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“Erase una vez…”

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“Erase una vez…”

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Mayo 08, 2010 5:28 am

“Erase una vez…”

Todos en el reino se enteraron de lo ocurrido, un atentado contra el rey, sólo un sospechoso, un juicio y el culpable pagara su crimen, Rey muere, el príncipe se sorprende... ella es una traidora ¿o traidor?

¿A que viene todo esto?
El bueno: Un hombre ¿viejo, eremita, poco atractivo y vulgar?
El malo: Zéphy príncipe galante, atractivo y muy inteligente
El feo: La manzana de la discordia, hermosa, "pura y casta" ¿Princesa?

CAP: 1 Érase una vez

♥ ¤°.¸¸. ·´¯`» Fue demasiado hermoso todo...

... gracias por estas sonrisas por amarme así. «´¯`·.¸¸. °¤ ♥


Érase una vez hace ya varios años atrás:

En un hermoso palacio, todo sirviente de un lado a otro andaban, los adornos azules y las flores blancas inundaban todo el lugar, gobernantes en su habitación real, contemplando al recién nacido, parpaditos cubriendo sus orbes grisáceas.

El pequeñito heredero, la madre no pudo evitar la tentación, le tomó en brazos, y el niño despertó, papá rey se sintió feliz, quiso compartir la dicha con la reina consorte, caritas y mimos para que el principito sonriese, intento tras intento nunca lo conseguía... ahí tan alegres y entusiastas el rey la reina y el príncipe perdían títulos, sólo serían llamados Jacob, Justine y Zéphy, padre, madre e hijo "hijo sin sonrisa."

- ¿Porqué nunca sonríe?-Cuestionó la madre al Rey...- ¿Es que no es feliz?

- Demasiado pequeño para saber si lo es.
Esto es el principio, extraño principio
Extraño final.
Comienzo a colorear su vida entera...

Doce del día, invitados esperando el descenso de el rey, la reina y el pequeño - arriba - ella dándose los últimos retoques, el rey comenzaba a quedarse dormido con su retoño en brazos, gobernantes peculiares, ella golpeó con la punta del pie en la espinilla de su esposo, y él gritó, seguramente los invitados le habían escuchado... probablemente.

Nada importaba, ellos bajaron con príncipe en brazos, aplausos al por mayor, el reino entero estaba en los jardines del palacio, "plebeyos y feudales", la reina lo había pedido y el rey lo aceptaba todo, reino sin distinciones ese día en el bautizo del pequeño, primera vez que el principito sería visto por todos. Recibimientos halagos, ese día, todos alabaron su ternura, belleza y pasividad, la comida, el vino y el baile.

Los días son cortos
Y los atardeceres apresuran las cosas.


Cuando todo estaba por concluir, un invitado inesperado se hizo presente - como en esa historia en donde una chica duerme cien años - "el eremita del pueblo" con agilidad arrebató al niño de los brazos de su madre, y vació en la boquita rojita del nene la sustancia más brillosa de todo el universo, miradas atónitas y falsos hombres valientes que prefirieron guardar su seguridad detrás de sus esposas asustadas. El bebito que en seis meses - todo su existir - no había reído... sonrió con ansias, carcajadas y más carcajadas, los súbditos sonrieron con temor, casi todos escucharon semejante rizota linda... el rey con un mal presentimiento presionó la mano de su esposa... fría y dura su mano, en el mismo instante en el que se viró para ver que le ocurría, ella se hizo polvo, ante sus ojos, fragmentos de ella entre sus dedos, el vestido y las alhajas quedaron de más.

Eremita abandonó al niño en el pasto verde mientras todos centraban su atención en lo que quedaba de la reina, distracción de ventaja y misión cumplida, echó a correr, muchos le siguieron después, nadie le encontró.

Y los años pasaron...

··*··

El tiempo permanece inerte
Y me paseo entre él
No me toca, no me sonríe
Soy yo quien cambia por él.

Su palabra eran ordenes, si hubiese deseado hacerlo el príncipe, le hubiese podido declarar culpable inmediatamente, si hubiese sido así, él ya estaría en la orca o en la guillotina, tal vez cremado con leña verde, no lo entendió, y a pesar de que aparentemente nunca se dejó vencer por el miedo, permanecía un tanto confuso. El príncipe era justo, y las leyes que su padre había forjado con tanto esfuerzo debían cumplirse al pie de la letra, por había decidido hacer un juicio, permitió que el eremita se defendiese, aunque de antemano le creía culpable.

- Príncipe Zéphy, hijo del rey más poderoso de todos los tiempo - todos virarón su mirada hacía un jovencito sentado a lo lejos que simulaba poner atención mientras enroscaba los rizos artificiales en su cabello negro, sus ojos grises cual caniquitas rodantes miraban hacia todos lados, entendía la gravedad de lo que ocurría y ni así borraba su hermosa sonrisa- ¿Podría hacernos la recreación de lo que usted creé que paso?

- La recreación- afirmó el mozo mensajero junto a él, comenzó a leer la declaración del príncipe- Fue la noche de ultima luna llena del año, el príncipe Zéphy se dispuso a caminar por los jardines del palacio, una deslumbrante luz invadíos sus ojos, quedó segado por unos segundos, al abrirlo de nuevo intentó buscar el origen de esa luz, entonces lo vio, en la torre principal, ese maldito eremita.- El hombre que narraba la declaración del príncipe señaló con desden al hombre que cubría todo su ser con una gran manta negra y después siguió con el relato - El eremita en la torre agitaba sus manos como para burlarse del príncipe, nuestra majestad al principio no lo notó, podría decirse que hasta se preocupó, nuestro príncipe se dirigió corriendo hacia allá para ayudar al "Hombre" que agitaba sus manos, y al llegar a la puerta trató de subir para ayudarlo, no pudo pues de pronto sintió que ésta se abría, el hombre había salido del lugar corriendo con la copa de oro del rey, cuando el madito eremita vio al príncipe lo arrojó al suelo, el príncipe quiso pensar que descuidadamente le había pateado peor no fue así, unos segundos después el rey también bajó de la torre, agitado, con golpes en la cabeza, sin duda esa copa era muy valiosa para él, por evitar que la robaran se había expuesto, pero no lo había logrado, el eremita se la había llevado...

- ¿Mmm..., algo más que añadir?- El príncipe negó y la muchedumbre aplaudió sus palabras, él se sintió satisfecho también pues en entre la tribuna se encontraba su chica ideal, la princesa Samanta, mujercita hermosa, un poco tosca, pero hermosa al fin, se casarían en unas semanas...- Muchas gracias su majestad.

- Señor ministro, pase al estado - Sentenció el juez, y el ministro antes de subir, ayudó al futuro rey a bajar, una vez posicionado, agravó su voz y comenzó a hablar sin indicación alguna.

-...me aventó al suelo cuando intenté detenerlo a las afueras del palacio - Añadió el ministro - Debe de ser por sus poderes, el motivo por el cual no pude detenerle yo, si soy tan fuerte y varonil. Imposible que un viejo como ese me haya detenido, ¿No?

Todos simularon no haber escuchado lo anterior, se viraron de nuevo hacia donde el príncipe, después al remedio de juez que comenzaba a rayar el borde de sus uñas con la tinta negra y la plumilla verdosa.

- Bien, pues todo esta más que claro, el eremita es culpable, su sentencia por agravio a la realeza es la muerte


♥ ¤°.¸¸. ·´¯`» y∂zmín «´¯`·.¸¸. °¤ ♥

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«.·°·.*.' La primera sonrisa, el juicio, la falsa cabellera rizada ‘.*.·°·. »
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Última edición por Doki el Dom Sep 18, 2011 9:20 pm, editado 2 veces




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CAP: 2 En un reino hermoso

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 9:26 pm

CAP: 2 En un reino hermoso


- ¡Lohann está siendo torturado...!
- ¿Lohann? - Cuestionó el príncipe algo cohibido, aún se sonrojaba si ella le hablaba, una semana había pasado, su padre estaba más muerto que vivo, sería imposible que se recuperase, motivo suficiente para adueñarse de la habitación real, esa que hacia años compartió su padre con su madre.
- El eremita ¿Crees que es justo?
- Mató hace años a mi madre y por poco y lo hace con mi padre - Ella se sentó justo a lado de él, comenzaron a desayunar mientras la discusión continuaba - creo que no hay castigo suficiente que le haga pagar su penitencia.
- No esta sólo encarcelado, le maltratan, entre varios guardias le golpean, he escuchado que piensan practicar técnicas horrorosas con su cuerpo mientras pones fecha a su muerte.
- Eso no es verdad - Quería mucho en Samanta, pero los hombres de su reino no eran merecedores de su duda.- nadie en este reino seria capaz de eso...
- Si no detienes esto - Degustaban de sus alimentos, ella puso una pose firme y le sentenció en susurro - No corresponderé como mujer si no detienes esto ¿Entiendes...?
-Pero...
- No dudes de lo que yo te estoy diciendo - Samanta la princesa de un reino cercano; era bonita, pero fría y manipuladora, el titulo de "castidad" le quedaba grande, todos menos Zéphy sabían de sus antiguos amores pero nadie había querido decir nada, el príncipe de orbes juguetonas y sonrisas inagotables había decidido contraer matrimonio antes de que su padre muriera, Zéphy se había atrevido a pedir en matrimonio a esa bonita princesa, ni lo sospechó, los padres de Samanta habían aceptado inmediatamente, ella de igual manera, creyó que sería por la buena imagen que su reino tenía y por su buen porte.


..*..

Hechizo al príncipe Zéphy y mató a la Reina el día del bautizo de nuestra majestad, dejó pasar dieciocho años y después de eso se dedico a robar las joyas y tesoros que en la torre del castillo habían, en un intento por detenerlo y por proteger la valiosa copa de oro, el Rey espero a que el eremita llegara; demasiado ingenuo, creyó que podría detener el sólo a un mago oscuro.
Sufrió heridas demasiado graves, los remedios no servían de nada, el Rey estaba muriendo, mucha gente fue hacia la casa del eremita, le golpearon y humillaron y a pesar de todo el eremita nunca habló, "una burla que era esa de no hablar"; pensaron las demás personas, nada más alejado de la realidad, lo cierto era que el eremita estaba muerto de miedo, motivo por el cual ni se movía ni hablaba, tenía miedo, nadie lo notó, pero tenía miedo, el Rey estaba muriendo... él había casi asesinado al Rey.
La declaración del príncipe fue la primera, pero no la ultima, después de las palabras del ministro vinieron muchas más historias, culpaban al eremita de robos, de mala suerte, de actos atroces... historias recién hechas, otras modificadas, entre tantos mancharon más su imagen, nadie le defendió, nadie quiso hacerlo, nadie sabía más... sólo quien tenía un trozo de la historia verdadera era la futura reina, Samanta, y a pesar de saber que muchos mentían, no dijo nada, sólo de vez en cuando viraba su mirada y con lastima observaba al eremita.
Muchos dijeron que el acusado la tenia amenazada con magia negra, otros que el príncipe le había prohibido declarar - No sabían que nadie le prohibía algo a Samanta - fuera cual fuese la verdad, la decisión ya estaba tomada, y su declaración no afectaba mucho pues ya todo el reino tenía por lo menos una queja de aquel eremita, si no le declaraban culpable y le encerraban seguramente el pueblo le mataría por cuenta propia.
Aquel día de juicio fue el último en el que Zéphy mencionó al eremita, abandonó el caso, tan entusiasmado con su matrimonio que olvidó poner fecha a la muerte del eremita. Los guardias de la celda ni se preocuparon por ese pequeño descuido, el cobrar a las personas para entrar y ver al eremita o mejor aún, para torturarle, resultó un buen negocio.

"que sufra en su vida lo que nos ha hecho sufrir a todos" - Decían la mayoría de las personas - al matar a la reina Justine, al atentar contra el Rey Jacob.



Los azotes para el eremita eran un secreto para el nuevo rey, los castigos físicos estaban prohibidos en ese reino.


..*..

Bien, su príncipe era lento, tendría que arreglárselas para poder ayudar a ese eremita maltratado.
Por la tarde... el padre de Zéphy había murió, lloraron las mucamas, los guardias y los ciudadanos del reino, una buena oportunidad. Todos estarían velando el cuerpo del Rey muerto, excusa perfecta: "La futura reina indispuesta, lamentaba la muerte del Rey, tanto, tanto que por salud propia había decidido no asistir a su despedida."
Un excelente disfraz, nadie lo había notado, que la futura reina entraría al calabozo... que lo hizo, que se dirigió con cautela a una cloaca especifica.


- Lohann ¿Estás ahí?- Sólo una pequeña rendija por la puerta de madera- Soy samanta
- No lo eres, tú eres... ¿Brynt?- El eremita no intentó ponerse de pie, estaba demasiado herido así que trató de hablar claro y fuerte- ¿Qué haces aquí?
- Vengo a decirte que el Rey Jacob ha muerto, me he casado con Zéphy, ahora todo será más fácil para ti, te ayudaré a salir. Todo estará bien.
- Aunque salga de este lugar, no tengo a donde ir...
- No te preocupes yo me encargo de eso, Zéphy resulto ser mas idiota de lo normal, si te hago pasar por uno de los sirvientes no se dará cuenta - Afirmó la Princesita, el eremita sonrió, pero que tonterías hacía esa persona, arriesgarse tanto por él. - Si entras al palacio podrás... acercarte a él, eso es lo que más deseas ¿No? recuperar lo que es tuyo.


..*..


Zéphy se encontraba escuchando la misa que le dedicaban a su padre, Rey de fama y renombre, hubiese sido bueno, pensó, que para él la imagen de su padre estuviera intachable. No era así, aparentaba ser lo que no era, mentiroso que era, y muy tramposo, no sabía el porqué, no le interesaba, ahora que había muerto mucho menos, estaba de más pensar en él.
La sonrisa en su rostro nunca se borraba, ¿Era una maldición... una marca de destino?, por ese motivo habría querido ocultarlo, pero nada de eso podía hacer, eran normas, erguido hasta que todo terminase. Lo resistiría, todo por un final grato. Ahora él crearía un reino maravilloso, había escuchado hablar muchas veces a su mucama, hablaba sobre su madre, esos momentos de gloria en donde las posiciones y los títulos no importaban, todos eran personas alegres.
Después de los honores del primer día de muerte Zéphy recibió la noticia. "Ermita había desaparecido" el pánico por el pueblo, seguramente había sido con un hechizo, buscaron en todos los alrededores...,


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«.·°·.*.' Muerte de Rey, Princesa traidora, Zéphy sonríe ‘.*.·°·. »
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CAP: 3 Una princesa falsa.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 9:27 pm

CAP: 3 Una princesa falsa.


- "Ser Rey a los dieciocho no debe de ser nada fácil" - Zéphy pensaba mientras el sueño le invadía, escuchó el crujir de la puerta de su habitación, estaba demasiado cansado como para abrir los ojos, aún así escuchó pisadas, trató de levantarse y la pesadez de su cuerpo no se lo permitió, algo le ocurría últimamente, se sentía cansado de sobremanera.
- Zéphy... ¿Estas dormido...? - Cuestionó con voz neutral ella, Samanta - la chica con la que compartiría el resto de sus vidas pero no el lecho matrimonial - ahora ya no era tan emocionante, ni siquiera tiritaba al escucharla hablar, era diferente a lo que imaginaba, seguían teniéndole cariño simplemente para no arrepentirse, para no hacer de su reinado un lugar horroroso.
No hubo respuesta por parte del nuevo Rey, la sonrisa de Samanta resaltó en la oscuridad de la habitación, regreso sigilosamente hacia la puerta, ahí un hombre, con una capucha que dejaba ver únicamente sus manos exageradamente blancas, tres personas en una habitación, una sonrisa muda por parte del Samanta y otra persona, ver a Zéphy tan indefenso era lo mejor que les había pasado...
- Zéphy despierta...- sus parpados dejaron ver esos ojos grises tan hechizantes...,
- ¿Qué ocurre? -
- Alguien ha venido, sólo para verte...
- Es muy tarde, que le ofrezcan algo de cenar, si gusta que se quede a dormir ya mañana hablaremos...
- No, en verdad es muy urgente que hables con él...
- No, no quiero, tengo mucho sueño, Samanta, duerme ya, seguro que es tarde -
- No va a despertar...- Dijo en susurro aquel hombre con capucha estaba comenzando a desesperarse - ¿Y ahora que hacemos?
- No lo sé...-
Estuvieron toda la noche tratando de despertar al chico de la orbes en tono gris y por más que intentaron no lograron nada...
Es imposible, sueño algo bello
Hasta que esto no acabe, no despertaré


La luz que entraba por la ventana empezaba a incomodar a Zéphy se talló los ojos con el borde de su mano, aun sin abrir los ojos se acurruco más en un pecho calido, hundido en el abrazo que alguien le brindaba, detrás de él, un cuerpo tibio, algo fuera de lo normal... violentamente abrió los ojos y se encontró con que "algo envuelto en telas negras" era lo que le abrazaba, giró su mirada y de ese lado estaba Samanta...
Quedo inmóvil, demasiado temor y una vida aburrida para soportar un despertar tan confuso, ligeramente intentó ponerse de pie pero estaba en medio de eso "eso" y de Samanta, tuvo que hacer un gran esfuerzo para salir de la cama, se puso de pie y se dirigió hacia la puerta, estaba a punto de salir pero lo recordó; Samanta estaba ahí recostada, como si nada pasara, no podía dejarla a solas con ese hombre...
Tratando de ser lo mas silencioso posible se dirigió hacia donde la chica y comenzó a despertarla, Samanta tardo segundos en enfocar su mirada, vio al dueño de los ojos grises, tenia mala cara, y después lo recordó, busco por la habitación al hombre de la capucha y lo encontró recostado a su lado, sonrió y se puso de pie, el pelinegro la tomó de la mano para que juntos salieran de la habitación, estaba a punto de girar la manija de la puerta cuando sintió un golpe en su nuca, cayó semi inconciente al suelo y antes de perder la conciencia pudo ver una sonrisa en los labios de su esposa...
Los siguientes minutos fueron cruciales, Samanta tubo otra batalla al tratar de despertar al sujeto encapuchado, Samanta no tenía buen humor este amanecer, le golpeó hasta hacerle despertar, entonces, el tipo encapuchado, comenzó a hacer preguntas, desde el motivo de tan brusco despertar hasta llegar a la cuestión referente al Rey inconciente.
- Tuve que golpearle por que el idiota despertó antes que nosotros... - La voz de samanta había perdido toda feminidad posible, ya no era delicada, de hecho era gruesa, no rasposa pero si algo masculina...-
- ¿Le pegaste? -
- ¿Y qué querías que hiciera?- Bufó mientras fruncía el ceño y se alejaba del cuerpo, en el suelo, de Zéphy - ¿Qué le pidiera que esperara pacientemente a que tú despertaras?
- Idiota, lo complicaste todo...
- ¿Lo complico? no te atrevas a hablarme de esa forma, recuerda que gracias a mi estas aquí junto a él...
- Eso ya lo...
- ¿Que esta ocurriendo aquí...?- Dijo Zéphy había despertado hacia poco rato y estaba viendo como discutían esos dos...
- Zéphy, que bien que despiertes...- Definitivamente la voz de la antigua samanta había desaparecido...- hay alguien que quería hablar con tigo anoche pero estabas muy cansado para atenderlo ¿cierto...?
- ¿Qué es todo esto?- Cuestionó bastante asustado el Rey, sus palabras fueron ignoradas.
- Zéphy ¿Lo recuerdas?- Samanta acercó más al hombre de la capucha de los ojos de Zéphy salieron delicadas lagrimas, su rostro demostraba la ira que le invadía.
- ¡¡¡Tu lo ayudaste a escapar!!! - Reclamó, conmovedora imagen, un Rey llorando como un niño pequeño, raro, no borró sonrisa de sus labios - Sabías que es malo y aún así le ayudaste a escapar, y me mentiste y...
- Él no es malo...- "Samanta" soltó un puño contra el rostro del el rey - Toda tu estupida vida has vivido engañado.
- Es su culpa mi padre y mi madre están muertos y aún así dices que no es malo...- Las ideas comenzaron a pasar por su mente, y en segundos entendió todo- ¿Por eso te casaste con migo? para ayudarlo... Samanta eres lo peor...
- No soy samanta...- y con toda la naturalidad del mundo se quito una larga peluca dorada- Soy Brynt ¡Te sorprendí!
Aseguró con voz triunfante, en un rincón, el eremita permanecía anonadado, demasiado cursi que se le hacia esa imagen de un gobernante empapado en lágrimas, patético, pensó al ver el rostro impactado de Zéphy, vaya sorpresa que se había llevado ese tipo al enterarse de que Samanta no era samanta.
- ¿Brynt...?- Dijo en un hilo de voz
- Samanta y yo somos gemelos le pedí que me intercambiara el lugar unos meses, eres un plan, todo ha sido un plan desde el principio.
- ¿Y Ella aceptó?
- Claro, nadie quiere estar cerca del Zéphy porque irradias repulsión a donde vas. - Siguió hablando Brynt y Zéphy con la mirada baja escuchaba, palabras, palabras, más palabras; su mundo comenzaba a caer en pedacitos pequeños, se había casado... con un hombre, si alguien más se enteraba... ¿Importaba? No, en ese momento él mismo sintió repulsión hacía si mismo, le había besado, había pensado en porqué Samanta se encontraba tan recelosa de su cuerpo, él no sabía, pero entendía, quería algo lindo... ¡Todo una ilusión! Iba decir algo, en sus labios las palabras mudas.
El eremita que hasta el momento había permanecido callado caminó hasta donde Zéphy estaba, se puso frente a él y Zéphy sólo pudo ver a como unos ojos turquesa le miraban con superioridad...
- Tú tienes algo que es mío - Sin tiempo a replica el eremita metió una de sus blancas y frías manos por las ligeras telas del pijama de Zéphy..., se suponía que tenía que llevarlo colgando del cuello pero no encontró colgando de éste lo que buscaba. - ¿En donde esta...?
- Suélame, maldito asesino...- Estuvo a punto de soltar un golpe pero Brynt se interpuso, y de nueva cuenta volvió a golpear al Rey
- ¿En dónde está la botella dorada?- Zéphy lo miró con los ojos vidriosos, no sabía por que estaba pasando todo esto, era todo tan confuso que rogaba por que fuera un sueño- Te estoy hablando... ¿En dónde diablos tienes la botella dorada?
- Zéphy, te lo digo solo una vez,- La fingida voz de Brynt sólo empeoro sus nervios - ¡Si no quieres que te pase nada, responde...! ¿En dónde dejaste la batalla dorada...?
- No, no sé, no sé de que están hablando...
- Lohann te lo dije, este idiota no te la daría por las buenas...
- Yo se que si lo hará - Tomó entre sus manos la barbilla del oji gris- ¿Verdad que no me equivoco, majestad...?
- Lo digo enserio, no se de que me están hablando... -
- Bien, lo intentamos...- Brynt salió de la habitación, en ese momento Zéphy sólo miró hacía la ventana y suspiro "que rey tan inútil" se dijo al darse cuenta que estaba en la misma con el hombre que había ocasionado la muerte de su padre, y no podía hacer nada, ni siquiera pudo golpearle, no se atrevía a gritarle...
Brynt volvió a la habitación con cuerdas de gran grosor en mano, Zéphy lo miró ¿Cuánto tiempo llevaba engañándole? ¿Desde que momento Samanta se había ido? sintiéndose tan tonto al volver a pensar en aquellas cosas, hacia apenas unos días había besado a la supuesta samanta mientras le prometía amor eterno, siempre había pensado que un matrimonio arreglado era de lo peor y ahora se encontraba viviendo algo peor que eso, todo era una vil farsa.
Desde el momento en el que el eremita había sido encarcelado se había vuelto más irritable, perdió el interés en ser ¿reina?, ahora lo entendía todo, se sintió apenado, sucio y humillado...
- Pequeño rey Zéphy- Dijo el eremita mientras le miraba visiblemente molesto- Tendremos que dejarte encerrado aquí hasta que recuerdes en dónde está la botella dorada...
- Y no te preocupes por el reino...- Brynt camino hasta la puerta y antes de salir coloco de nuevo esa peluca en su cabeza...- Ya he informado que el Rey salió en la madrugada a caballo y no a regresado... Zéphy, apresúrate a recordar, o el rumor de que has escapado por miedo a reinar comenzará a correrse.
- Pero...- Lohann puso un dedo en los labios del rey y le miro a la cara, Zéphy sólo miró sus ojos, la capa no permitía ver nada más del eremita...
- Hasta que recuerdes, te quedaras aquí- Encerró entre sus manos el cuello del Rey y acercó mas sus labios a oído derecho del que temblaba con ese tacto- Y yo con tigo...


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«.·°·.*.' Un Rey prisionero, una Princesa falsa, un eremita... ‘.*.·°·. »
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CAP: 4 Un eremita de ensueño

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 9:27 pm

CAP: 4 Un eremita de ensueño
- ¿Sigues sin recordar nada?- Cuestionó el eremita a Zéphyr éste sólo bajó la mirada, tal vez si le ignoraba se marcharía y le dejarían solo - Peor para ti...
Sin decir nada más el eremita salió de la habitación, del otro lado de la recamara se encontraba un exasperado Brynt, Lohann sólo negó con la cabeza, sabía lo que su amigo le preguntaría
- En verdad me está cansando...
- ¿Te está cansando? ¿Y cómo crees que me tiene a mi? tengo que pasar todo el día pegado a él en esa maldita recamara y con esta estupida capa que me fastidia...
- Lo de la capa es tú problema, y respecto a lo otro, es más que obvio que trata de vernos la cara de idiotas... - Fue curioso, Brynt se acercó a él para hablar más en silencio, Lohann lo notó, que no era mucho, a pesar de ser gemelos, el parecido de éste con su hermana Samanta - No deberías de ser tan blando con él.
- Brynt- Llamo seriamente el eremita al más bajo...- Comienzo a temer; que esté diciendo la verdad y que no sepa nada de la botella dorada...

- No... Lohann no vuelvas a pensarlo, eso es exactamente lo que quiere hacernos creer, no te dejes engañar por unas cuantas lagrimas y suplicas...



- Pero...



- El seria capaz de hacer cualquier cosa con tal de no darnos la botella...



- Pero...



- Será mejor que regreses a vigilarlo, más tarde mandare comida para que te alimentes.



- Está bien...



Le vio alejarse, a la supuesta Reina, por el pasillo, su vestido de olanes y el corcel disfrazaban un poco la silueta del chico, rió por lo bajo el eremita, Brynt era todo un caso con ese vestido.


··*··


En cuanto el eremita salió de la habitación, Zéphyr se puso de pie con bastante dificultad, se dirigió hacia el balcón, las puertas estaban cerradas, intentó de mil formas desamarrar sus manos para poder abrir aquellas puertas, no lo logró, entonces una idea vino a su mente, le dio la espalda a la puerta, realizó movimientos bruscos, sus brazos le hormigueaban debido a la postura que habían tenido en los últimos días, su día de suerte - pensó - la puerta logró abrirse, con algo de temor salió al balcón


··*··


Los arreglos del palacio demostraban el buen gusto del Rey anterior, pensó Brynt mientras caminaba, con un hermoso vestido blanco que a pesar de exageradamente ampón - como a su hermana le gustaban - no le hacia ver mal, o por lo menos era lo que él pensaba. Por el pasillo hacia las escaleras grandes, cubiertas por una alfombra roja, bajo por las escaleras, se dirigió hacia la cocina, ahí las sirvientas vestidas de forma humilde le miraban con envidia teñida vulgarmente de falso respeto, más de una le odiaba porque a pesar de su reputación se habían convertido en la esposa de Zéphy. Brynt, con arrogancia se dirigió hacia una de ellas y ordenó que bastante comida fuera llevada a la habitación real, se marchó, mientras moría de risa interiormente, todos eran tan estupidos que no notaban que Samanta, nunca, había estado en el palacio.


··*··

- ¿Zéphyr? Maldito Rey estupido- El eremita comenzó a espantarse, había salido de la habitación poco tiempo, no era posible que el maldito pudiera salir, no había otro lugar para escapar, abrió el gran ropero donde se encontraban las prendas reales; no estaba ahí, buscó debajo de la cama, detrás de las grandes cortinas, incluso salió al pasillo para verificar que no había salido, buscó en todos lados, en cada rincón de la habitación y no lo encontró, si alguien le veía estarían en grandes problemas, tanto el como Brynt.

··*··

No había ninguno de sus sirvientes rondando por el lugar, miró hacia ambos lados, nada ahí le facilitara las cosas, y el hecho de que sus manos estuviesen atadas complicaba todo, una ráfaga de viento no prevista y la puerta del balcón se cerró de nuevo...
- No...- Dijo al escuchar la puerta de la recamara abrirse, seguro que por intentar escapar tendría problemas...
··*··


Salió de la habitación de los recuerdos en el palacio, un gran saco negro entre sus manos, pesaba demasiado pero valía la pena por el contenido, sólo tendría que ir a la habitación para recibir los alimentos para Johann y entregarle lo que había encontrado, subió las escaleras con un poco menos facilidad con la que había logrado bajar, sin duda, en esos momentos ese tipo de vestidos le complicaban la existencia, no le desagradaba tener que vestir así pues en ocasiones, como la de hacia unos momentos, era divertido ver como nadie notaba la diferencia entre él y Samanta.


··*··

El eremita escuchó un ligero ruido afuera en el balcón, cuando enfocó su vista pudo ver una sombra, era el maldito Zéphyr, se dirigió hacia la puerta del balcón, estaba a punto de abrirla cuando escuchó como poco a poco se abrí la de la habitación, después la imagen de Brynt con un gran saco negro entre manos.
- Encontré algo útil... entre todas las cosas viejas del Rey....
- ¿Eh...?- Simplemente se quedo inmóvil. Si Brynt notaba que Zéphyr estaba afuera seguro que se enojaba, que decir si se enteraba que todo había sido un descuido...
- ¿Qué ocurre?- Eran amigos desde hacia mucho tiempo, imposible que no notara su comportamiento tan extraño, miró en toda la habitación y notó el motivo de la preocupación de su amigo- ¿En dónde diablos está? ¿Qué le hiciste?... no me digas que...
- Esta afuera en el balcón...- Dijo con fingida tranquilidad el eremita...
- ¿Qué...?
- Es cansado tener que soportar su cara todo el día- Mintió para ocultar su descuido- Así que decidí sacarlo un momentos para no tener que verle...
- ¿Eres idiota...?- Dejó caer el saco al suelo y abrió la puerta del balcón, con ninguna delicadeza tomó del brazo al asombrado Zéphyr, que había escuchado hasta ahora toda la conversación y le hizo ingresar de nuevo - ¿Sabes lo que hubiese pasado si alguien le veía?
Los ojos turquesa del eremita y los azul cielo de Brynt chocaron, los dos se veían con enojo, y de pronto alguien tocó a la puerta, Lohann tomó a Zéphyr por la muñeca y lo pegó a su pecho para que ocuparan menos espacio detrás de la puerta y así quedar ocultos en el momento en el que Brynt abriese la puerta.


Demasiado juntos...


- Su majestad, la merienda que pidió...- Dijo la mucama de la reina mientras hacia una reverencia y entregaba la bandeja de plata con los alimentos, la reina la tomó entre sus manos, la sirvienta no se movió, esperaba a que "Samanta" le diera una nueva orden...
- Márchate ya...- Fue lo único que dijo Brynt para después, sin ningún tipo de remordimientos cerrar la puerta en la cara de la mucama.
El eremita y Zéphyr salieron de "su escondite" Brynt ni siquiera miró al más alto, sólo se dedico a hablar
- Hay comida para ambos, en el saco hay ropa para que te cambies y no tengas que estar con esa capucha todo el día, no te hará ningún mal usar esa ropa, no puedes estar en el palacio con estas prendas, alguien podría verte - Dijo Brynt, sin decir más salió de la habitación, sinceramente no tenia ninguna intención de pelear con su amigo...decidió ir al único lugar que le relajaba en ese estupido reino, los jardines del palacio que la reina había mandado a construir después del nacimiento de Zéphyr.


··*··


Cuando Brynt se marchó el eremita se dirigió con pasos lentos hacia el Rey y éste le miró con temor, y aun así su posición era desafiante...
- ¿Qué demonios pretendías, Escapar?- Cuestionó de forma burlona
- Yo....- No supo que decir, visiblemente sus sentimientos, el temor dominaba en él...
- Miedoso, no te atrevas a hacerlo de nuevo- Sin decir nada mas se alejo de Zéphyr tomó entre sus manos el costal con ropa, la observo y una sonrisa se curvo en su rostro a simple vista era ropa cómoda, sin ningún tipo de inhibición se deshizo de la capucha, ante los ojos de Zéphyr, un chico de piel albina, cabello grana y sus ya conocidos, ojos turquesa...
- ¿Tú eres el eremita?- Cuestiono Zéphyr sin querer...
- No idiota, soy su gemelo...- Dijo de forma irónica, Zéphyr frunció el ceño por la respuesta que recibió, pero aún así no pudo separar la vista del cuerpo del eremita ¿Si él era el eremita porqué todos decían que era poco atractivo y viejo? Esto debía de ser una broma, pensó el oji gris...
Lohann, conciente del efecto que causaba en Zéphyr, se acercó hasta donde el rey estaba aún arrinconado, tomó con delicadeza su barbilla y el más bajo se sonrojó ante el acto, el pelirrojo sonrió.
- Querido rey dime en dónde está la botella dorada...
- No se de que - El rey no pudo continuar hablando por que el "eremita" y había comenzado a besarle...


··*··


... lo recordó, no había cerrado con llave su habitación, apenas caminaba hacía ese hermoso lugar, titubeó un poco, regresar con Lohann o seguir su camino.




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«.·°·.*.' Apártame de esté lugar, tengo miedo, ha escapar... ‘.*.·°·. »
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๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
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CAP: 5 Un principe que lloró

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Dom Ago 07, 2011 9:28 pm

CAP: 5 Un principe que lloró


Lo había besado, sin motivo, sin titubear siquiera, y su labios intranquilos, estaba temblando mejillas sonrojas, su sonrisa eterna le habían enganchado de manera impactante, cuando Zéphy cayó en cuenta, se separó inmediatamente, con la respiración agitada y los ojos nublados.
Lo había besado, sin motivo, sin titubear siquiera; fueron sus mejillas sonrojas, sonrisa eterna, labios en un rose casi puro, y se sintió enganchado, cuando Lohann cayó en cuenta que nunca había sentido a alguien temblar de aquella manera, no mientras era besado, se sintió aterrado. Un beso... aflojó su agarré y Zéphy se separó de inmediato.
- ¡¿PERO QUÉ SE SUPONE QUE HACES?! - Cuestionó con su temblorosa voz cortada, el albino se sintió perdido, apenado por sus propias acciones, le había besado, en un acto de confusión soltó un fuerte golpe en la mejilla del Rey, sus sentimientos confusos le hicieron sentirse furioso a pesar de la calidez que recorría sus labios. Lo entendió...
- Puedo sentirlo - Sus mejillas albinas obtuvieron un efímero sonrojo, y por ese pequeñísimo instante, sus ojos brillaron más, su cabello espectacular. - La tienes, la copa dorada ¡Dámelo...!
- No sé de que me hablas - Murmuró con voz apenas audible, estaba furioso y apenado, se odió en ese instante por no poder borrar esa estupida sonrisa de su rostro - Están completamente locos, quiero que se vayan, que me dejen... Llévate lo que quieras pero déjame ¡ya!
- Mentiroso... lo sentí cuando te besé, y si estás temeroso su presencia se hace más fuerte... - Dijo en murmullo, mientras sus ojos se manchaban de locura y sus puños se cerraban con fuerza, Zéphy lo vio, sintió que un frío recorría toda su columna.... era aterradora esa imagen, lo era, viró sus ojos para ambos lados, todo estaba en completo desorden la bandeja con alimento aún permanecía intacta, el alfombrado rojo, las sabanas blancas regadas en el suelo, cortinas con bordes dorados y un hermoso ropero de madera tallada finamente se adhería a la pared. Era su hogar, no tenía porqué huir, no lo haría, tenía mucho miedo pero tenía que enfrentar a ese eremita furioso, ese que había asesinado a su madre y herido as su padre, coraje y valor caminó sin miedo hacia donde el albino, iba a decir algo... apenas si comenzaba a tomar valor, cuando el eremita se lanzó sobre él.


Soltó un grito congelado, y el eremita colocó la mano derecha sobre sus labios mientras presionaban su cabeza en el suelo para reducir movimientos, mientras miraba con saña, su mano izquierda comenzaba a hurgar entre las telas que cubrían el pecho blanco del Rey.
Un aroma caricias extrañas, no son sólo toques sin sentidos, es seguridad quebrada y el mareo provocado. Palabras extrañas, la respiración del eremita difícil de contener.
- Déjame... - Lo dijo, un rey tiñendo una suplica en color orden. - Suéltame
- ¿Debería de detenerme... porqué...? - Deguste indescriptible y ver sus ojos, el corazón suplicando a través de ellos, y sin cordura propia, con algo que contra, los labios liberados no pudiendo retener más el odio extremo que quemaba su piel. - Contaré una historia linda para ti; tu padre y tu madre me quitaron algo, tú lo tienes, quise recuperarlo, tu padre lo impidió. ¿Sabes que va después de las caricias? ¿No te lo enseñó tu padre...? A mi si que me lo enseñó, su majestad. Debo pagar a favor, los conocimientos deben compartirse. Lo que tu Rey padre dio yo revivo.


Y en un descuido todas las prendas se pierden... hace frío
Está apretando sus puños sobre esos hombros
Ni besos, ni nada de lindos actos
Sólo tocó y de pronto...

Un fuerte dolor de cabeza le hizo recobrar el sentido, sentía derretir sus ojos irritados y llorosos, con la vista nublada, apenas si pudo enfocar eso que soltaba un pequeño quejido, comenzó a palpar todo a su alrededor, confort debajo de él un cuerpo suave, tembloroso y frágil, unas manos inmediatamente que intentaron apartarle, ¿Era el Rey?, el aroma dulzón se lo decía, restregó el borde de su mano en sus ojos, poco a poco su vista mejoró, apenas iba a ponerse de piel cuando sintió que era aventado al sueño, el tremendo dolor en su nuca le hizo entender que acababa de ser golpeado con algo antes de caer desmayado.


··*··

Nadie ha mirado, ningún comentario ajeno.
Todo hecho nada, será el destino.
Denso, oscuro, feo...



Caminó por las escaleras de nuevo, su vestido y el constante andar, llegó hasta la habitación real abrió la puerta.



- La llave, olvidé poner llave y... - Y vio en el suelo al Rey lloroso, con su cuerpo tembloroso y las prendas finas regadas en todo el suelo. No dio oportunidad de nada, hizo la cuestión pero no quiso recibir respuesta, el cuerpo de su amigo estaba tendido en el suelo con los ojos cerrados en señal de inconciencia. - ¿Qué le has hecho...?



Se acercó para propinar un puño en el rostro del Rey, pero se sintió intimidado cuando esos ojos hinchados le miraron con terror.



- Llévate todo... todo si quieres, pero... ya no quiero verlos más, es mi mundo... es mío, no tenían ningún derecho y...


¿Una pesadilla?
Impensable, inadecuado... intranquilo
Un mundo que tiembla
Las dudas tan muertas

La respuesta que marcó su mejilla, Brynt ordenó callar sin palabras, bajó la mirada el Rey, y comenzó a llorar... sin borrar su sonrisa maldición. Se abalanzó, golpes de odio ¿Porqué tanto rencor...? Se cuestionaba mientras sus mejillas eran marcadas nuevamente; faena de movimientos agotados, la imagen más cómica, la reina golpeando al Rey lloroso...
Y cuando estuvo lo suficientemente agotado, se alejó lo más posible de Zéphy, esperó con sus rodillas flexionadas bajo su cuerpo, esperó a que el eremita albino despertase... tiempo, tiempo, tiempo, y abrió sus ojos, pupilas turquesa y parpados agotados.
- ¿Qué ha ocurrido? - Cuestionó Lohann, Brynt negó con la cabeza, le sonrió al mismo tiempo que se ponía de pie y ofrecía su mano para que el eremita se levantase, la rechazó Lohann y con la vista aún nublada buscó por simple inercia al Rey.
En una esquina de la habitación Zéphy trataba de hacer no ruido, hecho un ovillo se le notaba temblar, evitando mirarles parecía, el sollozo escabulléndose de esos labios tan...
No era olvido, simple distracción del momento.
-... Brynt él lo tiene, lo sentí, tiene la copa, debe de tenerla.
- ¡Lo sabía! Te lo dije, sólo estaba fingiendo ¿En dónde está?
- ¡No lo sé, no quiso decirme pero... mi adorado Rey..., será mejor que me la des de una vez, sí lo haces, nos marchamos y no sabes más de nosotros..., si no, olvídate de es sonrisa, voy hacer que se desaparezca lenta y dolorosamente!
- Zéphy... dánosla - Pidió un tanto tranquilo Brynt - Es lo único que queremos llevarnos de éste, tu mundo tan repugnante.
- ¿En dónde está? - Cuestionó nuevamente el eremita, tenía cierto deje de culpa al ver al Rey tan arrinconado, miedoso, se había dicho, tenía temor por entregar lo que él le pedía.
¡Tonto!
Eremita descuidado.
No era temor a perder algo.
Era terror por haber sido despojado de otra cosa.
¿No lo recuerdas...?
♥ ¤°.¸¸. ·´¯`» y∂zmín «´¯`·.¸¸. °¤ ♥

(º·.¸(¨*·.¸ ¸.·*¨)¸.·º)
«.·°·.*.' Lo perdido, el temor, las lágrimas... ‘.*.·°·. »
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