo adiós... sus pantalones y lo que seguía, pies desnudos... y no pudo soportar tanto, Frank se arrojó hacia la cama, tomo de ellas una manta vieja, y cubrió el cuerpo desnudo, pensó que todo era un sueño, ni una pizca de realidad, pensó: No podía ser nada tan perfecto.




* Tengo tanto amor que dar

Estoy enamorado

Enamorado de ti




Gee dejó que las sabanas gastadas cayeran al suelo, y sintió un pequeño temblorcito en su cuerpo intacto, nadie le había visto nunca a la luz de las velas, Frank enmudeció y sintió que sus ojos se opacaban. Era tan feliz. Un feliz hechizo que disfraza las acciones queridas con movimientos un poco adelantados. La única regla ahí: distraerle y hacerle perder la cordura.



- Yo te quiero... - Sentenció el menor mientras se acercaba hacía el chico anonadado, paralizado... intranquilo.


*De tus palabras, tu rostro
Tu respiración, tu tacto.




- No Gee, para - Pero Gee no hacía caso, le rodeó con cautela, sus manos ligeras se aferraban al cuerpo de su único amigo. Tan calido y hermoso. Quiso dar tres pasos hacia atrás, y pestañar tres veces más para que la irrealidad de los sucesos indebidos, fuesen menos dolorosos.






- No me digas eso... no lo pidas, me duele tanto - Llevó la mano ajena al propio pecho descubierto... infantil pecho que subía y bajaba de forma traviesa. Gee estaba agitado. - Si me pides que me aleje me duele tanto. ¿A ti no te duele... alejarte de mí?






- Gerard... estas actuando extraño. "Me confundes siempre"






- Yo te amo. - Gee abrazado más a Frank, estaba confundido, de su boca palabras nunca pensadas... pero sonaban tan bonito que evitó reprimirse comenzó a temer, pensó en los desviados que le miraban... ¿Estaba sucio Gee.? ¿Estaba ensuciando a Frank...?




*¿Y puedo recargar mi cabeza en ti?

¡¿Puedo elegir y puedo decir que yo te amo?!




- Gee yo... - Gee se abalanzó hacia Frank un beso, robo de sus labios lo dulce del sentimiento..., y no sintió pesar, en una nube caprichosa que le desinhiba con locura. Era Gerard quien regía el beso inexperto. Y Frank enseñaba... y se dejó vencer...




*Tu respiración me toma

Tengo tanto amor que dar




Las lágrimas de ambos mojando sus rostros. A eso sabia la felicidad, lágrimas saladas y gemidos de tolerancia... y Frank llevó a Gee hacia la cama, y Gee se sentía tan tranquilo... se dejó caer... abrazados, acurrucados... las prendas del Frank fueron descendiendo también.




*Tengo tanto amor que dar

Estoy enamorado

Enamorado de ti




Corazón, piel, caricias, besos, lágrimas, perdición, confusión, sentimientos... un una verdad disfrazada de engaño.






- ¿No te vas a arrepentir? - Cuestionó Frank mientras delineaba con su dedo índice el cuello de Gee... Gee reprimió un sollozo, su cuerpo no respondía del todo. Negó involuntariamente...






Aquí en la tierra había dos cuerpos, uno más agitado que otro, cuestiones de vida y pulsaciones... y el cuerpo tembloroso cedió a las caricias, correspondió besos y halagos, palabras lindas y sonrisas sinceras.




Aquí en la tierra había dos almas juntas, una más pura que la otra, cuestión de edades y sufrimientos, y el de el alma gastada brindó las caricias, le parecía tan hermoso el cuerpo debajo suyo, besó y confesó sus sentimientos con lágrimas, el beso oculto la noche del reencuentro... la necesidad de estar junto a él.




Una luna, tres estrellas, y la cama comenzó a agitarse... era besos lentos, en el pecho del más joven, y sus dedos se enredaron entre las sabanas, Frank era demasiado entusiasta, disfrutaba de los gemidos inocentes, el sonrojo involuntarios. Y los colmillos nacieron.






- No... Ahí no... - Se quejó con motivo, y sin intenciones del "alto" total... Frank regresó a los labios rojos, les mordió con ternura... Gee titubeaba. De él, imperceptibles hilos de sangre... Frank bebió ocultamente. - "Todo es oscuro, no sé lo que pido."






Y siguieron las caricias. La nariz de Frank resbaló por la piel sensible... besando... sabiendo succionar. Ese cuerpo era suyo, sólo suyo...






Frank: Piel lechosa, tan esplendido, cuerpo de ensueño, gestos letales, era impulsivo... y su espíritu moría a cada caricia. Estaba disfrutando, algo inconcebible... amor a otro hombre. Gee evitaba verle a la cara...




*Tus palabras, tu rostro

Tu respiración, tu tacto




No simple amistad, debió entenderlo, y meditar más veces... si el tiempo pudiese alargarse en momentos especiales... Si Frank lo sentía, y él lo aceptaba... no había más que decir.






Aferró sus manos temblorosas...




... Las chicas decían que era doloroso.






- No tiembles Gee... - Rogó, consuelo en caricias brindadas



*Yo... creeré
Y rezaré
Ver

.*.

Sentir
Escuchar
Ser e irse




Un auto. Estancado ahí, en el mismo lugar donde le habían puesto la noche anterior.






- ¿Porqué te ordenan? ¿Debes obediencia? - Cuestionaron juntó a su oído. Ignoró a quien resoplaba en su espalda, la sombra con fuerza






- Anda, sube - Ordenó el rubio a Mikey. El castaño asintió,






- Nunca había subido a uno.






- Ni me sorprende, ni me interesa... - Sentenció con el ceño fruncido. - Anda sube.






Mikey, bajó la vista, la primera vez que trataban de aquella forma, "este es el mundo fuera de tu hogar lindo." No rebusco entre razones, una orden dada, y él con buen rostro asentía, y le había seguido todo el camino, desde que Matt había desaparecido... y Gee también.






Pensó en su abuela, las palabras dichas a su rostro con rabia, tenía tanta razón.






- ¡¡¡Nos están siguiendo!!! - Gritó Bob cuando la potencia de violencia sacudió su cuerpo. Paró de golpe el auto, potencia no mucha, y Mikey le miró curioso... - ¡Cuando yo baje, quiero que corras y te escondas! ¿Entendiste?






En pleno momento de juventud...






- Sí. - Los ojitos azules a un tono más turquesa. - ¿Qué te está pasando...?






- ¡¡¡Ahora...!!! - Bob salió del auto. Ráfagas que rompieron sus prendas, y su cabello rubio revuelto. Mikey no quiso mirar hacia atrás y no quiso abandonarle, por que no comprendía mucho y todo era tan extraño.






- ¿EN DONDE está ÉL? -






- No te importa - Un golpe estridente, estrelló su cuerpo contra el auto. Mikey le escuchaba hablar solo. Sin alguien para reciprocar.






- Es que no vendrá a ayudarles, a los predilectos de su casta mugrosa






- De lo que me digas poco importa. Ser despreciable, insensible, no eres nada. No mereces siquiera cuestionar por su ubicación.






- Oh... que ternura, el rubito comenzó a comportarse de forma digna... ¿Porqué...? ¿Es por el niño sol que está escondido detrás del auto...? Huele a vida... ¿Es el hermanito del niño de Frank...?






- No te le acerques... - Amenazó al notar los primeros indicios de interés hacia el castaño escondido detrás de auto.






- Que ternura. Le proteges... ¿Y si le convierto qué...? Su buena sangre me llama... - El viento a favor del enemigo. Bob en la dirección contraria a Mikey. - Sí, quiero uno de estos en mi casta... nunca he probado de un niño sol.



.*.




- Me lo han arrebatado. - Una narración corta de lo ocurrido, Ray con sus cabellos revueltos lucia radiante. Muy furioso y aturdido.






- Está con Frank - Aseguró Ray con la respiración agitada. - ¿Y Bob? ¿Y el hermanito?




- Les dije que fuesen hacia la mansión.






- ¿Cómo fuiste capaz? Te lo dije, que fueses con ellos... - Ray le tomó por el cuello de su camisa. - ¿Porqué siempre haces estas cosas...?






- Ray por todos los cielos... No es momento para pelear ¿No? - Con orgullo retenido, Ray soltó a Matt.






*¿Puedo expresar?
¿Puedo hablar?




- Voy a regresar por Frank.

.*.




Adquiriendo la vida después de siglos, un poco de amor, un tanto de caricias, pizcas de besos y demasiado poder mental. ¿Y quién dice que ellos no pueden...? Sí son capaces de amar a los muertos y levantar a los moribundos...






De carne a carne y se excitación a excitación. ¡Hágase la luz y el goce.... es está la hora de despertar...!




He aquí los poderes de seres inmortales, esos que en fantasías y mitos se han de desear.






- Me duele Frank... - Hipó, sus uñas en la espalda perfecta, blanco terciopelo. - Frank...






En movimiento constante, el momento en el que los seres se unen. Soñando tantas veces con la felicidad verdadera: las velas, los cuerpos del príncipe y la princesa.... un cuento de ensueño... y las respiraciones se agitaron, retención del aire en los pulmones.






Y esto es lo más precioso del poder y la cercanía de los cuerpos, sin palabras para gimoteos.






- Te amo. - Palabras para tranquilizar...Regresó a los labios mordidos, hilitos de sangre que escurrían sin permiso. Frank le limpió completamente... esos labios mordidos y sus colmillos rozando la piel.




¡Buk!






- Ah... Frank "No entiendo nada..." - Todo adentró... roce de cuerpos y abrazo entre piernas, desnudos.






Piel con piel,


Amante y amado.


Humano mortal y nosferatu de Elite.




Entre los vaivenes, a Gee le pareció un poco obsceno mostrar su sonrojo... todo lo demás visto era incomparable con la pena de mostrar su rostro escondido entre sus brazos fastuoso. Sobre él, un ser, pomposamente dotado de hermosura y esplendor, ser majestuoso, piel mítica... labios rimbombantes.




Ese era Frank querido, el de sus fantasías ocultas. Recién descubierto ese amor que parecía de antaño. Fue su forma de corresponder a la furia de las carias y las envestidas.






Orgasmos, espasmos y lo que sigue. Y se mancharon los cuerpos y se vistieron de vida.






*Estás tan lejos de mí

Me mantengo firme




- Eres lo más precioso de este mundo, juró que no me voy a alejar nunca de ti... eres mío.




- Entre sus brazos el niño temblando... se dijo, como aquella noche muchas más a su vida, Frank no mintió. Por dios que no lo hizo. Muchas noches como esa, para su vida.






Tuvo tantas ganas de salir corriendo. Y Gee permaneció en sus brazos, y una neblina oscura entre sus ojos... de verde inocencia a verde tortura.






Setecientas voces susurrando a su odio, como alas comenzando a agitarse, ahí donde Frank acababa de besar.


*Tu corazón debería cubrirme




- ¿Nunca te vas a alejar de mi...? - Frank y sus ojos de par en par. Los labios rojos eran crueles. Negó con la cabeza sin poder animarse a si mismo... - Pero que cursi que eres Anthony... Tanto y tan bestia que le has forzado a hacer algo que no quería...






Ese no era su Gee. Para su Gee sólo Frank existía.



*Pero lo único que haces es observarme

.*.




- No... Suéltale, suéltale - Y dejarle ahí perecer entre los brazos del hombre de cabello negro. No... No era tan cruel. Mikey aferró sus manitas al brazo de "sombra alfa" ni una pizca de daño, Bob le retenía rogando y llorando, para que el hermanito se alejase... Presencias fuertes que le paralizaban, como la noche anterior. Era todo tan difícil.






- ¡¡¡ME ESTORBAS, LARGO, LARGO, VETE DE AQUI, NO ME CONOCES, NO NECESITO QUE ME AYUDES, NO ERES NADA..., LARGO!!! -






- Eres amigo de Gee... - Se quejó - Tú... suéltale, no te ha echo nada. Suéltale...




Más que discutiendo, se divertía, por que el Nosferatu estaba confundido, tan acostumbrado a andar en grupo y despreciar la presencia de los vivos. Su orgullo despidió a su libertad. Era un gran entretenimiento. Suspiró y arrojó al suelo al rubio. Quería ver hasta donde llegaría ese niño sol.



Estos problemas no eran de ellos, no había que entrometerse entre curiosidades de mortales.




- Niño, le voy a matar - El mensaje a orejitas del castaño, una muerte: no, no, no - Serías capaz de sacrificarte por él.






Mikey aceptó sin titubear, tan alejado de la vida, nunca entendió que tipo de sacrificios. Y el mensaje dado, por demasiados años, días y noches fue olvidado.






Y miró hacia atrás, a lo lejos, el paraíso familiar, escuchaba la risita triste de su madre, sentía él, que comenzaba a alejarse... separarse después de muchos años, y una frontera falsa miles de pasos más atrás, los Árboles mal formados que gritaban por su liberación bajo el cielo umbrío, donde antes no había deseado regresar. Y pasó a través de los años sin darse cuenta, era el destino o su nuevo consejero, no lo supo, no le importo... mientras alguien le contara algo, de noche, para no perder la costumbre y el sueño, todo estaba bien.




El sol, mira al sol...




"Que lo malo estaba por llegar."






Muchas casualidades y muchos ojos color vida.






"Alguien blanco y frío"




En las pesadillas encontrando los temores, lejanía y soledad, llanto en sangre y unos ojos tornasol que deseaban hipnotizarle. Temió descansar como siempre lo hacia, porque las pesadillas eran muchas y su débil espíritu no deseaba soportarlas más.



Las casualidades no existen.




... es este el segundo secreto de la decencia. Las palabras ignoradas.






Y entonces, la sombra desilusionada, era aquí cuando el egoísmo mortal se hacía presente, enfurecido. Y pensó: Que definitivamente ese niño tenía que ser suyo.






Por orden, bien, bien... primero eliminar al rubito, después, transformar al niño y por ultimo atrapar a Anthony...




Y quiso golpear en el vientre de quien recostado en el suelo se encontraba, inútil, ya alguien le protegía.


Y trató de apartar al niño con palabras, pero este, recostado sobre el rubio, ya se aferraba a él.


Amenazó, palabras de mal gusto y comentarios despectivos hacia el castaño tembloroso.


Pero este, miedoso y sentimental, se aferraba cada vez más al rubio inmovilizado....


Y entonces quien amenazaba se cansó, el primer golpe, el segundo y dio más.


Si de todas formas iba a transformarle, no habría problema en reír antes.


Golpes en la espalada, nuca y cayó inocente. Bob rió cadena rota.


Sus orbes turquesa brillando de noche, colmillos vengativos.


Su respiraron agitada, y se le veía tan sensual. Exquisito era.


El primer golpe, el segundo... y la sombra echa fuego.


Y más golpes que amargaban el almas, enojado fue.


Primera vez en siglos que solo solucionaba algo.


Y escuchó un ruego: Era sólo un sirviente.


- Él es sólo un niño. Le golpeaste. -





He aquí los poderes de seres inmortales, esos que en fantasías y mitos se han de temer.




Sediento, como en años no estuvo. Y miró al cuerpo, le creyó inconciente y su respiración agitada se debatía ente el aire que no quería entrar a su cuerpo. Le miró de forma cruel, casi con satisfacción, ahí mayugado en el suelo. Agonizante y lloroso.






- ¿Que te está pasando...? Fueron sólo golpes - Dijo y Mikey tuvo miedo de mirarle a los ojos, con esa apariencia de verdugo y la voz rasposa. Trató de hablar, decir que ya habían pasado dos turnos de medicamento... y hacia frío, y se había agitado demasiado. Asma, bronquitis, un poco de todo... al fin y al cabo los nombres no importan - ¿Me tienes miedo...?






No, no era miedo... era terror. A no mirar a los ojos a su hermano. La necesidad de ver a su abuela...




Perdido entre lo no existente, una caricia entre sus cabellos. Bob en su faceta más mortal.






- ¿Y le tienes miedo a la muerte...?






Durante años esperó esto...






... y entonces se dijo: No podía ser tan malo...






Negó con la cabeza Mikey.




Bob pasó su nariz respingona por el cuello blanco del castaño...


Sonrió...






- Entonces muere en paz... hermanito del niño. - Y acurrucó en su pecho al castaño. - Muere que no volverás a ser el mismo...




.*.

**Donde no somos los mismos

No notaste mi cambio




Fue brusco en palabra y movimiento, abandonó el cuerpo. De lo amado sólo quedo lo usado. El control mental a un lado. La sombra que no era sombra escabulló su presencia del cuerpo en la cama. Gerard se sintió más sucio. Había manchado a Frank, la libertad a su cuerpo y a sus labios. Se cubrió con las sabanas. Frank aferró sus manos al cabello negro. Todo era un sueño, demasiado bueno para ser verdad. Y Gee nunca había echo nada por libre albedrío.






Tuvo miedo. Tango miedo... Miedo al amor y al rechazo de Gee.




* Entonces me despido de tu gracia




- ¿Por... qué lo has echo...? No tenías ningún derecho - Se quejó, el llanto le hacia arrastrar las palabras. - ¿Qué hice...? ¿Quién eres...?






- Soy... Gee..., Soy Gee. - Trató de tomar acariciar las manos que estrujaban su cabello, Frank se anticipó al movimiento. No quería ser alejado antes que nada. No podría soportarlo..., soltó de golpe a Gee que cayó entre las sabanas que le cubrían. - Frank... yo...






De la protección que le brindaba hacia segundos no quedó nada. Ligeramente Frank se fue alejando de Gee. Del niño que tanto amaba. Dolía... mucho en su pecho.






En una esquina, con las piernas encogidas y el rostro hundido. Sintió que sus manos eran garras y su corazón sólo la huella de una bestia.




*¿Cómo me puedo acercar a ti?

¿Cómo puedo yo, el tonto?

La belleza no puede ser vista, solo besada




- Lo lamento todo... no quise, no debí... y ahora, ya no puedo estar con tigo... te dicho todo lo que siento... y tú... no sentiste nunca nada. Todo fue una farsa.




Frank estaba arrepentido. Gee se hundió más en la cama. Alumbrado por las velas de que se extinguían. Así... como las velas ardiendo. Liquido que quemaba. Su corazoncito derritiendo sus sentimientos. Frank estaba arrepentido.





***Amor de mi vida, me heriste,

Has roto mi corazón y ahora me dejas.




Gee escuchó los pasos por el pasillo, murmullo estridente y gritos. La puerta abierta de golpe... eran Matt y el otro amigo de Frank. Se encogió con vergüenza entre las sabanas. Ray le miró de forma cruda, la misma mirada para el que lloraba sin notar presencias.




***Amor de mi vida, ¿no puedes verlo?

No lo alejes de mí,

Porque no sabes lo que significa para mí.




- ¿Por que lo has echo Frank...? - Y no respondió a la cuestionó del chico de ojos híbridos. Matt se acercó a la cama, evitó mirar al niño. Recogió las prendas finas de Frank.




**Te bendigo por la confianza que me diste

Cuando no pude admitir que fui débil




Y entre dos le vistieron. Le cogieron en brazos, le acurrucaron y le abrazaron con pesar. Eran este tipo de cosas que, la que Frank siempre quiso evitar, no enamorarse, ni dañar a los mortales, no depender de nadie, ni arrepentirse de los actos, no comprendían del todo. Y los ojos nublados de Frank no ayudaban mucho. La luna y las estrellas no son románticas en estos momentos.






Esta es su forma de tratar los asuntos relacionado con los sentimientos. Demasiada tortura no sentir miedo por el fin. Ahora también se esconden de lo que no puede verse y se siente.




***Amor de mi vida, no me dejes,

Has robado mi amor y ahora me abandonas.




- Lo sentimos Gee. Frank no quería hacerte tanto daño. Nos lo dijo... que eras especial - Ray tampoco tubo valor. Le evitó y salieron sin ademán de despedida. Y los murmullos prosiguieron. Gee - Adiós...




Gee lloró, lágrimas tras lágrimas. No puede ser la vida tan triste. Y recordó lo que su mente tonta había olvidado.






- ¿Y Mikey... y la abuela, en donde están? - Interrogó. Matt se atrevió a mentir.






- Están bien Gee. - Ellos se fueron, ellos que con furia se enfrentaron, encendieron cuerpos y cortaron cabezas, clan terminado y alguien huyendo... no había tiempo. Un llamado. Y ni el fuego y los mortales testigos, ni siquiera el echo de ver la pocilga en llamas, les hicieron titubear.






"Un nuevo miembro había nacido..."






Fue su forma de perder, y la manera de resignarse, y el amor no está tan lejos, intentó ponerse de pie. Los ruidos, gritos... inquieto. Frank había dejado más que un corazón roto.






La sombra ultima esperó hasta que los tres se marcharon... todos huyendo por su propia seguridad. Todo menos "los justicieros" que gritaban el nombre del niño.






- Fornicaste en la cama de una puta sin cobrar. - Voz rasposa que causo nauseas y melancolía. - Ese que se marcha, es Anthony el despiadado. Te lo dije. Que a ellos sólo les importan ellos.






- No es verdad.






- Sí que lo es, se divierten a costas de todos, derruyeron mi casta y tu hogar. ¿No lo sabes...? Han matado a tu abuela... y se llevaron a tu hermano por que es más entretenido que tú. Estas usado y ya no gustas.






- Mientes...






- Tengo pruebas... ¿Quieres ir?






Los gritos a su nombre. No soporto más aquel aroma a muerte... Asintió por que quería marcharse de ahí., le ayudaron a ponerse de pie. También a él le vistieron.., mientras las caricias le quemaban la piel. Y la luna y las estrellas no le parecieron tan románticas.




.*.

**Las nubes blancas desaparecen rápidamente en el viento

Como el sueño donde nunca más podré encontrarte,

Ya es demasiado tarde...




- ¿No me odian?






- Y de lo que escuchaste, nada es cierto, Gee y yo te amamos. Por eso... está despedida es tan firme, aprenderás desde hoy a ser fuerte, ser valiente.






Árboles formados de forma incorrecta, ramas pidiendo a gritos liberación, cielo un poco más umbrío






- ¿Porqué? - Preguntó entre llanto agonizante, de rodillas junto a las mujeres... aforrándose al vestido blanco y el vestido plateado.






- No lo se mi niño, pero... quiero que seas fuerte. ¿Me entiendes...? - Aferró sus manos de forma tierna a los hombros de su hijo - Ponte de pie. Hay un alma dispuesta a vivir junto a ti. No puedes venir más con migo.






- No... No quiero... no quiero... y la abuela... ¿Porque ella se va?






- Mikey, dile a Gee que hizo un buen trabajo. Cuando le veas recuérdale quien es... que te ama.






**En un sueño vi al mundo y más allá

No más lenguas diciendo mentiras

El silencio ha cubierto todo en el interior




- No me digas eso... - Plegaria hacia su madre translucida, ella que era cruel y de la nada le decía que la distancia se hacia más grande

- Han decidido por ti, hasta nunca mi niño.

.*.





Caminó con su porte galante, no tanto, sí llamativo. Entre su gabardina, papelitos y bolsitas, nueva mercancía, imaginó la carita de su niño estrella, quien sonreía a cada paso dado, siempre de buen humor, lecciones de vida que se aprendían con ese tipo de personas.

Miró su Vacheron & Constantin en oro: Numeración árabe y agujas Luis XVI

Cuarto para las doce.

Sus pasos cautelosos y los gritos quejidos de gente al otro lado de la rocosa calle. Levantó la vista, el local en llamas, y en segundo piso, ese que se ocupaba para negociar, repleto en humo.

Corrió a socorrer a las chicas. Esas que lloraban, las pocas presentes, y los clientes huyendo del lugar, gritos desde adentro. El infierno terrenal, con fuego y sollozo. Los demonios habían escapado.

- ¿Qué ocurrió?

- Hombres...extraños, y los amigos de Gee..., pelearon y la gente en llamas y todo... y después todo comenzó a incendiarse... - Chillo la chica, la más risueña de todas... - El jefe, la vieja y Gee están adentro.

Ese niño, era tan joven y tan risueño. Él hombre que visitaba una vez por semana corrió hasta la puerta ardiente. Y se adentró, nadie evitó el acto, demasiados preocupados en huir y llorar por si mismos. Ella, la que siempre sonreía, se mantuvo de pie, esperando a Gee, verle salir. Y se dijo... que debía de haber sido más insistente. Las marcas en el rostro y los ojos aterrados era una muestra de todo, algo no andaba bien.

En el pasillo de las habitaciones. La mujer anciana luchaba por adentrarse entre los huecos de las maderas caídas.





Que se largue mi vida, que mis ojos sean apagados por la muerte, rece todas las noches por ti.
Y que mis pestañas se quemen y mis manos se magullen, pero tú no llores, por que fuiste quien me tendió la mano
Pequeño de grandes sueños, te agradezco tu ayuda nocturna. A mis gestos amargos, un deseo de abrazarte pro siempre.




El tipo gritando y llamándole. Todo eran apariencias que cubrían verdades. En verdad le quería, a ese niño ¿Cómo no quererle?
Y está era mi forma de hacerte saber que te amaba.
Eras mi hijo, el que sonreía siempre, y me miraba con respeto.
El que llegó llorando una noche a mi puerta por su hermano enfermo.





Era viejo y con una calva pronunciada, y ojos acabados, manos gruesas, rasposas... Y los cuerpos chamuscados en el lugar. Nada le importo. Con sus manos de viejo, se aferraba a la madera ardiendo. El niño estaba encerrado en la recamara, ahí donde su amigo le había dejado.

Fue la primera vez que se arrepintió de algo: Sí tan sólo no le hubiese obligado a tratar más con ese tipo de personas... el a pesar de los años también era ingenuo. Pensó, que ayudarían, un amigo de alcurnia, a un niñito pobre, soñó con que dejaría de verle ahí, y que de día estudiaría, y de noche a dormir.

Como los niños buenos.
El era bueno, debería de dormir de noche.

- ¿Qué está haciendo...? - Cuestionó el hombre de las visitas semanales. - ¡¡Salga ahora mismo..!!


Son estas mis acciones de agradecimiento a quien me sonrió sin miedo.
Siempre busque una forma de ayudarte a cambiar, debiste de ser independiente.
Tú, niño tan bueno que sonreías a diario, te ataste a está vida, a la chica sonriente, a la anciana y al viejo.





¿Y cómo pedir a alguien hacer lo que uno mismo no puede lograr?
Tres almas, caprichosas, en verdad que le querían al niñito que no respondía a sus ruegos.
¡¿Mejor parar...?!

No... No... lucharon, entre gritos y gemidos, llamaron a alguien que estaba demasiado lejos para escucharle... y el humo era demasiado y las fuerzas se agotaban, la primera en caer, mujer anciana... y después el viejo... al final el hombre de las visitas semanales. Madera quemando sus espaldas y nadie a su ayuda.

Almas que se quedaron intranquilas, nunca paz eterna. Gee no estaba atrapado.

... es este el tercer secreto de la decencia. Los sacrificios obsoletos.



.*.



Bob se aferró a los cojines rositas, Ray y su continuo "Bla, bla" giró su rostro ante los innumerables defectos del plan.

- Matt hace lo que le place, el loco desaparece, tú transformas al hermanito y Frank se enreda con el niño. ¿Que es lo único que falta?

- Que falles en tus predicciones. Oh!, perdón - Contestó Matt - Eso ya lo hiciste

- Lo único que les falta es que yo me entere de sus travesuras adicionales. - Los cuatro se viraron al marcó del la habitación.

- Brian... - Dejó escapar Frank...

He aquí, al padre nosferatu. Creador de una nueva Casta. Comprensivo, joven y poderoso.

- ¿No me esperaban? - Cuestionó con esa sonrisa inigualable. Entre los hijos, el padre siempre destacaba.



.*.




Los grillitos entre el césped canturreaban, para ellos una noche más. Gee en brazos de la última sombra que siempre fue sólo una. Sin llave se adentraron, era un cuerdita lo que ayudaba a que la puerta no se abriese con el viento. Secreto familiar.

Se adentró. No había nadie, rogó en ese momento por que Mikey estuviese ahí, esperándole a escondidas como tantas noches, fingiendo hacer tarea... como cuando era niño y él terminaba haciendo sus deberes, quizás mirar a abuela inclinada en su mesita de tres patas. Con su bata cómoda, el ceño fruncido y decepcionado... como fuese, lo que fuese... pensó, que su único deseo era verles ahí, a los dos, descansando. Intentó suspirar un poco. Aferrarse al silloncito que se hundía.


Imposible, el hombre le guió hasta la recamara de su abuela.

- Aquí está tu futuro - Sin cuidado, le arrojó hacia adentro, cerró la puerta, Gee apenas si tubo tiempo de quejarse un poco, había caído sentado..., levantó la vista, no se veía nada... estaba oscuro. Enfocó su vista en la ventana... telas alumbradas apenas si por la luna. Una telaraña de cabellos enredados fue notada, sangre... y reconoció el vestido... -

- ¡Déjame salir... por favor... déjame salir...!

- Es tu abuela, despídete de ella.

- No, no lo es, no puede ser ella.

- Frank lo hizo, y se llevó a tu hermanito. Soy tan bueno y piadoso, te voy a llevar con ellos.




.*.





La historia la sabía toda hasta ahora.

- Bob, ¿A quien prefieres, al niño o al hermanito? - Y lo que venía lo presentía Padre Nosferatu. Bob ni siquiera se viró para responderle. En el silloncito de alado descansaba el castaño. -

- A ninguno de los dos.

- ¿Y tú? - Cuestionó, Frank fingió no entender. - ¿Entonces no les importa lo que pase?

- A mí si me importa - Matt se puso de pie, Ray le siguió por instinto. - ¿En donde está el niño?

- Está conmigo... aferrado a mi cuerpo después de su abandono - La voz de la sombra resonó por todos lados.

- Marc webb - Reconoció al instante, Brian amenazó disimuladamente - ¿Te atreves a venir aquí, sabiendo que estoy yo...?

- No vengo por ti, ellos, se metieron con mi casta, soy el ultimo de mi Clan. Rogaron al cielo por mi presencia... estoy aquí, no soy un juego. Tengo al niño. Denme al hermanito y les regreso al niño luna. Déjame entrar.

- ¿Bienes por venganza...? - Cuestionó desinteresado el padre de todos. -

- Por supuesto.




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Cap. 17: Segundo Adiós III

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:29 pm

Cap. 17: Segundo Adiós III

- ¿En dónde está Anthony? - Cuestionó con tono polar, sin gestó de emoción.



- No conozco a ningún Anthony - Sentencio, del agarre del sujeto un silencio obligatorio - No tiene ningún derecho. A tratarme de esta forma.



- Tienes en tus labios la mentira. Reconozco el olor a falsedad muy bien. Le conoces. Tus labios reconocen los suyo..., y yo su aroma, lo tienes impregnado en todo tu cuerpo. ¿Por que le encubres? Es un despiadado que acabo que todo lo que tenía.



- En verdad no le conozco. - El hombre posó una mano sobre la cabeza de Gee. Y Gerard tembló. Y sus ojos se cerraron. Sonó con su hermano en una noche de insomnio.



- Desde está noche, y hasta que yo lo deseé, mi mente será tu mente. Y tus acciones serán regidas por mis necesidades..., hasta que confieses, hasta encontrar a Anthony...







.....
****Un niño, de está tierra se tira a dormir

Era un día de miedo

¿Cuántas veces cayó al suelo?

¿Cuántas veces rió de dolor?

¿Cuántas veces gritó a sí mismo?


Lo primero que vio al entrar, a su hermanito tendido en el sofá, con ropas húmedas, arrugadas y sucias, las rodillas se le notaban, el pantalón estaba roto.



- Mikey... - Trató de soltarse del agarre de Marc. - ¡Déjame... quiero ir con él!



- ¡NO PUEDES...! - Aferró más al niño. Brian pareció entender... ahora más claro. Un niño-sol, un niño-luna.



****Y desde hace tiempo ya que era mudo

El último dolor del alma herida


- Te llamas Gerard ¿No? - Cuestionó mientras se acercaba al niño. Sin tocarle. Sus cabellos negros se removieron velozmente, asintió a la pregunta - Entonces has de saber. Que tu abuela está muerta y tú hermanito no regresara con tigo por que ahora pertenece a mi sangre. Lo siento... estas solo... duerme que estorbas...



- Brian... - Llamó Frank... interrumpió la acción.



****Lágrimas del silencio, máscaras sobre el rostro

Las luces crean sombras y lo ponen a la luz

Y está parado aquí, el niño con lágrimas en el rostro

La noche dio luz a su más pequeño niño



- Abuela... - Gimió, Gee miró su reloj, eran las tres cuarenta y cinco..., se había quedado dormido mientras acababa sus deberes escolares. - ¿Mikey...?



No había nadie a su alrededor. Comenzaba a inquietarse.



****Un sueño del amor, de su deseo


Subió por las escaleras que lloraban a cada paso. A la puerta de la habitación de su casi madre. Tocó y nadie respondió al llamado.



Temeroso abrió la puerta. La abuela y Mikey acurrucados... sonrojos por que parecía que el amanecer sería caluroso. Un buen día para que los tres saliesen...


Sin bufandas ni suéteres.


.*.



- Brian... - Llamó Frank... interrumpió la acción Marc era poderoso y muy inteligente. Arrebató a un Gee inconciente.

- Dame al niño - Brian por primera vez en mucho tiempo se mostró furioso. Quería al niño de vuelta... Marc sonrió, ese niño era suyo. Mientras fuese conveniente.

- Sólo si me das al hermanito.

- El hermanito no es mío.

-Dámelo... - Exigió. Acto tonto. A Brian casi nadie tenía el derecho de exigirle algo.

- No, y te voy a decir algo... - Sonrió de forma mimosa. Era imponente y esos gestos daban miedo en él. - Te atacaron por que yo se los pedí... Por que soy a quien durmieron por tanto tiempo. Esto es pura venganza...

Brian hundió mano en el vientre sombroso de Marc. Y no falló, y no era una de sus tantas sombras, el verdadero, supuestamente poderoso y ágil. Juego de niños, pensó el padre Nosferatu. Gee cayó al suelo. Y nadie fue lo suficientemente audaz para detenerle en brazos.

Un chasquido de dedos. Marc ardía en llamas.

- Así es como todos los iguales a ti acaba.

.*.

****Un sueño de los ojos no de las manos



- Abuela... Mikey.... - Llamó Gee con entusiasmo. - Despierte

- Déjales niño tonto. - Reclamó alguien a su espalda con cariño. - Han dormido hasta tarde por esperarte. Deberías dormir tú también, en vez de hacer tanto alboroto.

- Frank... - Su mandíbula dolió. Por que quería llorar y gritar, no podía. - Pensé que tú...

- Te dije que estaría contigo siempre ¿No...?

- Sí pero...

- Gerard... Gerard... - Una mano se posó en su hombro. Talló sus ojos con sus manos, bostezó de forma infantil. Gestos casi olvidados. - Te has quedado dormido y la misa terminó hace quince minutos.

- ¿La misa...? - Enfocó sus ojos... a su alrededor paredes pedrosas y cristos por doquier... comenzó a recordar. - Sigo teniendo eso sueños....
.*.



Esta era la última vez que estarían en esa casona vieja.

- ¿Nadie quiere despedirse de él? - Cuestión concretamente para alguien, Frank negó con la cabeza, ya era mucho para una noche. - Bien... vamonos.

Ray y Matt se negaron, corrieron hasta la habitación de Gee. Estaba tan marcado... mordidas en su cuerpo, mejilla amoratada, labios cuarteados, cabello rebútelo y aun así seguían siendo hermoso.

Bob esperó afuera. Brian sostenía en brazos al hermanito. Desobligado su rubio... habría una seria conversación sobre eso.

- Ray... yo... hable con él... - El chico de rizos se sentó a los pies de la cama, Matt acurrucó los cabellos largos entre sus manos blancas. - Y de todos los finales... este es el más alejado a lo que quería...



...........



- Cuéntame... ¿Cómo haces mal a la gente?

- Yo... - Terminó de poner sus calcetines negros. Sin calzado corrió hasta donde su gabancito negro estaba. Extrajo varios sobrecitos de este. - Vendo esto.

- ¿En serio...? - Gee asintió - Hubiese pensado todo de ti, "incluso que te vendías", menos esto.

- ¿No...?

- No tienes la pinta. - Afirmó, Gee pareció meditar sus palabras, uno de sus dos jefes decía lo mismo. - ¿Y de donde la consigues?

- Hay un señor... que va una vez por semana, el me la vende. Es un amigo de mi jefe.

- ¿Amigo de Pippo? - Gee sonrió, no imaginaba a Pippo recomendándolo para aquellos trabajos. Sonrió

- No, Pippo no. El señor santos. El dueño de la tasca. El fue bueno con migo..., siempre e trabajado con él. Es bueno pero... creo que no le agrado demasiado. Aun así, le agradezco mucho.

- ¿Y sí no le agradas por qué sigues ahí? - Gee se encogió de hombros. - ¿Por que no te dedicas solamente a vender esas cosas? ¿Tienes clientes seguros, no?

Te ataste a está vida, a la chica sonriente, a la anciana y al viejo.


- En esto ningún cliente es seguro - Por primera vez Gee mostró un rostro serio. En tantos años, muchos clientes acabados... y él era malo... lo había provocado. - El señor que me la vende dice que de esto sale buena paga pero. Me gusta más trabajar con el señor Santos y Pippo.

- No te entiendo. ¿Qué es lo que deseas... para tu futuro? - Matt vio viajar, en la boca de Gee las palabras titubeantes...

- Deseo - Gee pareció meditarlo detenidamente - Que la abuela no tenga que trabajar, y que Mikey tenga un buen empleo, me gustaría que fuese un hombre preparado, de bien.



**** ¿Cuántas veces gritó a sí mismo?

Y desde hace tiempo ya que era mudo



- "Pero que tonto que eres, Me estas respondiendo deseos para otros. Yo no te pregunte eso" Mira, no me has entendido, tengo una duda y quiero que me aclares las cosas. ¿Qué deseas hacer cuando Mikey sea ese hombre de bien, y tu abuela... muera? Anda dime.

- No me gusta ese tema... - Se quejó Gerard, desanimado, eso que era cierto no había sido puesto a analizar

- Pero es cierto - Se quejó inconforme -. Creo que deberías aceptarlo. ¿O es acaso que pensabas que tu abuela sería eterna y tu hermano un ángel sin alas para volar lejos?

- Yo... - Matt se viró, no quería hablar mas del tema. Gee no estaba conforme. Quería responder - entonces yo... te diré el plan que acabo de hacer: Viviré con la abuela todos sus días, y si Mikey se aleja... escribiré una carta por semana. Para saber como esta. No voy a dejar de trabajar para el señor santos, ni para Pippo, voy a saludar todos los días a Irick, aunque gruña por todo. Matt, tengo tantas cosas por hacer... no puedo dejar sola a la señora del aseo en la tasca porque las mesas son muy pesadas para ella, y a ella. La que siempre me sonríe... tengo que hacerle compañía, también a la amiga de Mikey, Lo ves... he pensado en todo... "incluso, si se pudiese... me gustaría nunca apartarme de ustedes... ni de Frank..."

- ¿Y es esto lo que te hace feliz...? - El pelinegro sonrió, mientras terminaba de abotonar su camisa. -

- Sí, es ese mi sueño... y a ti Matt. ¿Qué es lo que deseas... para tu futuro?



...........



- ¿Y tú que le respondiste? - Ray preguntó mientras comenzaba a ponerse de pie. Matt también lo hacia.

- Eso Raymond. Es un secreto entre el niño y yo... - La voz se le quebró en ese momento... y no quiso demostrarlo, soltó los cabellos de Gee. Un beso al aire para despedirse... - Adiós Gerard. Te aseguro que tu hermanito estará bien con nosotros. Promesa de Nosferatu valiente de valientes.

- Y de Nosferatu líder de líderes. - Completó la frase Ray.

Frank con la puerta cerrada lo escuchó todo, derrumbado por la fortaleza que no podía tener. Por que después de todo no está preparada para estar junto a Gee.

"Y de Nosferatu poderoso de los poderosos"

Yaciendo en la camita que siempre había compartido. El amanecer estaba por llegar, Matt y Ray salieron de la habitación. Era extraño, que la esencia de Frank permaneciera tan presente. Los dos lo notaron... ninguno dijo nada.

Gee quedó ahí, acostadito, cubierto en mantas... ellos se encargaron, de que en su casita linda, las marcas de violencia y sangre fueran borradas. Una casita normal. Como si aquella noche no hubiese pasado...

Como si la abuela y el hermanito jamás hubiesen existido.
Fue tan triste aquello.
Sólo la casona había olvidado. El corazoncito del niño durmiendo no.
Ni la tasca, ni los cuerpos incinerados, ni los vecinos... ni la mesita de tres patas, ni Frank.
Sólo la casona... con el niño acurrucado.

.*.



- Sigo teniendo eso sueños....

*Mi corazón, mi amor

Una palabra y se ha ido



- ¿Qué dices...? - Cuestionó el cura inquieto, era extraño. Frecuentaba mucho las misas dominicales. Como cuando su abuela vivía. -

- Nada. - Cortó secamente cualquier frase que el cura hubiese querido decir. De pie, imponente, sugestivo.

Salió del lugar. De la iglesia mal construida.



***Amor de mi vida, me heriste,

Has roto mi corazón y ahora me dejas.

Amor de mi vida, ¿no puedes verlo?

Tráelo de vuelta, tráelo de vuelta,



Le vio alejarse, el cura negó con la cabeza.

Gerard Arthur Way Lee.
Había cambiado sus prendas remendadas y sucias por ropas finas.
Rumbos malos por peores. Y aun así tenía la decencia de presentarse a misa.


**Las nubes blancas desaparecen rápidamente en el viento

Como el sueño donde nunca más podré encontrarte

Ya es demasiado tarde...



Gerard, el niño sonriente que se convirtió en un joven apuesto.
Despidió sus mechones largos, ahora el cabello apenas si cubría las mordidas en su cuello.
Y sus ojos en verde inocente habían cambiado. Opacos y cansados.
Las sonrisas más exclusivas, vendidas en ese mundo en el que era tan codiciado.
Voz envejecida. Gemidos existentes...



*** Cuando sea mayor estaré allí, a tu lado.

Para recordarte cómo todavía te amo.

Todavía te amo.

****Con lágrimas en el rostro

Lágrimas del anhelo

Lágrimas del anhelo




Gerard Arthur Way Lee.
La sobra de una noche con sangre, estaba usado.
Estaba vació. Muy solo.

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Cap. 17: Segundo Adiós III

Doki_Doki01 el Dom Ago 29, 2010 10:54 pm


Cap. 17: Segundo Adiós III

- ¿En dónde está Anthony? - Cuestionó con tono polar, sin gestó de emoción.



- No conozco a ningún Anthony - Sentencio, del agarre del sujeto un silencio obligatorio - No tiene ningún derecho. A tratarme de esta forma.



- Tienes en tus labios la mentira. Reconozco el olor a falsedad muy bien. Le conoces. Tus labios reconocen los suyo..., y yo su aroma, lo tienes impregnado en todo tu cuerpo. ¿Por que le encubres? Es un despiadado que acabo que todo lo que tenía.



- En verdad no le conozco. - El hombre posó una mano sobre la cabeza de Gee. Y Gerard tembló. Y sus ojos se cerraron. Sonó con su hermano en una noche de insomnio.



- Desde está noche, y hasta que yo lo deseé, mi mente será tu mente. Y tus acciones serán regidas por mis necesidades..., hasta que confieses, hasta encontrar a Anthony...







.....
****Un niño, de está tierra se tira a dormir

Era un día de miedo

¿Cuántas veces cayó al suelo?

¿Cuántas veces rió de dolor?

¿Cuántas veces gritó a sí mismo?


Lo primero que vio al entrar, a su hermanito tendido en el sofá, con ropas húmedas, arrugadas y sucias, las rodillas se le notaban, el pantalón estaba roto.



- Mikey... - Trató de soltarse del agarre de Marc. - ¡Déjame... quiero ir con él!



- ¡NO PUEDES...! - Aferró más al niño. Brian pareció entender... ahora más claro. Un niño-sol, un niño-luna.



****Y desde hace tiempo ya que era mudo

El último dolor del alma herida


- Te llamas Gerard ¿No? - Cuestionó mientras se acercaba al niño. Sin tocarle. Sus cabellos negros se removieron velozmente, asintió a la pregunta - Entonces has de saber. Que tu abuela está muerta y tú hermanito no regresara con tigo por que ahora pertenece a mi sangre. Lo siento... estas solo... duerme que estorbas...



- Brian... - Llamó Frank... interrumpió la acción.



****Lágrimas del silencio, máscaras sobre el rostro

Las luces crean sombras y lo ponen a la luz

Y está parado aquí, el niño con lágrimas en el rostro

La noche dio luz a su más pequeño niño



- Abuela... - Gimió, Gee miró su reloj, eran las tres cuarenta y cinco..., se había quedado dormido mientras acababa sus deberes escolares. - ¿Mikey...?



No había nadie a su alrededor. Comenzaba a inquietarse.



****Un sueño del amor, de su deseo


Subió por las escaleras que lloraban a cada paso. A la puerta de la habitación de su casi madre. Tocó y nadie respondió al llamado.



Temeroso abrió la puerta. La abuela y Mikey acurrucados... sonrojos por que parecía que el amanecer sería caluroso. Un buen día para que los tres saliesen...


Sin bufandas ni suéteres.


.*.



- Brian... - Llamó Frank... interrumpió la acción Marc era poderoso y muy inteligente. Arrebató a un Gee inconciente.

- Dame al niño - Brian por primera vez en mucho tiempo se mostró furioso. Quería al niño de vuelta... Marc sonrió, ese niño era suyo. Mientras fuese conveniente.

- Sólo si me das al hermanito.

- El hermanito no es mío.

-Dámelo... - Exigió. Acto tonto. A Brian casi nadie tenía el derecho de exigirle algo.

- No, y te voy a decir algo... - Sonrió de forma mimosa. Era imponente y esos gestos daban miedo en él. - Te atacaron por que yo se los pedí... Por que soy a quien durmieron por tanto tiempo. Esto es pura venganza...

Brian hundió mano en el vientre sombroso de Marc. Y no falló, y no era una de sus tantas sombras, el verdadero, supuestamente poderoso y ágil. Juego de niños, pensó el padre Nosferatu. Gee cayó al suelo. Y nadie fue lo suficientemente audaz para detenerle en brazos.

Un chasquido de dedos. Marc ardía en llamas.

- Así es como todos los iguales a ti acaba.

.*.

****Un sueño de los ojos no de las manos



- Abuela... Mikey.... - Llamó Gee con entusiasmo. - Despierte

- Déjales niño tonto. - Reclamó alguien a su espalda con cariño. - Han dormido hasta tarde por esperarte. Deberías dormir tú también, en vez de hacer tanto alboroto.

- Frank... - Su mandíbula dolió. Por que quería llorar y gritar, no podía. - Pensé que tú...

- Te dije que estaría contigo siempre ¿No...?

- Sí pero...

- Gerard... Gerard... - Una mano se posó en su hombro. Talló sus ojos con sus manos, bostezó de forma infantil. Gestos casi olvidados. - Te has quedado dormido y la misa terminó hace quince minutos.

- ¿La misa...? - Enfocó sus ojos... a su alrededor paredes pedrosas y cristos por doquier... comenzó a recordar. - Sigo teniendo eso sueños....
.*.



Esta era la última vez que estarían en esa casona vieja.

- ¿Nadie quiere despedirse de él? - Cuestión concretamente para alguien, Frank negó con la cabeza, ya era mucho para una noche. - Bien... vamonos.

Ray y Matt se negaron, corrieron hasta la habitación de Gee. Estaba tan marcado... mordidas en su cuerpo, mejilla amoratada, labios cuarteados, cabello rebútelo y aun así seguían siendo hermoso.

Bob esperó afuera. Brian sostenía en brazos al hermanito. Desobligado su rubio... habría una seria conversación sobre eso.

- Ray... yo... hable con él... - El chico de rizos se sentó a los pies de la cama, Matt acurrucó los cabellos largos entre sus manos blancas. - Y de todos los finales... este es el más alejado a lo que quería...



...........



- Cuéntame... ¿Cómo haces mal a la gente?

- Yo... - Terminó de poner sus calcetines negros. Sin calzado corrió hasta donde su gabancito negro estaba. Extrajo varios sobrecitos de este. - Vendo esto.

- ¿En serio...? - Gee asintió - Hubiese pensado todo de ti, "incluso que te vendías", menos esto.

- ¿No...?

- No tienes la pinta. - Afirmó, Gee pareció meditar sus palabras, uno de sus dos jefes decía lo mismo. - ¿Y de donde la consigues?

- Hay un señor... que va una vez por semana, el me la vende. Es un amigo de mi jefe.

- ¿Amigo de Pippo? - Gee sonrió, no imaginaba a Pippo recomendándolo para aquellos trabajos. Sonrió

- No, Pippo no. El señor santos. El dueño de la tasca. El fue bueno con migo..., siempre e trabajado con él. Es bueno pero... creo que no le agrado demasiado. Aun así, le agradezco mucho.

- ¿Y sí no le agradas por qué sigues ahí? - Gee se encogió de hombros. - ¿Por que no te dedicas solamente a vender esas cosas? ¿Tienes clientes seguros, no?

Te ataste a está vida, a la chica sonriente, a la anciana y al viejo.


- En esto ningún cliente es seguro - Por primera vez Gee mostró un rostro serio. En tantos años, muchos clientes acabados... y él era malo... lo había provocado. - El señor que me la vende dice que de esto sale buena paga pero. Me gusta más trabajar con el señor Santos y Pippo.

- No te entiendo. ¿Qué es lo que deseas... para tu futuro? - Matt vio viajar, en la boca de Gee las palabras titubeantes...

- Deseo - Gee pareció meditarlo detenidamente - Que la abuela no tenga que trabajar, y que Mikey tenga un buen empleo, me gustaría que fuese un hombre preparado, de bien.



**** ¿Cuántas veces gritó a sí mismo?

Y desde hace tiempo ya que era mudo



- "Pero que tonto que eres, Me estas respondiendo deseos para otros. Yo no te pregunte eso" Mira, no me has entendido, tengo una duda y quiero que me aclares las cosas. ¿Qué deseas hacer cuando Mikey sea ese hombre de bien, y tu abuela... muera? Anda dime.

- No me gusta ese tema... - Se quejó Gerard, desanimado, eso que era cierto no había sido puesto a analizar

- Pero es cierto - Se quejó inconforme -. Creo que deberías aceptarlo. ¿O es acaso que pensabas que tu abuela sería eterna y tu hermano un ángel sin alas para volar lejos?

- Yo... - Matt se viró, no quería hablar mas del tema. Gee no estaba conforme. Quería responder - entonces yo... te diré el plan que acabo de hacer: Viviré con la abuela todos sus días, y si Mikey se aleja... escribiré una carta por semana. Para saber como esta. No voy a dejar de trabajar para el señor santos, ni para Pippo, voy a saludar todos los días a Irick, aunque gruña por todo. Matt, tengo tantas cosas por hacer... no puedo dejar sola a la señora del aseo en la tasca porque las mesas son muy pesadas para ella, y a ella. La que siempre me sonríe... tengo que hacerle compañía, también a la amiga de Mikey, Lo ves... he pensado en todo... "incluso, si se pudiese... me gustaría nunca apartarme de ustedes... ni de Frank..."

- ¿Y es esto lo que te hace feliz...? - El pelinegro sonrió, mientras terminaba de abotonar su camisa. -

- Sí, es ese mi sueño... y a ti Matt. ¿Qué es lo que deseas... para tu futuro?



...........



- ¿Y tú que le respondiste? - Ray preguntó mientras comenzaba a ponerse de pie. Matt también lo hacia.

- Eso Raymond. Es un secreto entre el niño y yo... - La voz se le quebró en ese momento... y no quiso demostrarlo, soltó los cabellos de Gee. Un beso al aire para despedirse... - Adiós Gerard. Te aseguro que tu hermanito estará bien con nosotros. Promesa de Nosferatu valiente de valientes.

- Y de Nosferatu líder de líderes. - Completó la frase Ray.

Frank con la puerta cerrada lo escuchó todo, derrumbado por la fortaleza que no podía tener. Por que después de todo no está preparada para estar junto a Gee.

"Y de Nosferatu poderoso de los poderosos"

Yaciendo en la camita que siempre había compartido. El amanecer estaba por llegar, Matt y Ray salieron de la habitación. Era extraño, que la esencia de Frank permaneciera tan presente. Los dos lo notaron... ninguno dijo nada.

Gee quedó ahí, acostadito, cubierto en mantas... ellos se encargaron, de que en su casita linda, las marcas de violencia y sangre fueran borradas. Una casita normal. Como si aquella noche no hubiese pasado...

Como si la abuela y el hermanito jamás hubiesen existido.
Fue tan triste aquello.
Sólo la casona había olvidado. El corazoncito del niño durmiendo no.
Ni la tasca, ni los cuerpos incinerados, ni los vecinos... ni la mesita de tres patas, ni Frank.
Sólo la casona... con el niño acurrucado.

.*.



- Sigo teniendo eso sueños....

*Mi corazón, mi amor

Una palabra y se ha ido



- ¿Qué dices...? - Cuestionó el cura inquieto, era extraño. Frecuentaba mucho las misas dominicales. Como cuando su abuela vivía. -

- Nada. - Cortó secamente cualquier frase que el cura hubiese querido decir. De pie, imponente, sugestivo.

Salió del lugar. De la iglesia mal construida.



***Amor de mi vida, me heriste,

Has roto mi corazón y ahora me dejas.

Amor de mi vida, ¿no puedes verlo?

Tráelo de vuelta, tráelo de vuelta,



Le vio alejarse, el cura negó con la cabeza.

Gerard Arthur Way Lee.
Había cambiado sus prendas remendadas y sucias por ropas finas.
Rumbos malos por peores. Y aun así tenía la decencia de presentarse a misa.


**Las nubes blancas desaparecen rápidamente en el viento

Como el sueño donde nunca más podré encontrarte

Ya es demasiado tarde...



Gerard, el niño sonriente que se convirtió en un joven apuesto.
Despidió sus mechones largos, ahora el cabello apenas si cubría las mordidas en su cuello.
Y sus ojos en verde inocente habían cambiado. Opacos y cansados.
Las sonrisas más exclusivas, vendidas en ese mundo en el que era tan codiciado.
Voz envejecida. Gemidos existentes...



*** Cuando sea mayor estaré allí, a tu lado.

Para recordarte cómo todavía te amo.

Todavía te amo.

****Con lágrimas en el rostro

Lágrimas del anhelo

Lágrimas del anhelo




Gerard Arthur Way Lee.
La sobra de una noche con sangre, estaba usado.
Estaba vació. Muy solo.

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Canciones utilizadas para el capitulo 17 (I, II y II)

(*)Lacrimosa / ________ / Darkness [Oscuridad]
(**)Lacrimosa / Lichtjahre /The turning point [El punto del cambio]
(***)Freddy Mercury/ A night at the opera / Love of my life [Amor de mi vida]
(****)Lacrimosa / Einsamkeit / Tränen Der Sehnsucht [Lágrimas del Anhelo]




๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Cap. 20: Interludio I: porque todo tiene una explicación

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:30 pm

Cap. 20: Interludio I: porque todo tiene una explicación

He aquí la llave que te lleva hacía el conocimiento de lo, no creado, que simula mantenerse vivo.
Porque los sonrojos semi-existentes no valen la pena sin un motivo sugestivo.
Es aquí, el lugar esperado, he aquí, la memoria de los inmortales.

I



= El nacimiento del padre. Descenso del abuelo Nosferatu =

Él también fue un niño - luna

Y lo olvidó....



Nunca crear a alguien que llegase a ser poderoso en exceso. No ser más fuerte que el creador
Nunca alimentar a quien resultara frágil e inútil. Por que proteger por una eternidad era mucho.
Parecidos sin llegar a ser iguales será... Para mantener la diversidad de las castas, nunca hermanos
...el tiempo, única regla de poder. Mientras más viejos, más poderosos, mientras más viejos, más dominantes



Nacido del capricho de un gran Nosferatu.



En los tiempos siguientes al paraíso, su existencia se hizo presente, indigno desde el día de su nacimiento.
Nacido en la cuarta generación no escrita. Sus ojos no leyeron los seiscientos sesenta y seis nombres.
Su padre arrebató de él aquel apodo vulgar. Dejó de ser un no - muerto para convertirse en alguien.
No fue un ser real. Le odiaron por años. Le respetaron y enseñaron lo indispensable, no todo.



Que le cuido, porque era su tesoro, celos de todos.



Una simple no - vida y siempre paseando por lo no existente en los confines de la ilimitada negrura
Opaca nube de recuerdos desagradables. Desde ese entonces el tiempo renació entre todo aquí.
Pues su existencia se convirtió en un secreto. La rebelión ante lo conocido, tuvo tanto miedo.
Su padre destruido. Él solo. Un segundo poderoso sustituyó y arrebató el respeto a Brian.



Le hicieron pagar cuando su padre descendió, la predilección murió.



Y él, como hijo de alguien aniquilado, fue desterrado. Le confinaron bajo las rejas, ahí donde el sol tocaba.
Joven, un niño entre todos. Y lloró tanto. Entre lagrimas y hermosas suplicas, hambriento y descarnado.
Juró, al dolor - amargura, palabras de venganza. Destruir a los poderosos, a los que le escupieron.
A todo aquel que olvido el nombre de su padre. Desde hoy y para siempre, dejar ya de llorar.



Y prometió al recuerdo de su creador que los clanes traidores serian destruidos.



Fue inmune, su piel en constante evolución, muchos temieron. Él furioso, se dejó guiar por quien no sabía ser guía. Rencor
Hizo su propia profecía. Con el poder de manejar el tiempo. Lo creía. Esperanzas, en un futuro.
Siglos en tiempos más nuevos. Su especie llevada a las sombras. Dejaron de creer en ellos.
Y la búsqueda comenzó. Una nueva casta. Buscaría entre el perdido mundo humano...
Para comenzar con su gloria, un sub-poderoso de cada don dado.
Encontrar entre suspiros sus repudiadas rosas nocturnas:
Al poderoso de poderosos.

Al valiente de valientes.

Al líder de líderes.

Al puro de puros.



.*.





Matt miraba por la ventana del tren. Sección con ventanales cubiertos por pesados telones rojizos, terciopelo. Intentando exiliar al sol, de aquel vagoncito privado en donde los asientos eran simulaciones de camitas incomodas.

Los adornos, cuadros sin autores relevantes, marcos de oro y pequeños candelabros vacíos conformando, en uniforme frialdad, la pálida habitación, alfombra castaña, mesitas de roble. Florero y rosas de invernadero.

Bostezos lanzados sin cansancio. Sus pensamientos se expandían en grandes y jugosos momentos.

Sonrió. El buen amigo sol tocaba su rostro. Matt brillaba, su piel se convertía en diamantes llamativos. Negó con la cabeza, su cabello, también deslumbrante, se balanceaba de una mejilla a la otra. Ya nada importaba, si le veían, si le recordaban como un monstruo... no volvería jamás a aquel lugar.

Todo había pasado de una forma tan extraña. Habían dejado de ser sólo cuatro. Cierto, que demasiados descendientes de Brian habían pero Nosferatu como ellos siempre contados. Eran únicos. Mikey también seria único. Porque tenía una historia.

Giró su vista. Brian sentado y Ray recargando su cabeza, con los traviesos rizos despeinados, en las piernas del padre. Ya no refunfuñaba ante la imagen, era tan normal y uno llegaba a acostumbrarse con el tiempo. El había tenido mucho para hacerlo. Estaba acostumbrado de sobra. Volvió a negar con la cabeza.

Frank acurrucado en una esquina, un cojín aplastado su única compañía... porque él así lo había deseado. Mikey entre mantas y buenas telas. Sudaba mucho y con los ojos cerrados lloraba.

Mikey era como Bob y Ray..., misma forma de llegar a su familia, una historia triste y lágrimas, tendría, para llegar a ser un vampiro, primero a sacar todo lo que de mortal quedase. Una vida no desaparece con la primera mordida. Tenía primero: que olvidar lo necesario, recuerdos mundanos. Y despertar, porque el tiempo era más importante aun. Mikey no abriría sus ojitos inocentes... hasta después de muchas lunas.

Pero lo más importante de todo, lo indispensable para no ser uno más del montón.

Confianza, crear un lazo lindo. Uno difícil de romper, casi imposible de crear, tomando en cuenta que también hablaban de Bob.

Suspiró. Y por tercera vez negó.

Porque después de la primera, la segunda era más importante. Mikey tenía que luchar contra el infantil Robert.

- ah... cuanta confusión... - Impalpable su sentimiento de cansancio... estaba Matt, tan agotado de todo; los problemas, las batallas, las riñas con uno de sus apócrifos hermanos... Matt se controlaba pero... quería gritar....

Si tan sólo hubiese echo caso a las flores que evitaban su partida.

...mucho, a los cuatro vientos, mientras todos dormían, porque la noche anterior las fuerzas inmortales habían sido utilizadas. Eran fuertes, y la práctica no les había abandonado. Y sin embargo... para otro tipo de cosas eran tan niños. Novatos que no habían querido querer.

.*.

II



= Nuestras rosas mefíticas =

Aquí hay una aroma extraño, huele a sueños quemados, nostálgico aroma a ti.
Volando no tenía hogar, fue, es y será siempre lo mismo, una distinta forma de leer.
Estridente su esencia no- viva, y lamentó haberle confundido, fue su impura forma de desear...
Hermoso era, fue tan igual a su caso. Todas las historias son comunes entre esas situaciones. Fin
¡¡¡Quiere soñar otra vez...!!!




Aristocrático

Delicados movimientos y sonrisas arrogantes.

Ese era él.

Hacía el tiempo en la vida del hombre, donde dios era y sería por siempre primero.

Epicúreo

Cuando sus mejillas eran tan difíciles de sonrojar. Su cabellito largo, atado a un listón negro.

Era tan hermoso.

Tentador e inalcanzable. Hermanas a su alrededor amándole y alabándole, único varoncito.

Su padre le consentía, la madre le cuidaba.

Y así todo, hasta la noche en la que el viento soplaba en su contra. Un nosferatu perdido le había encontrado.

Esa fue una noche. El final de su agoniosa soberbia. Un baile en honor del compromiso de su hermana menor. Él era más hermoso que ella, todos lo sabían, y los devotos reprimían sus pensares, obscenas muestras de natural deseo. Evitó, nuestro niño, a mujeres con gravosos vestidos. Tan patéticas como para merecer una mirada de su parte. Y las chiquillas, aun muy estorbosas. Chillaban y reían, trataban de llamar su atención.

Alejándose súbitamente...

Llegó al jardín, ahí donde el tronco del gran árbol le hacía un lecho perfecto para su figura de niño. Cerró los ojos he imaginó brillos, en el cielo más resplandeciente... la brisa repentina le hizo tiritar de frío, aún tomando en cuenta que sus telas gruesas dominando en blanco y oro, eran protectoras con su piel de nube.

Una mano traviesa, acarició sus cabellos.

- Te encontré. - Sentenció una voz a su oído... y sintió miedo, porque estaba demasiado alejado de la gente tonta. Un enemigo de su padre, tal vez seria, un ladrón. - No me confundas con algo tan vulgar.

- ¡Suéltame, no me toques! - Chilló con su voz temblante.

- No lo sabes... pero te he buscado por demasiado tiempo. Serás mío. Eres indispensable para mi, te quiero - El niño sonrió de pronto el temor le abandonó, un desconocido suspirando amor por él fue lo que imagino, le pareció de pronto algo romántico, tal vez... él desconocido quiso evitarse los pasos del admirador secreto, la celestina y todas esas cosas. Un amante..., como los de sus hermanas No era una chica pero imaginó que sería igual. Él, un niño bonito... el otro, un joven en tremenda etapa, hermoso, blanco y frío... Con una voz encantadora, alguien perfecto... rogando por él... un ser celestial. Sonrió como nunca lo había echo.

He aquí el punto en que su ego choco con las paredes de esta dimensión.
El nosferatu necesitado de casta fue subestimado.

- ¿Qué me has buscado?, no digas esas cosas. - La sonrisa apenas si podía ser disimulada por el niño. Para aceptar, tenía que dejarle rogar un poco más. - Suéltame..., llamaré a alguien y estarás en problemas.

- No lo hagas. Pequeño..., no entiendes ¿Cierto? - Sus ojos translucidos tomaron un tono tornasol. La noche oscura evitó que le jovencito se diese cuenta. - Debo ganar tu confianza. ¿No?

El jovencito asintió...

- Pretendes lo que es más que obvio. Eres valiente - Sentenció con sus ojos híbridos de siempre. No entendió a la perfección, que el sugestivo desconocido le desease. No de la forma pensada. Sí, un verdadero entretenimiento. Directo que era ese joven hombre con sus deseos carnales. - Gáname... ¿Qué ofreces?

El nosferatu tampoco entendió. Creyó que el púber comprendía a la perfección sus intenciones. Creyó que le ponía precio a su sangre. El jovencito hablaba de amor.


¡¡¡Atrás, atrás..., atrás!!!

- Constancia... - Las estrellas y el cielo, y la luna, fieles testigos de lo ocurrido, el jovencito buen mozo titubeó, la respuesta era buena, el tono de la hechizante voz, demasiado seguro he imponente para su agrado. - ¿Aceptas noches lindas junto a mi?


Y no era una vulgar y prosaica manera de proponer indecentes situaciones. No, el Nosferatu buscaba trataba de encadenar a su segunda rosa Nocturna.

Embelesado por la sutileza de sus sonrisas... el tiempo, que aún no existía, comenzó a transcurrir. Era hermoso todo. Una sola noche, los insectos que se paseaban entre las flores recién nacidas, ligeramente, la brisa les acompañó. Y ellos seguían hablando. Sentaditos, ahora los dos, en el sauce que amenazaba con delatarles si había más movimiento en sus ramas. El nosferatu contó sin mentir. Lindas anécdotas sobre un viaje extraño. Ese que le hizo llegar hasta donde sus pies se posaban actualmente.

El jovencito simulaba no estar tan asombrado.

Y hablaron de nada. En la primera noche, los nombres fueron dados. Mathew, casi que un ser celestial que se sentía. Trató de fascinar con su belleza al desconocido. El desconocido ya estaba fascinado desde antes que Mathew naciera... y no por su belleza... y no por su "hábil forma de mantener conversaciones..." No, nada de eso que te hace enamorar.

El nosferatu fascinado, desde el primer momento que le sintió, por su aroma tan extraño. Sangre de Vampiro en sus venas.

Seguían sin entenderse.

¿Qué habían creado...?
Una clase de enlace.
Amor visto de diferente forma.




Y entre la primera noche, la segunda. Las estaciones preciosas pasaron, Mathew aún con su altiva vanidad, Brian le alimentaba, le hacia sentir que rozaba el paraíso y los ángeles no le merecían. De vez en cuando, mientras los días, seguían y seguían y seguían... pasando Brian sonreía porque ese jovencito parecía ser muy animoso. Y casi todo era mentira. Mathew trataba de deslumbrar, aún más al Nosferatu.
¡¡¡ No eres tú, soy yo...!!!
El maravilloso, el grande.

.*.



Los gorriones, que no sabía si soñaban, comenzaron a pelear cerca de la ventana de su balcón. Tenía el ceño fruncido, su nariz arrugada chocó con las sabanas viejas, mientras que su cabeza era cubierta por la almohada ajena.

El ruido seguía. Y desde su cama... el llamado de la dominical misa comenzaba a ser escuchado. Con cansancio separó las sabanas de su cuerpo. Había sido una extraña noche, con sueños incómodos. Intentó levantarse porque el hueco en su corazón comenzaba a calarle.

Todo su cuerpo dolía.

Con esfuerzo, sus piernas se doblaban y su espalda tensa comenzó a incomodarle.

Sus pies desnudos tocaron el suelo de madera astillosa. Posó las manos en sus rodillas para ayudarse a si mismo. Y lo hizo. Comenzó a dar pasos como un bebe de meses. Salió de la habitación. Todo estaba tan espléndidamente acomodado.

Su mente comenzó a procesar ideas, imágenes y palabras. Nacieron los recuerdos que evitó interpretar de nuevo en su mente. No se preguntó nada. Gee lo sabía, no todo, pocos recuerdos de su abuela y de Mikey. Bajó las escaleras y caminó hasta su cocinita.

Pan, leche y fruta en modositas cantidades, sirvió alimento para él mismo. Una tasita en imitación de porcelana y un plato con bordes astillados.

Con su cabello molestando su vista. Sonrió. Porque eso era lo que menos le importaba en esos momentos. Miró el reloj "Cucu" colgando en la pared.

- " Oh no... " - Se había perdido la misa otra vez.
.*.

II



En todas las historias, el tiempo pasa. Y la historia de la segunda rosa no resultó ser la excepción. Meses en los que el rostro aniñado tomaba unos rasgos más atrayentes. Mathew cada día más hermoso.

Olvidándose por la felicidad, Brian notó que el tiempo de sonreír ya era mucho. Mathew comenzaba a moldear un carácter más significativo para sus fines. Era cruel. Porque nunca entendió los sentimientos del chico de sangre especial. Y de deslumbrado paso a ser dominante. Obligando al confundido, ahora hombrecito, a desafiar las leyes de su padre. Salidas constantes desde que la luna se asomase.

A Mathew le agradaba hablar. Brian no entendió nunca eso. Mathew enamorado. Era ahora él quien no sentía merecerle.
Tan sólo con eso se sentía contento.



El tiempo se acababa, la primera rosa de Brian estaba a punto de florecer. Su cuerpo había sido, casi, despojado de su esencia mortal. Abriría los ojos.

Y las cosas fueron dichas bajo presión auto-impuesta.
Soy un nosferatu, vivo de tu sangre.
Busco venganza por los que eliminaron a mi padre, mi creador
Los mismos que me torturaron por años, son clanes poderosos
Tengo hijos y una flor a medio florecer.
Y quiero tenerte a mi lado.
Y sí no deseas venir.
No volveré a verte.
No sabrás de mí.



Mostró su verdadera identidad el Nosferatu, de una abrupta manera, bruscas palabras y la sentencia.

Amenaza.

Con él o sin él, Brian tenía que partir. Una mentira para presionar.

Amor

Mathew aceptó sin titubear la propuesta.

Sacrificio.

Una carta de despedida para el padre. Una fuga a la noche siguiente, Mathew:
"Soy un hombre valiente, voy a madurar a otro lado... a buscar el amor"

Una noche, con lluvia y festejos en honor de otra hermana. Mathew caminó, cruzando sus frondosos jardines, sus prendas atoradas entre las ramas de las flores. Como un ruego. No querían dejar de verle.
*Se animaran a completar la operación,
De enviarte rosas cuando piensan que necesitas reír.




Matt era inocente, Llevaba en manos muchas más cosas de las que podía soportar. Matt cayó entre la tierra mojada. Las telas sucias y los anillos perdidos en el lodo. .Brian rió de forma burlona, sin desearlo, al verle ahí, mojadito, sonrojo. Las lágrimas por los ojitos híbridos comenzaban a mezclarse con la lluvia.

Heridas nunca antes sufridas.

- ¡¡¡No te rías de mi!!! - Ordenó de forma brusca Mathew, y dejó salir con más fuerzas sus lágrimas, porque tenía miedo, sus rodillas raspadas no dolían demasiado. Y del llanto a la risa...

- Yo... lo siento. No era mi intención hacerte sentir mal. - Corrió de una forma inhumana hasta donde el jovencito mojado. Le cubrió con su capa negra. Le tomó en brazos y le acurrucó en su pecho... como un padre trataría a su hijo perdido.

El contacto calido, cuando Brian enterró la nariz, entre sus cabellos húmedos, dejó de respirar

Tan sólo con eso se sentía contento, el más inocente.

Mathew y Brian, a pie, alejándose de lo que alguna vez fue el hogar del hombrecito. Caminaron mucho, más de lo que Mathew pudo haber caminado en una noche, y al detener el paso, de su huida, el resultado no fue mejor. Ante ellos, el ser más desgraciado del universo.

Un corcel viejo y blanco, con manchas y quemaduras por todo el cuerpo, las pesuñas descuidadas y disparejas.


Fue un tanto bizarro. Brian, con sus ropas elegantes y facciones finas, merecía más que eso. Mathew miró de forma temerosa.

- Anda Mathew - Subió al caballo, sus cuatro patitas tiritaron -, tenemos que irnos.

- Se le ve tan débil... - Retrocedió Mathew, Brian sonrió de medio lado. - No... No voy a subir a eso

- Bien, si no lo haces tú. Yo te ayudo. - Tiró de las riendas de piel animal. Se acercó hasta donde Mathew.
.*.



El desayuno concluyo. También sus ideas claras. Mientras balanceaba las migajas esparcidas en el plato, pensó: "Que tenía que estar muy escondido..."

Recordaba ciertas cosas.
¿Cómo puedes ser tan perfecto?

Y desvanecer la gloria ante un suspiro

¿Cómo pudiste acabar con todo en una noche?




- "No fui yo..." - En el lavabo blanco, unas tijeras entre su mano derecha, el ultimo largo mechón en azabache en al izquierda.

El "clic" de las tijeras sin filo. Atoradas entre el cabello. Aun más disparejo al segundo intento.

Gee bajó la vista, la mitad de su cabello estaba esparcido. Pegado al húmedo azulejo. Regresó su vista al espejo. Lucía más infantil con el cabello corto.

Tonterías.

Mordió su labio interior, dobló sus piernas mientras su espalda se mantenía recta. Dejó caer las tijeras y tomó con una sola mano, su maletita floreada. No era de él. Lo sabía.... sin pensar dos veces.

Retrocedió hasta que estuvo lo suficientemente lejos del espejo. Caminó de nuevo por el crujiente pasillo. Despidiéndose de todo a cada paso.

Y bajó las escaleras. En el momento preciso. Rozó con la yema de sus dedos blancos, el borde de la mesita ya conocida. Tomó del perchero su abrigo bonito. Sus prendas sólo por hoy lucían más decentes.

A las diez veintitrés Gee abandonó el interior de su hogar. El truquito para abrir la puerta se convirtió en su única seguridad.

- De ahora en adelante... - Sentenció a la casita con voz quebrada, mientras trataba de cerrar lo mejor posible la puerta. - . Estarás sola...
.*.



Refunfuñó mientras pataleaba, no con todas sus fuerzas. Brian sonreía, Mathew viajaba entre sus piernas y el cuello del caballo, sus piernas flotaban y sus manos a un constado, intentaba sostenerse.

- Nunca me habían humillado tanto. - Exclamó y sus manos se aferraron a los cabellos enmarañados del animal. - ¿¡Quiero que me bajes...!?

- Ya llegamos. - El caballo se detuvo, Mathew boca abajo, apenas si pudo levantar la mirada.

- ¿Esta es...?

Lo poco que miraba, lo necesario para deslumbrarle...

El Nosferatu le ayudó a bajar del caballo. Entonces pudo ver todo mejor. Un Alcolea con pequeñas aspilleras de aparejo en tizones, sobre una sima montícular, a pasto seco y flores marchitas.

- Anda, anda a prisa, que hay alguien a quien quiero presentarte. - Brian le obligó a cruzar por un arco de ojiva, era la entrada para hacia el pequeño castillo la galanura de la construcción de echaba, mientras araba de las riendas, ese era el nuevo hogar de Mathew.

Y demasiados seres que el chico de las orbes hibridas confundió con sirvientes, estaba siendo demasiado arrogante, miró de arriba a abajo, todos con prendas finas, mujeres hermosas y hombres andróginos.

Brian una vez adentro de la Alcolea, enfrentó a sus demás hijos, los que miraban a Mathew con hambre y deseo. Ahí, en el salón que simulaba ser un encuentro de bailes. Mathew y Brian quedaron al centro de todos.


- He aquí mi segunda rosa... - Exclamó. Y presionó con su cuerpo a Mathew. - Él es, quien he dedicado mis noches...

El jovencito presionó con la palma de mejilla esas mejillas sonrojas que hicieron reír a los presentes. Brian le había hablado a alguien de él. Se sintió tan feliz...

... ¿Esto iba enserio...?

Muy enserio, rodeó con sus brazos el nosferatu. Vampiros ansiosos todos hijos... y lamió con arte, el cuello blanco de Matt.
*No puedo controlarme a mi mismo porque no se como
Y voy a quedarme así por algún tiempo



- Es momento del gran sacrificio, y tú tienes la oportunidad de escoger. ¿Quieres pertenecer a mi casta? "Ser mi valiente de valientes". Y pasar junto a mí una eternidad.

Mathew dejó de ser inocente en el momento que asintió.

- Sí... sí quiero - Reafirmó con voz emocionada.

Mathew le amaba, demasiado a ese Nosferatu le creía y creía en su amor.... Y el nosferatu estaba feliz, su profecía cada vez más cerca.

- Entonces... se uno de los míos. Mathew querido. Serás mi hijo y te querré como tal... - Y los ojos híbridos terminaron por abrirse, mientras los colmillos fríos se clavaban en su cuello blanco... entonces negó, en el momento más importante, mientras su sangre corría temerosamente por sus venas semi vacías, él negaba... no quería entonces eso... -
De amante nunca a padre por siempre....
Entonces no hablaban de lo mismo...



- Yo... - Brian notó. Que Mathew retrocedía. Era muy tarde... sólo podía... transformarle o deshacerle eternamente. No quería la muerte de ese jovencito.

Sus cabellos hermosos adquirieron inmediatamente un brillo inhumano. Inmortal su aliento abandonarle... y los presentes comenzaron a asustarse. Y Brian por un momento pensó: "Que ese jovencito no era una rosa."

Y su piel palideció en ese mismo instante... y sus labios adquirieron un tono sangriento...

Brian brindó de su cuello, y de la sangre en cuerpo. Mathew se abalanzó sobre él. Y apenas si bebió algunas gotas...

... inconciente por ultima vez en su larga vida. Sus ojos cerrados sin disimular cansancio.

Mathew que se sacrifico por deseo y obtuvo amor paternal.

Mathew reacciono de una forma distinta, todos dejaron de creer en su divinidad. Pensaron entonces que Brian se había equivocado.

- "Una vida no desaparece con la primera mordida" - Sentenció alguien a su lado. Brian negó y sus ojos se expandieron de forma brusca.

- El es diferente. No volverá a dormir porque sus pensamientos le traicionaron. Mira que a cambiado tanto... me pegunto... ¿Que le hizo arrepentirse...?
.*.



Gee no tenía ya nada.

¡Oh, no..., estaba muy lejos de casa...!

Caminó por las calles abarrotadas de familias unidas

Con una maleta floreada en manos. Tubo ideas precipitadas

Su cabello cortó. Sus ojos vacíos. No quería más problemas ya.

Se despidió de cada una de las piedras en el camino. Y en su saquito...

... un puño de cenizas. La tasca se había vuelto nada. Tanto que vivió ahí.

Temía a la soledad y al olvido. Se dijo: Nunca causaría a nadie tantos problemas.

La casita había olvidado. Él no... Recordó que no hubo despedida, y a voz calmada dijo:

"Huir de los recuerdos que no quería volver a analizar. La abuela, Mikey, Anthony y compañía.

- ¡GERARD...! - Escuchó que alguien le llamaba. Intentó no virarse... - ¡Gerard..., Gerard...!

Caminó más a prisa, alguien corría a su lado... una chica interponiéndose entre él y el camino a seguir

- ¿Tú...?

- Te estuve gritando..., ¿Por qué no me hacías caso? ¡Oh Gerard...! pensé que no te volvería a ver.... yo... temía tanto por ti. - Ella se abrazó al chico. Beso su mejilla y contuvo su llanto. Gee no pudo más que corresponder el abrazo y suspirar sin ganas. -

- Lo siento, tengo que irme. - Dijo después de muchos halagos. -

- ¿Ir a dónde...? ¿Buscaras otro trabajo? - Se aferró más a Gee.

- Quiero irme lejos de este lugar. - Bajó su mirada verde, sus zapatos lucían sucios. La chica le había pisados sin querer. -

- ¿Y tu abuela, y tu hermano...? Les dejaras solos...

- No hay nadie en casa. No quiero regresar. "Temo a que alguien regrese" Tengo que irme... "No hay a quien proteger, nadie que me proteja"

- ¡¡¡NO, no voy a volver a perderte...!!! Tú, te quedas aquí, y si no quieres regresar a casa te ofrezco la mía.

- Es un cuarto de putas. - Sentenció Gee sin titubear. No tenía motivos para ser blando y silencioso. Ya no. Ella titubeó. Tembló ante el comentario. -

- Sí, lo es. Pero es cómodo y de día parece una posada decente.
.*.



Un dolor real.

Poderoso

Y solemne.

Mikey comenzaba a llamar a Gerard.

Matt aferró las manos a la tela de su pantalón.

- Estúpido Robert...

El mencionado tenía los ojitos cerrados, y aun así frunció el ceño al escuchar su nombre.

|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|


º·.¸(¨*·.¸ ¸.·*¨)¸.·º)
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Doki Amare Peccavi

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Cap. 21: Interludio II: La creación de las rosas.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:31 pm

Cap. 21: Interludio II: La creación de las rosas.


Sus corazones insensibles se paralizaron, alumbrados por velas, y su vista aguda facilitaba las cosas.




Brian le vio desvanecerse, caer a sus pies y soltar suspiros. Brian y los vampiros hijos le miraron, Mathew se convulsionaba de forma brusca. Y gritó a los cuatro vientos, con todas las fuerzas que su alma le daba. El nombre de su nuevo padre. Le llevaron a la recamara, más cercana, la de Brian. Junto a la primera rosa, Mathew debía descansar. Sólo el apócrifo padre permaneció a su lado.



El tiempo no es nada, sólo algo fácil.





Y no notó, por que dormía por ultima vez. Su sueño más profundo. El más largo de todos.




Brian pensó. Que sería cuestión de años volver a hablar con él. Mathew abrió los ojos híbridos. Lagrimas de sangre en sus mejillas sonrojas. Brian cayó de rodillas frente a la cama. Mathew evitó mirarle. Giró su rostro. Brian se acercó le tomó en brazos y le acurrucó en su pecho.




- ¿Qué has hecho...? - Cuestionó temeroso el Nosferatu. - Eres tan distinto...




- Me arrepentí. - Soltó débilmente. Con sus gestos olvidados, se mantenía tan gélidamente. - No te importa el motivo.




Sentenció, y apartó de forma brusca el agarre de Brian.




- Esta por amanecer... vendré a verte. No salgas de aquí. Mathew, no salgas de aquí hasta que yo llegue, tengo a alguien a quien presentarte. - Brian se puso de pie, se dirigió a la ventana y dejó caer sobre esta un trozo de piel de carnero. Una cortina demasiado vulgar para toda la habitación.




Con sus ojos híbridos perdidos. Despidió a su "padre" sin gestos.




Escuchó el murmullo fuera de la habitación, las puertas cerrarse y los adormilados suspiros, y poco a poco fue testigo del amanecer. La luz infiltrable, pero las aves cantaban y el agonizante aire nocturno parecía despejarse.




Recostadito, cubierto sólo por sus prendas burguesas. Todo tan oscuro. Y aun se sentía cansado, y entonces decidió que podía llorar con motivo. Lloró al alba, en el medio día, al atardecer y finalizó, con su rostro empapado, hacia el crepúsculo.




Cuando el ruido en el castillo, que había dejado de ser hermoso, comenzó a escucharse. Brian se adentró sonriendo de manera linda. Con violencia se acercó hacía Mathew.




- ¿Me has hecho caso? - Trató de suavizar su voz, pero la furia escapaba por sus poros. Mathew comenzó a incorporarse. Brian le ayudo otro tanto. Y cuando ya de pie, el recién nacido vampiro, decidió contestar a la cuestión.




- Me he quedado aquí. - Sin desear lo realmente, se aferró al cuello del su padre, para poder ponerse de pie. - Como tú dijiste "Ahora ámame."




- Ya te amo. - Sentenció y Mathew le miró asustado. Y entonces, recibió su primera lección - Sabré todo lo que piensas. Debes hacerte fuerte, hasta que retengas mis acciones.




Ya no se dijo más. Caminaron hacia el corredor que daba a la interior entrada. Una torre oscura. Y bajaron escaleras, alejada de todo. Mazmorra simulando una habitación hermosa. Lo era, pero la presión de la soledad en aquel lugar era aterrante.




- Él es como tú. Nació de mí, estaban destinados a esto. Tienen sangre inmortal por sus venas, alguien que ha vivido con un Vampiro. Tal vez tu abuelo, el abuelo de tu abuelo o el abuelo, del abuelo, de tu abuelo. No importa cuánto tiempo pase. La sangre inmortal siempre perdura. Por eso tú y él son iguales. Cargaban con sangre inmortal en sus venas. Por eso te necesitaba tanto. Eres especial... los dos lo son.




- Él... ¿Cómo yo...?




- Hace dos décadas, aún no despierta, se llama Anthony... le encontré llorando cerca de un río. Has sido el único que pudo decidir estar con migo. Por eso te lo agradezco.




Frunció el ceño Matt. Era mucha información, demasiados sucesos para un sólo día. Quería despertar de su pesadilla maquiavélica. Y recibir los cariños de su madre y sus hermanas. Y las palabras llenas de orgullo que su verdadero padre le brindaba.




- No dejare que les vuelvas a ver - Afirmó Brian. Matt recordó que ahora no existía la privacidad en su mente. Había sido un tonto... un sacrificio echado a la basura - También eso puedo saberlo. No te has sacrificado en vano.




- ¡¡¡BASTA, DEJA DE HACER ESO...!!!




- Querido Mathew. No me hagas esto... por favor... te amo, no repudies ahora tu ser...



* Rechazados ya los malditos.
y entregados a las crueles llamas.
Llámame con los benditos.
Suplicante y humilde te ruego.

Con el corazón casi hecho ceniza.
Apiádate de mi última hora.





Mira que el tiempo deja de ser tiempo cuando el final ya no importa. Mathew comenzó un nuevo juego, ser víctima consolada, y Brian soportaba sus desplantes, y sus palabras bruscas, y los reclamos en frente de los otros vampiros.




Mathew arrogante.




Más que nunca.




Brian comenzaba a sentirse feliz con aquellas acciones. Mathew se olvidaba de su destino y ocupaba su mente en curiosear y molestar a los demás. Todos le soportaban.




Un día.


Sin esperarlo siquiera.


Mathew se topó, entre los pasillos, con un ensangrentado Brian.




- Ha despertado... - Dejó escapar sin reprimirse... lagrimas de sus ojos, esos que comenzaba a tomar un tono tornasol. - Anthony ha despertado...




- Yo nunca necesite dormir - Sentenció con orgulloso ademanes.




- Mi adorado Mathew, te confundes, lo hiciste, tres veces más rápido que Anthony, pero lo hiciste... ahora eso ya no importa su letargo acabo. Tendrás un compañero. Un hermano... y yo un hijo consciente.




"Dibujando mirada de alegría inexistente"


"Confundió lo real y lo que en verdad quería"


"Fue un cuerpo por tanto tiempo, y no lo había notado..."


"Alejó de su mente las perversas ideas. Antes de ser descubierto."




- Quiero verle. - Brian asintió. Dócilmente dirigió a su malcriada creación hasta la torre. Posado, con el rostro opaco y blanco. Mathew miró expectante a su "hermano mayor" - ¿Porqué no dice nada?




- Anthony... - Llamó el Nosferatu. - Él es Mathew. "Mis creaciones perfectas..."




Y aquella fue una de las pocas ocasiones en que pudo ver a Anthony, en aquellos momentos, se mostraba tan hostil el chico de orbes avellanas.




Brian enseño a Mathew lo indispensable:




Un nosferatu es más importante que un vulgar Vampiro. Seres de Elite.




Un mortal con sangre inmortal, perfecto candidato para ser un Nosferatu.


No todo vampiro puede ser Nosferatu.


Y para crear a uno, el vampiro debe beber voluntariamente de la sangre del padre Nosferatu. Por segunda vez.


Un mortal con la señal contraria, sería por siempre un ser problemático. Ni siquiera los Vampiros hambrientos beberían de su sangre.


Un mortal con la señal de Caín, su sangre tan deseada como el fruto divino. Una dicha tener uno de ellos en cada Clan.


Entre todos, ellos serían, vampiros, seres odiados. Y Nosferatu nacidos de Brian, las rosas mefíticas.




Jugó a entenderlo todo, nada era tan importante. Sus libertades aprovechadas en disimulados regaños. Siempre detrás de él, su padre. Y si no le podía tener de la manera deseada, era irrelevante, mientras toda su atención se centrara en él, lo demás no importaba.




Este era su juego de jovencito decepcionado.




Y los meses pasaron, Anthony sólo era visto por pequeños momentos fuera de su habitación. Sólo para alimentarse, Brian, hasta en eso era indulgente, Mathew recibía sus alimentos. No hubo necesidad de aprender a casar.




.*.



Y después de despertar, sus memorias olvidadas. No recordó su pasado. Sólo aquella noche junto al río. Esa noche en la que intentó desaparecer. Y sólo encontró el contorno de la luna delineando sus facciones.




Y al despertar. Al ser que le había acurrucado en su pecho. Junto a él. Un ser que escupía su vanidad a cada mirada. Negó con la cabeza. Evitó encontrarse a todo momento con Mathew




Intentó, a comparación del chico de los ojos híbridos, ser más hábil. Brian en secreto le ayudaba. Había mencionado algo: "Sobre el carácter de Mathew y el extraño deseo por encontrarse unido a él."




Aprendió a escoger sus alimentos a la semana de no-vida.




Se ganó la admiración de todos. El respeto de otros y la compañía de algunos. Parecía ser siempre serio, y nunca maleducado.






.*.




Los juegos se fueron apagando cuando lo notó. Que todos descansaban de día, y el no podía ni siquiera cerrar los ojos. Y una tristeza mayor le invadió, al notar que Anthony era apreciado por todos... y él, dedicado sólo a Brian, no había tomado en cuenta que por siempre y para siempre estará en aquel lugar.




El juego infantil perdió importancia.


Y a pesar de todo, un mayor tiempo comenzó a inquietarle.


Brian salía más frecuentemente de noche.


Su gran pecado, el juego se convirtió en tortura, y le abandonó.


El más importante de todos había dejado de consentirle. Y lo sabía. Había presentido eso desde hacia muchas noches.






"Qué todo algún día se acabaría."





Estaba tan confundido que no lo notó. Todos se alarmaban ante el ruido ligero.


Sin tiempo para reflexionar, sin ser consultado. Cambio todo.




Y un día llegó otro. Tan perfecto como tantos, jamás como él y Anthony. Recordó que esa noche cambió rotundamente su estancia en el castillo nocturno.




A Mathew, todo le abandonó. Anthony... en un incansable y profundo letargo de día. Ellos dos... creaciones perfectas. ¿Cómo era capas Brian siquiera de crear a alguien...? Y peor aun. Un mortal completamente... nadie especial.




Y dejaron de alimentarle. Sin maldad le habían olvidado.


Y con su rostro sumiso y la vergüenza fundiéndole. Tuvo que hacerlo.



.*.





No había a quien rendir explicaciones, mientras saliese y entrase a la hora acordada, Brian le permitía todo. Se paseó por el pueblo más cercano. Divagaba por el bosque, una inmensidad de actos que tenía como pasatiempo.




Una noche como tantas, se alejó del castillo. Y sintió pisadas detrás de él.




- ¿Tú, que es lo que quieres, pelear? - Cuestionó con rabia al saberse perseguido. - ¿Por qué me sigues...?




- Yo... no te siguió. Pero que tonto que eres. Nos hemos topado por pura casualidad. - Anthony rodó sus ojos y se viró.




- ¡No te creo! - Se acercó a Mathew, le tomó del cuello. Le aprisionó contra un árbol - ¿Qué intentabas hacer...? Sabes, estoy cansado de ti, no se por que te comportas de aquella manera, todos somos iguales, y tú te empeñas en crear diferencias, no eres nadie para mirar de aquella forma a los demás. Ni tienes ningún derecho a exigir la atención de Brian. Eres tan desesperante, insoportable e indecente. Actúas de forma tan vulgar. Eres lo peor y...




- ¡¡¡YO SÓLO QUERÍA QUE ME ENSEÑASES A CASAR!!! - Gritó y aprisionó sus manos en las de Anthony... y sus ojos se cerraron, Y sintió tanta vergüenza, él lo sabía, que con el rostro sumiso no lograría nada. Anthony le soltó enseguida, Mathew cayó sentado en el suelo. Y siguió llorado. - No he visto a Brian desde que le trajo.




Entendió, con lastima posó sus ojos avellana en el arrogante Vampiro. Hacía cuatro días que Brian había llegado con aquel lastimado chico en brazos, sus rizos imperceptibles y las prendas sucias.




- ¿Y que esperas...? ¡Levántate ahora mismo! - Anthony divagó un poco entre sus palabras y sus actos - No esperaras que yo case por ti. ¡Tonto! de pie que esta misma noche aprendes.




.*.




Aquel pequeño le había costado tanto trabajo, y había sufrido mucho, y sus ricitos habían sido tocados con lujuria. Le notó tan indefenso, y entonces, después de aquella noche en que le encontró, prometió a si mismo no soltarle.




Su líder de líderes por fin en casa. Dormidito entre sus brazos mientras la inmortalidad le dejaba tan lentamente...




Y él seria, hasta el final de los tiempos, su favorito. No fue premeditado. Como cualquier padre, les querría a todos, y que unos destacaran más que otros era pura suerte.




Se aferró en las noches a Manuel. Y le miraba tan intensamente. Y Manuel con sus ricitos ya limpios. Y su cuerpo cubierto por telas negras. Inconsiente, Manuel era un humano convertido a vampiro, muy pronto pasaría a ser un nosferatu.




Y Anthony también. Le compartiría voluntaria mente de su sangre. Y a Mathew, quizás también. Todo dependía de que tan convencido estuviese.




.*.





Anthony, por el resto de las noches, enseñó a Mathew lo necesario. De la caza y la manera de succionar, de los desechos y aquellos problemas de no ser visto. Sin un sentido de humanidad, ellos devoraban diariamente. Era su necesidad, Quizás Brian podía aguantar varios días, pero no ellos, quizás cuando fuesen más viejos lo harían, por ahora una presa diaria estaba bien.




Mathew habló a Anthony, su aprendizaje no consistía sólo en matanza, el jovencito de los ojos híbridos había tenido una educación distinta. Y comparación de Anthony, lo recordaba todo, a su madre, a su padre, a sus hermanas y los jardines hermosos de su hogar.




Platicó a Anthony todos aquellos conocimientos extraños, la ley de la creación. La diferencia entre Nosferatu y vampiro. El fin de Brian. "Venganza."




- Somos sus chivos expiatorios. - Dejó salir Mathew mientras enredaba pasto seco entre sus dedos. - Nos buscó premeditadamente. Como desearía no haber salido aquella noche...




- ¿Tú lo recuerdas todo...? - Cuestionó y con sus ojitos avellana supervisaba los movimientos de Mathew - Mis memorias son inconstantes...




Mathew se puso de pie, estaba por amanecer. Siguió a Anthony hasta la entrada del castillo. Al entrar, todo oscuro. Para los vampiros hermanos no era gran noticia que ellos estuviesen juntos. En las primeras ocasiones que les vieron tan unidos, dudaron. Pero los meses pasaba y ellos dos al anochecer siempre acompañándose.




Y los meces siguieron pasando.




Mathew intentó odiar a quien fingía ser tan especial. Miles de actos infantiles, en el momento de adaptación, de la nueva creación, y por cada mala acción una sonrisa tierna de su creador que parecía ignorarle. Y eso le molestaba aun más, en diversas ocasiones, mientras todos descansaban, el de día, intentó arruinar a Manuel. Delineó con sus dedos delgados el rostro de la tercera rosa. Y Sonrió al enredar sus rizos, rizos bonitos hechos una maraña. Y al anochecer huyó, después de descargar su furia contra Manuel.




Y esa misma noche, padre Nosferatu por fin le dirigió atención sólo a él. Y en su habitación bonita, habló con cautela:




- Ahora todos hermanos. Una bonita familia, un nuevo clan. Entendió. Cuidaras de él por que lo he notado, que pasas tiempo con él. Entonces lo decidí, tú serás su guardia hasta que despierte.




- ¡No...!




- ¿No...? - Negó con la cabeza. Y se alejó de Brian. Tanto como pudo. Por que comenzaba a sentirse tan extraño.




- Es detestable..., jamás podré estar junto de él.




Y su padre semi-apócrifo le dijo con ternura:




"El que yace aquí llorando, loco de tristeza. Mírale bien, mi adorado Matt, él es quien te guiara hasta el fin. Respétale no por fuerza...




... si no por grandeza, mira que inconsciente tú has de cambiar. Mira que está destinado a la eternidad. Como tú."



.*.





Manuel permanecía en la torre, ahí donde él había estado tanto tiempo. Gritaba a todas horas, él estaba siendo enseñado cada noche, había cosas que debía aprender, Brian parecía tener prisa en las enseñanzas. Mathew huía de la presencia de Brian, aun no había descubierto su escondite.




- No puedo. - Dejó escapar Anthony. Sus ojos cerrados a presión, los puños apretados unas que removían la carne de la palma de su mano. - No puedo...




- No cierres los ojos. Anthony. Tranquilízate - Caminó hasta donde el vampiro joven. - Inténtalo nuevamente...




Anthony suspiró con cansancio. Brian descendió.




- ¿Y si no logro hacerlo?




- Mientras pienses de esa forma no lo lograras. - Con fuerza aló de las manos del oji-avellana. Notó la sangre, negó con la cabeza. - Bien... puedes irte, mañana continuamos.




Estaba demasiado agotado como para dar réplica. Abandonó en jardín principal del castillo. Se dio cuenta, de que a su paso, la distancia con los demás "hermanos" había crecido. Nadie le miraba directo a los ojos. Pensó: "Sería por alguna mala acción echa" en alguna ocasión cuestionaría a Brian de eso. Estaba por amanecer... y estaba agotado. Demasiado.




.*.




Una orden a la que trató de negarse e involuntariamente cumplió.




Mathew le vio llorar en inconciencia, llamar a una madre, a un hermano y un padre.




Mathew recordó después de mucho tiempo. A su padre... a su madre, y a sus hermanas. Meditó varías veces.




¿Qué sería de ellos? ¿Y si no le extrañaban, y si no habían caído derrotados por su abandono? ¿...y si ni siquiera había llorado por él?




- Pero que cruel que eres... deja de desear que sufran por ti... - Se escuchó una voz en aquella solitaria torre... y en la oscuridad unas orbes que deberían de ser castañas, los ojos de Manuel brillaban en un tono canela intenso.




- Despertaste... - Y en ese mismo instante, el jovencito de rizos frente a él, se desvaneció, otra vez. Entonces. Ese fue su secreto. Y con más insistencia se escapaba. Impregnados de una esencia extrañamente atrayente, como si deseara seguirle por los siglos de los siglos.




Líder de lideres...




Y dejó de mirar con envidia al muchacho de rizos que no abriría sus ojos otra vez, por que su cuerpo no había terminado con todas las huellas de mortalidad.




Matt en ese entonces ya había dejado de sonreír, de vez en cuando se escapaba para cuidarle... y su insaciable espíritu valiente y rebelde fue domado, mas no eliminado. Sus sonrisas dejaron de ser altaneras, y sus palabras ya no herían... mucho. Aprendió de humildad, rara vez practicaba, el bien y el mal.




Y en tanta admiración, no entendió lo que ocurría. Otra vez...




** Sólo tengo curiosidad...
... porqué no puedo preguntar
¿Por qué tengo prohibido amar?
Sólo tengo curiosidad...




Manuel se encargó de educar a Mathew.


Porque por deseo, duda y curiosidad, malas necesidades. Mathew descubrió que podía entrever los sueños y pensamientos del chico de rizos...



.*.




- ¡¡¡LO ESTOY HACIENDO..., LO ESTOY HACIENDO...!!! - Gritaba Anthony, cual niñito haciendo cosas de adultos, mientras sus manitas se aferraban, por seguridad, a las ramas más altas del roble viejo, Nadie fue testigo... y su soledad le bastó para sentirse satisfecho... Brian había puesto los cimientos. El terminó de perfeccionarse.




Aprendió a moverse a velocidad pestañeos.


Y a levitar como una hoja de árbol en invierno.


A asociar aromas a los recuerdos y las memorias


A manipular objetos no tocados.




Anthony, el poderoso de poderosos se perfeccionaba tan rápidamente. Muchos vampiros más viejos le envidiaron de pronto. De vez en cuando, Mathew le seguía, Mathew, entendió Anthony, también tenia sus secretos. Brian había comenzado a alejarse de nuevo. No enseñaba a Anthony, ni mimaba a Mathew, ni cuidaba de Manuel. Por que Brian lo estaba haciendo de nuevo...




Perseguir a su cuarta rosa. La más inocente de todas. Engañada que comenzaba a conocer el rencor.


.*.




Se aferró al cuello de la mujer mientras terminaba de atarle las cintas del corcel.




- Y serás aun más bella. - Sentenció Brian, para fornicar, aquella mujer era un asco. Y él un experto, sólo se necesitaba manipular "Algunas partes de su cuerpo para que se levantara con sutileza." Sus hijos nunca aprenderían ese tipo de recursos baratos, no, no..., se dijo.




- Yo podría ser más bella - Tan feliz que se sentía ella. Un nuevo y apuesto joven a su vida. Aceptó. Un poco de sangre desagradable, la bebió. El recio, su hijo. Niño rubio, alegre, tierno, un poco introvertido. Tan bueno que era, el peor de sus estorbos. El predilecto del padre idiota.




Y su único consuelo.




Que él, hijo bueno, le creyese una mártir.




Aquel fue el primer encuentro de todos, el Nosferatu se encargó de enamorarla. Y le manipulo con sentimientos. Ella lo dejaría todo.




Y fuero meses de romántico dolor... ella no tenía la decencia de disimularlo a su esposo y entonces él le rogaba, disfrazar sus amoríos, por su hijo pequeño y ella le reclamaba: "Todo sería mejor si el hubiese muerto" Y después de eso los golpes, y Brian no volvía a saber de ella, hasta que las marcas desapareciera en su piel nívea.




Ni sus hijos, no bastardos, le soportaban. Habían decidido alejarse de ella, al saber el tipo de mujer que era su madre. Una trepadora. Mujer corriente vestida en prendas hermosas, una mujer esposa de un hombre importante, tonto y sentimental, pero muy importante.




Incluso las famullas lo sabían, cuánta pena, ante todo, por el jovencito rubio que no se enteraba de nada.




Y después de tanto enredo. Ella tomó una dedición drástica. El hombre manipulado y su acción mortal. Y después de eso el infierno creció.




Un funeral al atardecer, mientras llovía.




Se acercó al niño que lloraba solo a la tumba de la mala mujer.




Así, sin disfraces ni disimulos. Blanco y frío...




Ofreció ayuda por ayuda. Dos venganzas diferentes, pensó Brian. Y pese a todo lo que pensó. El rubio acepto.




.*.





- ¡Brian..., Anthony...! - Gritó Mathew desde la torre. Sólo el chico de orbes avellanas atendió a su llamado. - Despertó... despertó...




- Manuel... - Dejó escapar con sorpresa.




- ¿Y Brian... en dónde está...? - Anthony bajó la mirada y titubeó al contestar... - ¿Se marchó de nuevo con esa mujer...?




- Dijo que hoy hablaría con él...su madre murió y...




- ¿Quienes son ustedes...? - Cuestionó Manuel, sentado en la cama de telas blancas. Anthony se acercó hasta donde el chico de rizos. -




- Yo soy Anthony... - Hizo una inclinación. Esa era su educación. Mathew se mostraba receloso... ese tipo le había quitado la atención de Brian, sabía su historia... -




- Yo soy...




- Eres Matt... - Dejó escapar Manuel. - Ahora te recuerdo...




- No, soy Mathew...




- Matt está bien. ¿No...?




Anthony les miró extraño...




- ¿Se conocen...? - Negaron ambos con la cabeza.




- El estuvo con migo, le sentí. - Manuel puso un gesto amargo. Sentía todo tan familiar. Un ambiente cálido... sin memorias... en su mente... sólo Brian murmurando, Anthony practicando... y Matt a su lado.




.*.





Brian llegó a su castillo con el rostro inconforme, vacío. Le había mentido a una de sus rosas, y la próxima ocasión sería en motivo de discusión.




Había mucho revuelo en su castillo. A prisa, se adentró, sus vampiros le esperaban.




- ¿Qué ha ocurrido?




- Brian, ha despertado... - Sentenció con alegría uno de tantos. - Mathew y Anthony están con él, no hemos querido entrar.




- Han hecho bien. - Se apresuró, corriendo a velocidad-parpadeo




Y se deslizó por sutileza, y cuando a la torre llegó, sus ojitos de inconformidad fueron sustituidos por uno lleno de ternura y amor. He ahí, tres de sus cuatro rosas.




- Anthony, Mathew... Manuel... -




Ellos que permanecían recostados. El amanecer estaba comenzando a llegar. Manuel y Anthony completamente dormidos, acurrucados entre si.




Mathew sentadito con las piernas encogidas.




- Llegaste tarde Brian...




- Mathew...




- ¿Y le conseguiste...? ¿Por lo menos hiciste eso...? - Asintió. Mathew había cambiado tanto en meses... intentó conocer su interior. - "Lo has logrado..."




Cuestionó con el poder en su mente... sin mover labios, sin dejar salir sonidos...


Mathew sonrió. Negó con la cabeza y se aferró al cuerpo de Anthony...




- Espero que a Robert si le enseñes tú. - Pareció meditar su siguientes palabras - ¿Y cuando iras por él...?




- Yo no iré por él. - Mathew no entendía. Brian señaló a Manuel...



.*.




Después de muchas noches de indecisión, después de mareos y extrañas punzadas en su corazón, después de ver a aquel hombre en el funeral. El pequeño rubio se decidió a hacerlo...




... esperar al asesino de su madre.




A aquel que tenía el derecho de poder ser llamado padre...


... derecho no merecido.




Le esperó en su recamara... una ventana grande removía sus cabellos lindos.




Él entró. Siguiente es una historia ya contada...




Lágrimas, sangre y condena.




Ella dijo: Que no eras mi hijo. Pero yo que te amo tanto nunca lo acepte





|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|








(º·.¸(¨*·.¸ Brian ¸.·*¨)¸.·º)
«.·°·~*~' Matt·Frank·Ray‘~*~·°·. »
(¸.·º(¸.·¨* Bob *¨·.¸)º·.¸)





(**)Porter: Al fin me darás un reno


(*) Mozart: Réquiem/confutatis




๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Cap. 22: Interludio III: Balada del linaje de Khayyin Kaen Caín...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:56 pm

Cap. 22: Interludio III: Balada del linaje de Khayyin Kaen Caín...

Llegó, Khayyin Kaen Caín, el primero al mundo recién creado, era mortal y fue castigado, y después de él.
Comenzaron a nacer más de una forma asexual.



Hijos caínitos, todos abrazados, no eran malos ni buenos, solamente humanos que dejaron de ser mortales, a la conciencia los recuerdos del hombre que mató a su propio hermano, el de la marca en la piel, el que fue maldecido por dios. Y después la creación de la segunda generación de vástagos, con rostros hermosos, la belleza les fue dada, con rostros simétricos y piel lechosa, mientras más hermosos más fuertes.

La segunda generación de vástagos, los vástagos que quisieron tener también sus hijos propios, abrazaron a humanos lindos, capaces de soportarlo todo, fuertes y siempre seguros, la tercera generación de vampiros fue creada, el motivo, desobediencia hacia el hombre que mato a su hermano "Kaen", el único ser de primera generación.

Entonces, el segundo castigo de Dios fue mandado. Para todos los seres hundidos en el pecado:

El diluvio llegó. Ante la creación de la tercera generación. Y se les llamó Ante - diluvianos a los chiquillos abrazados.

·~·~· Negrura existente, nos fue alojando, porque hubo vida ·~·~·




Y los tiempo pasaron, y la tercera generación: Antediluvianos, fue tan vanidosa, y rencorosa, y recelosa de sus padres poderosos. Engañaron a "Kaen", eliminaron la segunda generación, y enfureció tanto, los responsables recibieron el mayor castigo. Y después de eso, ante el dolor de la perdida, Khayyin Kaen Caín se exilió.

La especie vampiro que dejó de llamarse vampiros así misma. Porque no todos los humanos son llamados humanos, porque entre ellos se crearon las razas, nacieron nuevo nombres para los seres, el nombre del antediluviano padre sería la marca llevada, rasgos diferentes y habilidades distintas entre clanes, después de la cuarta generación los nombres no importación, y se les llamaron: Baali, Brujah, Cappadocian, Settolionigü, Lasombra, Malkavian, Nosferatu, Salubri, Setitas, Toreador, Tremere, Tzimisce, Ventrue.

Los nombres dejaron de ser importantes apartar de la cuarta generación, generación tercera generación perdida con el tiempo, quizás dormida: castigada por envidiar. El cazador Nosferatu, culpable de la destrucción de los vampiros segunda generación y autor del engaño a Kaen, desaparecido, como todos los demás Antediluvianos, y la profecía dice:

"Que cuando los seres de tercera generación despierten, todas las demás razas vivientes dormirán eternamente, serán devorados por los que durmieron tanto tiempo."

.*.




·~·~· Es una noche sola, ¿Que seríamos capaz de hacer por él?·~·~·



Brian pensó que todo mejoraría.

Los malos pensamientos abandonaron la mente, el corazón y las dudas, malas por existir simplemente, todo lo malo, semi -alejado: Mathew había dejado de detestar a Manuel, y Anthony le miraba como añoranza, como si imaginara una historia en la que los tres eran seres matutinos, buenas sonrisas entre ellos, todo estaría bien...

Brian informó por fin que una noche especial sería la próxima, tres lunas después de brindar su sangre pura en vino consagrado que le convirtió sólo en sirvientes más no en hijo, por algunas noches. Robert trataría de hacerlo hoy, eso que cortase su mortalidad de golpe. La primera tarea para uno de sus hijos el, miembro de la familia, recién adquirido. Tuvo tacto y sutileza, platicó por horas con Manuel, le sonreía con ganas y le miraba con ternura, encerrados, en la habitación del Nosferatu, y paseándose por segundos, los vampiros transformados de forma premeditada, y a escondidas, uno del otro, siempre fue de ese modo: Caminar sin respirar para Anthony y para Mathew, escuchar sin necesidad de arriesgarse a tocar la puerta.


~~ ¿Qué sería capaz de hacer él, por nosotros, sin miedo? ~~




Y evitar que sus manos se manchasen, la fuerza brindada le volvería loco esta noche, y convencerse de llegar al castillo de inmortales, ser amable y respetuoso, amigable y comprensivo, para nadie era fácil dejar de existir en el libro de lo real y normal. Y las noches pasaron, Manuel asintió. A cambio pidió, se le llamara Raymond. "Manuel" era un nombre gastado.

"Mi Manuel..."

Ante la percepción de casi todos, este sería un amanecer cotidiano, el sol invadió el castillo enorme que a material antiguo estaba hecho, habitaciones protegidas, y aún así, Mathew no quería salir de día. Simulaba descansar, sus ojitos cerrados y su respiración pasiva. Imaginaba de la vida de su madre y su padre, pensó con temor, que sus sonrisas vigorosas estarían quebrantadas por el gélido tiempo. Y su hermana la más pequeña, sería una mujer con hijos, ojala, pensó. Hubiese algo para detener el tiempo de ellos sin privarles del sol. Negó con la cabeza mientas las lagrimas oscuras escurrían de su rostro.

~~ ¡Oh! brujas dudas, papá nos hizo eternos, entiendo ~~




Él no quería ser diferente entre los extraños. Por dios que no quería. Rogaba a los cuatro vientos una minuto de paz... quería descansar. Tanto que lo deseaba. Un sólo culpable para todo, y su corazón se oprimía...

En una habitación diferente, Anthony mantenía otro tipo de torturas, dolorosas y ardientes pruebas mentales, pesadillas que impedían respirar con tranquilidad, había un pasado escondido, inigualable con el tiempo, mentiras, simular acciones, y ver sufrir a tantas personas, una sonrisa, él era extraño, una marca en su mejilla rojo tímido, siempre acurrucado a algo, incluso un abrazo a él mismo le hacía sentir menos culpable.

Poderoso.

Instaló en sus recuerdos una lagrima, única, he inconscientemente sus labios fueron perforados, colmillos blancos, finos, hermosos, inherente sus parpados que se presionaban más con la puesta del sol. Para ti, las pesadillas eternas. Que el poder adquirido es relativo al pesar nocturno. Sólo para ti.

·~·~· Y ganamos tanto, tanto, tanto, tanto... tanto dolor ·~·~·



Y fue algo que difícilmente recordaba. Sus rizos traviesos, maltratados por el movimiento de su cabeza entre las sabanas. Una visita inesperada: gritos, la extinción de una casta, imaginó sería una muestra de poder, y demasiados que se arremolinaban a las esquinas que podían esconder apenas a un ser inmortal, nunca se pensó en pasadizos secretos ni protecciones poderosas, como flotando en la nada, podía observar y no entendía, porque los colores en su mente se distorsionaban.
Cenizas.
Lagrimas más.
Sintió tanto dolor:
Hermanos muertos
Cuerpos de fuego a dolor.
Almas disueltas en el aire, fundiéndose.
Lo vio todo y no dijo nada al anochecer. El movimiento en la planta baja le hizo despertar sin sonrisas, estaba nervioso, colocó en su cuerpo las mejores prendas adquiridas, regalo todo del Nosferatu.

Cuello a holanes blancos, y zapatillas a trabajo arduo, una gama de clase, sus prendas ajustadas, y su figura burlesca apetecía a engañar. Las velas no creaban sombra, y su reflejo no era devuelto, entonces, pensó: resultaba un insulto aquella decoración tan subjetiva si no podía mirarlo el mismo.

Un golpe a la puerta que le hizo titubear.

- Adelante... - Demoró en su respuesta, se alejó del espejo personalizado.

- ¿A dónde iras? - Cuestionó Mathew mientras se abalanzaba hacia el lecho desarreglado, con los ojos castaños le miró, Raymond, confuso por la confianza recién demostrada. Titubeó antes de acercarse y sentarse a su lado.

- Yo... a ningún lugar...

- Oh, Manuel... pero que malo que eres - Dramatizó y Raymond titubeó. - ¿Porqué deseas ocultarme algo...?

- Mathew, déjame solo con él. - Sentenció de manera amable, una voz que se adentraba a la habitación, Mathew rodó los ojos, sólo para el culpable de todo un mal gesto, sonrió a Raymond y se encogió de hombros, se puso de pie, su cuerpo, sí reflejado en el espejo fijo en la pared, mostraba a un desganado Mathew que no había tenido la delicadeza de asearse y cambiar sus prendas del día anterior. Estaba a punto de salir cuando Brian le tomó del brazo. - Mathew... Desea que le llamemos Raymond, no Manuel... ¿Podrías complacerle en eso?

Entonces, después de mucho esforzarse notó que su paciencia era poca. Frunció el ceño.

- Yo le dejo llamarme Matt. A pesar de sonar tan vulgar y tonto. - Y no dijo más, estaba tan cansado que no intentó siquiera virarse hacia RAYMOND para encararlo mientras sus palabras eran pronunciadas.

~~ Negrura existente, nos fue alojando, porque hubo vida ~~



.*.




Brian se despidió a media noche de él. Hacia el hogar del rubio, como sombras nocturnas, Mathew y Anthony, uno ignorando la presencia del otro y el otro, simulando no ver. En caballo, viejo y blanco, desganado y rápido. Raymond se dejó guiar.

El animal paró.

También Mathew y Anthony. Raymond levantó su mirada, un castillo hermoso. Se viró para ambos lados... ¿Cómo subir...? Era demasiado tarde como para que le recibiesen. Incluso los criados dormirían.

Frunció el ceño.

- No entiendo porque te mandó Brian. - Y él apareció entre las sombras - No lo entiendo...

- Anthony... ¿Te ha mandado él?

- No - Sonrió y le abrazó con fuerza, y le mantuvo en brazos hasta que el borde de la ventana fue visto. Elevado en el aire - Mathew también está allá abajo, estábamos preocupados por ti.

- ¿Matt? - Sus ojitos se abrieron, también los de Mathew, que podía escucharlo todo a metros de distancia. Negó con la cabeza. Era momento de ocupar aquella habilidad enseñada por Anthony, les alcanzó.

- ¿Desde cuándo te diste cuenta? - Cuestionó molesto sin tomar en cuenta realmente a Raymond.

- Eres demasiado ruidoso - Sentenció - Las ramas entre tus pies lloran a cada paso.

~~ He ganado tanto, tanto, tanto... tanto dolor oscuro ~~



- Puedo hacerlo yo, Brian confió en mí... - Les interrumpió, un gesto de disgusto en su rostro. Ojos castaños entrecerrados, no había manera de fallar... - Y yo desearía que en mi confiasen...

- No, no podías tú - Sentenció Mathew, después miró a Anthony aislaron del ventanal a Raymond - ¿Entramos...?

- Claro... - Apenas si dieron algunos pasos..., sus rostros fijos en la ventana, los rizos traviesos se movieron delante de ellos - ¡Hey, Raymond... regresa aquí...!

- ¡No!, puedo hacerlo yo...

- No puedes solo... - Desafió con el rostro sonriente Mathew. Bufó mientras los ventanales se habrían sutilmente... manos de ceda... abiertos de par en par.

·~·~· Y la negrura existencial, algo me aloja, alguien me ha comprado ·~·~·



- ¡Perdón...! - La voz rota detrás de los cortinales, debía de llegar Raymond a impedirlo. Primera misión semi - fallida.

Anthony y Mathew paralizados, él con sus rizos movibles, y el rostro fruncido, él no era un tonto, había fallado por culpa de esos dos. De ahora en adelante, pensó: tendría que ignorar si le distraían.
Perfección.
Carácter.
Dedición.
Arrogancia...
Aprovechó que los ventanales habían dejado de ocuparle.

- Me han mandado por ti... él dijo que has conseguido lo querido y toca a él cobrar lo suyo... -

- No pienso ir con nadie... no te conozco, no quiero moverme de aquí. - Mathew y Anthony contenían la respiración para no interrumpir. Era tan incomprensible. Podía usar la fuerza, aún no tenía mucha, contra Robert la suficiente.

- Me llamo Raymond, ahora ya no soy un extraño - Se inclinó un poco y ofreció su mano, le habló con voz pasiva - Por favor, soy nuevo, como tú, si no te llevo con migo creerán que soy un tonto...


~~ Él que me privó de la luz, de lo hermoso y el miedo ~~




- ¿Cómo yo, a qué te refieres...? - Raymond parpadeó velozmente... su respiración agitada, ojos nocturnos. Se acercó hasta donde Robert, su nariz en el cuello del rubio. - ¿Qué haces?

·~·~· ¿Que sería yo capaz de hacer por él? ·~·~·


- Mortal... - Y pensó... que llevarle sería algo complicado.

Preocupación.
Raymond entre su orgullo y sus dudas, y a gritos pidió la presencia de Anthony y Mathew, primera oportunidad para practicar con el poder mental del vampiro ojo híbridos, Raymond ordenó ser cuidadoso. En brazos del valiente de valientes, Anthony miraba con curiosidad a Robert y fue la imagen más bizarra. Para recordar con los ojos cerrados y las mejillas sonrojas.

Elegancia a la basura.
Anthony y Mathew detrás del caballo, viejo y blanco, que luchaba y relinchaba de forma cansada a cada paso, corrían, y corrían...

.*.



~~ Él que nos privó de la luz, de heridas superficiales ~~



Y le miró partir, falta de percepción, no había notado su Raymond a quien le seguía, sus hermanos de maldición. Volvió entre sus pasos, y muchos vampiros sin importancia le miraban. Ellos en reverencias le mostraban su respeto. Le querían, porque era un padre justo y sin tosquedad, tan puro, que se les mantenía alejado de los clanes caníbales. Único que era su padre, siguió caminando, se encontraba con varios de ellos, entre los pasillos, en recamaras, todas hermosas, finas prendas para todos, todos con el mismo derecho. Y los hermanitos más pequeños, los tres destacados, se volvían un centro de atención tentador. Y les querían de forma limpia, y de vez en cuando les celaban sin maldad, padre Nosferatu estaba ahí para responder preguntas sobre predilección.

No todos iguales, no les quería de la misma forma.
Todos diferentes, cada cual con sus cosas buenas para amar de una distinta forma.
Amando a todos.
Siempre y por siempre.
¿Y qué de los que exigían más amor...?
Todos siempre amados a igual cantidad, de distinta forma. Para ninguno más.

Con sonrisas amables, siendo bienvenido por la brisa nocturna, encerrado en su habitación, iguales proporciones. Sentado en una sillita de madera roblada. Bruscos talles a mano. Fue su forma de descansar, sentirlo. Un nuevo hijo que tendría para el amanecer. Bañado por la luz lunera, y las estrellas a su alrededor, brillando con intensidad brindada, y Brian se sintió la luna, alumbrado por el padre que tuvo hacia tanto tiempo. Su padre Nosferatu, único y verdadero. Recordaba sus primeros días, nadie le vio de buen modo, y la apariencia en ese entonces no era más que un mismo reflejo de ahora, no con ojos tan agotados, ni corazón tan lastimado.
Suspiró.
Cerró ojos.
Su corazoncito.
Una sola noche para meditar. Y después de Bob, pensó: "Todo tal vez mejor". Y meditó en la no oscura noche...

·~·~· Y ganamos tanto, tanto, tanto, tanto... tanto dolor ·~·~·


.*.




Comenzaban a adentrarse a la fortaleza semi destruida y olvidada, del castillo.
Mathew tropezó, Anthony rió, Raymond paró el andar del caballo en seco. Bob liberado del control mental, miró hacía ambos lados, reconoció al castaño de rizos, intentó bajar del caballo, animal molesto porque forcejeaban en su lomo. Alzado en dos patas, cayeron los dos al suelo, Anthony siguió riendo, mucho, mucho..., demasiado ruido para pasar desapercibidos, hermanos vampiros salieron enseguida, y el olor a mortal invadió su nariz, y todos demasiado violentos ante un intruso, un mortal en su castillo. Dispuestos a atacar, Mathew, Anthony y Raymond, ninguno lo suficientemente maduro como para notar, el mal disimulado, enojo de sus hermanos. Rodeados cada vez más, dos de ellos forcejeando sin despegar la mirada, orbes azules, orbes castañas. Y el vampiro de los ojos híbridos tratando de ocultar su sonrojo bajo su gesto enojado. Y los ojitos avellana cerrados, mientras las lagrimas corrían por su rostro, reía mucho.

- ¿PERO QUÉ CREEN QUE HACEN...? - Cuestionó sin hablar, sin mantenerse cerca. En su habitación...con los ojos cerrados y el ceño fruncido. Y los que pretendían atacar bajaron la mirada, y Anthony decidió que era mucha risa por hoy, forzó a Robert, le puso de pie e incito sus pasos hacían el castillo. Mathew arrastró sin necesidad Raymond.
~~ Negrura existente, nos fue alojando, porque hubo vida ~~



Una luna que iluminó sus rostros también. Caminaron entre forcejeos algunos, hacia Brian, padre apócrifo. Trayecto con prisa, demasiado tarde, caminaron hacía la habitación, caminaron, caminaron.

Y entonces el padre fue reconocido...

Esperándole en la puerta el hombre del cementerio...

- Me engañaste - Chilló el chiquillo, zafándose de agarre, lo acontecido de volvió una tortura tan amarga y melancólica, y se durmió el nivel de ansiedad, había sido engañado - Dijiste que la conocías... era tan mala ella.

- Y tú tan ciego - Sentencio el mayor, su nuevo pequeño demasiado ingenuo, pureza que le haría tan difícil el caminar eterno. - Era tu madre, debiste de conocerla más. Ella quería ser siempre bella, le di lo que quería, tú fuiste el pago. Por eso murió, porque tu padre la descubrió. Robert ahora eres uno de nosotros.

Caminó hasta donde el rubio, promesas al aire, y dijo cosas bellas el padre apócrifo, algo sobre la familia, el permanecer siempre junto, unos hermanos recién brindados, cariño de padre a hijo, Mathew bufó ante este comentario.

La sangre se le congelo al instante de sentirle tan cerca, Robert que bebió sangre de Nosferatu, dejaría de ser un sirviente, ahora, que su sangre comenzaba a ser succionada y la mortalidad le abandonaba, comprendía nada.

Y sus recuerdos, después de eso, se hacían borrosos. Y entre sus labios secos sangre de su padre. El primer pasó para crear un poderoso hijo.
¿Pero de que sirven las memorias?
Para sufrir, para llorar, para recordar errores...
... para saber quién eres.

- ¿No podías ir tú? - Cuestionó con celos Mathew. - Nos hubieses ahorrado muchos problemas...

- Yo le pedí a Raymond que fuese solo. Tú voluntad fue acompañarle, además... la luna estaba hermosa.- Comentó con inocencia - Hubiese sido una pena no contemplarla toda la noche.

Robert en su sueño ahorrado. En donde todo se volvería nada y él sería una mancha más en el mundo de los inmortales.

·~·~· ¿Qué sería capaz de hacer él, por nosotros, sin miedo? ·~·~·



.*.




Descendientes de: Baali, Brujah, Cappadocian, Settolionigü, Lasombra, Malkavian, Nosferatu, Salubri, Setitas, Toreador, Tremere, Tzimisce, Ventrue, comenzaron la nueva guerra interna, por poder, todos deseaban someter y sobrepasar a todos.
Todos tratando de eliminar a los que intentaban sobrepasar los poderes máximos.
A los que comenzaba a tener suficiente poder.

Un infiltrado lo notó, que cierto clan había dejado de crecer con salvajismo, y que el poder emanado de sus tierras era demasiado fuerte, demasiado para ser liberado simplemente por un gran Vampiro.
~·~· ¡Oh! brujas dudas, papá nos hizo eternos, entiendo ·~·~·



Y lo anunció a su Clan, y muchos más perceptores lo anunciaron a demasiados Clanes.
Brian, el único hijo hermoso de Nosferatu, había dejado de jugar a convertir compañeros para su solitaria vida. Brian el único hijo hermoso de Nosferatu, había comenzado con su tonta venganza, esa sin fines ni medios.
Esa que se basaba en mitad verdad, mitad mentira.
Ventrue Marc Webb, Lasombra Howard Benson, Brujah Dana Childs, Salubri Keith Morris, en busca de la explicación, ellos, nuevos cazadores de cuarta generación que deseaban saberlo todo, para después eliminar a : Nosferatu Brian Schechter

.*.




Una visita inesperada: gritos, la extinción de una casta, imaginó sería una muestra de poder, y demasiados que se arremolinaban a las esquinas que podían esconder apenas a un ser inmortal, nunca se pensó en pasadizos secretos ni protecciones poderosas, como flotando en la nada, podía observar y no entendía, porque los colores en su mente se distorsionaban.
Cenizas.

Lagrimas más.
Sintió tanto dolor:
Hermanos muertos
Cuerpos de fuego a dolor.
Almas disueltas en el aire, fundiéndose.
Lo vio todo y no dijo nada al anochecer.
Sin entenderlo realmente, Raymond despertó pensando en las millones de imágenes que se cruzaban por su mente, y nunca dijo nada, y no pensó siquiera que el poder de líder comenzaba a despertar sus sentidos.
~~ Negrura existente, nos fue alojando, porque hubo vida ~~




Sin promesas ni futuro, en un semi letargo de monotonía, se les inculcaron las buenas acciones, Brian y sus tres pequeñas rosas, les habló de la no-vida, el motivo que le motivó a crearles, del cazador nosferatu, de su maldición y de lo afortunados que habían sido, ellos seres solares con la marca de Kaen, seres capaces de soportar la pesadez y tortura de una existencia Nosferatica. Mathew a cada noche de explicación fruncía el ceño. Considerado como una bonita adquisición, odió tanto ser tan débil y amoroso. Ray resultaba ser demasiado serio, contrastando súbitamente con el carácter apacible de Brian. Anthony repleto de orgullo y frías miradas.

Y aprendieron a levitar de una forma perfecta. Noches, una tras otra y la cuenta fue olvidada.
Se les otorgaron demasiadas enseñanzas Brian les quiso perfectos. Noches, una tras otra, y el tiempo se fue.
Tan bien conocieron la historia de la creación, el padre de todos. Noche, una tras otra, entendieron, que nadie les querría.
De su raza sucia y sus poderes sobrenaturales, su enemigo matinal. Noche, una tras otra, sintieron temor ante la oscuridad destinada.
Todos seres solares, a controlar a la bestia asesina interna, controlar hambre e ira. Noche, una tras otra, tanto tiempo pasado, resultaron ser magistrales.

tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc - El tiempo pasa. El tiempo es polvo... - TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC.
En una vida con época muerta, el tiempo dejó de ser existencialmente importante.
Las rosas hermosas inmortales lo aprendieron: La belleza no opacada.
Que nada más importante que un manojo de poder y liderazgo.
La sutileza común, rasgos del tiempo tan inexistentes
El amor les fue auto prohibido al aprender.
Besos de muerte tan lejos se fueron.
Y más tiempo corriendo con locura.
Una ayuda que no existe, porqué nadie quiere
Las noches lluviosas, calurosas, frías y otoñales más.
Con bondadosos actos no registrados, más tiempo para ellos.
Más enseñanzas, varios muchos, más años, maduros, menos llorones.
¿Con destino? no más esperanzas, Todo como llegase: malo o peor, entrenados bien.
tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc - El tiempo pasa. El tiempo es polvo... - TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC, tIc TaC.




·~·~· Y ganamos tanto, tanto, tanto, tanto... tanto dolor ·~·~·




En el momento preciso, todo parecía normal, un amor difícil de ocultar, mirando hacia atrás, sabían lo que fue querer, intentó titubear en sus pasos, pero el tiempo no en vano era retenido por su cuerpo, Mathew escuchando el crujir del hogar, el nuevo hogar, su Clan dividido, los demás hermanos emigrando, tratando de monopolizar las tierras hermosas, ganando esparcido, destruyendo pequeñas castas y aforrándose a los territorios obtenidos, sin motivo o razones, Brian había ordenado agrandar sus fronteras, y de pueblos a países, por lo siglos que todo resultaba más fácil. Mathew apretó sus puños, estaban por adentrarse al modelo modesto. Un castillo sin condiciones alentadoras. Caminó detrás de Anthony, ese que por razones extrañas había comenzado a revelarse a momentos, aceptándolo, él tenía sus ocultos momentos de rebeldía e inquietud, Anthony era diferente, parecía no estar conforme con Brian, en ocasiones, seguía el paso sin mirarle siquiera. Anthony comenzaba a cansarse de todo.



- Despertara hoy, sean buenos con él. - Suplicó el apócrifo padre, Se adentraron a la recamara con decorado celestial, un rubio con gestos sonrojos se mantenía tan apaciblemente dormido, una sonrisita burlona en su rostro. Ese era su Robert, pensó Brian, el más puro de sus hijos, el de la sangre purificada, quien mantendría un tanto y un poco de delirios existenciales, el de las discusiones. Él resultaría ser más berrinchudo de lo que Mathew pudo alguna vez sido, y más engreído de lo que Ray llegaría a serlo nunca, y mil veces más desconfiado que Anthony, y aún así, sonrió de forma conforme, mientras sus manos terminaban de recorrer el rostro del rubio. - ¿Ray, quieres despertarle?



Asintió, y sus desorbitados ojos rodaron, sus hombros se elevaron. Brian bajó la mirada ante el acto en sí, lo había notado. Que sus adorados Nosferatu comenzaban a cansarse de él. Le dolía, vaya que le dolía, pero aún más si esos desplantes venían de Raymond, su Raymond, en vampiro del pasado de muertes, el de los rizos finos y las lágrimas a media noche.

~~ ¿Qué sería capaz de hacer él, por nosotros, sin miedo? ~~



Y con movimientos sutiles, sus orbes azules se dejaron ver entre la oscuridad, un poco más turquesas, demasiado brillantes, casi que temieron Mathew, Anthony y Raymond, Robert con movimientos sutiles ladeaba su rostro, comenzó a llorar, y los gritos estridentes se estancaron entre las paredes del ostentoso palacio, ya más frío que el anterior. Sus recuerdos también fueron desechados, el rubio había mantenido el segundo trueque de sangre hacía tanto tiempo. Y sus otro tres vástagos no lo sabían, que Robert Nathaniel había recibido la sangre por segunda vez en secreto, Brian pensaba seriamente, uno de sus hijos, el ultimo, el de la sangre pura, no podía ser tan débil, no podía siquiera imaginar siéndole tan débil, y por eso, sólo por eso, Robert Nathaniel había sido su primer vástago Nosferatu. Y sus ojos turquesa le demostraban que la poderosa bestia dentro estaba bien controlada, y sus ojos turquesa una muestra palpable de su poder y sutileza. La grandiosidad de mantener un cuerpo hermoso a pesar de ser un Nosferatu.

Blasonando por la nada, Robert comenzó a ponerse de pie, la cama tupida de telas finas dejaba de ser relajante, miró a su padre con añoranza, Mathew y Anthony fueron apreciados de aquella forma tan amena, les sintió sangre de igual poder.

- Plebeyo ¿Por qué me miras de aquella manera tan intima? ¿Es acaso que nadie te ha educado? - Robert tomó entre sus manos, las mejillas de Raymond - De ahora en adelante, bajaras la mirada al notar mi presencia y evitaras presentarte ante mí sin llamado.


~~ Negrura existente, nos fue alojando, porque hubo vida ~~



- ¿Pero qué te ocurre? - Cuestionó agresivamente el chico de rizos, se deshizo del agarre del rubio y miró con ira a Brian. - ¿Porqué dejas que me diga eso?

- Déjenme sólo con Robert - Dijo, Raymond salió hecho una furia. Mathew a risa abierta y Anthony lleno de indiferencia y seriedad, lo había notado. Robert pertenecía a un nivel superior.

·~·~· Quizás un sacrificio a llanto triste, de padre a hijos ·~·~·



- Se que no es un sirviente, sólo quería molestarlo - Afirmó Robert antes de que el Nosferatu padre pudiese decirle nada. Sus mejillas sonrojas le delataron, se encogió más en su propio cuerpo, sus manitas enredadas en él mismo. El cabello brillante, rubio, como rayos de sol en pleno amanecer. Suaves y sublimes. - Se que él me trajo.

- Lo entiendes todo ¿No? En la sangre las ideas precisas y sabes todo lo que ha ocurrido. Tienes sangre pura y eso me importa demasiado. Y a la vista de todos tus gracias parecerán tan comunes, no es una condena, no es un suplicio hueco inservible, Robert, mi puro de puros, entenderás lo importante de tu sangre en mi clan.

Cosas tan simples un gran abrazo, momentos lejanos, y en el momento no dijo nada, quiso echar a correr, y tras las puerta, un gran curioso, enamorado mirando al piso, no quiso ver ya demás, quiso un abrazo del más fuerte, obtuvo explicaciones, y tan celoso, y tan sublime, corrió hacia afuera, y no lloró, habían dejado de ser tan llorones, y no amoroso en si un poco menos demostrativo. Odiaba su propio ser, y ser tan diferente entre los extraños, esperó a que el sol saliese, nadie en su búsqueda, cansado de todo uno nuevo al clan, Robert Nathaniel había llegado, y sin su presencia, seguro todo seguiría igual, y como una vez huyo de sus padres, intentó hacerlo por segunda vez de su creador.



¿Y nadie notó que faltaba? El sol comenzado a regocijar, el sueño no le llegó, la luz, como una ola a la costa del mar, casi que tocaba su piel, y el tiempo paso. El tiempo es polvo, el quiso serlo también, cerró los ojos con fuerza, una presión en su cuerpo le hizo abrirlos y temer.

Respétale no por fuerza...
... si no por grandeza, mira que inconsciente te ha cambiado. Mira que está destinado a la eternidad. Como tú."


Con sus ricitos traviesos, alguien alojado en su espalda, ahí, los dos en el suelo pastoso, y Raymond temblaba incluso más que él. Y el sol llegó, y les invadió de pronto, y su hermano apócrifo gritó tan duro, y su piel tan tersa comenzó a llenarse de ampollas tan feas, y sus ojos se abrían ante el dolor, y su piel blanca comenzó a brillar, Mathew lo notó, era aún más extraño.
Porque de día no dormía, nunca el cansancio le llenó.
Porque su piel no sufría ante el astro matutino. Su piel brillaba como si millones de diamantes de hubiesen adherido a el.

- Matt ¿Estas bien? - Cuestionó Raymond antes de desvanecerse, y Mathew le tomó en brazos, le llevó a su habitación. Y le despojó de las prendas, y su piel maltratada le hizo erguirse y mirar hacia el techo. Mathew no tenía daño alguno. Llamativo en el día, nada tan insignificante. La luz no le eliminaba a él. ¿Y a los demás...?
~~ Y ganamos tanto, tanto, tanto, tanto... tanto dolor ~~




En sueños, Raymond quejándose del dolor, sus pesadillas constantes y los recuerdos confusos, todo resultaba demasiado intenso, Mathew espió por primera vez, en los sueños de alguien, no entendió.
Cenizas.
Lagrimas más.
Sintió tanto dolor:
Hermanos muertos
Cuerpos de fuego a dolor.
Almas disueltas en el aire, fundiéndose.

- Tienes sueños tan tenebrosos... - Sentenció cuando notó que todo comenzaba de nuevo, una tras otra, repitiéndose sin cansancio. Una y otra y otra vez...

.*.




Brian sería siempre un vástago de nosferatu, un vástago demasiado horroroso, sería el ser repudiado por su especie. Los vampiros no mereciera la existencia de los Nosferatu, los traidores, nadie les deseaba porque el padre de todos, el cazador nosferatu resultaba ser un traidor en cualquiera de las versiones contadas. Traidor. En lugares no tan lejanos, el anochecer comenzaba, y después de mucho meditarlo, decidieron, era un buen momento para dirigirse hacía los lugares conquistados. Vampiros simulando ser santos justicieros Ventrue Marc Webb quién deseaba el poder entre todos se acompañaba siempre de su vampiresa ventrue

Dispuesto a acabar con la raza, habría primero que hacer entender al poderoso Nosferatu que su existencia no era más grata en el mundo horroroso. Los acordes de los nuevos instrumentos rebozaban en el palacio blanco, construcciones hermosas y grandísimo poder. En el castillo, en carroza, él, su vampiresa y sus ciento veintitrés vástagos regresaban a acabar con a la fiesta en el palacio blanco, y si no entendió del los motivos pensó: "Sería de los menos importante" los nosferatu, le habían contado, serían seres, mitad vestía mitad hombre. ¿Cómo considerarles hermosos? Bufó al pensar que su poder sería destinado a seres tan horrorosos.

.*.




Al anochecer, las heridas simulaban estar peor, Brian con los ojos cerrados se aferró a la mano de Robert, y cortó de manera brusca, y la sangre comenzó a correr, sangre pura, cómo la sangre que brinda una madre en el vientre a su hijo. Magnifica sangre, ayudo el padre a su hijo rubio, y con fuerza las heridas fueron talladas, la sangre absorbida de manera impresiónate, dos horas... dos horas para que la piel tersa volviese a verse reluciente.
Papá preguntó motivos. Los hijos le respondieron.

Brian enfurecido con Raymond, y le encerró en su habitación por catorce días, Matt contó la verdad a medias, de la protección de el de rizos todo, de su inmunidad nada. Y también con él enfureció el padre apócrifo. Y Anthony le enfrentó, que la culpa no era de sus falsos hermanos, Brian con lagrimas en los ojos también retó a Anthony, le encerró, estaba tan cansado, lo notaba, que sus hijos habían dejado de admirarle, ni le respetaban y titubeaban ante sus órdenes.

Robert, un tanto confundido, intentó no hablar del tema, y se paseo por catorce días entre las habitaciones de sus hermanos. Y miraba al inmutable Anthony, con Matt platicaba de cosas lindas, de las costumbres y los recuerdos "bonitos" de sus reales familias, de hermanas y bailes casi olvidados. Disidente forma de convivencia en la tercera habitación, ahí donde Raymond se mantenía sollozando a ratos.

- Eras de mejor ver agonizante. Tonto sirviente, que sería de ti sin mi gran y bondadosa ayuda. - Robert se acurrucó en la cama de Raymond. El chico de ojos castaños intentaba aventarle, estaba furiosamente triste. - ¿Quieres que me retire? Ja, no lo voy a hacer, me gusta permanecer aquí, contigo. Porque los plebeyos suelen ser muy interesantes.

- Me molesta, demasiado, odio tu presencia. ¿Por qué te empeñas en molestarme? Eres desagradable y muy tonto. Retírate.

- ¿Cómo te atreves a hablarme así? Eres tan desagradable. Ah, sólo por eso, no te diré lo que Brian me dijo que te digiese. Se enfadara de nuevo contigo. Y si pregunta, diré que me corriste, no escuchaste y me azotaste la puerta en el rostro. - Hacía el ademán de alejarse, levantarse y simulaba mantener su rostro infantil. Gustaba mucho de Robert de convivir de aquella manera con Raymond, porque su enojo parecía tan elocuente. Gustaba mucho de pasar tiempo junto al castaño, porque le había llevando con cautela hasta donde Brian.

Y son ese tipo de cosas las que nunca se olvidan.

- ¡Espera! - Se aferró a la espalda del rubio, Raymond seguía siendo más rápido que Robert - No te puedes ir sin decirme.

Por un instante sería un ser agradable.

- El castigo se acabó, les espera en el salón. Vendrán los hermanos que conquistaron el continente." Los Nosferatu lideres vendrán a contemplar su transformación..." mejor que te vistas de forma especial, mejor que dejes hoy de fruncir el ceño a cada palabra de Brian.

.*.




El regocijo, todo alumbrado, linda vista al intruso, y carrozas muy bien puestas, formas simétricas alrededor del jardín, todo lleno de rosas, y de las puertas protectoras ninguna protesta dada, todo aquel era bienvenido en aquel palacio blanco. Porque las visitas de enemigos eran inesperadas.
Bajaron con cautela, muchas y muchos visitantes, y con pasos leves, lindos pasos, notaron tensión y sangre pidiendo más, control de enfados y ganas de llorar, y sin entrar lo notaron, el monstruo Brian comenzaba a desesperarse, tan atento a sus vástagos que la presencia de un clan ajeno pasó completamente desapercibida.

El tiempo no se detiene. El tiempo es polvo.

Suspiraron, todos al mismo tiempo, el principal de todos y su linda vampiresa. Y con poder mental, sería el recién llegado, el intruso, igual de poderoso que Brian, y sus vástagos, más poderosos que los chiquillos del nosferatu.

- ¡Nosferatu! - Gritó en la entrada principal, el lugar vacío, el murmullo estaba, entonces entendió. Había que comenzar la caza.

.*.



~~ Negrura existente, nos fue alojando, porque hubo vida ~~



Cerrando sus ojos, vástagos de Elite a su lado sin desearle, Brian lo sabía.
Para comenzar con su gloria, un sub-poderoso de cada don dado.
Encontrar entre suspiros sus repudiadas rosas nocturnas:
~~ Y ganamos tanto, tanto, tanto, tanto... tanto dolor ~~



Al poderoso de poderosos.El que lucharía furioso por sus causas, quién metería en problemas a su sangre, ese destinado a liberal un día de manera religiosa. Un amante marchito, su rosita confusa, sin sonrisas y ensimismado, nítido y borroso a la vez, su poderoso de poderosos Anthony Iero, rosita cosita linda, avellana y cabellos castaño oscuro, en prendas negras, y sin sonrisas, a su derecha existiendo sin querer.

Al valiente de valientes.
Un niño desafiante, Mathew Pelissier, con dotes de amor, enamorado... quién le amaría por los siglos de los siglos, quién jamás olvidaría su nombre, su ser más cariñoso, más desdichado, solito, destino sin motivo, abandonado por la realidad, confundido, arrepentido eternamente, y sin motivos, maneras distintas para él, sería valiente entre los valientes, porque su condena pasaría las barreras del dolor. Amado entre las sombras, tarde para cambiar.




·~·~· Es una noche sola, ¿Que seríamos capaz de hacer por él?·~·~·



Al líder de líderes.
Raymond Manuel predestinado para permanecer, si tan sólo el pasado en su vida hubiese sido un tanto menos promiscuo, pensando en ayer, sería su hijo más inseguro, y por eso habría que hacerle saber el amor profesado en su padre, favorito entre todos, porque un sentimiento fraternal le había invadido a su apócrifo padre, sería por siempre el segundo líder del clan. Amaría sin saber. Sin querer notarlo.

Al puro de puros.Robert Nathaniel Maravillosa sangre en sus venas, sangre pura, puro de puros, y aunque en su alma estaba limpia, su interior físico le arrebataba, era cosa de trascendencia, descendiente de un sirviente de inmortal, y él que lo fue antes de ser creado como hijo, engañado por su madre toda la vida, abandonado por la verdad, atardeceres para no ver, un padre bueno irremplazable. Mimado. Odió a todo mortal. Porque la vida mortal le había hecho tan infeliz.




·~·~· Él, que nos privó de la luz, de heridas superficiales ·~·~·




Reunidos, en un foro improvisado, una copa de sangre, brillantes y lindas, y a diferencia del cristal copado, los rostros de los que, muy pronto, dejarían de ser vampiros se mostraban sombríos, desde abajo, sentadito atentamente, Robert les miraba con enfado. ¿Cómo podrían ser tan malagradecidos?

·~·~· ¿Qué sería capaz de hacer él por nosotros, sin miedo? ·~·~·




Les notó titubear, a sus hijos, y bajó la mirada, la tención en su rostro, decepción, ellos, los elegidos, no había querido ser abrazados completamente por él, Nosferatu Brian. Con sus manos calló los gritos alabantes, y la música, el arpa silenció, todo tan callado, los murmullos existieron.

·~·~· Quizás un sacrificio a llanto triste, de padre a hijos ·~·~·




- Y será pospuesta esta acción, les digo, ellos serán sus hermanos, no mis iguales, quererles es su misión, y ellos, olviden si es que desean. Emprendo un viaje. - Sentenció, su eternidad no era nada. Negó con la cabeza, ellos, sus vástagos de Elite no entendían, pero la sensación de libertad les invadió. No estaban forzados a seguir más en aquel lugar. Y aún así, se mantuvieron inmutables, hasta que Brian bajó del podium, hasta que estuvo tan cerca de la puerta del salón. Una ultima mirada a sus hijos, a todos, especialmente a su Raymond. Y no sólo él lo notó, las mejillas furiosas de Mathew se encendieron, Brian sonrió sin ganas, nunca logró entender porqué Mathew se sonrojaba tan a menudo.




- ¡Nosferatu! - Gritó en la entrada principal, un frío inexplicable le invadió de pronto, miró a todos su vástagos, todos reunidos en el salón, y un presentimiento le invadió - ¡Nosferatu Brian no te escondas!



·~·~· Deseamos, nos demuestres, el nocturno amor profesado ·~·~·




Y no lo hizo, con su mirada tornasol, prueba de que su bestia domada estaba siendo controlada, miró por última vez a algunos de sus vástagos. Y les ordenó, proteger a los más débiles, y proteger a los chiquillos Elite. Y por un paraíso varios de ellos intentaron huir, pero las ventanas rotas y las puertas forzadas les notificaron. "Todo estaba perdido."

.*.




Ventrue Marc Webb le notó llegar, Frente a frente, y la agonizante atracción que inundó sus sentidos, ni tenía complexión horrorosa, ni babeaba al caminar, era una persona tan sugestiva, y con su cabello tan lizo, tan hermosos sus ojos tornasol.

- ¿Qué es lo que alguien como tú pretende al venir aquí? - Cuestionó con voz temple, temía, y se sintió tan egoísta, deseaba la salvación de cuatro de sus cientos de hijos, cuatro le importaban más, se sintió tan malo... los últimos cuatro era sus creaciones especiales. Los hijos de un nosferatu maduro. Sintió cómo era arrinconado. Marc Webb era extraño y Brian se dejó guiar, con el líder entretenido, los vástagos serían sólo vástagos. Eso pensaba él, mientras su cuello blanco era olfateado sin reservas - ¿El poderoso de los Ventrue a venido sólo a olfatearme? Sé muy bien que somos tan superiores, pero esto exagera tu fanatismo.

- Hablas mucho Nosferatu. Y piensas demasiadas cosas, humanizada tu mente. ¿Hijo de cuarta categoría? Los Nosferatu están malditos, no deberías ser tan hermoso.

- Somos descendientes de adoradores del sol, niños solares. Y tenemos la marca inmortal de Kaen y su sangre, y tú, creado de la media tarde entre Kaen y su hermano, jamás podrás igualarnos, los niños atardeceres son más detestables que nos niños luna. Y tu sangre huele tan mal.

.*.




Se sentían protegidos, y eso era aún más doloroso, porque Brian les había dejado bajo el cuidado de muchos que apenas podían protegerse a si mismos, Anthony notó que muchos de los vampiros con los que había convivido en sus primero días, estaba cayendo a sus pies, sin alma. Con los ojos en blanco y los cuellos sangrando.

- Están absorbiendo las almas - Gritó uno entre tantos, y les miraban caer, y mientras más almas de Nosferatu devoraban, más poderosos y horrorosos se volvían.

Y ellos cuatro seguían escondidos, con las piernas encogidas, hecho ovillos temerosos, ellos cuatro y algunas nuevas creaciones, todos debajo del foro improvisado.
Cenizas.
Lagrimas más.
Sintió tanto dolor:
Hermanos muertos
Cuerpos de fuego a dolor.
Almas disueltas en el aire, fundiéndose.

- Lo vi... debí de haberlo contado. - Lagrimeaba Raymond, sus manos temblaban y Robert se aferraba a su espalda -

- Calla Ray - Mathew posó sus manos en su rostro - Si hablas demasiado nos oirán.

- Es patético estar escondidos - Anthony seguía observando. Y notaba que sus hermanos no absorbían nada de los intrusos, que con habilidades extranaturales, prendían fuego a los cuerpos agonizantes. Y las almas se esparcían con las cenizas, y las almas eran inservibles.

.*.




Y ella que era hermosa y bella, temblaba ante los fuertes agarres del Nosferatu sangrando. Y Marc, que había encontrado el amor, titubeaba en cada movimiento.

- Diles que se marche, escucho el llanto de mi Clan, y ellos puede que sean más fuertes que los míos, pero... yo soy más fuerte que ella. - Y su nombre no importaba, mientras sirviese para prometer a los suyos, lo demás no importaba. Si Marc la amaba a la chica que Brian sostenía como rehén todo estaba bien.

Llamó a sus hijos, esos que habían devastado a los Nosferatu, y regresaron casi intactos, los vástagos invasores, sólo diez sobrevivientes Nosferatu, más el padre que negociaba.

Las horas corrían al igual que la sangre en el suelo amanerado. Y caminaron con alegría, más de uno escupió con saña a Brian, y más de uno deslizó sus manos por ese cuello blanco, y más de uno bebió de su sangre solar. Y Brian agradecía, sentía varias presencias intactas en el salón de fiestas, dieciséis agonizantes, diez escondidos, veinticuatro entre los corredizos, treinta y dos en otros lugares ocultos... los más fuertes seguramente eliminados, y nada importaba. Mientas que la soledad no fuese completa. Nada importaba en verdad.

.*.




Varios se tomaron de las manos, caminaron en dirección a la puerta principal, el llamado fue inapropiado, y sin desearlo, Brian llamaba a sus hijos, los más pertinentes ignoraron con dolor el llamado, sus vástagos de Elite y otros seis principiantes caminaron por el pasillo, nadie les podía detener.

Las carrozas repletas de Ventrue, especie vampiriza demasiado "refinada" el poderoso de sus poderosos Marc Webb se balanceaba con profunda saña en el suelo, una chica le miraba de manera vacía. Ventrue no había cumplido su palabra, y no se alejaría nunca de un clan sin matar al príncipe líder, Brian apenas si respiraba, su sangre casi que se terminaba, y su alma aferrada a su cuerpo, comenzaba a debilitarse.

- Déjale - Fue Mathew quién salió de las sombras, y se aferró a la idea tonta, pensó que Marc le haría caso.

- Oh, pero si aún hay más - Dijo el intruso mayor, mientras seguía succionando de aquella sangre que ellos habían rechazado hacia algunos varios momentos. Anthony junto a Mathew.

- ¡Déjale!

- Como hormigas ante la miel, ¿Se esparcen tan rápido...? - Marc confirmó sus sospechas, los Nosferatu eran tan bellos, todos incluso más que sus Ventrue, habría que tenerlos, tal vez podrían hacer alguna gracia especial. Sonrió ante sus ideas tontas, primero habría que acabar con el padre. El padre que levantaba su mano derecha, y con el poder de sus años agonizantes, sin conciencia, arrojaba a la Ventrue, hasta donde sus vástagos.

Y no entendieron, pero siguieron sus instintos, de nuevo ella era motivo de trueque.

- Si no le dejas, le matamos -

- Nosotros no morimos, deberías saberlo. - Y entonces los dos primeros vástagos de Elite jalaron de forma brusca, los brazos que se desprendieron con las mangas del vestido, y el gritó fue dado, y la gloría olvidada.

~~ Siendo más que bonitas adquisiciones, vemos todo al fin ~~



Y una forma de sintetizar todo resultó más cómoda:

Y despedazaron el cuerpo con alma. Y Marc se desprendió del Nosferatu, y atacó a los hijos, y el padre Nosferatu les defendió con sus últimas fuerzas, el tiempo se detuvo, Marc furioso trató de atacarles, y el sol comenzaba a amenazar con aparecer, Anthony intentó y logró hacerlo, cremó a su primer enemigo... y el cuerpo ardiendo de la chica fue olvidad a los pies del la blanca construcción.

Y juró Ventrue Marc una venganza dolorosa, Anthony rió... nunca tendría a quién perder. Marc recordó en su memoria, el nombre del Nosferatu que prendió en llamas a su amor verdadero, y juró, hacer lo mismo.

~~ Negrura existente, nos fue alojando, porque hubo vida ~~
~~ Y ganamos tanto, tanto, tanto, tanto... tanto dolor ~~
~~ Es una noche sola, ¿Que seríamos capaz de hacer por él?~~
~~ Él que nos privó de la luz, de heridas superficiales ~~
~~ ¿Qué sería capaz de hacer él por nosotros, sin miedo? ~~
~~ Quizás un sacrificio a llanto triste, de padre a hijos ~~
~~ Deseamos, nos demuestres, el nocturno amor profesado ~~
~~ ¡Oh, hermano, papá lo ha escuchado todo, sonrió! ~~
~~ Y ahora te amamos, protegiendo tu letargo, frío, míranos ~~
~~ ¡Oh! brujas dudas, papá nos hizo eternos, entiendo ~~
~~ Siendo más que bonitas adquisiciones, vemos todo al fin ~~
~~ Él que nos privó de la luz, de heridas superficiales ~~
~~ ¿Qué sería capaz de hacer él, por nosotros, sin miedo? ~~
~~ Él que nos privó de la luz, de heridas superficiales ~~
~~ Él que nos amó sin limites y con locura, él nuestro padre Nosferatu ~~
~~ Es una noche sola, ¿Que seríamos capaz de hacer por él?~~





El cuerpo de Brian, dañado y torturado en la habitación protegida, y bebieron tres de sus cuatro vástagos especiales, porque él otro ya era un Nosferatu puro.

Y las manos de Robert se tiñeron de sangre, y a cada anochecer desprendían la sangre, toda en las heridas de Brian, porque el cuerpo era débil, Y Mathew y Raymond le alimentaban con la propia esencia.

Y Anthony se convirtió en el protector de la casta. Y el tiempo comenzó a transcurrir, las historias sobre el gran Nosferatu Brian comenzaron a extinguirse.

Pero su profecía auto creada fue tan real, y el rumor de la destrucción de los Nosferatu les ayudo a sobrevivir.


|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|






(º·.¸(¨*·.¸ Brian ¸.·*¨)¸.·º)
Mikey «.·°·~*~' Matt·Frank·Ray‘~*~·°·. » Gerard
(¸.·º(¸.·¨* Bob *¨·.¸)º·.¸)




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Cap. 24: Los amorosos

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:57 pm

Cap. 24: Los amorosos
~·~
En ese momento como me hubiera gustado contarte todo...
Solamente oculte un par de palabras, trataba de escapar de mi destino
Sí tan sólo hubieses insistido un poco más...


- ¿Qué soñabas...?-
- Yo... "El sol... una lagrima de ojos verdes, un sentimiento de tristeza..." No lo recuerdo...
...Es ahora él mi gran deseo desconocido.
Y mi propósito: No descansar hasta encontrarte.

~·~




Escuchó a Brian y a Matt hablar de manera cortante, sentimientos oscuros los de Mathew Pellisier rió antes de recordar sus pesares. Sin confesiones, Frank le entendía ahora, sólo ahora... él que sufría del mismo mal en diferente agonía. El corazón, la cabeza... y el arrepentimiento, llegaba el anochecer, y sus pensamientos turbaban su mente. El día anterior, a esa misma hora, estaba él en busca de su "mocoso tonto". Un tanto después, destruyo su vida.


¿Te pareció más tiempo? Sólo veinticuatro horas...


Negó con la cabeza. Dolía mucho, y daban ganas de llorar, el pensar en él, y saberse engañado, recordarle forzado.


Fingió por más tiempo no haber despertado, su rostro chocaba con el respaldo del sillón. Su nariz respingada y blanca, se llenaba con la pelusa en la tela, al arrugó para reprimir el llanto. Un hormigueo en su garganta, el ardor en sus ojos, la presión en su pecho. Frescura inigualable al tacto inerte. Como si alguien apachurrara sus mejillas...


Anthony Iero, antiguo corazón de piedra.

Anthony Iero, un ovillo gelatinosamente tembloroso.

Tenía tantas ganas de llorar...

Por el niñito luna que no volvería a ver...


- "... Adiós niñito, buena suerte en tu vida, mi Gee amoroso"


-*- Los amorosos buscan -*-
-*- Los amorosos son los que abandonan -*-


.*.


Las alhajas de barata fantasía, ganadas a base de meditantes gemidos y penetraciones, adornaban del Cristo en la pared. Sin reloj, sin ventanas en la habitación, una cama para ellos dos, una manta y un almohada. En pijama, su maletita floreada era mucho más grande de lo que parecía, en ella, ropita limpia, un poco de alimento que sirvió, para dos días. Bañado en polvo. Permanecer bajo la cama la mitad de la noche, era su nueva vida, un completo disparate. Un disparate necesario.


La única forma de aseo era la limpieza a la antigua, un poco de agua, una toalla semi-húmeda y lo demás no importa, manera complicada y poco agradable, para él que acostumbraba bañarse todas las mañanas... acompañado..., nada de quejas y bufidos. Gee agradecía, hasta el momento todo. Y para no ser descubierto, por la dueña de la posada, era capaz de dormir bajo la cama, mientras ella conseguía dinero nocturno. Ella llegaría de madrugada, tenía una vida, promiscua, y sonreía.


-*- Son los que cambian, los que olvidan -*-
-*- Su corazón les dice que nunca han de encontrar -*-
-*- No encuentran, buscan.-*-


Para conciliar el sueño, intentaba de noche hacer memoria y pensar en las cosas que acostumbraba a hacer. Sentía la presión de compromisos, y se sabia faltante en algunos lugares. Y el rostro de su hermano y su abuela, su ausencia sin recuerdos, les supo faltantes, indiferente, en él algo había muerto... y era extraño, sentía que les había querido tanto, tanto, pero las ganas de extrañarles no aparecieron nunca. No dolían sus partidas. Y les sabía lejanos


Intentó más de tres días recordar eso que debía hacer antes de que amaneciera, y recordaba de noche, que debía de darse prisa para algo, ninguna respuesta que llegaba. Recuerdos a medias.


Gee no tenía muchas memorias, como si se diese vuela a la hoja sin acabar de leer la anterior. Un resumen vago de su vida. Y mal resumen, sin sinopsis. Incoherente su presente. Demasiado buena ella, frases rotas... rostros opacos.


- Anthony...- La frase más constante. Esa que escapaba de sus labios, como los suspiros escapan del poeta. Y sus ojitos verdes se llenaron de lágrimas, ante ese nombre que arrastraba tantas ganas de gritar y exigir a su mente una respuesta sobre ese recuerdo...-


-*- Los amorosos andan como locos -*-
-*- Porque están solos, solos, solos. -*-


.*.


Ray lento, muy lentamente comenzó a abrir los sus ojitos castaños. Restregó contra la palma de sus manos, los parpados cansados. Se notó abrazado, era su padre apócrifo quien sostenía su cuerpo con estratégica devoción.


- Hemos llegado Raymond- Rodeó su vista el vagón desocupado. Era Frank quien permanecía recargado en la puerta mientras cerraba los ojos y suspiraba a los cuatro vientos. Mathew con el hermanito en brazos. El hermanito dormido.


Quiso por un instante ser él quien...


- Date prisa. Se hace tarde, y hay mucho que hacer- Se quejó Matt, tan juntitos que ellos se veían, y alejadas las ideas de los sentimientos verdaderos. Ray bajó el rostro sonrojo por saberse regañado. Inmediatamente se soltó de Brian.


- No quiero escuchar tus quejas Matt- Y también, con la forma simplificada de expresar sus verdades. Bufó el castaño y abandonó el vagón con Mikey en brazos. Detrás de él. Un silencioso Robert.


Él, que curó a un humano y creó a un inmortal... involuntariamente


- Pudimos deshacernos de él.- Murmuró el rubio.- Hacerle cenizas, matar su conciencia, hacer cualquier cosa... es un intruso.


- Bob, calla- Frank sin prestarle demasiada atención, regañando sin saberlo- Deberíamos hacer lo mismo contigo por ser tan insconciente.


.*.


El ruido de la cerradura, rechinaba, ella entró con cautela, Gee asomó su cabeza, debajo de la cama se respiraba tan difícilmente.


- Ya llegué, quita esa carita triste- Dijo ella, se creyó importante, adjudico las lágrimas de Gerard a su ausencia, y no era a ella a quien extrañaba.- Anda Gee sal ya.


-*- Entregándose, dándose a cada rato, -*-
-*- Llorando porque no salvan al amor. -*-


- ¿Te ha ido bien?- Tomó aire para responder, pudo ver la cabeza y el resto del cuerpo saliendo debajo de la cama, sonrió, había sido una buena noche económicamente hablando, pero de mañana, en esos precisos momentos, la suciedad del alma le impidieron responder-


- Hay que dormir, dormir, dormir...- Arrojó las prendas al suelo, aventándose en la cama, ella intentó sentirse feliz, Gee emergió, se acomodó junto a ella, acurrucado entre sus brazos, aferrando, agotando, alcanzando, ella acarició el cabello negro. Sonrió porque él ronroneaba, era el polvo en su garganta.


Dormiditos, ella contó las veces que Gee suspiraba, y entre el tiempo y la nada el sueño también le venció... poco a poco.


Sueño tranquilo para la chica barata y el jovencito abandonado.


.*.


El hogar de los Nosferatu.


Mansión grande, fría y tétrica. Cuadros de Ángeles, vírgenes, desnudas más no vulgares, y hombres con entornos planos. Figuras a mármol, blancas ellas, el piso y las paredes, tétrica y fría.


Los pasos calmados, el aroma a no hogar, como una casa de padre, siempre llena de antigua inocencia... perdida.


-*- Les preocupa el amor. Los amorosos -*-
-*- Viven al día, no pueden hacer más, no saben. -*-


Caminando poco a poco a sus habitaciones, destino para el nuevo miembro, una recamara... blanca. Sin ráfagas de luz, capaz de penetrar en la habitación.

Cortinas con holanes azul cielo. Colchas en telas brillantes, sabanas de seda. Pisos lisos.

Y no eran los únicos, sólo seis entre algunos, chicas de cuerpos espectaculares, ellos auténticos hijos míticos de la no-vida. Hermosura por todos lados, belleza a cada parpadeo, cada cual con sus voces y sus llamados, e indirectamente, cada cual con sus no-problemas.

Algunas de "Ellas" se encargaron de conseguir prendas lindas, una bata blanca que cubría un cuerpo generoso en proporciones.

Papá le presentó, al incosnciente, un hijo de Robert. Robert encerrado en su habitación, sin poder decir que sentía.

¿Estaba triste?

Demasiado... y no quería esa responsabilidad, odiaba a ese niño llorón, odió al hermanito... y a Frank, Ray y Matt... ellos que sí querían a Michael.


-*- Siempre se están yendo,-*-
-*- siempre, hacia alguna parte.-*-
-*- Esperan,-*-
-*- no esperan nada, pero esperan.-*-


.*.


Una unión desconocida "Salubri y Lasombra" una alianza indefinida, sorpresa en unos cuántos millones de segundos:


Eh aquí, al entrada a un escenario diferente, diferente, diferente, en donde la nieve no se desvanece, y los pájaros no vuelan por miedo a la muerte, hermoso espacio, sin color, ni pecados, todo aceptado, lo libre, los no existentes y los siempre hermosos...


Mansiones, lindas mansiones sin espacio para más. Y todo ellos, nuevos los mencionados y nunca descritos, aquí, en el lugar de los lindos seres, sangrientos sanguinarios, elegantes, vistosos, siempre tiernos, siempre alerta. Dos clanes sin mención, existían. Ellos también tienen su historia. Su historia escondida.


-*-Saben que nunca han de encontrar.-*-
-*-El amor es la prórroga perpetua,-*-
-*-siempre el paso siguiente, el otro, el otro.-*-


- ¿Y pensaras que alguien sufre en este instante?- Cuestionando sin ganas, recostado en la cama...una telita, el que hablaba con su voz atenta, abrazado el recostado rubio, un rubio no Nosferatu -Yo sufro lo suficiente, y sólo yo importo.


- Eres egoísta, no comprendes...


- Eres demasiado feliz- Sentenció sin ganas, sus ojitos claros comenzaban a cerrarse, el amanecer estaba llegando- no podrías saber que es sufrir por amor.


- No has comprendido, siempre que se marcha vuelve por ti. Pequeño Cody, él es tan libre.


- Y yo su idiota que lo espera ¿No?


- Eres el idiota que le ama.- Enfrascó un beso en los labios rosas, correspondieron el abrazo ofrecido.


- Y tú el tonto que me escucha.


- No confundas, rubito tonto, soy tu amigo "Don Vittu" lleno de gracia y belleza. Y te escucho porque mi ser amado me había abandonado también.


- Y ahora que esta de regreso ¿Porqué no corres a sus brazos?- Cuestionó paciente, mirando directamente a sus ojos... ojitos lindos los de Don Vittu, ojos de cielo nublado.



.*.
-*- Los amorosos son los insaciables,-*-
-*- los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.-*-
-*- Los amorosos son la hidra del cuento.-*-


Los parpados abiertos contando historias difíciles de entender. No veía, entre alucinaciones y sueños.


Cada mañana, ante el cantar de las aves y el murmullo de mi Mikey dormido, la abuela preparando un sencillo desayuno y un tic-tac constante me mece antes de abrir los ojos... el tiritar de mis pies ante el frío del suelo, me hace querer dormir un poco más... y entonces, en ese momento, imagino que será un perfecto día, que Pippo me hablara de lindos momentos junto a su esposa muerta, y el señor Santos cantará sonriendo, con su voz rasposa mientras cuenta los fajitos de billetes. Al terminar el día, llegaré a casa, mirare a la abuela, a Mikey hermoso disimulando su sueño para esperarme...


Todo es más fácil de este modo..., me gustaría volver a tener una vida así...

Y no sé porque tiemblo por miedo, tal vez es mi sollozo reprimido el que me hace tiritar.


-*- Tienen serpientes en lugar de brazos.-*-
-*- Las venas del cuello se les hinchan, -*-
-*- también como serpientes para asfixiarlos. -*-


Y saliendo en sol, notaba, que no había comido nada el día anterior, hizo lo que en muchos años no hizo.


¡Que atrevido...!


- Despierta, tengo hambre- Chilló mientras sus ojitos evitaban mirar el sucio techo, sus mejillas se inflaron y rodó los ojos mientras inventaba una forma de hacerle despertar, apuntó con su dedo índice al reloj.- Son las siete y media.


Ella, su amiga, acostumbraba a dormir hasta medio día, Gee sin poder salir, una prisión auto impuesta, retiró de su cuerpo, los brazos que le rodeaban. Movimiento permitido.


Murmullo de gente, ladridos y maullidos, las gallinitas vecinas, los gorriones sin dueños. Un nuevo día, en esa vida gastada que había comenzado a compartir con "ella". Esa seria su nueva, corta, vida


Sensación de misterio, perdido, y las ganas de llorar se volvían a él, imaginó, sólo imagino... que la vez en algún tiempo, evitaba llorar, y resumió, que lloraba por todo el tiempo que sonrió. Pensó que estar ahí al fin no podía ser tan malo...


¡Que sensación de confusión me da tu vida, tanto, no sabes cuánto me hace pensar... que el tiempo no regresa nunca!

¿Y tú... deseas otro hogar para Gee?

Que el tiempo es polvo, y sólo las cosas pasan por algo...


.*.

-*- Los amorosos no pueden dormir -*-
-*- porque si se duermen se los comen los gusanos. -*-


Podía inspeccionar sueños ajenos, tenía esa habilidad, bien explotada y aprendida, su mano, blanca y lisa, derecha, aferrada a la frente del castaño. Linda familia que poco a poco se fue desintegrando, Matt, revivió junto a Mikey, los recuerdos, del Nosferatu más joven. Mikey tenía bonitos recuerdos, y muchas cosas sin concluir. Secretos no dichos, acciones reprimidas, pensamientos sin fundamentos, era tan hermoso por dentro y por fuera. Mikey ilimitadamente amable. Lleno de complejos. De hoy en día sería un ser superior. Solo tal vez... pero superior.


Matt con estímulos sin respuestas, acarició casi toda la tarde el cabello, suave, castaño de Mikey, no cansado de contemplarle, pasaron las horas y se sintió tan en paz. Era magnifica el aura que comenzaba a desprender el hermanito.


-*- En la oscuridad abren los ojos, -*-
-*- y les cae en ellos el espanto. -*-



Pasillos más adelante, entre las habitaciones olvidadas, un Nosferatu soñando sin sueño. Recuerdos más bien elocuentes, engaños, el daño estaba echo, no quería recordar, intentando su mente débil, eliminar lo momentos pasados recientemente, con sus ojos avellana ocultos. Imposible borrar, dejar de pensar, no sollozar. Gerard lo ocupaba todo, Gee su reacción ante cada minuto, en la luna su rostro, con los ojos cerrados le miraba. Con la mente en blanco le recordaba, imposible, imposible, imposible... y entre sueños. Pudo ser tan fácil dar un adiós más decente, engañarse a si mismo para confort de su sentimiento-culpa.

Ya te extraño, te extraño...

-*- Los amorosos son locos, sólo locos,-*-
-*- sin Dios y sin diablo.-*-


Soñó con neblina, un jovencito hermoso que cantaba en leguaje extraño, con piel lechosa, marfil humano,

Rosas serpientes y joyas baratas, lagos y ríos, él tan solito. Árboles, secos, caídos, movimientos sensuales

Piel, caricias, besos, declaraciones y corazones rotos, una y otra y otra vez. Y siempre sin ganas, renuente,

Ojitos verdes en un "tal vez" más conciente. En resumen. El recuerdo y la suposición de lo que ocurría a él.



.*.

-*- Los amorosos salen de sus cuevas -*-
-*- temblorosos, hambrientos, -*-
-*- a cazar fantasmas. -*-


Ella no despertaba, alborotados sus cabellos, intentó mirar hacia la calle, las rendijitas de las ventanas nada tenían que ver con el balcón en su casita abandonada.


Y el momento nunca fue preciso, ella abortó sus sueños alegres, le miró con gracia y de forma adormilada, más momentos de esos, una tarde y después de noche él debajo de la cama otra vez.


Ella no pedía nada más, Gee era la gratificación más grande, y él, comenzó a añorar más y más lo perdido y semi olvidado. Un vivo sin conciencia.


Varias noches varias. Más de las contadas, menos de las deseadas.


Y un día, la dueña de la posada tocó la puerta, la deshonrada mujer sugirió, al pelinegro, esconderse él negó con la cabeza un mal presentimiento, la puerta fue abierta: unos hombres uniformados exigían hablar con la chica...


-*- Los amorosos juegan a coger el agua,-*--*- a tatuar el humo, a no irse.-*--*- Juegan el largo, el triste juego del amor.-*--*- Nadie ha de resignarse.-*-



... Comenzó a llover.


.*.


Matt le contempló por varios días, ahí, solitos ellos, Frank en demasiadas cosas para pensar este era un tiempo echo para la calma. Raymond, tonto que era, cada vez más irritable, algo le molestaba, y callaba, y se dejaba consentir por Brian, todo casi como antes.


Pensó seria el momento perfecto, Brian solito, en su habitación en blanco, colores madera y cortinas largas.


- ¿Puedo pasar?- Cuestión ante la puerta, gran puerta tallada y decorada con dedicación. Un escalofrió que le atravesó por dentro, no obtuvo respuesta.- ¿Puedo pasar?


- No servirá de nada que entres, mientras estés tan cerrado en ti mismo, no servirá de nada que yo diga algo...- Dentro de la habitación, se mecía recargado al otro lado de la puerta. Con sus prendas finas y su piel blanca, era extraordinariamente inevitable, sentir lástima por él.-


- Si estas molesto, por el hermanito, ya no quiero estar aquí contigo. No soporto que me miren ellos con enojo, y de tus desplantes poco quiero decir.


- No son desplantes pequeño Bob... es mi forma de ver las cosas- Bob bufó por lo bajo, abandonó el pasillo, y se encerró en su habitación, el padre se sintió desolado, porque no comprendía los motivos de su rubio Bob.


.*.



Un caso interesante en un pueblo donde nada ocurría, pensaron, serían recompensados por valerosas acciones.



-*- Dicen que nadie ha de resignarse.-*- -*- Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.-*-


Con sus uniformes azules, caminaron a prisa, medio día, ahí de pie ante la posada barata, se sintieron tan orgullosos de su uniforme, el poder corriendo por sus venas


Lo propio: saludar, contar, a grandes rasgos, el caso de la anciana encontrada muerta, la tumba que fue el jardín trasero.


Pero fueron inteligentes, supieron hablar bien, precisamente bien, dijeron lo exacto y ella les creyó, incluso temió, pensó en echar a la chica cómplice, si es que vivía en su posada.


Lo difícil: Convencer a la dueña de que una chica en su posada sabría algo del principal sospechoso. El maldito culpable.


Caminaron y el crujir de la madera mecía sus pasos, subieron las escaleras viejas, la suela de sus zapatos negros era incluso más brillante que el pasamanos que debía ser dorado. La anciana tocó a la puerta, ellos acortaron el tiempo de respuesta, abrieron sin pensar en nada.


Lo inesperado: ¡Maldito delincuente, escoria escondida por varios días en la habitación de una chica tan linda...!


El chiquillo, con sus puñitos cerrados, con esa maldita cara de inocente y sus ojitos espolvoreados de falsa pereza, pies descubiertos y labios rojos, abiertos, las palabras querían salir, intentaba decir algo..., ¡Culpable!, ¡¡Culpable!!, ¡¡¡Culpable!!!



- Es él...- Chilló el policía de apariencia enfermiza, y se apresuraron, el nieto malo, protegido por la chica agraciada, barata y confundida.- Jovencita, aléjese de él, es un asesino, mató a su abuela hace le hemos buscado por tres semanas.



-*- Los amorosos se ponen a cantar entre labios, -*--*- una canción no aprendida,-*--*- y se van llorando, llorando,-*--*- la hermosa vida. -*-


|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|




(º·.¸(¨*·.¸ ¸.·*¨)¸.·º)
«.·°·~*~' NADA‘~*~·°·. »
(¸.·º(¸.·¨* *¨·.¸)º·.¸)


-*- Los amorosos: Jaime Sabines




๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Cap. 25: No soy cristal, soy de papel... papel mojado.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:58 pm

Cap. 25: No soy cristal, soy de papel... papel mojado.
~·~
Divino, divino, divino...
... celestialmente confuso, tan hermoso.
Las ratas aprisionaron al cascanueces, le rompieron...
...la niñita se quedó abandonada pero fue a buscarle al mágico mundo.
~·~



No hizo falta forzarle, cedió ante la presión de los hombres, y le sacaron de la posada sin delicadeza, le arrastraron hasta el refugio de, "justicieros", los policías, el comandante y los curiosos, el acusado, la chica linda. Todos... todos... todos.


... huyó, obligó a la prostituta a solaparlo. Somos inteligentes, hemos capturado a un delincuente en potencia.


Unas cuantas palabras, aplausos para los valientes que explicaron el caso, los superiores lo decidieron: Gee era malo, muy malo, demasiado que lo era, bajó la cabeza y escuchó sus pecados, le obligaron a ver el cuerpo descompuesto de la mujer anciana, lleno de tierra, sangre y gusanos que comían manzana. Era ella la buena abuela, y Gee se mantuvo tan inmutable, intentó, con el rostro apacible, recobrar sus memorias, los sentimientos hacía esa mujer. No pudo.


Mientras el contemplaba, el juez decidía, culpable, culpable.


Fue tan rápido, parecía una pesadilla
"El nieto asesino"


Gerard les inspeccionaba, ellos estaban furiosos, no conocían a su abuela, imaginaron que fue una mujer esplendida, lo había sido ¿No? Sonrió ante todos, porque sabía que no recordaba muchas cosas, el motivo desconocido.


*¿Dónde te has metido, donde has ido?
¿Dónde estas?
Justo cuando más te necesito.


Fue sólo cuestión de horas ya anochecía. Gee comprendió, cuando todo eso ocurría, que no volvería a la pozada barata nunca más.


Mientras las revisiones hacia su persona eran echas, recordó a la chica que se alejó llorando, gritando, hablando de "justicia", reconoció que en aquel momento él también tuvo tantas ganas de gritar como ella, no lo hizo. Ahora en una habitación solitaria y gris, un oficial comenzaba a hurgar entre sus piernas mientras él se inclinaba hacia delante "Como tratando de alcanzar sus sueños, como un roble caído". El oficial después hizo preguntas sobre enfermedades contraídas, acusaciones y ante respuestas estoicas sus instintos más primitivos, escupió en su rostro.

Grosero...Gee aun era más bajito que él...

¡Tonto, Gee era como un pavor real sin primavera!


**Casi derribado
un cero más del montón


Furioso el hombre, nuestro Gerard no respondió ni siquiera con pucheritos, remató: trató de asustarlo, habló sobre el reformatorio juvenil, dijo que estaría con los niños malos, en ese lugar que albergaba a jóvenes infractores y a muchachos malcriados, a muchos delincuentes, asesinos, todos ellos que aun que no podía ser juzgado como adultos...no aun.



.*.


Tres "Salubris " en la unión precisa a una discusión para evaporar aburrimiento.


- Furioso, le vi dolido- Dejó escapar el jovencito de cabellos castaños, recostado entre almohadones y sabanas negras, no era su habitación pero igual, se estaba a gusto ahí, balanceando su boinita fina, mientras él y varios más opinaban del nunca faltante, embrollo de la semana. -y lloró con esos ojos tan lindo al anochecer, no has pensado en ser más... más atento.


- Por favor, deja de decir tonterías... lleva siglos haciendo lo mismo, deberías de estar acostumbrado a verle llorar por los rincones, es su forma de distraerse, llorar y quejarse por la frialdad a su alrededor.


- Que provoque lastima en mí no es nada bueno- Recalcó Molko, Salubris por excelencia, tan insípido como realista, tan gentil como sincero- Aunque no lo creas, muchos le siguen, si Tilo y Anne se dan cuenta que están discutiendo de nuevo, te van a mandar muy lejos. Eres demasiado revoltoso.


- Vi a Rakohammas hablar con él- Anunció gloriosamente, un Salubris, uno demasiado atractivo, el cabello negro cubría la mitad de su rostro mientras se desplazaba por la entrada de la habitación, auto invitándose a la platica, sus palabras anunciaban una verdad evitada- Demasiado desconsolado no estaba, Rakohammas es... muy buen consejero, sabes. Sí yo estuviese en el lugar de Cody, hacía mucho que hubiese virado la dirección de mi amor. No lo soy, eso es una suerte para ti que él, sea quien es.


- Oh, no sabía que acostumbrabas a espiar las conversaciones ajenas- Sin despegar la vista del recién llegado, el pelinegro acercaba más su paso, y se vieron frente a frente, y las orbes hermosas de ambos chocaron en un rimbombante duelo invisible,- habrá que estar más atentos a tu curiosidad ¿No?


- Estoy entre sus habitaciones, no espiaba- Aclaró con el ceño fruncido, apretó los puños, odiaba al ser amado del su querido Cody- bien podría hacer oídos sordos y fingir que no escucho cuando el llora o cuando tu maldices y gritas que le amas, pero deberías saber que


Rakohammas vale más la pena que tú, cuida si quieres. Sí no, hazte el sordo... no hables, no expreses sentimientos, como tú, hay muchos en el mundo que desean hablar, hasta que ya es demasiado tarde.


Finalizó la discusión, y así como repentina fue su entrada, la salida de la habitación imprescindible.


- ¡ahhh, como lo detesto... detesto que crea saberlo todo!


- Él tiene razón, es tiempo de dejar de jugar.


.*.


Brian caminó por el largo pasillo, entendió que en la habitación más alejada de todas, alguien se despedía de todo lo que conocía.


Una nueva marca al hermanito, desde hoy, tiempo y fuera, nueva meta.


Una pregunta lanzada al aire... y el se tomó la libertad de interferir y hacerle saber, que la nueva familia era ahora su única opción.


.*.

El atardecer daba principio a la noche...


El sueño:


Una mariposa con tonos tan fríos, una oruga sin patas traseras y lasitos de oro-plata uniéndoles

Unos ojos que no observan nada, y sus labios no saben hablar...

El sol derritiendo su amarre, y con lagrimas roció la luna

Alas de fantasía esparcidas entre la melodía, las motitas de ambas son lagunas tan hondas

Con un sublime acto, ambas atrapadas, le acompaño a volar, y le abandonó en el aire.

Una caída tan dura... duele... y el dolor impidiendo hablar,

Un suspiro quita sonrisas...

Y quien voló sola en el cielo, eternamente sentenciado

Nunca quiso soltarle... nunca tan pronto...


...Y sintió que el aire se le escapaba.


Frank envuelto en la más hermosas nostalgia, sobre un colchón supremamente esponjas, dentro de la habitación extremadamente calida, temblor en sus manos y sus avellanas expuestas a la luna.


- ¿Otra vez no...?- Negó así mismo, tormentoso el sueño, ahora más que ayer, pensó, en un principio ignorarles... y después sutilmente, interrogó, sobre los bichitos soñados, a Raymond pensó que él, que sabía de premoniciones tendría podría darle una pista del significado de sus sueños. Raymond era tan malo, había humedecido sus ojos mientras fingía no saber, "a cada soñador una respuesta diferente" había dicho antes de marcharse a su encuentro con Mathew.


Escuchó los pasos silenciosos de su padre apócrifo, únicos por el sublime modo en el que tarareaban su proximidad y nunca llegó hacía donde el posaba, y después un poco más tarde, cuando la nada balanceaba su existencia como un hilo de cristal, Frank notó que era observado...


- ¿Qué se supone que estas haciendo?- Cuestionó sin gracia, y una nariz se dejó ver entre el marco de la puerta y el fin de esa cálida habitación.

.*.


- Todos los que ves aquí están en condiciones tan decadentes porque sus familias los abandonaron, roban, matan... por hambre y temor- Fría, tan gélida su voz, un hombre tosco le cogió por los cabellos, esos cortados recientemente de manera uniforme, adiós a su bonito cabello, a los cabellos que habían cubierto con gracia su frente.- Y tú... no eres nada, debieron de haber acabado contigo. No vales nada... mocoso asqueroso.


**tus oídos están llenos pero tú estás vacío


Eliminó el ultimo travieso mecho de cabello azabache, sonrió, amenazó con las tijeras, las acercó al rostro del pelinegro, reaccionó por fin Gee ante el frío metal, sonrió al hombre, no comprendido, no fue una burla. Intentó ser amable, una sonrisa para solucionar problemas...


- ¿Cómo puedes ser tan cínico? -Y esa fue la primera vez, y desde hoy, no la ultima. Le aventó, estrellándose en el suelo Gee no intentó levantarse, golpes brindados, patadas, patadas, patadas...y por fin Gee gritó, imaginó que no dolía, no lograba entender muchas cosas, las lagunas mentales le distraían de su nueva vida, evitaban que fuese tan observador como necesitaba- Sonreír en tus circunstancias...


- "ahhh..."- Se quejó sin voz...- ¡ahhh no...!


- Se te acabó la risa...- Pateó con fuerza en la cabeza... Un chillido satisfactoriamente fuerte. Innegablemente merecido. Médicamente inconsciente. Gerard dejó de protegerse.


.*.


- Tú tienes la culpa de todo- Se escuchó la vocecita tímida a través de la puerta- Sí no hubieses escapado...


Frank miró, por entre las cortinas, a Ray y a Matt discutiendo, en el jardín de jade... jardín de solitarios, sonrió de pronto, por lo menos ellos intentaban volver a la normalidad. El sollozo continuó, Frank caminó deprisa, abrió la puerta que había incitado al rubio a asomarse, Bob resbaló un poco y antes de caer fue sujeto por Frank


- Eres un maldito egoísta, sé de que hablas y sólo tú eres culpable.


- No lo soy... Frank, no lo soy...


- Cuanto has cambiado Robert, no puedo tener que alguien tan podrido como tú, tenga una sangre tan pura.


Si tan sólo pudiese desplegar mis alas y marcharme lejos, muy lejos
Y hacerles ver, que no soy tan malo como piensan
Me encantaría...
¿Qué haré?


- ¿Porqué le apoyan más a él...? ¿Porqué es el hermanito...?- De sus ojos azules, la liberación de las lagrimas, lagrimas rojizas, sangre de furia- Son tan injustos, porque de pronto dejan de tener corazones estériles, se creen con el derecho a tratarme así...


- Él no tenía la culpa de nada...


- ¿Y yo sí, acaso yo desee convertirme en lo que soy, tú lo deseaste...? ¡¡¡NO!!! Nadie lo desea ¿Qué diferencia hay entre él y nosotros...? No hay razones, no hay motivos, la diferencia... que él tenía un hermano que complacía al abrir las piernas ¿No?- Frank le hizo callar, una bofetada que marcó el inicio de la injusticia incomprendida, Bob abandonó la habitación, y corrió por el pasillo blanco, todo blanco, y las paredes tapizados con cuadros viejos, elegante. Una tontería todo...


... Bob era tan sentimental.




- ¡Idiotas... todos son unos tontos!- Y en su habitación tan fina, se encerró irritado, dolido.-
.*.


Ya era de mañanita... escuchó que le llamaban. La puerta lacerada, de la oscura habitaron, se abrió intentó ignorar lo sucio de sus prendas, y cubrir sus piernas descubiertas.


- Pero que te han hecho mi Gee...- Intentó tocar el rotor magullado, Gee temblaba, evitó la acción con su mano amoratada, manos que llegaron a tocar a seres inmorales, eran ahora un manojo de dedos sin uñas...- Dijeron que no te harían nada..., y llevas apenas una semana... ¿Qué se han creído...? Voy a hacer que paguen mi niño...


**ofreciendo tu corazón,
a gente a la que nunca,
le interesa como estas.


- No duele....- Bonito su rostro, mejillas hinchadas, ojos rojitos, muy rojos, hematomas locos tiñendo su carne marfil, lo merecido por sus malas acciones dijeron ellos. Los ojos de ella se humedecieron-


- Mi Gee...


- Eres una niña llorona...


- ¡Gerard dicen que asesinaste a tu abuela, quieren encerrarte en este lugar, diles por favor que no es cierto.- Quiso abrazarle, él seguía renuente al contacto, porque su espalda tenía heridas que sí había podido cubrir- Diles en donde esta tu hermanito, si él aparece!- Murmuró en sollozo y Gee no respondía, nada, a ningún gesto, cariñoso secando lágrimas - ¡¡¡Si él aparece y cuenta todo...!!!


- ¿Mikey...? "mi Mikey dormido" - No se en dónde esta...


Eh ahí, la ultima esperanza, papel echo bolita.


-¡Mentiroso, mentiroso..., dime en dónde esta...!


.*.


Un proceso de un pequeño momento, donde la historia no sirve de nada, y la eternidad se hace un principio de todo, el momento, después de que el inmortal dice: Comparte con migo lo que de existencia me queda, algo por siempre para siempre, como un matrimonio sin divorcio... sin derecho a pensar dos veces, la primera acción lo marca todo.



La perfecta metamorfosis...
La sangre moldeándose entre estancias mejores, un ser perfecto tendría que estar constituido únicamente por perfección, por dentro y por fuera, antes de que se convirtiese en un estuchito lindo, la sangre mortal sería eliminada, pura esencia de seres eternos, por siempre para siempre.


Y después... los órganos más limpios, mejoramiento por todos lados... adiós dolores, pesares, adiós enfermedades de mortales... por siempre y para siempre. Y qué decir de las adaptativas orbes... de jade hermoso ha un aguamarina con contorno negro... intensamente delineado, ojos lindos para un rostro sin nariz roja, ni labios partidos, ni uñas mordidas, adiós a su debilidad mortal, esa que le impedía salir en tardes lluviosas a saltar en los charcos...


... adiós a los motivos de nostalgia simulada, confesiones ocultas hasta en sueños, adiós a la abuela a Gee y a su madre siempre presente, a la niñita que acudía con él a la escuela... adiós al astro que regia su esencia.


- "¿Porqué?"- Se cuestionó cuando por dentro sintió que el alma le abandonaba...


-"Porque la persona que más daño te hará en este mundo...- Le respondió mientras caminaba por el pasillo, Robert se escondía entre los pasillos y Frank se refugiaba en el no-olvido- lo ha decidido, serás un nosferatu nuevo, adiós al hermanito del niño luna, serás desde hoy...

... el sacrificio de los sacrificios..."

.*.

He intentado más de una vez separar punto por punto el tiempo que se nos escapa

Y al reunirme con el todo, me doy cuenta, los puntitos son mi vida

He intentado noche tras noche no temblar ante el fuego

Y al tocarle, me doy cuenta, no hay que temer

He intentado tanto ser libre,

Al notar las paredes

Siento:

"Este es mi fin..."


Pensó que defendía a Mikey, creyó ella que en verdad Mikey era capaz de hacer algo malo, Gee aun sin recordarlo, sabía que había sido alguien hermosamente lindo... evitó más preguntas de su hermanito y entonces ella se marchó echa una furia, diciendo que era demasiado tonto, que sufría por gusto, él negó con la cabeza. No gustaba de ese lugar en donde el color matiz era el gris, las habitaciones tan vacías y las camitas, catres fríos. Un refugio de dos pisos, y mientras más cerca del sol se estaba, menos calidez al habla había... ahí había ido a caer, una jaula para ángeles de alas amputadas, para ángeles que no aprendieron a volar... para ángeles forzados a permanecer en la tierra. Hogar para muchos, infierno para otros tanto, los correctivos no servia más que para ser más infeliz, por eso, pensaba Gee, muchos lloraban y gritaban de forma salvaje, al anochecer, antes de los castigos y las reprimendas, después de los trabajos forzados y clases obligatorias diarias, él evitaba dar a conocer esas visitas nocturnas, llenas de golpes. Con el castigo era más que suficiente, la vergüenza de saberse tan indefenso le dejaba un indiscutible temblorcito, una actitud paranoica.


**Y lo demás es historia
ya vi desasido
me voy a quedar ciego
y estoy casi clínicamente muerto


... Y lo último que le abandonó en el transcurrir del tiempo, fue su maravillosa forma de adaptación.


Aprendió a ser frío y cordial, y en tres meses pudo evitar que los guardias con cinturones de cuero fuesen a la habitación que hasta ahora era sólo para él. Muchos le miraban caminar, la gran mayoría ni siquiera le conocían, era uno de tantos...


Ella, acudía una vez por semana, siempre con la idea de poder averiguar, sobre el paradero del hermanito. Siempre con el mismo resultado, tuvo que recurrir a otras medidas, ella era inteligente, y amaba demasiado al jovencito encerrado. Gerard encerrado aprendió muchas cosas, pero olvido otras tantas, olvido sonreír, porque allá adentro, entre tantos niños olvidados, la alegría no alcanzaba para todos.


Recurrió a la soledad que antes tanto le desagrado, y olvidó también como hacer amigos, no gustaba de confiar en nadie... nadie.


De vez en cuando, mirando con curiosidad algunos libros, podía verse en su rostro, esa fantástica inocencia en el verde de sus ojos... sólo de vez en cuando, rodeado de mucha injusticia, demasiados sueños rotos...


Olvidó que él no era un asesino...


.*.


Ahora, estaba en el lado rojizo del camino, la casita de Gee estaba a treinta minutos en bicicleta, ella nunca aprendió a andar en una de ellas, nadie tuvo la dedicación de enseñarle, y sin embargo, sabía muy bien otras cosas, además no tenía motivos para ir más hacía aquella parte del la ciudad, no tenía trabajo ni una posada a donde volver, sus clientes pagaban su estancia nocturna, ella aprovechaba el resto de la madrugada para descansar. Sin burdel fijo todo era más difícil. Nada que no se pudiese solucionar.


**es demasiado difícil para mi,
sácame de este gran mundo malo


Era bella, mucho que lo era, y pensaba que no había nada más hermoso, que ocupar su belleza en nombre del amor.


Le investigó, al hombre que había dicho aquella horrorosa palabra "culpable".


Él tenía un hogar hermoso, con una mujer que tejía en las tardes cerca de la chimenea, junto a la ventana más grade de toda la casa, y entonces, al anochecer, el respetuoso juez llegaba con la monotonía en la espalda, una aventura para ambos...


Esa noche, una común, en la que los niños duermen temprano y los adultos discuten con sus parejas, nadie prestando atención a nadie, y las gotas de lluvia nunca serian tan distintas.


Se ofreció de la manera más barata..., escote, y piernas descubiertas.


- Le tengo un trato...


- ¿Y tú quien eres?- Cuestionó él escuálido hombre, que de noche regresaba a su hogar.


**y acepta casarte conmigo
para que podamos empezar de cero otra vez



- El nombre no importa, te ofrezco sexo por libertad
.*.


- ¿Cómo crees que yo podría pedirle eso...?- Cuestionó alarmado y confundido Matt- creo que seria injusto, para él y para nosotros, además, Brian te haría más caso a mí que a ti.


- Eso es lo que tú piensas. Se que sí tú lo sugieres... quizás...


**Tus oídos están llenos del lenguaje,
sabes que ahí hay sabiduría
hasta que las palabras se vuelven confusas
y no puedes encontrar la puerta


- No voy ha hacerlo, estas muy equivocado si crees que yo podría apoyar algo tan vil.- En el jardín de solitarios, la discusión se hacía más grande.


-¿Y si Frank quisiese...?- Cuestionó para aspirar un momento más de sus palabras frías.


Mathew, negó con la cabeza, Ray insistió cada noche, y cada amanecer, le convenció poco a poco... insoportable y tortuosa forma de convencer, y a cada mirar hacía los pasillo le resultaba extenuante, tan vacíos y blancos, y no es que en anteriores momentos se divisasen tan concurridos, para nada, pero en toda la casa, faltaba un indiferente Frank no un nosferatu tan abatido... sería mejor olvidar


¿No?


Hacerle olvidar para que fuese de nuevo el poderoso de los poderosos, había venganzas que cumplir, un pajarito sin deseos de volar no sería de mucha ayuda. Y Brian asintió... tenía tanta razón su adorado Raymond. De nada servía sufrir por algo que jamás se volvería a ver.


¿No?


Una noche de luna llena, sometió a Frank lloroso "He aquí el resultado de la catástrofe más hermosa, un ser enamorado, sufriendo de desamor" le hizo mirarle a los ojos, una bofetada, y un beso en su frente, y el de ojos avellana intentó negarse siempre, lo planeado sospechaba, resultados tan promiscuos, él así se estaba mejor, y no hacía daño a nadie, por su bien para siempre. Sólo un besó que deseo dar se quedó en el aire, en el aire que acompañaba a la brisa de invierno.


Tan condicionados y en tan poco tiempo, no puedo creerlo
Un dios muerto susurra a mi odio, "Nunca fue real"
Y aunque llore al recuerdo, no es tan falso
... este dolor

.*.


El alimento, con tres comidas al día, quejarse sería una burlesca forma de renegar de su fortuna, con pensamientos inundando lamente muy difícil era concentrarse en sabores. Y el dormitorio seguía siendo sólo suyo. En la planta más alta del edificio grade y viejo, en épocas tan hermosas, sólo los peligrosos permanecía tan solitarios. Era un chico peligroso demasiado pasivo. En el área más temida, un poco alejado de los jovencitos verdaderamente peligrosos. Los que disfrutaban la sangre.


Recapacitó un poco, sus manos jugaron con el grifo del agua, escuchó el murmullo de sus compañeros, casi aparecía un poco de privacidad, nunca importó realmente que el aseo fuese de una forma tan grupal, el agua fría tampoco era inconveniente, y los jabones baratos... más que una costumbre, en ese aspecto todo podía solucionarse.


Y de pronto, un dolorcito en el pecho le hizo abrir sus ojos, miró hacía ambos lados, el jabón entre los parpados y no le importó... sintió una liberación espectacular, tan espectral como maravillosamente triste. Y sin saber porqué, cayó al suelo de rodillas, y la mirada de sus compañeros. Con deditos temblando, sus mejillas rojizas. Un beso que le llegó, a sus labios, desde un lugar lejano.


¿Quién pretendía despedirse?

¿Quién intentó no olvidarle?


- Anthony... Nosferatu.- Murmuró, levantó la vista al techo despintado, el agua le cayó de pronto en el rostro rojizo. Un grito de asfixia, cerró los puños y los estrelló en el suelo, y sus ojos ardían, más por las lágrimas que por el jabón.


En este mundo todo se disimula
No hay un lugar para mostrar ante los demás si algo duele.
A nadie le importa...
... aquí nadie te puede comprender.


- ¡¡¡WAY!!!- Gritó el vigilante, hacía ya varios minutos que miraba al jovencito divagar en la regadera. Y pensó... "maldito asesino"...- Consume drogas.




* Por eso me arrepiento y no lo siento, tan real
Debo estar conciente, diferente.
Inmóvil, entras en mi mente, y te vuelves a escapar.

.*.



Entre lasombra y salubri
- ¿Y qué te ha dicho?


- Que no debo espiar- Sonrió a Valo, y este le abrazó con ternura- No me gusta meterme en problemas de amates Rakohammas, ¿Cómo te lo tengo que decir?


- ¡Don Vittu!, ahora debes llamarme Don vittu- Sentenció antes de responder al pelinegro - Además, no deberías quejarte, ¿Es que no te incita el pequeño Cody a ayudarle...?


- Sí, pero una cosa es ayudarle y otra muy distinta es tratar de lograr que Bert entre en razón.


- Te quejas demasiado- Frunció el ceño- De haber sabido que tanto te disgustaba, le hubiese pedido ayuda a Havok.


- ¿A ese loco...?- Preguntó con la ceja alzada, realmente interesado...


- ¿Qué con migo?- Un pelinegro se adentró azotando la puerta, de cabello negro y de ojos delineados- Rakohammas ¡Maldición! ¿Están hablando de mí?


- ¡¡¡Don Vittu, desde ahora soy Don Vittu!!!


.*.


Seis hermosos meses, no pasaron para él, y sintió tanta calidez en su cuerpo... ojitos lindos comenzaban a abrirse. El rechinar de las puertas, el ajetreo al exterior, tanto que se olvidaron, le dejaron tan sólito, se encogió de hombros y con pies desnudos se alejó de la cama. Y salió de la habitación... intentó ser silencioso...


¡Mira que soy verdaderamente tierno!
¿Tú lo notas? Mi creador no lo nota
Mi creador no me adora... ¿Quién me puede ayudar?


No tanto, un rubito de ojos azules le miró salir al pasillo, a la creación más dulce, el Nosferatu más sonriente... el rubito apretó los puños, el castaño de ojos verdes le sonrió.


- Ya no tengo sueño




|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|


(º·.¸(¨*·.¸ ¸.·*¨)¸.·º)
«.·°·~*~' S O L O S '~*~·°·. »
(¸.·º(¸.·¨* *¨·.¸)º·.¸)


* LeBaron: Inmóvil

* Blur: Coffe & Tv.




๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Cap. 26: ¡¡¡Sácame de aquí...!!!

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 6:58 pm

Cap. 26: ¡¡¡Sácame de aquí...!!!
~·~
Si no estás acostumbrado a la magia
Te va a resultar demasiado agotadora al contacto
Parpadea que sé, hora tienes sueño y no quieres dormir
~·~

____________________ ________

Creo que en ese momento...



En una semblanza inagotable de magia, pura fantasía. Lo verdadero tan imparcial, tan subjetivo. Esa mañana el cuerno del unicornio floreció, y el Pegaso aleteó por primera vez, un mar lanzado la primigenia ola de su existencia... como ver el primer amanecer del universo, una realidad para cada corazón. Y las palabras no inventadas que expresan lo que su alma deseaba externar, temblando en la regadera, dueño de la atención de todos


Y las lágrimas siguieron cayendo.


Quiero, llorar tan abiertamente una sola vez...
... para poder expandir a una forma más terrenal mi dolor.


El agua chocando con su piel rondando en albo, y no era fantasía totalmente, desnudo, tan desprotegido, el guardia le tomó con saña y le hizo ponerse de pie, una toalla arrojada a su cuerpo, tuvo que cubrirle por que Gerard no respondía, el piso de azulejo cuarteado tan tenebrosamente manchado, los nudillos llenos de sangre..., y en la mente de Gerard una neblina con rostros simulados, melodías sin título ni autor, intentó ser más.


No es suficiente el tiempo...
Y mis ojos brillan, estoy llorando por ti
Y mi cuerpo brilla, no soy cristal


Cada planta con cuartos de regaderas, Gee bajó las escaleras de caracol, hasta la planta baja, predominante el gris, la madera y el hierro, escaleras con huecos en escalones, en toalla y sin frío, guiado al cubículo del superior.


Soy de papel... papel mojado al llorar
Papel que se rompe por amor.
Incompleto, inseguro, impenetrable... ¡Tonto sentimiento!


Gee comenzó a reír, frente a todos, el superior, junto al segundo y los "gatitos del jefe", casi que las lagrimas salieron,


- ¡Esta enloqueciendo!- Sugirió aturdido uno de tantos- Este ya no es lugar para él.


- ¡Esta intoxicado!- Corrigió el guardia que le había arrastrado- Deberíamos incluirlo en las celdas, ir libre por el reformatorio ya no es su derecho, una manzana podrida debe ser alejada.


Y los demás asintieron, el jefe se dejó llevar por el análisis tan vano del guardia de regaderas.


________________________________________

Bajé la cabeza y murmuré "auxilio "a mi suerte...


.*.


Robert intentaba tocar una de esas piezas musicales que a Ray le salían tan bien, simulaba no notar el alboroto en la zona de las habitaciones lindas, Frank gritaba mucho... Bob deseo gozar de ese privilegió... él también quería olvidar el ultimo milenio de su vida, poder desaparecer ante los ojos de nadie, sentirse tan libre como nunca logró ser.


Rió por lo bajo, y el gritó desgarrador de Anthony le anunció el principal motivo de su miedo. Anthony era tan frío... y un niñito le había destrozado sin desearlo. ¿Qué pasaría con alguien como él? Él que llegaba a ser herido por la indiferencia de Mathew y Raymond... él que lloraba por las palabras de Frank y Brian...


Un mortal cualquiera le atemorizaba: el hermanito rompe conciencias que provocaba actos involuntarios... los cambios siempre fueron malos para él. La melodía en sus dedos se hacia tan pesada, un millón de costales imaginarios cayeron en su espalda. Negó con la cabeza... el aroma conocido inundó el salón completo... negó con la cabeza otra vez ¡y de nuevo, no!, a tres noches de distancia en tren, ese niño-luna era tan poderoso, su poder sobre Frank. ¿Y entonces... qué pasaría con él... que tenía a quince habitaciones distancia al temor de sus temores?


- Tonto Frank..., todo es tu culpa-


Halito de inocencia, llamándole, sus dedos dejaron de presionar las teclas de piano antiguo, se puso de pie mecánicamente, y a cada uno de sus suspiros, la intensidad del llamado le hipnotizaba, un llamado venenoso que encendía la sangre en sus venas, y de forma injusta subió las escaleras, caminó hasta la habitación más alejada, divagando entre los pasillos... todos demasiados atentos en Anthony, nadie que notó lo que iba a ocurrir...


Y entonces...

Le miró salir al pasillo, a la creación más dulce...

... apretó los puños, notó la sonrisa del nuevo miembro.

Le escuchó decir algo, sus ojos azules tomaron un tono más turquesa, y sus rasgos se endurecieron, cabello rubio que simulaba resplandecer... no era mágico, la luz de luna le alumbraba.





Cual sea el resultado, no me importa...
Porque no puedo controlarme si estás a mi lado.
Un corazón latiendo tan rápido, ¡Esto es cosa de los demonios!
El que me quede tan ciego y envuelto en tu aroma, sólo puedo encontrar ese motivo.


Con colmillos tan finos, la ira contenida le hizo romper la piel de su propio labio... y se quedó mirando sus manos, Michael tubo tanta atracción ante el rubio frente a él.... con pasos tambaleantes acortó la distancia, los dos bajo la luz de la luna.


Puedo correr hacia ti, romper tu nariz.
Rasgar tu piel y tragar tu corazón entero.


Robert siguió sin moverse, pero su corazón emocionado no dejaba de tambalear en su pecho. Manitas inocentes que llegaron hasta sus labios rosas, recogiendo con detenimiento la sangre que escurría sin gritar, sangre pura... la más maravillosa de todas.


Sacar tus ojos con mis dedos blancos
Mientras devoro tu lengua y al fin...
...gritar de alivio al sentirte jadear.


- Maldito seas, mortal asqueroso- Jadeo Robert cuando el castaño llevó su dedo, teñido de sangre ajena, a los labios... degustó el pequeño Mikey, hambriento... tan inseguro de volver a repetir la acción.


-No soy mortal- Mikey hambriento no pudo resistir más, se abalanzó a degustar de Robert, de lo que ofrecía, de eso que le iba a transformar en un completo Nosferatu, entonces Mikey desgarró más esos labios rosas, con sus colmillos finitos, escurrió la sangre por sus barbilla, las prendas también se mancharon.


Con hambre, sin lujuria ni perversas intenciones absorbió lo que se le ofrecía, y aferrando sus brazos al cuello de Bob, intentó succionar con más fuerza, con los ojos turquesa uno, aguamarina para el más joven.


Robert intentó cerrarlos y ofrecer sin pensar. Sin sentirse tan vació ni temeroso.


.*.


Una mente tan enajenada, entre lo bueno y lo malo, con la pragmática teoría de verdad, prendas pocas entre sus manos, seguido de un guardia, una prisión para el jovencito de dieciséis años y ocho meses, un poco más tranquilo, aun regocijaba entre sus cabellos negro un poco de sangre, producto de su última golpiza, la de hacia una hora.


Casi como animales enjaulados, cruelmente apartados de los chicos que podrían rehabilitarse, entre las celdas que simulaban ser dormitorios, muchos niños más pequeños que él, otro mayores, ninguno tan confundido.


-Entra- Le ordenaron a fuertes palabras, graves a terciopelo, y extrañó su cuartito vació en el piso de abajo, ahora, tres más, muchachitos delincuentes, ¿Tal vez culpables? Ángeles sin dudar. A su espalda la reja se cerró, los tres chiquillos le ignoraron, tres lindos pelirrojos, golpeados, demacrados, drogos drugus drigales, luego rieron ante su desconcierto. Prestaron más atención al nuevo acompañante.


- ¿Y tú quien eres?- Cuestionó el más alto de los tres pelirrojos- ¿Por qué te han encerrado?


- Me llamo Gerard.


- ¿Gerard?- El pelirrojo de estatura media, a medida de Gee, se puso de pie, rodeo al pelinegro, le inspeccionó, golpeado y lloroso que estaba aun - Así se llamaba mi padre


- ¿Se llamaba?- Le preguntó para no parecer descortés, no importaba mucho, pero ahora sintió miedo de estar tan cerca del sol. Y tan alejado de su luz.


- Sí, ya no existe- Y esta vez fue el más pequeño de los pelirrojos, abandonó el crucigrama que intentaba resolver y arrojó su lápiz al rostro de Gee- le cortamos las piernas y se desangró el desgraciado. Llorón, vanidoso. Los vecinos acudieron a su llamado y nos encontraron junto a él. ¿No crees que exageró?


- Creo que...- Sus ojos verdes se iluminaron un poco. Negó con la cabeza y restregó su espalda en las rejas. Respondió suavemente, como en susurro del viento- Son unos hermanos muy unidos.


- ¡¡¡Ohhh, lo ha notado, que somos unos hermanos muy unidos!!! - Exclamó alegre el mayor de todos, se apresuró a caminar hasta donde Gerard y aprisionó, al pelinegro, entre sus brazos.- Tú me agradas.


- A mi no- Sentencio el menor.


- A mi tampoco- Fue el pelirrojo medio, quien frunció el ceño al notar a su hermano mayor tan amable.


.*.


Y se lo sugirieron tan abiertamente, rotunda negación..., Mathew con la cabeza baja, Raymond tratando de convencerlo, en una esquina de la habitación, en el hogar de los Nosferatu, Brian permanecía tan inmutable. Porque no era su decisión la ultima palabra...


La respuesta más obvia a través de sus orbes avellana, negó con la cabeza, no intentó nada más, dieron las razones, él, el motivo de su negativa...



¿Cómo olvidarle...?
¿Cómo pensar en que todo fuese como antes?
Antes de encontrar los ojos más bellos del universo.


- Una eternidad es demasiado... y tú tan decaído, y es tan difícil mirarte en ese estado, encerrado todas las noches "y murmurando su nombre..."- Era suave la voz, duras las palabras, Raymond como buen líder, siempre con las palabras tan frías.- Desaparecer es muy injusto, y que te renueves en memorias una ventaja que deberías aprovechar.


- No, no quiero, y esto es más fácil de lo que parece, no me afecta en nada... estoy tan bien así, es sólo que... me hacia falta un poco de tiempo asolas, eso es todo.


- Nunca me pareciste más falso- Dejó escapar entre pensamientos inconclusos, se posó junto a Raymond.- Es lo que quieres, y sí que te insistamos te hará sentir un poco menos peor, entonces mejor obligarte ¿No?, para que la culpa no caiga sobre ti, sino sobre nosotros.


¿Y por qué no niegas más fuerte?
¡Es acaso que te basta con olvidar!
"shuuu", "shuuu", "shuuu"
¡No te alejes más!


Le forzaron, bajo el nombre de la luna, y el padre apócrifo fue tan blando, beso con labios de virgen sumisa en la frente de Frank, el poder del gran Nosferatu, de Brian, capaz de hacer que las memorias se conviertan en polvo.


El tiempo es polvo...
...el polvo es tiempo pasado.
Las memorias del ahora, dijeron adiós.

Y dicen que aquel amanecer hasta un ángel de ojos verdes pudo escuchar el gritó de tristeza que un Nosferatu condenado a olvidar lanzó al sol antes de que el astro despertara.


Comenzando a divagar en un vacío en donde los recuerdos no podían hacerle sentir mal, sin dolor, sin tristeza, un cascarón impenetrable, sintió relajado cada uno de los músculos de su cuerpo, y en la blancura de la inocencia durmió tan a gusto por el resto de la noche.


Cuentan que ante un Frank dormido, Raymond y Mathew se abrazaron temblorosos, que Brian salió al pasillo y encontró a su rubito nosferatu...



.*.


Entre lasombra y salubri


El viento danzando, del otro lado del mundo, el viento como admirador de la belleza, y cada partícula de alegría en él, brincaba para demostrar aceptación.


- Eres tan hermoso- Murmuró a su oído...- Y me siento tan feliz siempre que estoy con tigo.


- Eres todo para mi- Sonrió y con su carita infantil deslumbro a quien recostado entre mantas le abrazaba- Yo te adoro.


Vértigo para los corazones enamorados.
Los abrazos y caricias casi como purificaciones.
Fuego en sus cuerpos, fuego al rededor de ellos por siempre.



Sonrieron los dos al unísono, juntos, como una tarde de eclipse, el agua y la arena en el fondo del mar, un complemento idóneo para sus "vidas". Tan entregados, el uno al otro, adoradores de si mismos, amantes sólo de su acompañante.


Bre besó el hombro desnudo, blanco y puro, entre temas blancos, parecía demasiada pálida su piel, hermosa aun, como un trozo de algodón o nieve, nieve inmaculada, perfecta, tan deseable, su hombro perfecto y sus labios carnosos, Bre siguió besando y subió con ternura hacia el cuello puro, hermoso jovencito debajo de él, que se dejaba hacer con singular inocencia.


Pillo haciendo travesuras, debajo, ahí a disposición de todo, de pronto y sin explicación él escondió su rostro bonito entre las sabanas.


-¿Qué ocurre, por qué te escondes?


- Rakohammas viene.- Sonrió de forma tonta mientras besaba, sobre las sabanas, la nariz del distraído Bre.- Y esta furioso.


Bre abrió los ojos, él también podía oler a "Don Vittu" furioso, enojado... en dirección hacía ellos.


- ¿Qué crees que le allá ocurrido...?- Bre puso cara de horror, cuestionó perdiendo un momento la magia adquirida.


.*.


Su rubito con los labios llenos de sangre, las prendas de Mikey manchadas a más no poder, y sus ojitos llorosos, asustado, Robert lo suficientemente furioso, comenzaba a recobrar poder sobre sus actos.


- ¿Qué le has hecho...?- Cuestionó aturdido Brian, y a velocidad parpadeó se acercó hasta donde Bob, le arrebató al hermanito, fue un castigo sin haber escuchado, una bofetada para el ojiazul que mantenía sus orbes en un tono turquesa- Ha despertado tan pronto..., Y tú Robert dime ¿Qué le has hecho?


Mikey temblaba, mirada desafiante la del rubio, en sus ojos inexistentes el sentimiento de admiración por su apócrifo padre, llevó las manos a su nuca y comenzó a sonreír, ¡Tontos que eran!, simplemente negó con la cabeza, Brian llevó en brazos a Mikey tembloroso, varias de sus hijas, le limpiaron, ni una herida, si mucha energía por dentro.


¡Bienvenido nuevo Nosferatu!


El revoloteo se escuchó afuera de las habitaciones, mucho que tenían que contar todos, de la sección de Frank, de la confusión de Brian, la verdad: Robert había dado su primer alimento al hermanito con su propia sangre, un nosferatu que bebió sangre pura, un buen comienzo. Robert que mantuvo al hermanito despierto, despierto hasta que Brian llegó y le alejo del castaño.


Un delicado vinculo, desde hoy y para siempre, Mikey con el creador más pequeño de todos. El más...


.*.



Entre lasombra y salubri
Le vio cobijado con el cuerpo de Bre, giró su vista algo apenado, estaba tan furioso que había olvidado tocar a la puerta antes de entrar.


- Rakohammas - Cuestionó con su carita inocente - ¿Vas a hablar?


Sólo por esta vez pasaría por alto el hecho de que hora debían llamarle "Don Vittu"


- ¿Es que no van a vestirse?- Los dos negaron con la cabeza, "Don Vittu", bufó por lo bajo y les arrojó, a los dos, su gabardina, porque así, al natural, era demasiado difícil platicar.- Bert me fue a reclamar.


- ¿Otra vez?- Cuestionó interesado Bre.


- Sí, y me amenazó, me dijo: "Rakohammas, Don Vittu o como quieras que te digan ahora, tengo que advertirte, que de Cody te alejes, mi Cody no necesita consejeros de amor" ¡¡¡¿Pueden creerlo?, después de tantas veces que les eh ayudado a reconciliarse se atreve a decirme eso!!!


- ¿Y no has pensado en dejar de meterte?- Ante la pregunta de Ry, Don Vittu frunció el ceño.


- ¡Es que no es tan fácil! Cody es tan extraño y Bert tan malo con él.


- Cody es un llorón- Afirmó Bre.- Y tú, deberías preocuparte más por tu situación que por la de ellos.


- ¡Ustedes tampoco entienden!- Chillo antes de salir de la habitación, ya había intentado que, Havok, Let, Bre y Ry le dieran la razón y todos parecían estar en su contra... suspiró pesadamente. Era momento de ir con el sabio salubri de las boinitas finas.



.*.


Mirando directamente a los ojos del guardia, hora de visitas... y hacia tantos días que nadie iba a verle, debía de ser ya tres semanas sin que ella volviese a aparecer.


Pensó Gerard, un tanto confuso, que debía resultar muy incomodo visitarle cada semana, no la culpó, cualquiera en su lugar lo haría, atarse a la vida de alguien sería demasiado difícil, más para una chica tan extraña y linda como ella.


Y al pasar la cuarta semana, no volvió a cuestionarse más sobre la chica desaparecida, estar con los hermanos era totalmente irrelevante, a veces bromeando entre ellos, platicando de fantasiosos trucos para escapar, sus enojos, sus alegrías, siempre tan indiferente él para ellos, un mundo de tres sin pase para el cuarto.


Aprendió a escuchar sin oír.


Sólo de vez en cuando, el mayor de los hermanos le sonreía, casi siempre a escondidas, Gee educadamente correspondía, si más importancia, robar la atención del hermano más admirado no era un lujo que podía darse, y después de los regaños y los correctivos, era demasiado molesto tratar de prestar atención a alguien, mejor simular volcar hacia otro mundo, tan lejos, muy lejos, hasta donde el dolor no pudiese alcanzarlo.


Cuanto más días, menos vivo que se le veía. Y una mañana, la rutina cambio.


El jovencito se despertó temprano, para llegar al baño antes que todos, ruiditos extraños a través de la puerta, con toalla en mano se adentro, debió de haber entendido algo, en ocasiones es muy temprano y no todos duermen.


¿Qué es eso que te hace titubear?
Chico malo, cierra los ojos.
Esto es cosa de dos.


Un secreto de amantes descubierto, dos cuerpos desnudos, entregándose tal vez forzadamente al la lujuria y el deseo, chillando de placer tan vulgar que se les veía debajo de la regadera, sonrojo y aturdido, demasiado apenado, salió del baño azotando la puerta. Recargado en la pared, se dejó deslizar hasta caer al suelo, corazoncito latiendo, el recordaba haber experimentado esas caricias alguna vez.


Y más tarde.


Los pasillos fueron semi-alumbrados por la luz del día, Gerard parecía ese día, especialmente confundido, los tres hermano lo notaron, más gélido el ojiverde, la habitación/celda era pequeña, tenían que verse el rostro todo el día, y tratar de ser invisible no era una opción. El mayor, intentó conversar con él, los menores curiosos viraban de vez en cuando, notaban que Gee asentía, fingía poner atención. Platicaron de los hermanos pelirrojo, ellos alagados ante las descripciones de su hermano mayor, Gee tratando de entender la importancia, así, hasta el atardecer.


Mira que pasan los días, no quiero parecer tan distante
Desde hoy voy a sonreír, porque tengo un presentimiento extraño
¿Todo va a cambiar?


A varios kilómetros de distancia, hoy un Nosferatu entabló por primera vez conversación con el hermanito.



Día de visitas.

Gee fue llamado por un guardia.

Ellos, los tres hermanos le vieron partir. Tal vez un tanto entusiasmado, una visita tal vez señal de buena noticia.

Tres horas después, le vieron llegar. Un tanto más muerto que nunca.

Tembloroso y con lágrimas en los ojos.


- Eres un muchacho estúpido, no lo vuelvas a hacer- Sugirió el mismo guardia, antes de alejarse acarició de manera vulgar el brazo de Gee. Tembló más el pelinegro, sonrió el adulto, se alejó dando carcajadas abiertas.


- ¿Qué te paso? ¿Qué fue lo que hiciste? ¿Te peleaste con alguien?- Cuestionó intranquilo el mayor de los pelirrojos, Gee apretó sus dientes y sostuvo las palabras en su legua mordida, negó simplemente con la cabeza.


Destrozado, miserable...


Se alejó de ellos, quiso sentarse en el suelo, pero el movimiento dolía mucho, permaneció de pie, varios minutos, hasta que el hermano mayor lo notó... que comenzaba a delirar, hablaba de varias cosas raras, cayó al suelo... y entonces gritó lo más fuerte que pudo, de una forma ahogada, su voz tan dulce voló al cielo...


Y el suelo manchado de sangre fue una pista.


Sangre que resbalaba de entre sus piernas la respuesta clara..


.*.


Por instantes sentía cierta nostalgia al mirarle pero inmediatamente lo olvidaba, tampoco es que le importase mucho, hacia días que le veía divagar con la cabeza baja, buscando insistentemente la atención de Robert, de Robert tontito, que se balanceaba imaginariamente entre las ramas del roble a mitad del jardín, ahí, solito sin prestar atención a nadie, antes, constantemente discutiendo con Raymond, en los últimos días, incluso parecían evitarse, Robert evitaba todo, a todos, le recordaba tanto a él en algún tiempo, Raymond, en su constante persecución, siguiendo y tratando de coincidir con Mathew. Mathew aun más alejado de Brian, cuanta confusión que le parecía todo... tan diferentes a sus últimas memorias.


Rascó de forma descuidada su cabeza, el pensar le resultaba agotador, mordió su labio inferior al notarle pasar, otra vez, hacia donde Bob estaba, lo había decidido, hablar con él porque sin conocerle ya le agradaba.


- ¡Hey!- Llamó sin gracia, y ninguna educación, tanta confianza que le inspiraba, no parecía ser necesarios. Mikey se viró, observó hacia ambos lados para asegurarse de que a él le hablaban. Nadie a su lado, y aun así dudó, se auto señaló-


- ¿Yo?- Cuestionó para volver a confirmar- Frank sólo asintió con la cabeza


- ¿Podrías acercarte por favor?- Dudó un poco, y aun así, lentamente, fue acercándose hasta donde Frank yacía sentadito, una vez juntó a él como un soldadito, Mikey dudo en preguntar, no hizo falta, Frank llevaba demasiados días planeando que preguntar.- ¿Cuál es tu nombre?


- ¿Mi nombre...? Yo... yo soy Mikey


La razón se esfuma,
Pero te sientes tan feliz
Tan estúpidamente atraído...




|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|


(º·.¸(¨*·.¸ ¸.·*¨)¸.·º)
«.·°·~*~' No llores‘~*~·°·. »
(¸.·º(¸.·¨* *¨·.¸)º·.¸)




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