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Te contaré el secreto

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Te contaré el secreto

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Miér Feb 15, 2012 8:54 pm


Te contaré el secreto
Del porque odio tanto el día de San Valentín.


La primera vez que le vi llevaba puesto ese gracioso vestido blanco que dejaba ver sus piernas infantiles, para ser sinceros, no fue eso lo que pensé cuando le vi… estaba yo muerto de miedo y sólo pensé en lanzarme sobre él y golpearlo por irrumpir a medio noche en mi casa.



— ¿Tú qué haces aquí? — Le pregunté… esas fueron las primera palabras que le dije y él sólo mirando aterrado negaba con un gesto de su cabeza.



— ¿Puedes verme?



— ¿Qué si puedo verte? ¡Claro que puedo verte! — Chillé asustado por con esas pendas lo único que podía pensar era que seguramente se trataba de un pervertido…y además era mucho más mayor a mí, que sólo tenía doce años.

— No se supone que esto deba pasar



— Llamaré a mis padres — Dije caminando hacia la puerta de mi habitación, pero él me detuvo tomándome de la mano.

— ¡No! Nadie debe verme, si me ven me traerán problemas…



— ¿Y se supone que debe importarme? Por supuesto que no — Dije soltándome de tu agarre — Si soy tu cómplice me encarcelarán contigo.



— No seas idiota, no soy un ladrón, soy… — Se quedó callado, sus palabras en la garganta le hicieron palidecer porque no podía decirme quién era… sus razones tenía y ahora intento pensar, que fue porque no le creería, hubiese gritado a mis padres si él me hubiese dicho la verdad.




“Entonces… parte del secreto es que cerré los ojos y en un parpadeo todo se había desvanecido…
…el amanecer había llegado, un sonrojo en mis mejillas al saber que día era y al atardecer
fui el chico más feliz del mundo pues con ese “sí”, el amor había llegado a mi mundo…”

La segunda vez que le vi, era un adolecente, terminaba de bañarme cuando le vi sentado en el retrete, con sus piernas en flor de loto, a diferencia de la primera vez no salté de pronto, ni grité a mis padres, mucho menos chille — Bueno, sólo un poco—.



— Vaya jovencito, tendrían que decirte tus padres que desperdicias mucha agua —



— ¿Otra vez tú? — Dije saliendo de la bañera sin cubrirme, tenía dieciséis, estaba acostumbrado a presumir de mis ahora “atributos” de hombre con mis amigos… Pero él no era aún mi amigo.



— ¿Qué, no te gusta verme? — Me preguntó, dirigiendo mi mirada hacia mi entrepierna.



— Deja de verme, maldito desviado — Le dije girando mi cuerpo por una toalla. — Y para serte sinceros no me alegra verte — tenía algunas lagunas mentales de la última vez que lo había visto — ¿Qué me hiciste la última vez?



— ¿No lo recuerdas? — Me preguntó indignado — Vaya mal agradecido, si te hice tan feliz. — Y ante sus palabras un temor me invadió muy rápido, asociando: “vestido, pervertido y te hice muy feliz” mi rostro se cubrió de un rojo. Pero antes de que pudiese reclamarle algo, desapareció… Eso ocasionó, creo yo, un enorme trauma en mí… y a la mañana siguiente fui yo quién dio ese “Sí” a… dejémoslo en que dije “Sí”.



“Empezamos ese juego, siempre, siempre supe que había algo mágico detrás de ti y de mi”

Y la siguiente vez que te vi, intenté que aclaráramos lo que había sucedido entre nosotros, dijiste que nada, entendí que ese “te hice feliz” había significado

Tus visitas se hicieron más frecuentes… comparadas con el tiempo que tuve que esperar para verte la segunda vez. Empezaste a bromear sombre mis cambios, fueron los diecisiete, dieciocho, diecinueve y luego veinte, de noche, con mis amigos en la barra y yo en el baño bastante ebrio, terminé mojando mi rostro en el lavabo y cuando levanté la mirada tu rostro furioso se mostraba detrás del espejo.



— Grandísimo idiota ¿No? Esta vez no creas que premiaré tu conducta de asco, has decaído mucho tanto moral como visualmente — Dijiste examinando mi cuerpo, estaba un poco bajo de peso por mi mala alimentación, además de que mi rostro lucía ojeroso…



— Estoy en exámenes finales, es por eso — Justifiqué arrastrando mis palabras, intentando escucharme lo menos ebrio posible. —



— Oh, vaya, estás en finales y entonces ¿Qué haces aquí? — Murmuró bastante más furioso. Si lo pienso, siempre tuvo ese aire materno que me hacía pensar incluso, que mi madre se quedaría corta frente a él... — ¿Me vas a decir que el hombre que te sirve alcohol es tu maestro de quimisca?



— Se dice “Quimica” — Comenté burlón y acercándose a mí tomó mi oreja y me arrastró en dirección a la puerta —




Hay algo extraño en tu mirar
Que adivino en tus ojos

— Me importa un comino como se diga. — me deje llevar, hasta que observe tu espalda detenidamente, tu “vestido” seguía siendo el mismo modelo, muy poco habías cambiado… no, de hecho no habías cambiado nada y los años pasaban y estabas tan igual como la primera vez que te vi.. Eras igual, pero yo te miré esa noche de manera diferente; tus piernas no me parecieron nada infantiles, eran las piernas más perfectas que había visto en toda mi vida y tu cabello a puntas rizadas y juguetonas. Viraste tu rostro al notar que me detenía y fue el momento perfecto para mí. Te empujé sobre la puerta y acerqué mi rostro al tuyo.


— ¿Por qué mejor no te dejas de ese juego de siempre? Ágamos algo distinto — Dije rozando mis labios sobre los tuyos. Mágico, misterioso, perfecto. Fue asi como te vi ese día, mi mano se coló por debajo del vestido… acariciando sus muslos suaves, subiendo un poquito más. Llegué a tocar su entrepierna y el soltó un suspiro.



Tus labios quieren musitar
Algo lleno de rencor
A puño cerrado golpeaste mi mejilla, te miré con los ojos abiertos, bastante abiertos… enfurecí yo también, nos hicimos de palabra y te dije: “es tu maldita culpa que yo fracase siempre con todos”. Abriste bastante los ojos, negaste con la cabeza y comenzaste a llorar.



— Bien, pues desde ahora encárgate tú… —




Había salido de casa de mis padres cuatro años atrás, ahora me iba bien en el trabajo, estaba terminando mis estudios y pensé que sólo me hacía falta algo… alguien, y a esa otra persona, jamás la volví a ver, no hubo señal alguna de que estuviese cerca, y en ese día especial del año, me quedaba adormilado sentado en mi cama a su espera.
No hizo falta volver a verle. Hubo una ocasión que salí a correr por la calle, y mi típico perro “Max” junto a mí, se acercó a una chica que jugaba con una perra bastante extraña y el resto de la historia ha salido en otros sitios. Coincidencias, el amor, los caninos y su “familia” y juro que recé para que no salieran 101. Ella me dijo una mañana “Esto no está funcionando…”

— ¿Estás bien? — Giró su rostro al verle parado ahí en el marco de la puerta. — Quería… hablar sobre lo que ocurrió la última vez que nos vimos…



— Ya no tengo edad para niñerías — Observando, casi con indiferencia, el vestido blanco ya no le parecía tan adorable, ni las mejillas sonrojas, ni los rulos en las puntas de su cabello rubio, estaba desecho justo hoy había perdido lo que significaría lo más preciado para él, una copa de Whisky en su mano y aún con anteojos puestos reclinó su cabeza en el respaldo del sofá y cerró los ojos. — Fue hace cinco años.



— ¿Qué te ocurrió? — Miró con sus ojos vidriosos, era completamente diferente, lo sabía, que estaría ahora más cambiado pero no esperó encontrarle en ese estado, no de una forma tan hiriente.



— ¿No lo sabes? Pensé que lo sabrías, después de todo, eres tú, ¿no? — Se sonrojó el chico en el marco de la puerta, por sus pies descalzos, las pisadas tan silenciosas, vio al otro joven tan hundido en su tristeza que ese tono hiriente en sus palabras no le causó ningún enojo. Llegó hasta un lado del sofá y se sentó, sin pedir permiso — Bien, siempre terminas haciendo lo que quieres. — El mayor se puso de pie — Me voy. — Caminó hasta su recamara, se echó sobre la cama continuó con su mar de pensamientos.



Y ahí, el rubio sentado en el sofá, se dio cuenta de cuánto tiempo había cambiado, el que se marchaba, ya no era un niño de doce años que lo amenazaba con acusarlo con sus padres. Era un hombre con el corazón destrozado. Caminó por donde se había ido el mayor, mientras aflojaba las cintas de su vestido. Caminó con pasos lentos mientras desechaba las poquitas pelusas de duda en su mente. Para cuando estuvo en la recamara, parado frente a la cama, la cinta del vestido estaba en sus manos… el chico recostado levantó la mirada y vio a la perfección el cuerpo de Cupido…



— Quiero que sigas… con lo de la otra noche —



— Idiota no voy a hacerlo, te dijo que tenía cinco años de eso, ya no me van los hombres y además ¡Contigo sentiría que es abuso infantil! — El rubio infló sus mejillas y recogiendo su vestido empezó a atarlo. Sin acomodarlo bien, se aventó en la cama quedando recostado justo al lado del mayor



— Soy mucho mayor que tú, tanto que ni siquiera lo imaginas



— Sí, ya lo sé, pero no por eso dejas de lucir como un adolecente con las hormonas al mil — Y poquito a poco, por esa noche, prefirió no pensar en ella y en el dolor que sentía y también evitó pensar que cada que alguien terminaba con él, o cuando las cosas se complicaban, terminaba maldiciendo una y otra vez a su Cupido… el mismo que había conocido a los doce años y al cual hacía responsable de todas sus desgracias amorosas. Porque era su culpa ¿No? El hecho de que no escogiera a la persona adecuada para él. —



— ¿Y no puedo? Cuando tú eras un adolecente yo tenía que soportar que te exhibieras… —



— Porque es tu trabajo, ¿no? — Cupido le miró con el ceño fruncido.- No es mi culpa que tengas que visitarme, ni siquiera lo deseo, no conozco a nadie más que tenga que soportarte en este día del año.



Siempre dices cosas tan crueles, pensé que era cosa tuya, pero entonces si te desagrado Dijo levantándose de la cama pero entonces no tenías que haberme tocado le dirigió una última mirada al mayor antes de desaparecer…




¿Qué si me dejó esa noche después de decirme en mi cara que lo tomara? Sí, pero no me arrepiento, porque después de aquel día, no volvió, de nuevo y pensé que tendría que verle el próximo año, en vísperas de san Valentín pero no fue así, sólo tres días, cuando regresaba de el trabajo escuché el jugueteo de Max, pensé que “ella” había vuelto pero le vi a él, un Cupido bastante fura de tono, con Jeans y camisa negra, aún descalzo, su cabello antes ondulado lucía completamente lacio y peinado, cubriendo un poco su rostro.
¿Qué haces aquí?



Mucho gusto Dijo sonriendo, sin dejar de jugar con Max Mi nombre aclaro, no es Cupido, ni Valentín, ni san, es Jean. Me dijo Y no es horario de trabajo, pero vengo a traerte una noticia de amor aunque San Valentín fue antier Su sonrisa hermosa y esos ademanes exagerados al hablar… No soy tan raro como tú, ni tan huraño, ni enojón pero… no sé porque, no me pude sacar nunca ese recuerdo… Se sonrojó bastante y sé que intentó decir “el día que me metiste mano” Pero incluso, antes de eso, el día que nos conocimos una parte de mi cambio… nadie nunca me había visto, por eso, año tras año intenté volver a verte y muchas veces no tuve tiempo, aunque quería pero… pero yo… ¿Quieres ser mi novio?




Mi respuesta es más que ¿Obvia? Tenía una vida casi normal, después de haber pasado por muchas experiencias con hombres, había decidido juntarme con una mujer y una familia, esos fueron los planes que tuve y ahora ¿Cómo estoy? Mi novio es Cupido y odio San Valentín porque él está muy ocupado como para estar conmigo.

Tengo que confesarles también, que con otro tipo de prendas y peinados, el Cupido de las imágenes en las tarjetas es tremendamente Sexy. << Esto no aplica si Cupido es un bebé>>

Y también, porque no, una advertencia: Si ves a Cupido a media noche, no se te ocurra tener pensamientos perversos con él, ¡Es mío! Y además, si lo ves, significa que al despertarte habrá alguien para ti.


♥ ¤°.¸¸. •´¯`» Doki «´¯`•.¸¸. °¤ ♥


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«.•°•.*.' Fin‘.*.•°•. »
(¸.•º(¸.•¨* *¨•.¸)º•.¸)






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