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No llores... cascanueces

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No llores... cascanueces

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:11 am

No llores... cascanueces


No fue un dulce cuento de navidad..., en verdad hacía tanto frío ese invierno

Y mi príncipe, no sonríe... sobre un pedestal de cristal se bufó... de mi amor

Y esa molesta rata enorme, no deja de mostrar sus malos modales

Y ahora aparezco ante ti, ¿Por qué aún estas en pijama?






Cap. 1: Acto 1

El telón se abre y muestra la casa de los Stahlbaum, en la cual se prepara la fiesta de la víspera de la Navidad



Recostado sobre el sofá, su madre en el salón de fiestas murmuraba deprisa los detalles faltantes para su "grandiosa cena navideña", su padre estaba atento a la cena, la cocinera había cuidado de él desde que era pequeño, así que buscando atención casi materna, su padre siempre era así, un tanto alegre e infantil, sin importarle a quién se dirigiera, necesitaba que le mimaran y le cuidasen.



- Me quedaré con la estrella este año - Comentó su hermanito, seguía sentado en la alfombra admirando con la mirada levantada el árbol que este año su padre había comprado, rodó la mirada sin importarle siquiera que su hermanito hiciera un pequeño puchero



- No me importa esa estúpida estrella. ¿Crees que me interesa guardar un trozo de vidrio inservible? - El niño frunció el ceño, pensó bastantes insultos pero no fue capaz de decirlos... mamá estaba cerca y no quería ser reprendido por algo así. Se puso de pie y emprendió su caminar hacia su recamara, comenzaba a subir las escaleras cuando el "Tin-Tan", de la campana en la entrada comenzó a sonar, el hermanito corrió con desespero hacía la puerta, mamá había soltado un delicado llamado para que se acomodase el detalle del cuello antes de abrir pero Fritz no había escuchado lo que ella le decía.



Llegó a la puerta y con un sonoro "Buenas noches, sea bienvenido" recibió al anciano amistoso que le sonrió del otro lado de la puerta.



- ¡Oh! Pequeño Fritz, como has crecido - Mencionó el viejo, el chiquillo se abalanzó hacia él, le abrazó, mencionó cuan feliz estaba de verle y disimuladamente, le hizo pasar, la madre, que había visto aquel emotivo recibimiento sonrió al tío y le saludó, de manera fina y discreta, el padre en la cocina escuchó el alboroto fuera, explicó, innecesariamente a la cocinera, que haría a ver quién era el primer invitado en llegar.



- Deniss ven a saludar al tío Drosselmeyer - Escuchó que su padre en voz alta le llamaba, el chico frunció el ceño y se levantó con apatía



- ¡Maldición... ese maldito viejo loco! - Deniss siguió a pasos lentos el mismo recorrido que su hermanito había seguido hacía apenas uno minutos, salió del salón hacia el recibidor de la mansión, con una sonrisa fingida dio la bienvenida el hombre de cabellos blancos y el parche oscuro en su ojo izquierdo. Mal disimulado ignoró el saludo afectuoso y las palabras bonitas que el tío le había dado como primer regalo de Noche Buena. -



Fritz se sintió molesto, el tío Drosselmeyer era tan bueno siempre, y Deniss con sus desplantes siempre hacía que los buenos momentos se volviesen desagradables ratos de tención.



Drosselmeyer más que acostumbrado a la actitud de ese jovencito, sonrió mientras caminaba y al colocarse justo a su lado, despeinó sus cabellos rubios. Con su otra mano, sostenía una bolsa enorme que apenas había sido percibida por la madre, el padre y el hermanito pequeño.



- Son mis regalos de navidad - Confesó seguro de que ahora todos verían la bolsa enorme - Pero nadie puede ver lo que hay dentro... porque es una sorpresa.



Se adentró hasta la sala en dónde Deniss había estado recostado, posó la bolsa detrás de uno de los sillones y se dedicó a platicar con el pequeño Fritz, en cuestión de minutos más invitados llegaron, niños vestidos con prendas elegantes, hombres sugestivos y damas alegres con listones en sus peinados. Deniss estaba solo, a pesar de que era asediado por sus primas y las amigas de éstas, por sus pequeños primos y los hombres y mujeres ya mayores que quienes pensaban que ya era tiempo de que Deniss dejara de pertenecer al grupo de jovencitos y niños y se uniera a las platicas adultas que muy entretenidas podían ser.



El tío Drosselmeyer miró con pena a el que hacía unos años había sido su sobrino más allegado a él, le recordaba sonriente, con una imaginación mágica y una nata sensibilidad para las artes, entusiasmado con la vida y dispuesto a aprender cosas nuevas siempre, pero desde "aquello" había paso, desde que Clara se había ido, él se había vuelto contra el mundo, cualquiera que fuese el lugar en el que estuviese, al tío Drosselmeyer le gustaría que Deniss encajase en alguno, se le veía solitario y pocos entendían cuan doloroso eran aún para él las navidades, para todos, pero tanto el señor, como la señora Stahlbaum habían decidido que las navidades recordarían a la niña, con amor y alegría, sin faltar al respeto, claro, pero era mejor una sonrisa nacida de un recuerdo que una lágrima hacía el pasado que no iba a volver.


Dame un poco de tristeza,
Una lágrima que me traiga a tu mundo,
Que me de magia para vivir,


La cena, las sonrías, Deniss se enfermaba de toda esa alegría dispersa por su hogar, era ridículamente asqueroso, ¿Cómo podían todos fingir que nada pasaba? Que ella no se había ido... que les había dejado sin decir nada y que no volvería, ¿Cómo sonreír cuando el aroma del pino navideño invadía la casa? Una esencia navideña que le calaba en los huesos, y sus ojos, en un momento final de la cena, comenzaron a humedecerse, el hermanito pequeño que a pesar de todo, procuraba al mayor, notó que la nariz de Deniss empezó a entrecortar el aire y un "fu-fu-muff" extraño fue acompañado de un pequeño temblorcito.



- Tío Drosselmeyer - Llamó el niño, Drosselmeyer miró inquieto al pequeño, entonces dirigió su mirada a Deniss que estaba con el ceño fruncido, escuchando lo que su hermanito tenía que decir - ¿Podemos abrir los regalos, qué será este año para mí? - Canturreó con un tonito alegre, parándose del comedor y todos le miraron con una sonrisa tierna, era un terroncito de dulzura el pequeño -



Todos los niños se pusieron de pie, ante el desconcierto de los padres, los platos a medio acabar, una buena ración, comprendieron, los niños siempre serían así; siguieron al pequeño Fritz, y el tío Drosselmeyer junto a ellos se puso de pie, pidió una disculpa, se alejó de la mesa, con disimulo los presentes fisgonearon en el plato del señor Drosselmeyer, menos mal que recién había terminado de cenar. Los niños hacia la sala, costumbre era que siempre los regalos se entregaran en ese lugar.



Los niños excitados, alegres decían: ¿qué será este año? ¡Una muñeca!, dijo la primera pequeña señorita con caireles y vestido verde deslumbrante, ¡Un veloz ferrocarril! Esta vez fue un niñito regordete amante de esos pequeños juguetes, después siguió una canasta de dulces, una cajita musical echa en cristal brillante, una bailarina de cuerda que tenía a un lindo príncipe a un lado... también hubo un osito de felpa para el más pequeño de los niños, Fritz entre sus manos tuvo un pequeño ajedrez que seguro, el tío Drosselmeyer le enseñaría a jugar en sus próximas visitas y después de todo eso, el hombre mayor notó que quedaba para alguien, un muñequito de madera bastante hermoso, un soldadito quizá, algunos niños vieron el juguete con intenciones de pedir un cambio, pero el tío Drosselmeyer se adelantó a las suplicas



- Este es un regalo de Navidad muy especial, saben para quién es... porque no le hemos olvidado, y se arrodilló ante el árbol de navidad, lo colocó debajo y los niños miraron con ojos abiertos enormemente como la madera del soldadito de uniforme bicolor resplandecía debido a las velas que alumbraban el árbol hermoso. - Un cascanueces... hubiese sido tan bonito que ocurriese todo tal cual yo...



- Tío Drossel - Llamó el anfitrión de la velada, los adultos también anhelaban platicar con ese hombre, el hombre que en su juventud decidió que dedicarse a construir juguetes y divertir a los niños, como los que ahora ya comenzaban a dormitar, era lo que él quería hacer. - Por favor, venga y acompáñenos en esta velada tan hermosa.



Los niños dormitando, poco a poco se quedaron dormidos, Deniss tuvo que lidiar con eso, porque su madre le había dicho que llevase a los niños en las habitaciones sobrantes, el baile en el salón mientras la melodía comenzaba a resonar, cuando el último niño fue guiado hasta el dormitorio, el joven regresó a la sala, junto al árbol deslumbrante y se sentó en la alfombra cálida, su rostro amable, su mirada triste y de pronto, el soldadito a las faldas del árbol le hizo sentir escalofríos, le tomó entre sus manos, le observó detenidamente, al cascanueces de madera que de pronto le hizo titubear, iba a devolverlo en su lugar cuando de pronto un papelito enrollado con un listón llamó su atención, tomó el papel entre sus manos y fue necesario sólo de sus dedos a modo de pisca para desdoblarlo y leer...
"Para la pequeña Clara..."



- ¡¡ Maldito Drosselmeyer...!! - Exclamó con furia y en un ataque de irá arrojó al cascanueces lejos de su vista, y chocó con la pared, un bracito caído al estrellarse con el suelo. -



- Sí te molestó algo que yo hizo, no tenías porque desquitarte con el pobre cascanueces - Murmuró Drosselmeyer, recargado en el marco de la habitación -



- ¿Qué pretendía con esto? - Cuestionó a la vez que se ponía de pie para encararlo.



- Es mi manera de demostrar cuanto le extraño - Parecía sincero, a Deniss le pareció que el viejo hombre no mentí, pero que manera de demostrar su tristeza, pensó, con un detalle distinto su intención no sería mal vista, con este, parecía que lo que deseaba era más que nada herirlos a todos - No se lo dije a nadie, no esperaba que alguien tomara. Olvidé cuán curioso que eres



- No fue mi culpa - Recriminó y abandonó la habitación sin decir nada más, Drosselmeyer se dirigió hacia dónde el cascanueces, entre sus manos viejas sostuvo su cuerpo y con sus dedos el bracito también lo recogió, un brillo que unió las dos partes, una herida sanada... y triste que parecía el hombre, a murmullo de ave lo dijo con el corazón sollozando - La pequeña Clara no está, es todo lo que puedo hacer por ti... mi pequeño cascanueces.



Drosselmeyer suspiró, hondo, pesadamente, entonces también se dejó ver un poco de enojo en su rostro, porque ya no podía hacer nada... ahora él mismo se lo preguntaba ¿Qué pretendía con todo eso? Clara no podía deshacer ese hechizo, no podía ni eso, mi muchas cosas más, Deniss se había molestado con él, tal vez después de todo sí había sido una mala idea... tomó al cascanueces entre sus manos, la fiesta se había acabado para él, y fue el primero en marcharse, después de siguieron algunas personas más, otras parejas, muy apegadas a la familia subieron a las habitaciones en las que sus niños ya descansaban, el ligero "tic-tac" del reloj sonó... doce campanadas y quién dormitaba de pronto se despertó, en su habitación oscura algo no estaba bien... una lucecita que de inmediato llamó su atención, por debajo de la puerta de manera se escapó y él detrás de un fuerte viento que le hizo estremecer de miedo... y sin pensarlo, abrió la puerta, caminó por el pasillo hasta las escaleras, bajó y se dirigió al gran árbol de navidad y le sintió aún más enorme de lo que era... bastante para su gusto, porque cuando viró su rostro hacia todos lados notó que no sólo el árbol eran mucho más grandes de lo que pensaba.



- ¡Cuidado! - Escuchó una extraña voz que le hizo virarse, sintió un fuerte empujón que le hizo caer al suelo, abrió los ojos después del impacto, sobre él una rata gigantesca - ¡Déjale!



Deniss apenas si pudo reconocer a quien le hablaba, una imponente figura de madera que extrañamente tenía un gesto amenazante en su inexpresiva mirada... Deniss sintió que todo le daba vueltas, lo último que escuchó antes de caer inconsciente fue el chillido de la rata y el enorme soldado de madera que se acercaba a él...
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«. ·°·~*~' Paraíso perdido'~*~·°·. »
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Acto 1 parte: 1 , 2 , 3, 4


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Cap. 2: Copos de nieve

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:12 am

Cap. 2: Copos de nieve


Cuando el reloj da la medianoche, Clara baja a hurtadillas a contemplar su querido cascanueces y oye a los ratones. No sabe si aún está soñando y trata de escapar, pero los ratones la detienen.




El "Tic-tac" fue seguido de las doce campanadas que anunciaban el baile de la bailarina y el príncipe dentro del reloj, hacía tanto que no sentía nada, ni siquiera podía decirse que hubiese estado despierto, sus ojos que habían sido cegados se abrieron, se le permitió la confusión entre tanta oscuridad y escuchar el paso bajar las escaleras, giró su rostro, pequeñas motas de luz en colores distintos comenzaron a rodearle y pudo ponerse de pie, iluminando la habitación, todos le observaban, los soldaditos y las muñecas, desde la vitrina porcelanas damitas se pegaban al cristal para observarle detenidamente, en una reverencia, un saludo sin palabras y tartamudeó, las palabras no sabía... una confusión.



- No soy el príncipe que debería ser - Murmuró bajito, pero nadie entendió, seguramente esa parte también era cierta... en la que niega su procedencia - Están en peligro, la reina ratón vendrá e intentará destruir todo lo que Drosselmeyer ha construido



El arbolito se llenó de motas luminosas también y la pared estruendosa comenzó a agrietarse, era demasiado tarde, pensó el cascanueces.



- Puedo proteger a algunos - Dijo intranquilo, hombres ratas se dejaron ver, entre las dos columnas súbditos la soberana del reino oscuro frunció el ceño y movió su nariz puntiaguda, acercándose al cascanueces, sus bigotes insistentes, el cascanueces, dio un paso al frente enlistó su espada, acomodó su sombrero y...

... la puerta se abrió, entre la pared y la puerta, esa reina rata lanzó un chillido de despedida, la maldición eficiente ante todo su poder, Deniss comenzó a hacerse pequeñito, a cada paso, mientras se acercaba al árbol, los súbditos enojados, más que la soberana, esa "rata" era su reina madre. El cascanueces miró la escena, asombrado ¿Y ese joven quién era...? ¿Y Clara...? Le miró caminar hacia el árbol a cada paso que daba cada vez más pequeñito se hacía y justo cuando llegaba a dónde él, notó que una de las ratas iba a atacarle.



- ¡Cuidado! - Alertó al joven rubio pero este lejos de ponerse en posición de ataque encogió sus brazos sobre su rostro... se abalanzó la rata sobre el rubio. - No sabe defenderse - Murmuró el cascanueces, con su espada en posición, la enterró a la rata y está con un chillido escandaloso cayó tendido al suelo, junto a Deniss. Un humo morado empezó a salir de las enormes ratas, intensos lamentos, los juguetes detrás del árbol empezaron a asomarse cuando el humo cambió a un resplandeciente polvito dorado que poco a poco se esparció por el suelo.



- Cascanueces... - El cascanueces le miró sin despegar la vista del chico de cabello castaño que bajo una capa negra, se encontraba completamente desnudo, desprotegido, lágrimas en sus ojos rojizos.



- Príncipe ratón... - Bajito, muy bajito que lo dijo el cascanueces, con sus labios de madera,



- Él, que no es Clara ha dado muerte a mi madre, tú con tu espada has apuntado directo a mi corazón, la herida que debía terminar con mi vida logró romper el escudo de piedra que aguardaba mis sentimientos... y el de mis súbditos. -



- ¿Por qué han dejado de ser ratones? - Cuestionó el cascanueces - ¿Y Clara? ¿Es que le han hecho antes de que yo...?



- No es que siempre hubiésemos desde siempre RATAS, no ratones - Aclaró un tanto altanero - y a Clara, no le hemos visto... porque daría muerte a mi madre, ella quería antes que tú llegar y asesinarla, pero... Clara no está... - El cascanueces sintió como sus piernas se doblaban... ¿Porqué Clara seguía sin aparecer? ¿Por qué el reino de los ratones habían dejado de serlo? ¿Y el tío Drosselmeyer? - Pensé que le conocías - Dijo el príncipe desde el suelo, señalaba a Deniss - Le protegiste, pensé que era alguien importante, aunque no lo sea, creo que deberías preguntarle por Clara...



- ¡Majestad, el porta! - Llamó la atención uno de los súbditos de el ahora Rey ratón, la grieta en la pared que les devolvía a su reino comenzaba a hacerse pequeña, el príncipe se levantó de prisa, corrió hasta dónde estaban los restos de su madre y tomó de entre la sangre el cetro y la corona -



- Me marcho - Dijo después de hacer una reverencia - cascanueces, ¿Te quedarás? no deberías demorar en volver, sin Drosselmeyer nada te hará regresar.



- Drosselmeyer dijo: "La pequeña Clara no está, es todo lo que puedo hacer por ti..." - la muñeca Marie, lo dijo, todos asintieron, con respeto miraban al cascanueces y entonces Marie lo decidió, porque lo más seguro es que el señor Drosselmeyer no volviese esa noche - De lo que Drosselmeyer me dio, le daré yo todo, debe irse, hacerlo sin ella.



- No puedo irme... no sin Clara - Impotente que se sentía, pero todos los muñecos pensaban de una forma distinta de la vida mágica que tenían, se desasieron sin remordimiento y un pequeño huequito de luz se formó en el tronco de árbol gigante - No lo haré...



- ¡Agradécele a todos! - Gritó el Rey de los ratones, hizo un ademan de despedida a sus súbditos quienes entendieron a la perfección, sonrieron, hacía mucho que no habían podido hacerlo, los muñecos se desplomaron en el suelo, también habían sonreído antes de caer. - Si no puedes hacerlo, te ayudaré, por salvar a mi reino - Tomó a Deniss entre sus brazos y jaló al Cascanueces hacia la mágica entrada del árbol de Navidad, esquivando regalos no abiertos y demás adornitos - No es él Clara, cierto, pero ha dado fin a mi madre... entonces... puedes seguir adelante... puedes y en contra de todo, te ayudaré...


Cegados por un instante y al abrir los ojos, la cálida sala había sido remplazada por inmensidad de blancura, para el cascanueces era imposible saber se era dulce o por el contrario, cruel y fría la nieve, saber lo que Deniss sentía en ese momento fue imposible, la inconsciencia aún le protegía, y el Rey ratón, con su capa oscura como única protectora, ardían sus pies por el contacto con la blanca nieve, su cuerpo completo comenzaba a tiritar, pensó en hacerlo, el cascanueces siguió su paso, sin admirar lo que de antaño conocía, parecía nada sorprendido con lo que sus ojos veían, el rey ratón colocó a Deniss sobre la nieve, sin miramientos tiró de su pantalón blanco y se lo colocó el mismo, algo justo, por cierto, pero al fin era mejor eso a caminar con sólo una capa por la nieve, también quitó sus zapatillas blancas, pensaba que si él iba a cargar del rubio ¿Qué sentido tenía que sus pies estuviesen protegidos?, se los colocó, bastante cómodos pero poco resistentes, eran de tela esponjosa y terminarían humedecidos en poco tiempo? Apenas iba a tomar a Deniss de nuevo entre sus brazos cuando el rubio murmuró bajito...



- Asqueroso ratón... - Murmuro en su ensoñación Deniss.



- ¡¡ERA UNA RATA...!! - Se puso de pie y le dejó ahí tirado, con los puños cerrados y a pasos rápidos, le dio alcance al Cascanueces, que hasta el momento había estado ajeno a todo - Cascanueces, cometí un error, ese chiquillo no servirá de anda en este viaje que emprenderemos, es mejor que le dejemos aquí y que él mismo encuentre su destino... - un poco más risueño comentó - y su camino de regreso a casa.



- ¡¡Ahhh, Bichos...!! - El rey ratón se encogió de hombros, el cascanueces asustado viró su rostro... aquel chiquillo de cabello rubio se levantó asustado mientras era perseguido por esos "mosquitos" de particular complexión. - ¿En dónde estoy... qué es todo esto? - Sus pies se hundían en la nieve.



- ¡No sigas...! - Murmuró bajito el Cascanueces, Deniss estaba siendo brusco con las hadas de los copos de nieve.



- Estoy soñando... - Aseguró Denis, comenzó a respirar agitadamente, los bichos le tenían rodeados y el Cascanueces gigantesco le hablaba y se movía además... otro sujeto, con sus..., Deniss bajó la mirada y se encontró con sus piernas desnudas - ¡Ese es mi Pijama...! - Ignoró lo que el cascanueces pedía y a los bichos deslumbrantes, hacía el joven castaño emprendió el rubio sus pasos veloces, porque para él la nieve no significaba realmente una molestia. - Tú... - Llamó tajante y el "ratón" le miró con los ojos entrecerrados - devuélveme lo que es mío.



- Estuve contigo en brazos, no puedes siguiera pensar que te los devolveré, además... estás en deuda conmigo, podría, si deseo, terminar contigo, porque diste muerte a mi madre y me has ofendido, diciendo cosas hirientes para mi persona real. -



A Deniss, las palabras extrañas y el discurso sin sentido nada que le importaron, estaba en un lugar que no recordaba con seres extraños, llevó una mano a su cabeza, el Cascanueces afligido tuvo un poco de pena por él... porque ese joven no tenía nada que ver en todo esto, ni él mismo entendía lo que ocurría, acortó la distancia un poco, se abrió paso entre las hadas y cuando estaba a punto de posar su mano en el hombro de Deniss, este atinó a distanciar su mano de madera con un manotazo, el rey ratón frunció el ceño, ahora sí que estaba molesto, Cascanueces no dijo nada, había sido demasiada brusca esa reacción, el Rey ratón tomó a Deniss por el cuello de su camisa, le sacudió en un fuerte vaivén, dijo algo que no entendió bien y cuando el sujeto castaño iba a abofetearlo los "mosquitos" desprendieron una inmensa lluvia de copos de nieve que debido a su fuerza terminaron por tumbar al castaño al suelo...



- Tranquilízate un poco por favor... - El cascanueces con sus manos encogidas en su pecho habló lo más lento y bajito posible que pudo, Deniss, le miró entonces, detenidamente y aún con temor - Esto no es un sueño, te cuidado con no hacerte daño...- Deniss parpadeó y mordió su labio inferior, el cascanueces prosiguió - Alguien ha lanzado un hechizo en mi y por eso aparento ser un cascanueces..., él - Señaló al castaño - Es el príncipe de los ratones - Dentro de la inmensa bola de nieve, el castaño bufó..., era una rata... no un ratón - Ellas, son las hadas de los copos de nieve, te han protegido porque hay algo en ti que les hace querer hacerlo... ¿Y tú quién eres...?



- El espíritu de la navidad Futura - Dijo mofándose de la explicación del cascanueces, sonrió y negó con la cabeza mientras sus ojos se posaban fijamente en las "haditas" -



- ¿Espíritu de la navidad pasada...? Qué extraño, nunca había escuchado de ti - Deniss restregó la mano sobre su frente y la dejó escurrir hasta su mejilla - Disculpa... ¿Sabes en dónde está clara? - Cuestionó un tanto temeroso el cascanueces, pensó, que si era un "Espíritu" tendría que saber en dónde estaba su Clara...



- Estúpido... - Escupió con saña Deniss y su mirada ensombrecida fue notada por las hadas, el cascanueces y la rata que escapaba de la nieve - Esto es una tontería...



- ¿En dónde está Clara...? - Volvió a cuestionar el Cascanueces, esta vez sin tanto tacto y sintiendo que tenían ese chico rubio, la obligación de responder a sus cuestiones - ¿Por qué has sido tú quien mató a la reina? ¿Por qué no estaba en su hogar? ¡Responde!



- Cállate - Suplicó Deniss, hasta en sus sueños se atormentaba por esa realidad tan pesada, porque la persona que quería tanto... por la que estaba dispuesta a dar la vida no estaba a su lado, la pequeña y risueña Clara que todos adoraban - Clara no está... - Cubrió con ambas manos sus labios que dejaban escapar pequeños sollozos entrecortados, reprimió Deniss sus lágrimas... que desecho se le veía, el cascanueces hubiese acompañado al joven en su llanto si no fuese porque en su cuerpo de madera era imposible que se creasen lágrimas... y la rata, le vio en el dolor también, arrepentimiento y cuestionó tajantemente, sin importarle los sentimentalismos que de nuevo empezaba a comprender.



- ¿A dónde ha ido? - Se dedicó a caminar el rubio con sus pies descalzos, la piel de sus piernas no sufría por el frío, sin decir nada el cascanueces le siguió, las hadas se despidieron de él y a la rata, ni una mirada disimulada, porque a pesar de que en apariencia cambiase, por dentro él seguiría siendo el mismo ¿No...? - ¿Porqué le sigue? - Cuestionó el castaño al cascanueces.



- Conoce a Clara... - Mencionó entusiasmado - Le duele tanto que ella no esté ¿Puedes notarlo? - El castaño negó con la cabeza - Si le extraña tanto... es seguro que esté intentando encontrarla, como nosotros... entonces nuestro destino es seguirle también...

En el viento está, porque prometió nunca marcharse
Porque sigues recordándole,
No has dejado atrás tu amor por...

|¤°.¸¸. ·´¯`» yAzZmΐn «´¯`·.¸¸. °¤|



(º·.¸ (¨*·.¸ ¸. ·*¨) ¸. ·º)
«. ·°·~*~' Mi Clara...~*~·°·. »
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Parte 5


Última edición por Doki el Lun Dic 26, 2011 10:32 pm, editado 2 veces




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Cap. 3: Viento suave

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:13 am

Cap. 3: Viento suave
Clara y el príncipe viajan entonces a un mundo donde un grupo danzante de copos de nieve los saludan y donde hadas les dan la bienvenida bailando.



Cuando el anochecer llegó Deniss paró su caminar, había dejado la tristeza a muchos pasos de distancia, y sus lagrimas secas ya no dolían, el murmullo a su espalda, seguían sus pasos desde hacía ya unas horas y él no sabía hacia dónde caminaba, todo era tan blanco y sin algún rastro que le asegurase que no había pasado por ahí.... las "hadas" no se alejaban, había notado ese polvo incomodo que salía de sus alas, eran cuerpos turquesas y resplandecientes ¿En verdad eran hadas...?



- Es ilógico que piense que esto no es un sueño - Entonces Deniss, se viró hacía ambos sin decir nada, parecía su mirada un poco más tranquila de lo que unas horas atrás les había parecido - ¿Porqué me han seguido el paso todo este tiempo?



- No queremos que te pierdas - Mencionó el cascanueces, Deniss frunció el ceño -



- Creíamos que podrías ayudarnos a encontrarla - El Rey rata soltó un suspiró y se posó junto al cascanueces -... pero nos equivocamos, ahora sólo estábamos siguiéndote porque es obvio que no sabes en dónde estás y porque no has querido escucharnos, el cascanueces conoce bien estos lugares, incluso yo lo he notado, pero tú no... Esperábamos que te dieses cuenta, pero todo lo que has hecho es - Dijo en tono sincero - caminar sin rumbo, esperando que el momento de despertar llegue.



- Pero Deniss, en verdad no estás soñando.



- No puede ser real. - Dijo con un puchero en los labios, el castaño sonrió ante la cómica imagen del rubio, el cascanueces le reprendió con una mirada inmutable.



- Seguro que estás tan cansado por haber caminado todo el día - El cascanueces se acercó hacia Deniss, le tomó de la mano, la madera fría le dio un poquito de confianza, a pesar de lo incierto y ridículo que le parecía todo, empezó a sentirse un tanto más tranquilo -



- ¿Porqué estoy aquí? Recuerdo las enormes ratas y...



- Es extraño, incluso yo no lo entiendo - Interrumpió el cascanueces, - no sabría cómo decirte lo que no tiendo, pero confía en nosotros... cree que esto es real, cree en las hadas y en cada rincón de este lugar - Deniss no dijo nada más, pero muy dentro de sí, el cascanueces sabía que, el rubio, se estaba esforzando por confiar en sus palabras, el castaño sugirió que se refugiasen esa noche, el cascanueces los guió hacia una cueva enorme, las hadas iluminaron el lugar y ellos se dejaron caer sobre la nieve, porque a dos de ellos nada les ocurría, por el contrario a la rata, el pesar del frío comenzaba a hacer estragos sobre su cuerpo.



Deniss comenzaba a quedarse dormido, no recordaba haber caminado tanto, el castaño de pie y el Cascanueces sentado, recargando su espalda sobre las paredes del lugar. Ante el resplandor cálido de las hadas terminó por hundirse en un sueño profundo. Y pasaron las horas y Deniss era el único que entre tanta confusión había podido descansar.



- Cascanueces... tengo mucho frío y esta ropa está completamente húmeda - Se quejó el castaño, pues su pesada capa era lo único que le brindaba un poco de calor - Terminaré muriendo de frío sí ellas no hacen algo, antes. ¿Por qué no les pides que no sean tan duras conmigo?



- No puedo hacer nada de eso... todo es decisión de ellas, cuando te protejan del frío habrás ganado la confianza de las hadas de los copos de nieves - Aclaró, no era su intención que el castaño sufriese del frío, pero era verdad, él nada que podía hacer para ayudarle, porque sus prendas no era más que pintura sobre la madera que formaba su cuerpo.


- ¿Y él? - Señaló a Deniss, que entre sueños, incluso parecía sonreír - ¿Por qué a pesar de su actitud ellas se muestran tan atentas con él?



- No lo sé... - Dijo bajito, intentando que el castaño bajara la voz, Deniss dormía de una forma tan calmada que...



- Es tan injusto



Las hadas habían permanecido ajenas a todas las cuestiones que tanto el Cascanueces como el castaño habían realizado durante el día, pero esto no podía soportarlo, porque eran pequeños seres con orgullo y mucho, mucho respeto hacía seres que apreciaban, de una enorme mota de luz celeste que se presentó ante los dos curiosos, una mujer de risos plateados y piel de hielo transparente y las hadas, las pequeñas, cubriendo de aquel gran resplandor al joven Deniss.



- No es para nada injusto, pequeño Criss - Dijo con voz dulce aquella mujer de hielo, refiriéndose al chico castaño que antes había sido el príncipe de las ratas. - Tras su corazón herido está nuestra salvación... la de nuestro reino, la de todos ustedes... pero sobre todo, la de aquella pequeña niña. Ella que tenía que salvarnos, es quien necesita más de Deniss, ustedes le han traído... a él, a este sitio, es su responsabilidad cuidar de él hasta que su corazón sane.



- ¿Porqué él y no Clara? - Cuestionó el Cascanueces bastante confundido, la reina de las hadas de los copos de nieve estiró sus brazos en un delicado movimiento, se acercó hacia ellos... con las puntas de sus pies apenas tocando la nieve del suelo y el resplandeciente haz de luz colándose entre sus movimientos.



- No vamos a conocerla - Sonrió con una mirada satisfecha, tristeza, nostalgia, esperanza, todo aquello en la mirada de la reina que en sus piró desapareció junto con sus pequeñas hadas, deslumbrados, cuando la i inmensa luz empezó a desaparecer, el canto de una ave fue notado enseguida, y a su alrededor la nieve había desaparecido completamente, pasto verde y brillante se posaba debajo de sus pies, un poco húmedo, cierto, pero incluso Criss se sintió reconfortado, nada del molesto frío que antes había sentido, se miró, con prendas blancas y unos botines calientitos que protegían sus pies. El aroma a flores en el aire les suplicaba con una dulce melodía "cuiden de él...".



Por el contrario, el cascanueces no había tenido ningún cambio aparente, caminó hacia Deniss, posó su mano sobre la mejilla del rubio, no supo si fue su imaginación o una sensación verdadera, lo que pudo describir fue lo más cálido que jamás haya sentido... incluso más cálido que lo que alguna vez creyó que era lo más cálido que jamás hubiese sentido.



- No erramos al traerle- Mencionó seguro Criss - y bueno, ser tan quejoso, después de todo, tuvo un buen resultado ¿No crees?



- No sé qué creer ¡Ahhh! - El quejido hizo que Deniss se exaltara, sus ojos se abrieron repentinamente, vio al castaño y al Cascanueces justo a su lado... ¿Entonces no había sido un sueño? Cubrió con el antebrazo sus ojos claros pues un inmenso rayo de luz se introducía por la entrada de la cueva, verde, llena de naturaleza y flores y un aroma frío que se le antojó familiar. Deniss se sorprendió ante la escena desconocida, antes de quedar profundamente recordaba que todo estaba lleno de nieve.... Además, sus prendas no eran para nada similares a la pijama que portaba hasta la noche del día anterior, un conjunto bastante ligero, blanco, cálido. - Siento haberte despertado - Dijo tímidamente el Cascanueces. Deniss negó con la cabeza y rodó su vista.



Después de tantas emociones, su carácter voluble y fastidioso había vuelto a él. La noche anterior había tenido un sueño extraño, en el cual Drosselmeyer tenía mucho que ver con lo que le estaba ocurriendo, no recordaba en verdad nada, sólo esa idea se le cruzó por la mente, que ese tonto anciano había hecho algo la noche de... sus ojos se abrieron, era navidad, ese día era navidad... y estaba solo en un lugar desconocido.


- ¿Cómo puedo volver a mi casa? - Lanzó Deniss la pregunta al aire, ni Criss, ni el Cascanueces le respondieron, sabían cómo Deniss podía tal vez volver a su casa pero... ¿No tenía, antes que nada, que preocuparse por ayudar a todos los Reinos del lugar? - Me lo imaginé, no lo sabe - Soltó de tajante.



- Creo que puedes tener algo de hambre - El cascanueces tontamente se preocupaba por Deniss, aunque entendía poco y además la idea de que no ver a Clara no le convencía, habían confiado, en primer lugar, las hadas de los copos de nieve, en ellos, para cuidar del rubio, tiritaba al ser consciente de tal responsabilidad, aún así, le pareció lindo, que todas aquellas noticias que de pronto empezaron a surgir entre el reino, sobre Clara, no fuesen sólo rumores de un pueblo desesperado. Pensó, que haberla conocido hubiese sido tan esplendido, muchos hablaban de lo poderosa que podría ser; aseguraban sería, linda y cariñosa, comprensiva y alegre... le hubiese gustado conocer a esa niña de la que tanto se hablaba, aunque, el saber que Deniss podría ayudarlos, hacía que su corazón latiera fuerte, fuerte, lo único que quería era que la tranquilidad se devolviera a todos.



- No tengo hambre - Deniss restregó su respuesta gélida, después de un largo suspiro empezó a caminar.



- Cascanueces - Dijo el castaño - ¿Será de nuevo como ayer? Yo sí que tengo hambre, quiero frutos y semillas, mientras salía de la cueva giraba su vista curiosa por todos lados - Todo está floreciendo, seguro encontraremos más de lo necesario.



- ¡Tal vez, alguien que conozco, pueda ayudarte a volver...! - Y ese tal vez le sonó un poco convincente, Deniss se viró, exigió que el cascanueces prosiguiera, pero el Cascanueces no lo hizo, no sabía si lo que hacía estaba bien, pero por el momento, debería de seguir a su corazón - Él es Criss - Y presentó con un ademan - A mi todos me llaman cascanueces, nosotros, justo ahora, pensamos ir a aquel reino... en dónde seguro esa persona estará... el viaje es un poco denso... pero si tú quisieras... podríamos llevarte.



- ¿En verdad existe esa persona? -Cuestionó un poco escéptico Deniss.



- Claro, hasta ayer no te habíamos dicho nada, porque no teníamos la suficiente confianza - El cascanueces vio, como los labios de Criss se movían de manera rápida, rogó, sin conocer siguiera las tácticas de convencimiento del castaño, que no arruinara con un comentario inoportuno, la oportunidad que tenían, para acercarse un poco más al rubio - Pero hoy amanecimos bastante amigables, esa persona en verdad existe, te doy mi palabra -El cascanueces miró boquiabierto con qué facilidad el Rey Criss hacía un juramento dando como garantía su honor - ...aunque tampoco es como si estuviésemos desesperado porque nos acompañases, es nuestra buena voluntad lo que nos hace actuar.



- No necesito de la caridad de nadie. -



- No lo decimos por eso... es que... - El cascanueces no sabía cómo devolver ese toque amistoso. Criss le volvió a interrumpir.



- Entonces ser hará de la manera en la que tú quieras, Joven... ¿Cuál es tú nombre? - Cuestionó el castaño.



- Deniss. - Soltó de forma maleducada.



- Bien Joven Deniss, nosotros nos despedimos, fue un gusto en verdad conocerle y me hubiese agradado que nos acompañase, a mi amigo y a mí, en este viaje tan interesante, en lo personal si llegase a necesitar algo, no dude en pedirlo si nos volvemos a ver - Entonces con un toque bastante preocupado mencionó, el castaño - aunque no es muy seguro que nos volvamos a encontrar, ir sólo por estos lugares es un tanto... no, más bien, demasiado peligroso. - Los ojos de Deniss estaban tan abiertos que ni siquiera intentando controlarse podía disimular ese gesto de temor en su rostro - Igual... si cambia de opinión y desea acompañarnos, mi buen amigo, el cascanueces, y yo estaremos entre aquellos arbustos - Señaló muy a lo lejos, una aglomeración de arboles repletos con frutos coloridos y arbustos con bayas - recogiendo provisiones para nuestro viaje, no de cobardes, si no de hombres precavidos... - Y terminando con lo anterior, jaló del brazo del cascanueces y se dispuso a caminar deprisa. Deniss les vio alejarse, y al final, sólo pudo ver un poco de ellos, tenía miedo...


- ¿Qué fue lo que hiciste? - La pregunta era más un reclamo que una sugerencia a contestar. - No podemos dejarle...



- Y no lo haremos - Respondió bastante risueño, no... más bien bastante alegre el castaño - Te aseguro que en menos de lo que esperas, él vendrá... pidiendo que le llevemos con nosotros, mientras eso ocurre, es buena idea que recojamos algo para comer ¿No?



El cascanueces se encogió de hombros, Criss entendió



- Si bien, tú no lo necesitas, él y yo sí... así que sería bueno si llevamos muchas bayas, sobretodo de las rojas...



Se dedicaron a recoger los frutos maduros, el cascanueces apenas si arrancaba uno y sentía que todo aquello no estaba bien, por su parte, Criss, a puños llenos y aún sentía que podía guardar un poco más en el paquete que había hecho con su capa enorme. El sonido de unos pasos alertó a ambo... y cuando se viraron pudieron ver a Deniss, con su cabeza baja y sus brazos llenos de fruto de manzano, un poco sonrojo y algo más apático que la ocasión anterior.



- Decidí que sería bueno... si voy con ustedes, no es porque tema, es que... no conozco muy bien este sitio - Criss sonrió, el cascanueces no dejaba de mirarle con esa mirada curiosa que de pronto podía demostrar - He juntado un poco de provisiones.



- ¡Perfecto! - Exaltado Criss se dirigió hacia Deniss y arrebató sin tacto, los frutos recogidos por el rubio, parecía tan brusco, pero entonces agradeció - Nos alegra mucho que estés con nosotros, espero de corazón que esa persona pueda ayudarte, lo estoy pensando, si puede llevarte a tu hogar, tal vez también pueda hacerme algunos favores a mi - Dijo bromeando, pero a Deniss le hizo sentir más tranquilo, si ellos también tenían algo que pedirle a ese hombre, entonces era seguro que no estuviesen mintiendo.



Las manos del Cascanueces temblaron y ambos notaron algo extraño en él, Criss había creído también en él ¿Y si se daban cuenta de que todo era una poco probable realidad...? Lo había dicho, porque sabía que debía de ser así... un hombre que puede devolver a Deniss a su hogar pero, lo notó, que ni el nombre, ni el rostro de aquel sujeto se encontraban grabados, ni en lo más profundo de sus memorias, ni en lo más fondo de su corazón... ¿Y entonces...?
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Cap. 4: Me sonrió

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:16 am

Cap. 4: Me sonrió
Había, a mitad del camino un gran marco de cristal carmín, a su alrededor los arbustos rosados esfumaban lo impresionante de la imagen, el césped a azul pastel desentonaba completamente con la escena, el cielo amarillo no hacía más que deprimir todo buen gusto, pero... esas nubes moradas a Deniss le parecieron deslumbrantes. Criss fue el primero en ingresar por el gran marco, siguiéndole el Cascanueces y por ultimo él. De los colores extravagantes sólo el recuerdo quedó, a tonalidades grises, bastantes personas caminando a su alrededor, sin frases en los labios y ojos fijos en el camino. Los arbustos rosas no era más que tristes troncos oscuros.

- Todo está... - Murmuró atónito Deniss. Hasta las personas habían perdido el color, niños sin sonrisas, ni el viento soplaba, ni el sol sobre ese mundo opaco brindaba rayitos de luz.
- No hables..., no les mires... - El cascanueces se viró y observó a Deniss desconcertado -
- ¿Por qué? - La respuesta por parte del Cascanueces no llegó. Lo aceptó malhumorado y en todo el trayecto no despegó su mirada de la espalda del sujeto de madera. Intacto, más que perfecto, las casitas ovaladas con techo exuberante y las puertas que en sincronía, todas las casitas indicaban que habían sido hechas, tal vez, por la misma persona. Era una lástima no poder admirar todo el paisaje con un colorido natural, el Cascanueces había estado en varias ocasiones ahí, en la villa de los constructores de ensueño y ahora era todo una sombra de lo que alguna vez fue.

- Cascanueces - Murmuró bajito Criss - ¿Es por aquel lugar? - El cascanueces dirigió su mirada hacia el lugar en dónde Criss apuntaba con su dedo índice, su mirada baja en señal de protección, el Cascanueces asintió y varias personas qu4e hacían una barrera comenzaron a caminar hacia ellos - Si no nos movemos no pueden hacernos nada ¿Cierto...?
- Cierto...
- Pero vienen hacia nosotros - Deniss estaba detrás del Cascanueces y de Criss, jamás se había enfrentado a nada... de ese tipo
- Mentira... ¡Corran! - Criss dejó escapar un grito desesperado.... Mentira que nadie impediría su viaje, Sí, la reina de los ratones había muerto entonces por qué todo igual a cuando ella vivía y su maldición reinaba.
- "No... no está bien, son personas en el tiempo inerte, repiten una y otra vez, mientras envejecen... lo que estaban haciendo antes de que el hechizo fuese lanzado" - El cascanueces pensaba, mientras corría a como sus piernas de madera podían permitírselo, cuando lo notó, ya corría cada uno a direcciones disidentes - "No se separen..."
Deniss corrió sin mirar atrás, estaba demasiado alejado de todos, recargó su cuerpo en un árbol, mientras su respiración se regulaba miró a lo lejos como nadie caminaba hacía él, mordió su labio inferior y negó inmediatamente con la cabeza, si algo le pasaba a esos dos... seguro no podría él encontrar el camino para ir con aquel hombre que podría regresarle a su casa... pero tenía miedo.
"Deniss... tengo miedo"
Escuchó el rubio la voz de una niña, un escalofrío recorrió su cuerpo se viró hacia todos lados, estaba completamente sólo... esa voz era de...
Recordó lo último que él le dijo después de esa oración: "Eres una cobarde..."
"Deniss... tengo miedo"
Volvió a repetirse, aquel lamentable enunciado en una voz dulce... herida...
- Calla... - rogó, y la voz se incrementó, más fuerte, suplicando más y más...
- Deniss - Criss corría a su lado, el rubio sintió escalofríos cuando el castaño se acercó hacia él... cuando dijo aquello... - ¡Vámonos... todos han corridos tras el cascanueces! -
- ¿Y le dejaremos...? - Cuestionó, con un hilo de voz y los ojos bastante abiertos.
- Tengo que sacarte de aquí... regresaré por él - Deniss se dejó guiar, caminaron de nuevo, durante varios minutos, por el sendero marcado y llegaron hasta el final de la villa, ahí, en dónde el pasto gris dejaba de ser eso y se convertía en tierra húmeda brillante y llena de color. - Espera aquí... si algo se acerca a ti, no le mires... corre lejos en línea recta, nos encargaremos de encontrarte.
Quiso decir cualquier cosa..., vaya cobarde que resultaba ser él, su voz no salía, sus piernas apenas si podían sostenerlo, vio a Criss alejarse, aún tenía, el castaño, su capa, con las provisiones, atadas a su espalda. Se le notaba seguro... tan diferente a él, un silencio, recuerdos que no quería que volviesen.
Criss miraba a todos lados, varios aldeanos más permanecían ajenos a lo que ocurría, fueron las voces murmurantes y el grito desgarrador el que atrajo su atención, rodeó las casitas, su respiración empezaba a agitarse y por la bruma desconocida que comenzaba a invadir el lugar llegó hasta dónde el cascanueces se encontraba, rodeado por personas con movimientos extraños, pausas entre sus movimientos y sus articulaciones aún más cuadradas que las propias del cascanueces.
- ¿Qué está ocurriendo? - Cuestionó bajito al cascanueces, pero no escuchaba nada, el cascanueces con la mirada baja y cubriendo con la palma de sus manos, su rostro, se mantenía ajeno a todo, era un sollozo, el cascanueces desesperado descubrió más temor del que podía albergar en ese momento... Desesperado, Criss se abalanzó hacia aquellos hombres y ante el simple contacto con sus manos, ellos desaparecieron, convirtiéndose en bruma húmeda...
- ¡No les toques...! - Demandó el cascanueces mientras levantaba su mirada, esos ojos tan llamativos, incluso parecían tener vida, aquellos ojos pintados en madera - No podrán regresar si se vuelven niebla...
- "Tú puedes ayudarnos... dinos, dilo ¿Cómo podemos salvarnos...?" - Al unisonó las voces Criss tembló con el simple hecho de escucharlas -
- No lo sé, - Dijo apenado, y ellos se acercaban más a él, intentaban tocarle y de nuevo, la niebla volvía a aparecer...
- Lo sentimos - Una disculpa que el cascanueces ofreció, pero a ellos no les bastaba con eso. Desesperados, aglomeradamente, dejaron que sus cuerpos chocarán con el cuerpo de Criss, con el cuerpo del cascanueces, cubriendo de nuevo su rostro, el cascanueces dejó que terminarán con lo que ellos no deseaban seguir. Su existencia... si tan sólo le diesen un poco más de tiempo, sólo un poco más para que Deniss... - Deniss - Cuando el cascanueces levantó la mirada y vio a Criss tan tranquilo notó que no había nadie más a su alrededor. - ¿En dónde está Deniss?
- Le he sacado... está bien... ¿Y tú?
- ¿Y tú...? - Criss negó con la cabeza, el cascanueces, temblaba... había fallado, era lo que sentía pensaba también en aquello ¿Porqué Deniss se había marchado? Tenían que protegerle, sí, pero a cambio... él tenía que proteger a todos los demás.
- Confundido... dijiste que tenían vidas tristes y grises... pero ellos, están sufriendo ¿Porqué si mi madre ha muerto no se ha terminado nada...? - Criss esperó una respuesta que el Cascanueces no fue capaz de ofrecerle, sí una suposición bastante elocuente.
- Todo está a la mitad... Criss... es más atroz, creo, de lo que había sido. Porque ella - Refiriéndose a la madre de Criss - No está para controlarlo y... tampoco para revertirlo.
- Solamente Deniss podría... ¿No? -
- Estoy... confundido... - Pensó el cascanueces; ¿Cómo el que huyó en esta primera batalla podría proteger a todo un reino?, evitó cualquier comentario que pudiese confundirá también a Criss, si ambos dudaban entonces sería un problema, porque los corazones que dudan pierden su valor y su fuerza. - pero es seguro que Deniss podrá...
- Es tiempo de marcharnos ¿No...? - El cascanueces asintió, caminaron presurosos, Criss principalmente, el cascanueces un poco más lento... porque una primera parte de él, se quedaba en aquel lugar.
Cuando llegaron hasta la salida de la villa, Deniss, en el pasto, se encontraba completamente pálido, bastante fuerte debió de haber sido el susto que se había llevado. Criss le brindó una mano, para ayudarle a ponerse de pie.
- Creo que lo mejor es que paremos por hoy, - El castaño dirigió su mirada al cielo - Pasaremos el resto de la tarde descansando, Deniss asintió, pero el Cascanueces se encontraba inconforme.
- No es buena idea, Deniss desea volver a su hogar y yo... opino que es muy necesario que nos apresuremos, caminaremos un poco más, hasta que el atardecer llegue. - Y sin dar oportunidad de réplica, el cascanueces empezó a caminar.
- Estás molesto por algo - Afirmó Criss, el cascanueces no se viró, ni atendió al llamado del rubio. Entonces no insistió, por algún motivo no le gustó mucho la idea de hablar con el cascanueces en ese momento, porque sus pensamientos ocultos serían difíciles de entender, entonces, pretender comprensión y le distanciaría más del Cascanueces. -
Y durante el resto del camino nadie dijo nada, Deniss era quién menos atención puso a aquello, no le importaba demasiado hablar de algo, porque tenía muchas dudas y sería aún más evidente su inexperiencia, porque se sentía con la responsabilidad de seguirles el ritmo... no tenía porqué, pensaba repentinamente, porque no tenía nada que ver con ellos, ni les conocía, ni les importaba conocerles... el cascanueces, antes atento, estuvo demasiado tembloroso durante todo el camino y al atardecer, como lo había dicho, todo sucedió, se refugiaron en un grupito de arbustos, Criss sin reparo se dejó caer en el pasto seco, el cascanueces se sentó sobre un tronco bastante grueso, y Criss, recargando su espalda sobre un árbol, comenzó a observarles, por primera vez fijamente.
Comía una manzana bastante azul, Criss, sus labios se pintaban con la pulpa y entonces mordía nuevamente, él, no tenía apetito, así que jugaba a alimentarse mientras masticaba en exceso una de aquellas extrañas manzanas. A quien nunca había visto alimentarse, era al cascanueces... ¿Sería porque era un juguete? El hecho de que se moviese en ocasiones le hacía olvidar que era de madera... le observó, con tallados finos que no dejaban de parecer toscos, en comparación con una figura humana, sus brazos extensos y su cabello negro también eran simplemente madera moldeada y pintada. Sus labios opacados por aquella gran sonrisa y sobretodo, esas mejillas casi nulas que intentaban ser resaltadas por el rubor falso... cuando llegó a los ojos, esos ojos que no expresaban nada a primera vista, pero con atención podrían decir más que una extensa oración... pudo notarlo, el cascanueces le estaba mirando, desde el tronco en el que se había acomodado... tontamente, tal vez por haberse encontrado inspeccionando al cascanueces, tal vez porque en ese momento lo sintió así... Deniss sonrió al cascanueces y este viró inmediatamente su mirada dejando confundido al rubio.
- "Cómo puede sonreír después de lo que ocurrió" - Se cuestionó internamente el Cascanueces, sintió estremecerse al recordar aquella sonrisa... - "¿Es que acaso no significa nada para él la gente de este reino...?

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Cap. 5: Antipático...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Vie Dic 31, 2010 4:17 am

Cap. 5: Antipático...
Con el amanecer los nuevos pensamientos. Evitó la mirada de Deniss durante el resto de la mañana, incluso cuando el rubio y el castaño se encontraban tomando sus alimentos de medio día, un poco más de tiempo, durante ese día el trayecto había sido silencioso, de no haber sido pro las pequeñas bromas que Criss hacia a ambos, en una monotonía demasiado desesperante se hubiesen sumergido. Para el atardecer Deniss ya notaba ese mal humor que invadía al Cascanueces, desde la noche anterior había pensado, que demasiado extraña era esa evasiva a su gesto pero...
... de pronto si le importaba conocer el motivo que hacía al Cascanueces parecer un poco más huraño y desesperado.
- Está bastante serio ¿No? - Criss le miró extrañado, porque ese joven bastante antipático parecía interesado por primera vez en algo de ese lugar -
- ¿El cascanueces? - Cuestionó
- Quién si no. - Deniss bajó aún más la voz - ¿No lo notas? algo le ha molestado... tu bromas seguramente.
- Hay algo en él... pero ¿Qué te asegura que han sido mis bromas? Incluso pensando que es mi causa ¿Cómo podría saber que es enojo lo que siente? Apenas le conozco, le conocí el mismo día que te conocí a ti.
- ¿En verdad...? Pensé que se conocían con anterioridad-
- Ahora sabes que no... Deniss, él es alguien muy importante, creo... no tanto como yo, por supuesto - Aclaró Criss orgulloso - Pero sé que lo es, siempre escuché a mi madre hablar de él. Ahora no sé exactamente lo que tiene, pero una cosas sí te aseguro, por mi causa él nunca estará molesto... ¿Quién crees que sea entonces el responsable. ?
- Yo no he hecho nada... - Se defendió, mientras su ceño se funcia y regresaba a su habitual seriedad -
- Eso, Deniss... en muchas ocasiones es lo que más se reciente... que no hagan nada...
Demasiada información, pensó Criss, a aquel joven de cabellos rubios ¿Podrían importarle sus palabras? Es cascanueces tal vez era mucho más predecible de lo deseado, como un chiquillo malcriado ahora estaba lleno de enojo por las dudas que ocasionaba el comportamiento de Deniss, que era tan joven para saber algo. Injusto... era demasiado injusto el Cascanueces ¿Pretendía que todo se hiciese como en sus fantasías estaba marcado? No debería pedir demasiado... si Clara no estaba, no había a que aferrarse, simplemente ayudar a Deniss a ayudarlos.
El nuevo atardecer vino acompañado de la soledad entre ellos tres, el viento soplaba fuerte, los cabellos de Deniss y Criss se removían entre sus rostros, cobijados por las ramas de un árbol i inmenso, los tres posaron sus cuerpos a horillas del tronco, el cascanueces hundió su mirada en la oscuridad perdida, Deniss con el ceño fruncido, había dejado de interesarse por el mal humor del cascanueces, ahora sumido en sus pensamientos, alejado de todo, un tanto enojado también ¿Porqué tendría él que estar soportando aquellos arranques repentinos? Y aún peor ¿Porqué Criss pretendía darle discursos para que recapacitara, discursos con lecciones? Apenas si le conocían... y apenas si se conocían entre ellos, era un recorrido entre extraños que no tendrían por qué empezar a llevarse mejor.... Porque no iba a volver a verles, regresaría a su hogar y tal vez en algún tiempo no les recordaría... ni le recordarían.
Un silbido ligero les sacó de sus pensamientos, era leve, como una melodiosa sucesión de sonidos que traían consigo la noticia nueva, ellas estaban cerca... las hojas de los árboles vecinos también revolotearon y sobre ellos el gran roble de hojas arcoíris se escaparon de poco en poco, tranquilamente al compas del viento que empezaba a enfurecer... las pequeñas gotitas de lluvia llegaron al instante. Hacía tanto que el cascanueces no era testigo de acontecimientos naturales tan bellos, pero recordó que la última vez que vio llover, estaba acompañado de alguien más y un sentimiento especial se ocultaba en su corazón... en ese entonces.
- ¡No puede ser...! - Criss se puso de pie inmediatamente...
- Tenemos que buscar un refugio de la lluvia. - El cascanueces tardó un poco más en ponerse de pie..., Criss le tomó del brazo, estaba demasiado lento ahora... -
- ¿Recuerdas por estos lugares alguna cueva... algo que pueda servirnos para refugiarnos? -
-No... y estamos lejos de la próxima Villa. - respondió intranquilo, por él estaba bien si no se cubría, al fin y al cabo no podría enfermar, Deniss y Criss eran diferentes, olvidó por un momento el vacio que le había dejado la experiencia del día anterior. - Si no internamos en lo más profundo del bosque, la lluvia no puede tocarles, apenas la briza y nada más...
El cascanueces tenía razón, en lo profundo del bosque, apenas si se escuchaba la lluvia caer, y entre las espesas ramas de los arboles era poco menos que briza lo que les roseaba ligeramente, Deniss se despojó de una de sus camisola, le ofreció al cascanueces la tela y este le miró sin entender. Lo supo Deniss.
- Perderás la forma y el color, el agua le hace mal a la madera - Criss se viró para ver la escena, él estaba pensando justamente en eso, su capa, la que transportaba las probaciones estuvo a punto de ser ofrecida, pero Deniss se le había adelantado... -
- Gracias... Deniss - Una risita extraña se dejó ver en el cascanueces, que tonto que era... Deniss... claro que Deniss era, tenía que ser, imaginó que Clara se hubiese preocupado por él de esa manera, sintió una punzada en el corazón y de nuevo esa risa suave fue seña de su buen humor. - No es como si fuera simple agua esta lluvia, son lágrimas tristes, cuando llueve de día, reflejan el rocío que las hadas mandan para nosotros pero... cuando una tormenta de noche llega... sólo pude significar llanto y soledad. Ahora nos cubrimos de ellas, pero si les retiramos de nosotros... sería como si ignoráramos sus suplicas de ayuda... sólo podemos "esforzarnos por ayudarles... es lo que podemos hacer esta noche" descansar y abrigarnos.
Extendió de nuevo, la prenda a Deniss, y al final, el castaño y el rubio terminaron recostados sobre una rama gruesa, el cascanueces se abstuvo de trepar, ante la obvia falta de agilidad estuvo un rato más de pie... hasta un rato después, cuando la noche se hizo más oscura y el murmullo de la lluvia cesó. Se sentó junto al árbol y levantando la mirada les pudo ver a los dos... a Deniss y a Criss, ambos durmiendo, descansando porque bien merecido se tenían ese reposo, estaban haciendo más por todos de lo que había pensado, caminando mientras confiaban en él; sin cuestionarle si el camino era en verdad el correcto. A ellos dos que se encontró por casualidad y que ahora le acompañaban... agradeció desde lo más sincero de su corazón.

Tras su muerte el hechizo se rompió...
¿Cómo podría ocurrir eso...?
De lo malo nada bueno podría ser...

Antes de que el sueño le venciese, el cascanueces escuchó un ligero llamado a su oído, una paz tan tranquila y un "Tengo miedo..." abrió los ojos repentinamente y una luz demasiado cálida le cegó... tapó con las manos su rostro, el contacto cálido también le estremeció... de inmediato separó sus manos del rostro y las observo.
- ¿Cascanueces...? - Levantó la mirada, Criss y Deniss le miraban preocupados, era de día y él...
- ¿Qué me ocurrió? - Ninguno de los dos supo que responderle, porque el cascanueces se veía tan diferente, aquella madera clara había dejado atrás el tosco acabado, ahora demasiado más delicado y bonito, bastante brilloso, el cascanueces con una forma casi humana y su uniforme antes simplemente simulado con pintura había tomado tanta vida como la del Cascanueces a telas opacas y bastante suaves con dobleces primorosos. Deniss al verlo, con esos óvalos sonrojos en el rostro, pensó que era más parecido a una muñeca que a un soldadito, con su cabello brilloso que seguía siendo tallado y pintura, a pesar de lo favorable de su apariencia y su nueva compleción, sintió el rechazo que el Cascanueces demostraba por tanto cambio... - No puede ser...
- ¿Qué te ocurrió? - Cuestionó Criss bastante nervioso, porque a diferencia de Deniss, sabía que ese cambio no era una simple coincidencia. - ¿Estás bien? ¿Te sientes bien?
- Criss... estoy seguro de que anoche yo le escuche... era ella... Clara, tenemos que encontrarla
- ¿Clara está aquí...?
- Pero que tonterías tan grandes dices - Murmuró Deniss bastante pálido - No busques a Clara porque... no puedes encontrarla ya...
- Juro que la escuché- Aseguró el Cascanueces, con algo de trabajo se puso de pie, Criss le miró, el Cascanueces pudo ver la duda en su mirada, Criss no sabía a quién de los dos creer. - me dijo... que tiene miedo...
- ¡Estás mintiendo! - El corazoncito de Deniss que comenzaba a sanar estaba siendo oprimido nuevamente, con fuerza, porque recordar es tan doloroso... recordar hiere el alma si aquella memoria no fue tan gratificante, si hizo un gran abismo de tu antiguo ser y lo que ahora eres... - ¡¡y te prohíbo que vuelvas a hablar de ella!!
- No puedes prohibirme nada... -
- ¡ALTO LOS DOS...! Tenemos que hablar y ser más sinceros - El castaño tomó a los dos por del brazo y los jaló hacia el suelo, los tres terminaron sentados, haciendo un mal formado circulo, los tres mirándose casi frente a frente - ¿Estás seguro de que fue Clara? - Cuestionó al cascanueces y éste asintió con su cabeza -
- Sólo ella podría hacerme esto... - Soltó el comentario, bastante seguro y se viró hacia Deniss, quien inconforme con la respuesta había optado por ponerse de pie nuevamente.
- ¿Porqué no podría ser Clara...? - Cuestionó esta vez, el castaño, a Deniss -
- Porque no...
- ¿Por qué no? - Volvió a cuestionar Criss - ¿Porqué sabes tanto de Clara...?
- Porque era mi hermana... Clara murió... -
El rostro del cascanueces se mostró inexpresivo, tanta madera sin ningún sentimiento en ella
El rostro de Criss palideció inmediatamente, temblaron sus manos y se viró hacia el cascanueces...

...que cayendo al suelo, dejó de ser el cascanueces y se convirtió en una figura de madera... hermosa pero... inerte, tan inter como los troncos muertos de los árboles.
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๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑...¿Иo Tз Fallз?·๑Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ๑
voulez-vous avec moi?

... sólo sonríes haciendo malabares
y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Cap. 6: Príncipes y princesas…

Mensaje por [[Rinkonzuko Yaoi]] el Vie Ene 07, 2011 10:08 am

Cap. 6: Príncipes y princesas…

El príncipe lo abandonó todo, nadie sabe lo que ocurrió después con él, entonces se haría un acuerdo; sin considerar los deseos de los súbditos, los reinos vecinos decidieron que se quedaría con el territorio quien tuviese al primer heredero, dos princesas y un príncipe, como era de esperarse, el príncipe escogió a la princesa más agraciada, a la de el reino más enorme… y las cosas ocurrieron también como todos habían predicho, un matrimonio acordado tuvo como fruto un hermoso príncipe. Después de algunos días, el reino de los juguetes fue dado a los padres pues mientras el príncipe crecía habría que cuidar de él. De distintos lugares llegaron gobernantes a felicitar a los jóvenes padres…

…pero no todo era felicidad, no fue tan hermoso como lo piensas, detrás de tantas sonrisas había una joven con el corazón destrozado, la princesa del reino vecino que había sido olvidada, tras una promesa hecha que como resultado le había otorgado un vientre demasiado prominente. Ella, la princesa del reino de la magia encerrada en su recamara, no había padres que le repudiaran porque habían muerto, no había súbditos que le juzgarán porque le amaban tanto… porque era bondadosa y buena. Una princesa engañada y herida es de temer, cuando supo por boca de su mucama que el niño heredero había nacido, sus sueños e ilusiones quedaron más que enterradas, pues aquel príncipe mentiroso había dicho: “no hagas nada, la escogeré a ella, pero antes de que el niño nazca, aquella princesa ya habrá muerto, entonces seremos sólo nosotros y los tres reinos” Todo había sido una mentira y ella, tontamente había creído en ese príncipe que se proclamaba el nuevo Rey del reino de los juguetes.

Se organizó una gran fiesta, para que los nuevos reyes fueran nombrados legítimos gobernantes, también para que el principito fuese dado a conocer, a la princesa olvidada nadie le invitó, sin invitación para el evento, fue más que claro, que su presencia no era requerida, mucho menos deseada, entonces, esa noche, tomó su corona, su cetro y con lagrimas en los ojos se dirigió al reino de juguete, le tomó toda la noche llegar a las comisuras de su reino, ahora podría ocupar su magia, tras una masiva cantidad de motas purpuras la princesa abrió el portal que le ayudaría a llegar en poco tiempo al castillo de la celebración y con los ojos cerrados cruzó sin duda, al abrir sus ojos se sintió cegada por la inmensidad de luz, era de día y ella estaba en la parte trasera, en los jardines enormes, a su alrededor bastantes guardias que podrían impedirle ingresar. Entonces tomó una decisión que le marcaría y no sólo a ella… su cetro brilló contagiando a su cuerpo, que cada vez más pequeño se hacía, de luz, que vibraba y empezaba a encogerse cada vez más y más… al final, de la princesa hermosa sólo el cetro, la corona y el corazón dolido quedaron. Por entre los orificios del castillo se fue colando hacia el salón de fiestas, miró hacia el frente, la familia real descansaba sentada mientras el baile daba comienzo. Entonces una voz irrumpió, los músicos dejaron de tocar el vals y los presentes permanecieron de pie, inertes.

— No celebre nadie a este rey mentiroso, ni ingenua esposa… mucho menos al príncipe que nació — Su voz resonó por todo el reino, escalofríos se sentía, también temor por aquel animal de pelaje oscuro que con una corona en mano se acercaba hacia la realeza.

— ¿Qué es esto? — El rey cuestionó, miró a su esposa, estaba pálida.

— ¡Me engañaste…! — La princesa rata dejó aquella aparentada forma y resurgió de entre un haz de luz, con su cabello despeinado y sus ojos demasiado llorosos, el rey miró el vientre de la princesa, aquella princesa era la mentirosa, no él. — Reina, tú rey prometió matarte y tomarme a mí como su legitima esposa. — la hermosa reina le miró con pena, no creyó en sus palabras, no quiso decir nada, miró con duda el vientre abultado, el rey con temor y furia. ¿Cómo era posible que se presentase ella, en ese estado y con un tono de reproche en su voz? Ella era quién le había traicionado, ella y ese hijo que no era de él, sino de otro… —

— ¡Guardias, sáquenla de este lugar! — Estrelló la princesa su cetro en el suelo, todos los presentes empezaron a ser envueltos con una niebla blanca

— Y ahora que te has encaprichado con ella, me dejas a mí… no sabes cuánto te odio… porque me engendraste un hijo y ahora me desechas — El rey negó con la cabeza ¿Él le había engendrado un hijo? Era posible… pero todos en su reino hablaban de la princesa sin un esposo y sí un vientre bastante abultado, de lo promiscua que era y…

— ¿Ese niño será mío? — Cuestionó el rey, le era imposible dejar de mirar ese vientre bonito… ahora le parecía bastante bello en aquella hermosa princesa — ¿Es mío? — Ella sonrió con burla, demasiado perturbada como para responder cuestiones, tenía un plan en mente que no deseaba abandonar. Los guardias se acercaron más a ella, iba a decir algo el Rey, una orden para que no le hicieran daño pero… más daño nadie podría hacerle. Ya no.

— Soy poderosa y me has herido. — Todos los presentes en el salón de fiesta fueron absorbidos por burbujas enormes en tonos tornasol, después de los primeros bostezos, el sueño comenzó a vencerles, y uno a uno reventando su burbuja caía al suelo. La princesa se acercó hasta los escalones del estrado en dónde yacían los gobernantes en sus tronos reales y el principito en su cuna plateada. Ni el rey, ni la reina pudieron moverse cuando la princesa tomó entre sus brazos al recién nacido. — No serás tú la dicha de ellos dos, al bebe en mi vientre has arrebatado el padre ¿Porqué tendría yo que ser buena con él? — Cuestionó a los gobernantes.

— Déjale…— Suplicó el Rey

— Te maldigo, con el corazón hundido todo en la desgracia — Y sin hacer caso a las suplicas de el rey, la princesa arrojó al bebe a su cuna levantó con ambas manos su cetro, por el poder otorgado a ella, toda su magia a una maldijo fue dedicada. — Tu reino, tus padres, a ti mismo — Enormes relámpagos de luz que salía del diamante oscuro, rayos dorados envolvieron al nene, al rey, a la reina y todo a su alrededor comenzó a ser envuelto por una capa transparente de cristal… y antes de que pudiese terminar con las palabras que maldecían una luz plateada le arrojó a una considerable distancia…

Un joven, con un saquito humilde y rostro bastante alargado, le encaró, mientras la princesa se levantaba él le miró con pesar y un poco de pena.

— La magia mal usada tiene consecuencias diversas — Ella, la princesa le miró con terror, su cetro brilloso, ella resplandecía y cuando la luz dejó de cegarle, lo notó, toda ella, era una rata enorme, miró sus manos, quiso decir algo y sólo un chillido estruendo salió. Ella huyó despavorida. Él joven miró con horror a su alrededor. — Llegué muy tarde…

— Después de aquello la Princesa regresó a su reino, todos habían cargado con el error de sus gobernantes, y ella dio una versión distinta de lo ocurrido, entonces, sus súbditos rata se envolvieron en odio y venganza, ella lo odio todo, también… pero había una cosa que ella jamás pudo dejar de amar. A su pequeño hijo que cargaba el destino igual al de ella. Con el corazón ahogado en odio, fue creciendo, recibió un nombre que nunca utilizó, era el príncipe sin padre que para su madre expandió las fronteras del reino, aterrando a cualquiera que pensara siquiera rebelarse ante su nombre. — El castaño paró un momento, Deniss parecía no entender nada. —Una mañana, la noticia de que una niña llegaría para derrotar al reino de las ratas que habían envuelto todo en caos y dolor alertó a todos, también se habló del cascanueces; se dijo que era el príncipe del reino de los juguetes que había regresado para liberar a su reino…

— Todo parece una fantasía — Mencionó Deniss mientras sostenía con ambas manos al Cascanueces, Criss también, mientras caminaba escuchó el comentario de Deniss, hería demasiado, esa vida no era para nada una fantasía, intentaba que el rubio entendiese que tan importante era Clara.

— Pero no lo es — Paró un poco, se viró, mirando con reproche al rubio — Deniss, aquella rata que te atacó… era yo y mírame ahora, mi madre ha muerto — Decidió Criss que ocultar la forma en la que la princesa de su historia, había muerto, era lo ideal, en ese momento no serviría de mucho echarlo en cara, ni agradecer — y con ella la maldición que en nosotros había, debía de ser Clara quién rompiese el hechizo, y fueron tú y el cascanueces que no es el príncipe de los juguetes, porque el príncipe de los juguetes disfruta en su reino la tranquilidad de la espera. Él está esperando a que tu hermana llegue y el cascanueces… no sé en verdad quién es. Pero cuando le vi quise estar a su lado, me propuse, limpiar el nombre de mi reino y ayudarle a encontrar a Clara…

— Estas equivocado —

— No… Deniss, todo es cierto, te he contado porqué Clara es tan importante, ahora tú dime ¿Qué le ocurrió?

.*.


El cascanueces comenzó a caminar, bajo sus pies las nubes suavecitas, blancas y brillosas, el llanto de una niña se alcanzaba a escuchar, con una opresión en el pecho escuchó una frase llena de dolor: “Deniss tengo miedo” El cascanueces viró varias veces su rostro, mirando hacia todos lados y al final envuelta en un manto, encontró a la pequeña…

— ¿Qué te ocurre, estás bien? — La niña levantó su rostro, le miró sorprendida.

— ¡Cascanueces! — Chilló emocionada, se puso de pié y se aferró al Cascanueces, le abrazó, enredando sus bracitos delgados sobre la nuca del joven —

— ¿Qué haces? — Cuestionó inseguro, ella enterró más su rostro entre las prendas el Cascanueces, el aroma lindo, era madera tan fresca, ella negó con la cabeza antes de decir siquiera algo — ¿Quién eres?

— Deniss ha dicho que he muerto… pero sigo en su corazón — El sollozo se mesclaba con sus palabras — Todos los recuerdos que le envuelven le traen tristeza, quería que él estuviese bien, quería ayudarles a ustedes.

— Eres Clara — El cascanueces le apartó de sí, quería mirarla un poco más, ella cubrió con la palma de sus manos el rostro — Eres Clara…

— Soy lo que queda en Deniss de Clara…

.*.

— “Las otras niñas no gustaban de jugar con ella, era tierna y talentosa, bella y comenzaba a ser bastante mencionada por los chicos, aún jugaba con muñecas y eso a mamá le molestaba, tenía apenas trece años, con sus sueños de fantasía y esas historias de princesas que tanto le gustaban, yo era lo más cercano que tenía a un amigo y a pesar de que fingía molestarme cuando me despertaba por las mañanas ella siempre terminaba hablándome de los sueños extraños que llegaba a tener.” — A Deniss le costaba mucho hablar de ella, decir su nombre aún no podía hacerlo, recordarle dolía — Siempre fue así, no había nada fuera de lo común, pero… empezó a enfermar poco a poco, pequeñas gripas que se complicaron, entristeció cuando le dijeron que no podía bailar en el recital, me dijo que tenía miedo, una noche, antes de la cena de navidad me pidió que me quedara en su recamara, parecía estar bastante peor que los otro días; que velara su sueño. Había prometido a Drosselmeyer ayudarle envolver los regalos de navidad… le dije que no. Porque había un regalo especial para ella que quería envolver con mis propias manos, le dije lo primero que se me vino a la mente…

“Deniss, tengo miedo”
“Eres una cobarde…”

Y a la mañana siguiente ella… ya había muerto.

A Criss le pareció todo demasiado complicado, una niña que no estaba, su hermano sumido en el dolor y el cascanueces que no respondía, se quedó mudo, no fue capaz de decir nada y Deniss ocultaba su rostro mirando hacia otro lado… pero estaba temblando… y entre sus ligeros suspiros había también un sollozo escondido. Se preguntó el castaño, el motivo real de aquel sentimiento ¿Porqué no vería a esa niña? ¿Porqué Deniss estaba llorando? ¿Porqué se sentía perdido?
.*.

— No puedes ser sólo un fragmento de ti. — El cascanueces rodeó con sus brazos el cuerpo de la niña — Ya no llores,

— Pero…

— Shhh, — Posó uno de sus dedos sobre los labios de Clara — Sabes, ayer… te escuché y pequeñas hadas te han encontrado en Deniss, tú eres Clara —

— Vi a las pequeñas hadas — Confesó ella un poco más tranquila

— ¿En verdad?

— Sí — Había una pequeña sonrisa en sus labios, empezaba a ser opacada la tristeza, el cascanueces gustó de ese gesto

— ¿Y qué más has visto?

— No muchas cosas, pero lo poco que he visto, me ha fascinado — Se separó del Cascanueces y le sonrió con sus ojos rojitos — Has estado con Deniss ¿Le ha gustado lo que ve?

— Creo que sí…

— Lo sabía, sabía que le gustaría este lugar— Entusiasmada, a su alrededor todo comenzó a llenarse de Flores, las nubes esponjosas se elevaron y Clara dejó aquel vestido sencillo, un conjunto dorado y flores en su cabello ondulado — sabía que podría quererte y… ayudarles a todos — El Cascanueces le miró asombrado, sintió calidez en todo su cuerpo y lo supo.

— ¡Clara…! — Ella se fue desvaneciendo, todo fue desapareciendo y el cascanueces sintió sus manos tan ligeras, una imitación perfecta de manos humanas, los tallados de madera increíblemente finos… miró hacia enfrente — Clara te trajo hasta aquí Deniss…. — El cuerpo del cascanueces entre los brazos de ambos chicos comenzó a moverse, terminó cayendo al suelo, tanto Criss como Deniss lo miraron expectantes, habían escuchado la frase, ahora necesitaban una explicación, él un poco aturdido comenzó a levantarse, les miró, con su rostros tan desgastados y tristes que escalofríos daban. — Sólo me he quedado dormido — Murmuró bajito, ellos seguían sin entender nada — Lo siento…

— Cascanueces, te has perdido de nuestro momento de confesiones — Dijo alegre Criss, una alegría simulada, el cascanueces traía tranquilidad, había empezado a hacer ideas en su cabeza, mientras permanecía en silencio junto a Deniss, se alivió tanto de verle con esos ojos enormes y despiertos. — ¿Estás bien…? — El cascanueces asintió — ¿Y tú? — Cuestionó a Deniss, el rubio también asintió, estaba tan sumido en lo suyo que no quiso hablar más, ni aclarar nada… ni tocar aquel tema en algún tiempo. — Bien, podemos proseguir ¿No?

Sí…

El castaño tomó entre sus manos, la capa con alimentos y comenzó a caminar, detrás de él, el cascanueces y Deniss. De vez en cuando el príncipe se viraba a preguntar al cascanueces por el camino a elegir, el cascanueces respondía brevemente, entonces el silencio de nuevo les invadía.


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Ella huyó despavorida. Él joven miró con horror a su alrededor

— Llegué muy tarde… — El joven Drosselmeyer intentó una y otra y otra vez despertar a los nuevos soberanos del reino de los juguetes y varias días y noches sin ninguna respuesta y cuando estaba a punto de darse por vencido, el llanto del pequeño príncipe le hizo entusiasmar, se acercó a la cuna y tomó al bebé en brazos… hizo un intento más por el rey y la reina pero todo era inútil, salió del palacio con el nene en brazos y una promesa al aire.

Drosselmeyer cuidó de aquel pequeño niño, con devoción y cuidado. Le vio dar sus primeros pasos, decir sus primeras palabras… siempre con el respeto merecido, Drosselmeyer trató al príncipe cual súbdito fiel que era, porque antes, Drosselmeyer había hecho otra promesa a alguien más, a su Rey, al primero… al verdadero y único príncipe de los juguetes.
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Re: No llores... cascanueces

Mensaje por keoky23 el Lun Ene 10, 2011 7:21 pm

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Cap. 7: Príncipe.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Mayo 07, 2011 9:59 pm

Cap. 7: Príncipe.



Su padre con una memoria destrozada, cuerpo herido y ojos cegados: Nunca supo nada de él

Ella, su madre, llevándole en vientre durante el arduo trayecto.

Antes de llegar al destino; el padre murió, ella, la madre lloró tanto

Pero siguió su camino, adorando desde siempre el producto de ese amor que se había ido, ella caminaba hacia su pasado hogar

Hasta la casa hermosa, la casita a horillas del reino, la casita en dónde el único que quedaba de una enorme familia, era su hermano...

Tocó a la puerta, su hermano asombrado, un pequeño niño escondido detrás de él.



- ¿Por qué has vuelto? - Cuestionó Drosselmeyer a su hermana en cinta. - Vete de este lugar, vete con el padre de tú hijo.



- Hermano... él ha muerto, déjame quedarme contigo por favor... sólo hasta que mi hijo nazca.



- Querida, este sitio no es para ustedes, te habrás dado cuenta de lo horrendo que se ha vuelto este lugar, sólo tengo ojos para cuidar al hijo del nuevo Rey. - Ella miró el pequeño rubio escondido detrás de Drosselmeyer, una punzada en su pecho... tristeza



- ¿Porqué tendrías que cuidar tú al pequeño príncipe?- Ella suplicaba respuesta, su hermano no la daría, no frente al niño,



- No te importa - Miró de nuevo el vientre abultado ¿Qué clase de persona sería sí no ayudase a su hermana? Lo meditó - Será sólo hasta que él nazca ¿No? Después no tendré ningún reparo en pedirte que te vayas y no vuelvas



- ¡Gracias...!



Ella ayudó a su hermano a cuidar al principio, bastante revoltoso que era, le divertía jugar con él, porque aún con un hijo en su vientre... ella seguía siendo una niña, juegos inventados por ella, nuevas historias y tanta fantasía en sus palabras, fantasías que el príncipe creyó reales y le dijo, con esa voz infantil pero clara: "Me casaré contigo... haremos por un viaje al reino de las nubes..." ella sonriendo, de infantiles deseos no pasaban aquellos comentarios, lo sabía, un pequeño príncipe y ella. Con los meses que pasaron, de un momento de ensueño a la horrible realidad...



Aquella noche,

Un dolorcito en el vientre

Espasmos y el dolor aumentando

Era momento.



¡QUE TERROR, CUANTA DESESPERACIÓN!



Drosselmeyer buscó por todos lados alguien que pudiese ayudar a su hermana, no había nadie, nadie que acudió a su llamado, le dijo: "no sé qué hacer" ella intentó tranquilizarle, sabía también muy poco de partos. La magia era tan distinta, hasta entonces se sentía casi poderoso, invencible; tanto llanto y dolor que fue imposible que el príncipe curioso se asomase por el marco de la entreabierta puerta.



Vio a la joven gritando de dolor, a Drosselmeyer ensangrentado y a esa pequeña criatura que comenzaba a llorar...



- Hermana- Murmuró Drosselmeyer, sus manos temblaban y temía tanto a toda aquella sangre a su alrededor. Ella murió - En un varoncito - aquel pequeño tan vivo, Drosselmeyer levantó la mirada, ella yacía tan quieta, y con los ojos abiertos, perdidos... una mueca de dolor en su rostro- ¡Hermana...!



Demasiado tarde también para ayudarle a ella, que tampoco había conocido al pequeño que acababa de nacer...
No tengas ningún reparo Drosselmeyer
Dile que se marche...

.*.



Chalecos y pantalones verde botella, camisas blancas y gorritos moteados, las damitas, por el contrario, vestidos de corceles discretos completamente café, el aroma a té de bayas. En el mismo instante en el que se adentraron al poblado alegre, los habitantes empezaron a saludarles y sonreírles, reverencias ligeras y luego indiferencia que no lastimaba.



- Que raros que son todos - Murmuró Deniss con el ceño fruncido, nada de confianza le daban, porque podía jugar que tras esas sonrisas sin fundamento había una hipocresía absoluta. -



- ¿Huelen las bayas? - Cuestionó el cascanueces a Deniss y Criss, ambos asintieron - ¿Podemos conseguir algunas?



- ¿bayas? - Criss negó con la cabeza - Me repugnan las bayas de este pueblo, no, no y no...



- Pensé que los ratoncitos gustaban del cualquier fruto - Murmuró el cascanueces, con un humor bastante extraño en él, apenas si se notaba la sonrisa en su rostro, pero los ojos brillosos le delataban... ¿El cascanueces estaba Feliz? Ellos no lo sabían, pero había estado recordando a alguien que quería -



- Y yo pensé que los cascanueces sólo gustaban de nueces - Criss respondió aprovechando la ocasión de bromear, Deniss sonrió por lo bajo - Quién se imaginaría que siendo de madera, tendrías un gusto por las bayas ¿Puedes comerlas...? ¿Entonces porqué no comes fruta y reservas?



- No querrás saberlo - Aseguró y empezó a caminar, alejándose del castaño y el rubio -



- Extraño ¿No te parece? -



- Infantil... - Respondió Deniss a Criss y tras un suspiro, empezó a caminar detrás del cascanueces -



- Gruñón...- Acusó el castaño al rubio, mientras comenzaban a caminar.



Adelante el cascanueces, ya tenía una representación bastante cursi de lo que haría con las frutillas de colores. Anduvieron bastante antes de llegar a los arbustos verde menta que sostenían, con fuerza, a sus ramas, las pequitas arco iris que diminutamente estaban ahí, esperando ser queridas y tomadas con cariño. Virándose hacia ambos lados, el cascanueces resopló que ningún agricultor estaba alrededor.



- ¿Y ahora qué? - Cuestionó Criss cuando al notar aquel simpático gesto. -



- No hay nadie que pueda dármelas - Dijo el cascanueces refiriéndose a los frutos.



- ¿Porqué no los tomas y ya? - Simple, a Criss le pareció así de simple, el cascanueces negó con la cabeza, no iba a llevarse bayas robadas, no... las bayas tenían que ser cortadas con afecto para tener ese delicioso sabor que a tantos encantaba. -



No había nadie ahí, el cascanueces resopló un poco molesto, no había a quién pedírselas.
.*.



Drosselmeyer acurrucó en sus brazos el cuerpecito frágil del hermoso nene, dormitaba y el aroma a recién nacido inundaba toda la habitación, el príncipe le miraba curioso, con el ceño fruncido, ya bastante irritado



- No me gusta - Murmuró el príncipe al adulto. - Que se vaya, no me gusta, quiero que él se vaya y ella regrese.



- Ella - Dijo el mayor, refiriéndose a su hermana - No puede volver, pero ha dejado para ambos a este pequeño nene..., mi príncipe, le juro, que él también cuidará de usted.



El príncipe para nada complacido, se acercó más al pequeño niño, en su rostro de leche, resaltaban las mejillas sonrojadas y el príncipe acercó su mano para apachurrarlas bruscamente, nada que dijo Drosselmeyer, ¿Cómo podría retar al príncipe? El bebé abrió sus ojos estrepitosamente y comenzó a llorar, un llanto de dolor y de hambre contenida.



- ¡¡Drosselmeyer, has que pare!! - El príncipe echó a correr fuera de la habitación, en la cunita improvisada, fue puesto el bebe que no paraba de llorar, Drosselmeyer fue detrás de su príncipe y se contuvo de decir cualquier cosa al verle llorar... - No le quiero porque "eso" le hizo gritar. ¿Por qué es malo? ¿Le hizo daño...? Por eso no vuelve...



¿Cómo podría hacer daño...? Es un pequeñito tan lindo... Drosselmeyer intentó hablar, decir cualquier cosa, pero ante la inseguridad en sus palabras decidió callar, porque muy en el fondo de él, igual, esa reacción infantil luchaba por florecer. Y se dijo, mientras miraba con propiedad al príncipe "Hermana... tu hijo, no tiene la culpa de nada..."
.*.



Un hombre bastante risueño, de barbas blancas y risos plateados, cortó de forma mecánica florecitas de chocolate, el cascanueces sostenía entre sus manos, la canasta recién regalada y más y más chocolates el viejo ponía para él, bastante llena que quedó, un chocolate sobre otro y otro hasta llegar a la punta, de distintas formas unos más pequeños que otros, Criss bufó molesto, estaba casi por caer el alba, habían tenido un día perdido, Deniss un poco satisfecho, había sido él quien consiguiese a alguien para cortar los chocolates, se sintió bien en ese momento, haciendo algo por alguien más ¿Hacía cuanto que esa sensación no le invadía?



- Muchas gracias - Agradeció el cascanueces, al mismo tiempo recibía el cesto pequeño con bordes de tela en el interior.



El hombre hizo una reverencia y la sonrisa de medio lado que pintaba de ser malvada quedó cubierta por sus rizos enormes, palabras y más palabras, intensiones escondidas y los tres jóvenes comenzaron a caminar fuera del campo de bayas.


- Incluso su aroma es molesto - Murmuró bajito Criss, el cascanueces hizo caso omiso, presionó más sobre su pecho el cesto y siguió caminando sin mirarles -
.*.



- No me toques - El niñito encogió sus manos y mordió su labio inferior - No me gusta que estés siempre junto a mí, vete.



Tras un ligero puchero el niñito de sonrojadas mejillas, hizo una reverencia y echó a correr, en la puerta de su hogar se encontró con el tío Drosselmeyer y su ceño fruncido.



- Te he dicho que no se corre a menos que sea necesario - Regañó el hombre.



- Lo siento - Se disculpó el niño, el hombre rodó los ojos y dirigió su mirada al príncipe, su orgullo..., ladeaba entre sus manos una espada al compas del viento. - Príncipe, la merienda está lista.



- ¡Sí! - Respondió entusiasmado, con su respiración agitada se acercó a Drosselmeyer, colocó su espada en las manos del mayor y se adelantó en el camino, Drosselmeyer dio un suspiro fuerte, miró nuevamente al niño que había estado sin hablar - Anda que la leche se enfría.



Sonrió su sobrino, asintió y caminó aprisa detrás del príncipe, su cabello negro y los bucles sólo al final de estos se aceleraban grácil mente y él ni notaba que alguien le detestaba cada vez más. Se sentó tres asientos alejado del príncipe, el joven a la cabecera de la mesa, Drosselmeyer entre ellos dos, el pequeño notaba al príncipe un tanto serio, pero si Drosselmeyer hablaba de inmediato aparecía una sonrisa satisfecha. Tomó entre sus manos un puñado de bayas y ante la mirada reprobatoria de Drosselmeyer, el príncipe, las echó todas a su boca, sus mejillas infladas hicieron sonreír al cascanueces.



Degustaron leche y pan deliciosamente orneado.

Payas que acompañaban como condimento, la hora de dormir llegó

Drosselmeyer acompañó al príncipe a su recamara, agua caliente y un buen baño

Después, le ayudó a poner el pijama.

En otra recamara, el pequeño, con sus manitas de niño, colocó la bata pequeña sobre su cuerpo

Se subió a la cama con esfuerzo y se cobijó con las pesadas mantas que apenas podía mover.

Sopló la vela, todo oscuro y antes de caer rendido, oró por otro día para su tío, para el valiente príncipe... y para su madre lejos...
.*.



- Son para alguien más- Cuestionó Deniss, el cascanueces descansaba, sobre la corteza del árbol, Criss y él en las ramas, sólo era cuestión de buscar un buen árbol para descansar toda la noche. Cómo en ese momento. - cierto..



- Sí - Respondió bajito el cascanueces - ¿Criss se ha quedado dormido? -



- Sí.. - Devolvió la respuesta el rubio, quiso preguntar más, tuvo curiosidad, negaban; él no tenía porqué interesarse por algo así, no tenía porque importarle que el cascanueces se aferrase tanto a aquel cesto con bayas de aroma desagradable, Criss tenía razón, aquellas bayas para nada que resultaban atrayentes ¿No lo notaba el cascanueces? -



- Descansa Deniss - Soltó bajito el cascanueces - Mañana será un día largo...
Oró por otro día
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Última edición por Doki el Lun Dic 26, 2011 10:39 pm, editado 1 vez




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Cap. 8: Antes de tu llanto...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Mayo 07, 2011 10:00 pm

Cap. 8: Antes de tu llanto...


Entonces pasaron varios años. "él" se parecía tanto a su madre... aprendió de Drosselmeyer una obligación impuesta, siempre en primer lugar el príncipe, el príncipe que se convertiría en Rey, ese príncipe que le miraba con crueldad y le arrojaba al fango en cualquier oportunidad... era un príncipe, a pesar de todo, no tan malvado, porque de vez en cuando le sonreía e iluminaba su corazón de niño. Se le prohibieron los juegos pero las sonrisas espontaneas siempre estaban presentes.



Más, más y más tiempo, el príncipe jamás olvidó a la joven que había muerto por ese niño.

Drosselmeyer no pudo olvidarle tampoco...

Y "él", que no le conocía a pesar de haber vivido tantos meses en su vientre, no escuchó jamás de ella.



- Me iré por un tiempo, sé que hay un lugar en dónde puedo encontrar a alguien, lo he soñado - Murmuró Drosselmeyer - Alguien que nació para usted y que ayudará a que todo mejore.



- Llévame contigo - el príncipe ordenó, mientras el niño permanecía con la mirada baja escuchando todo, en silencio... no se le permitía entrometerse -



- Se quedarás con mi sobrino, cuidará de usted hasta que yo regrese... - El niño entonces levantó la mirada y un gesto de burla se mostró en el rostro del príncipe.



- No puede cuidar de mí, terminaré en problemas por estar a su lado. - Negó con la cabeza el mayor y tras una reverencia pidió a su sobrino, se marchase de la habitación.



Afuera, el viento ligero mecía sus cabellos, caminó un tanto preocupado, pensando, que él podía proteger al príncipe bastante bien, era fuerte... no mucho, pero mejoraría si se esforzaba, sus labios se presionaron, uno con otro, estaba pensando... pero ¿por qué no lograba comprenderlo? El príncipe y su Tío Drosselmeyer siempre hablaban de un pasado en dónde todo era magnifico y glorioso, él pensaba que como estaban las cosas, podrían permanecer siempre, era bonito estar con ambos -"pero ambos deseaban no tenerle cerca"- después su tío salió deprisa de la casita, le dirigió una mirada llena de preocupación.



- ¿Se marcha?- Drosselmeyer asintió y con un poco de cariño se acercó a "él" un pequeño abrazo y después le dijo: "Cuida al príncipe."



Después, al amanecer, todo fue tan diferente.

"Él" tuvo que sustituir a Drosselmeyer.



Sin magia, cosió por las noches prendas lindas para su adorado príncipe.

Sin magia, salió a buscar alimento y se paseó entre tantos lugares,

Conoció de senderos y el peligro en ellos... conoció a la resentida reina de los ratones...
.*.



El atajo entre la aldea con aroma a té y el bosque de los baobabs de cristal. Un paso más, otro poco y las piernas comenzaban a temblarle, Deniss observaba la confianza en el cascanueces ¿Debería de estar temeroso, no? Sobre la aglomeración de flor de loto, en colores brillantes, de transparente a tornasol. El cascanueces se tambaleaba ligeramente, con la canasta de bayas en entre sus manos, Criss desde hacía un rato permanecía del otro lado del inmenso lago, comía frutillas y en cuclillas empezaba a inclinarse hacia la horilla para tomar entre sus manos las del cascanueces.



Por la horilla pantanosa el cascanueces ejerció un poco de fuerza, Criss le levantó con poco esfuerzo, ahora ambos sobre el césped, el cascanueces soltó un suspiro, se acomodó las prendas y después de poner la canasta en el suelo, se viró hacia Deniss sonrojo.



- ¡Deniss date prisa! - Gritó Criss



- Se mueve demasiado - murmuró un poco bajo, en verdad que le temblaban las piernas.



- ¿Quieres que vaya por ti? - El sonrojo en el rubio incrementó. Criss sonrió de medio lado, el cascanueces se limitó a mirarle.



Esperaron un poco más, Deniss no avanzaba demasiado.



- Creo que deberías ir por él.



- No lo digas... seguro tiene su orgullo.



- Esta por atardecer, los lagos son peligrosos, no sabes que duerme dentro de ellos... -



- Deniss, voy a ayudarte a cruzar - Apenas Criss se lanzó a la primera aglomeración de flor de loto, el rubio le miró con el ceño fruncido.



- ¡Puedo hacerlo yo! - Se puso de pie.
"Deniss, tengo miedo"
"Eres una cobarde..."



No dio ningún paso más el castaño, las piernas de Deniss temblaban pero procuró ir más a prisa, cruzó a grandes paso, grandes saltos y su rostro comenzaba a enrojecerse por el esfuerzo. Estaba molesto, salpicó el agua en su rostro, sus prendas mojadas, le demoró bastante llegar a dónde Criss le esperaba y cuando el rubio extendió su mano para ayudar a salir del lago, Deniss le miró de reojo, con esfuerzo salió, poco a poco, arrastrando sus piernas entre el lodo pesado, el cascanueces le miró pero evitó el contacto con los ojos verdes.



- ¡Espera Deniss! - Gritó Criss, el cascanueces se puso de pie y Criss llegó de nuevo a la horilla, caminaba con los puños cerrados el rubio y ellos caminaron a prisa para alcanzarle. - ¿Porqué te has molestado?



No respondió, caminó aparentemente sin rumbo, el cascanueces no detuvo su paso, porque aquel, era el camino correcto. Llegando hacia la vereda de los baobab de cristal.



- Es por toda la vereda - El cascanueces señaló con su dedo índice la dirección correcta, Deniss apenas si le miró, Criss entonces parecía molesto - Quería ir deprisa, había estado recordando algunas cosas, entonces me apresuré pero Deniss tardaba demasiado pensé que sería bueno que le ayudaras, tenías razón, tiene su orgullo y fui egoísta.



- Eres egoísta, claro, lo has sido desde el principio - El cascanueces sintió que el corazón se le estrujaba fuertemente - pero está bien, yo también fui egoísta y ahora él está siendo bastante tonto ¿Por qué no te disculpas con él? dile que no era nuestra intención hacerle enojar.



- Me gusta más cuando eres sincero, que cuando haces bromas crueles.



- Todo es parte de mí, así que espero que te guste tal cual soy. - El cascanueces sonrió, Criss le miró alejarse y posarse justo al lado de Deniss, que sólo miraba al frente.



- No quería que te molestaras - Dijo bajito el cascanueces. - pero siento no tomar en cuenta lo que sentías. - Era como hablar con un tempano de hielo, inmutable y frío. - Le dije a Criss que te ayudara, porque soy egoísta y quería hacer poco tiempo, pero es la primera vez que tú andas por estos lugares, es difícil, recuerdo la primera vez que yo crucé aquel lago, caí y mi tío furioso tuvo que regresar por mí, entonces lloré toda la tarde.



- ¿Tienes un tío? - Cuestionó interesado Deniss. El cascanueces se alegró, y el rubio notó entonces que parecía ahora más relajado, no le importó, tenía curiosidad, el cascanueces dudó un momento, entonces asintió. - ¿En dónde está?



- No lo sé. - Deniss rodó los ojos, de nuevo mostró su rostro serio y siguió su camino, un poco más aprisa, Criss desde atrás, les miró. Sonrió un poco y sin saber porqué, un tanto, tanto de nostalgia se colocó en su pecho - No es que no quiera decirte - afirmó el cascanueces - en verdad no sé en dónde está, debería de estar pero no está... y no sé a dónde fue.



- ¿Entonces tienes familia? - Entrecerró los ojos el rubio, el cascanueces asintió con la cabeza - ¿Y todos son... - el cascanueces entendió, negó, en su rostro de madera apenas si podían plasmarse sus emociones -



- No fui siempre así, pero no importa... me gusta ser como soy - el cascanueces se viró hacia Criss, le señaló con su dedo índice, delgado y hueco - ¡Criss date prisa!



El castaño fingió no escucharles, podía estar molesto, con Deniss, claro que podía, hizo de su paso un caminar exageradamente lento, el cascanueces río un poco, después miró a Deniss



- ¿Qué? - pero el cascanueces no respondió, rodó los ojos el rubio y esperó a que Criss le alcanzase, le arrebató - Criss...



- Dime que lo sientes, sientes ser tan impulsivo, haber despreciado mi ayuda y no dar las gracias.



- Lo siento - Criss se viró y abrió los ojos con asombro, el cascanueces sintió tan lindo algo en su pecho, una pequeña ráfaga de luz que les rodeó y la briza de puntitos centellantes comenzó a caer. Los baobabs de cristal se iluminaron, y pequeñas señoritas dentro de ellos se hicieron presentes, a pasitos lentos, con sus trajecitos blancos, cabellos de plata y oro, un "tutu" para cada mujercita, entonces el cascanueces resplandeció, Criss sacó brillitos luminosos de sus castaños cabellos y Deniss observándoles intentó comprenderlo todo.



Primero el cascanueces que abandonaba su figura de muñeca... ya su cabello negro y bonito, cursis mechones y en la punta esos ricitos alegres, su piel de madera a algo más que no terminaba de ser piel humana pero tampoco rígida madera... un segundo cambio para él, de esos ojos casi de juguete a una mirada resplandeciente y gris, ojitos brillosos y pestañas largas y en sus mejillas dos motas más naturales, su sonrojo permanente. Después Criss, de su cabello castaño ligeros hilos dorados que entretejiéndose formaron la corona más hermosa, y sus prendas ligeras fueron sustituidas por telas elegantes, un suntuoso acabado, las prendas dignas de un Rey. No más el príncipe de las ratas... Criss, el rey venerado, de aquel reino de hechiceros de buen corazón. En manos de Deniss una espada, y las señoritas saliendo de los baobabs de cristal rindieron reverencia los tres jóvenes, Criss sonrió, Deniss miró sorprendido... el cascanueces mordió su labio inferior y aguató... porque llorar no estaba permitido, no en ese momento. Los baobabs enormes, creciendo más y más brillando casi con arrogancia, pero eran buenos, en el fondo los baobab son tan inocentes.



Ellas rodearon a Deniss, más y más señoritas brillantes, con saltitos simpáticos y un poco más de azúcar... azúcar... también las prendas del rubio cambiaron, sus prendas blancas fueron renovadas por la más sutil de las vestimentas, se le veía tan bien así.



- "Están por llegar" - murmuraron ellas a su oído. Señalando hacia el horizonte, muy en el fondo - "sólo no te detengas"
.*.



Mientras caminaba con las bayas que tanto su príncipe adoraba, ella, que era de la realeza se cruzó por su camino en el carruaje real y una legión de enormes ratones y se escondió entre arbustos, se alejó la reina y entonces un tanto inquieto regresó a su casita, el príncipe sostenía una espada entre sus manos.
"Y mi príncipe, no sonríe..."



- He llegado - El príncipe le ignoró completamente.



Sería así por bastante tiempo más, porque Drosselmeyer no regresó.

El príncipe sumido en su orgullo, poco a poco, sus manos crecieron, su cuerpo cambió

Fue un apuesto hombre con el corazón manchado de recelo y desconfianza.

Se sintió abandonado y culpó nuevamente al pequeño jovencito, del maltrato a la indiferencia...

... lo que dolió más, sólo hablaba lo necesario el jovencito... sólo cuando el príncipe lo deseaba

Se hizo al gusto del príncipe, cumplió sus caprichos y le consintió con alimentos deliciosos.



Más esfuerzo, más desplantes, murmullos que fueron desapareciendo, también el jovencito pensó que no era necesario hablar de más, cada tarde, mientras el ocaso llegaba, miraba al príncipe que ladeando su espada para desterrar su enojo, el jovencito le miraba sin cansarse nunca de verle, descubriendo en el silencio tal vez los pensamientos que no existían, tal vez... una sonrisa escondida que desde siempre había deseado ver...



Una noticia, un murmullo y alguien llegó hasta aquella casita, muchos súbditos, tal vez no muchos, que observaron con respeto al joven hombre de los cabellos plateados. Y dijeron todos "es nuestro príncipe" una reverencia, súbditos para el futuro Rey, sonrió y miró al jovencito a su lado titubear. Se dejó guiar por los súbditos que le llevaron hasta el palacio que no había conocido y su joven guardián le acompañó... muy de lejos, se adentraron y todo el polvo acumulado fue removido por una ráfaga de viento.



- En verdad es nuestro príncipe - Murmuró uno de los hombres que le acompañaba - ¡Oh, su majestad, le hemos buscado por tanto tiempo...!



- ¡Oh, y cuando ella venga, todo será como siempre debió de haber sido...!



- ¿Ella? -



- Su majestad, el rumor se ha expandido... será "ella", la pequeña Clara, que llegará a este sitio y matará a la reina de los ratones que tanto mal ha hecho a este reino, acabará con el mal y romperá el hechizo... el rey y la reina despertarán de este eterno sueño, nuestras familias, nuestros amigos... y usted será por siempre tan feliz a su lado... ella se quedará a su lado para siempre...
Eso es lo que yo siempre desee,
Fue lo único que no tuve
Siempre quise... alguien sólo para mí...
Alguien que alejara tanta soledad.



Y no regresó más a la casita humilde pero confortable, ordenó que ni a Drosselmeyer ni a su sobrino se le permitiese la entrada, porque el primero le había abandonado... el segundo era un asesino, había matado a ese linda mujer, justo en el momento de su nacimiento. El jovencito fue echado, no tenía a nadie más, tan solo que se encontraba, guardó silencio durante el pasar de los días, veía todo a su alrededor sin mirar fijamente algo... muchos, muchos, muchos más seres que vio, todos se adentraban al olvidado reino de los juguetes porque el príncipe había regresado, "él" no era más que uno entre tantos... que querían al príncipe... ¿dolía no ser único? Siguió recogiendo frutos cada mañana..., siguió con la rueda y la aguja, tejiendo para el príncipe... cada anochecer.



Un príncipe imaginario que le sonreía... y le cuestionaba ¿Qué te ha ocurrido?

Todo tan oscuro, el jovencito fue perdiendo poco a poco las fuerzas... y al abrir los ojos, la mirada indiferente justo frente a él...



- ¡Su majestad...! - Intentó ponerse de pie, bastante débil que estaba... el príncipe giró su cuerpo y le dio la espalda... luego entonces, habló. Con la voz más fría jamás escuchada.



- Te he traído para que cumplas tu deber, la reina de los ratones se acerca... viene a darme muerte.



- ¡No puedo permitirlo... voy a protegerle, derrotaré a la Reina Malvada..., daré mi vida si es necesario...!



- No podría ser de otra forma... - "Toc" "Toc" los pasos del príncipe resonando, alejándose poco a poco, salió de la habitación y la puerta se azotó detrás de él.



- Mi príncipe...
.*.



Y al final de la vereda no quedó nada de lo Baobabs, sólo árboles secos y suelo de tierra, las señoritas de "tutu" alegres se despidieron, no sin antes sonreír mucho, mucho a Deniss, entendió el rubio.



- Hemos llegado... - Mencionó el cascanueces, más allá no había más que tristeza, un paisaje desolado y un enorme castillo que escondía a quien siempre había adorado. - este es el reino de los juguetes...



Presionó la cesta de bayas sobre su pecho, el cascanueces mordió su labio inferior. Miró a Criss..., miró a Deniss. ¿Por qué eran tan diferentes a su príncipe...?

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Cap. 9: Este momento.

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Mayo 07, 2011 10:02 pm

Cap. 9: Este momento.

- Su majestad - Una reverencia de respeto a su príncipe, el príncipe del cabello de plata y los ojos de cristal. - Mis hombres le han visto llegar, el joven de madera ha vuelto.

- ¿Ha vuelto...?

- Sí, le vieron con otros dos jóvenes, no les hemos reconocidos.

- ¿Y Clara...? ¿Ella viene con ellos? - El hombre siguió con la cabeza baja y tras varios segundos negó con la cabeza, el príncipe lo supo... - ¡¡Tráiganlo ahora mismo aquí...!!
.*.


Entró la reina rata por la puerta principal, por todos lados su ejército también. Por las ventanas, por las puertas traseras, con ese chillido intenso que helaba la sangre ella gritó varias veces, exigía la presencia del príncipe, pero el príncipe de cabello plateado estaba óculo, no tenía porqué arriesgarse él, no por algo tan insignificante. En su recamara mientras su joven súbdito terminaba de ponerse el uniforme de gala, a saco rojo y pantalón blanco, el príncipe se acercó al súbdito, le acomodó las hombreras de oro, el cinturón negro y dio la espada gastada que el súbdito tomó con las manos temblorosas.

- No perderás ¿cierto? - cuestionó el príncipe, con la frente en alto y la mirada indiferente.

- No lo haré, le protegeré... - sonrió de medio lado el príncipe, el súbdito hizo una reverencia, suspiró antes de empezar todo, salió de la habitación y el "cloc, cloc" de sus botas negras se intensificaba, bajando las escaleras... el ejercito de ratones y la rata enorme con una corona puntiaguda le esperaban.

- ¡Tú no eres el príncipe! - Exclamó la reina rata, su ejército en posición de ataque. El pequeño súbdito quedó paralizado ¿Qué tenía que hacer? - ¿Quién eres...?

- Yo... yo... - empuñó la espada hacia adelante - no voy a dejar que... que... usted no debe dañar a nadie...

-Que tonterías dices pequeño cobarde... estás temblando. Anda... hazte a un lado.

- No - Una mirada desafiante... el jovencito de cabello negro le miró fijamente. Cómicamente, todo su ejército dio un paso hacia atrás. Ella levantó la mirada mientras el súbdito seguía bajando, sin dejar de mirarle.

- Esos ojos extraños, un escalofrío hermoso - la voz áspera de la reina aparentó ser tan dulces - No eres quién piensas ser. ¿Eres realmente quién yo creo? Eres culpable también... sí lo eres, por su sangre corre la misma sangre de aquel hombre que trajo el desorden y el odio. ¡Atáquenlo! - Ordenó a sus ratas.
Para aquel joven, un efímero brillo en los ojos, un destino, una misión y un deseo.
Levantó con esfuerzo la espada, bajó los escalones restantes.
Y las ratas quedaron paralizadas, la reina miró enojada
Tomó su cetro con las dos manos apuntó a sus súbditos


- Eres bastante más de lo que pensé. - El joven le dirigió una mirada de pena, el ejercito de ratas comenzó a recupera el movimiento, fueron ordenado la escena, la reina y el súbdito quedaron justo en el centro. -
Su respiración agitada como un compas de baile, ellas también respiraban agitadamente
El aliento golpeaba en su nuca. El primer golpe dado fue con la piedra enorme del cetro
Su mejilla comenzó a ponerse roja al instante, la reina golpeó varias veces más.
Y él con la espada en manos no pensó siquiera cómo podría lograr proteger a su príncipe.


- Tú no serás nadie hasta el momento que seas quien eres. No voy a permitir que un ser nazca. - Un crujir espeluznante, el llamado de alguien en la parte superior del castillo, el chillido de ratas lo indico. Había más de ellos intentando entrar a la habitación del príncipe. El súbdito no contempló en el peligro, empuñó su espada con fuerza y la reina rata poco pudo hacer, el ejército de ratones comenzó a perder su fuerza, ella estaba herida. Le tomaron entre sus brazos, varios de sus fieles hombre, ella les apartó de inmediato mirándoles con decepción. Llevó su mano a la pequeña herida, sonrió por lo tonto que era el ingenuo súbdito. - No puedes creer que esto es en verdad algo importante ni de cuidado, has rozado apenas la punta.

- No quiero dañarle majestad. - El súbdito esquivó con violencia los cuerpos de las ratas que amenazaban con atacar, varias heridas en el camino, ellos sí que sabían cómo utilizar una espada.

Del enfrentamiento nada le importaba, ella deseaba una mayor recompensa, porque entre los que odiaba, había uno que destacaba indudablemente, el hijo de los reyes que dormían por su hechizo muriese pronto, quería ser ella la que le eliminase, porque era el fruto de la traición más horrenda. El pesado vestido que arrastraba, su cetro enorme resplandeciendo, subió las escaleras tras el joven súbdito.

Y caminó por los pasillos, su nariz puntiaguda y sus bigotes en una cómica sacudida que le guiaba hasta el príncipe. Se posó frente a la puerta, de rodillas le miraban suplicantemente dos ratas.

- Lo siento su majestad - Murmuró uno de sus sirvientes. - Las fuerzas se nos van...
Ella no les miró, chocó la punta de su cetro en el suelo y una ráfaga de viento abrió
de par en par las puertas hacia la blanca habitación,
el príncipe daba la espalda, miraba por el ventanal enorme, el jardín muerto.


- Asquerosa reina, tan repugnante... no viraré mi espalda porque mirarte sería un desastroso insulto - la reina enfureció al escuchar las palabras del sugestivo príncipe, tenía una corona más pequeña que ella y se atrevía a insultarle. Era por él y el rey dormido que ella sufría... y se atrevía a insultarle, ella era poderosa, él apenas un chiquillo recién proclamado príncipe.... ¡y se atrevía a insultarle...!

- ¡De la tierra nacerá tu pena, y tu corazón escondido detrás del hielo de tu tiranía...! - alzó el cetro, el príncipe no retrocedió... no hizo nada ante el crujir de las paredes, la reina desde el marco de la puerta sonrió, apuntó con su cetro al príncipe y cuando iba a decir las últimas palabras... la punta de una espada se clavó en su enorme cola. Un chillido que destrozó los cristales, la luz del cetro se disparó hacia todos lados, todo convirtiéndose en cristal... la reina enfureció, giró su cabeza, sus ojos tenían lágrima...

- No por favor... - Murmuró el joven súbdito a la reina, con su figura temerosa, sostenía del mango la espada que clavaba al suelo la cola de la reina... ella se giró furiosa, la cola fue partida en dos por la espada, pero ella no chilló nuevamente, tenía dos heridas hechas por ese joven súbdito... tenía el coraje suficiente, se abalanzaron su cetro hacia el súbdito.

- También tenías que ser como él... Drosselmeyer me convirtió en lo que soy... tú eres como él... -

Entonces sí era interesante virase el príncipe sonriendo miró a su súbdito y a la reina rata... patéticos. Ella estaba furiosa, sonrió nuevamente, él... tenía tanto miedo, con un conjuro digno de ser aprendido, el cuerpo del cascanueces fue envuelto en una luz violeta, un gritó intenso por parte del súbdito, dolía tanto... y ella cayó al suelo. La luz se desvaneció y con ella la imagen hermosa que antes había tenido.

- Horroroso... - Murmuró el príncipe mientras se acercaba a ambos, tras unos segundos, las ratas enormes subieron las escaleras también, esta vez el príncipe amenazaba con su espada, tomaron a su reina en brazos y se marcharon, temían porque ella sangraba, amenazaron con la mirada pero nadie les notó peligrosos. -

Esperó un poco más el príncipe, frunció el ceño... cuando el joven súbdito empezó a cobrar conciencia.

- ¿Está bien...? - cuestionó bajito el súbdito mientras se incorporaba lentamente - ¿La reina se marchó?

- Todo está bien, no gracias a ti - respondió ofendido el príncipe - y ahora que luces como luces no podrás servirme en nada... antes eras por lo menos agradable a la vista.

El cascanueces levantó la mirada, un eco en las palabras del príncipe, miró hacia la pared de mármol, un reflejo que no era suyo... una figura de madera bastante tosca. Levantó las manos hasta su rostro... eran grandes y feas...

- Yo... - Apenas si podía ponerse de pie el súbdito, las piernas pesadas su cuerpo torpe, el príncipe negó con la cabeza...

- ¡Vete de aquí! - Ordenó, un dolor inmenso en las piernas y los brazos del cascanueces, apenas si podía mantenerse de pie -las ratas se ha ido... hazlo tú también, eres desagradable. Eres débil y cobarde, no serviría un súbdito como tú.

- Por favor... no me aleje.

- ¿Porqué tendría que hacerlo? Desde siempre has ocasionar problemas, "ella murió" por tenerte en su vientre - la figurita de madera no entendió - ... esto es lo que tú mereces, nada más, nada menos... eres lo más desagradable existente, no soporto más estar a tu lado... ¡lárgate!

Se escuchó como alguien ingresaba al palacio, permanecieron expectantes, subieron las escaleras, los mismos hombres que habían proclamado al peli plata, príncipe...

- ¡Majestad! - Llamó el más anciano con barba rizada - ¿Se encuentra bien? Perdónenos... no hemos podido llegar antes

- Porque se escondieron en cuanto la reina rata se había hecho presente... - Murmuró el príncipe con una falsa tristeza, bajó el rostro y miró al cascanueces.

- ¡NO! Por favor, no piense así de nosotros... lo que ocurre es que... tenemos noticias importantes, teníamos que resguardar aquel importante anuncio...

Y dijo el hombre viejo:
Se llama Clara, todo el mundo habla sobre ella, matará a la reina de los ratones y también liberará este reino, será la persona indicada... una linda jovencita que le hará feliz... pero, necesita un guía, y todos dicen que el príncipe debe de ser quien le guie.

El príncipe negó.

- Tengo que cuidar el reino, ella, la reina rata puede regresar... ¡Tú! - Señaló al joven de madera, en el suelo, - irás por ella, le guiarás y le traerás hasta mí. Y entonces, sólo entonces... podrás estar junto a mí.

- Sí... - Asintió con voz dulce, el joven, con esfuerzo pudo levantarse, nadie a su alrededor tuvo la intensión de ayudarle.

¿Qué ocurrió después...? Una fuerte caída por las escaleras y al abrir los ojos, todo era tan diferente,
sus parpadeos no existían, tampoco pudo hacer movimiento alguno, permaneció en el escaparate de la juguetería...
los juguetes siempre le miraban, una reverencia para él, atentos y siempre tiernos, mirándole con adoración. Se sintió apenado.

Un viejo llamado Drosselmeyer atendía sonriendo.
La figurita de madera sólo miraba, le llamarón "cascanueces" qué cálido era su pecho
... alguien le llamaba de manera linda, nunca antes alguien le había dado un nombre.


En ocasiones miraba al viejo llorar mientras murmuraba palabras sin sentido,
Pedía perdón una y otra vez... el cascanueces recordó poco a poco, tenía vagos recuerdos y la espina de un pendiente.
Entonces un día comenzó a cuestionarse ¿Y su príncipe? Recordó... necesitaba a Clara para ayudar a su adorado príncipe.

Aquel Drosselmeyer fue tan cariñoso con él. Recordaba a otra persona con ese nombre.
"Eres mi pequeño". Murmuraba el viejo... y los recuerdos se hacían más claros... aquel hombre... el juguetero Drosselmeyer le recordaba tanto a su tío...
¿Había algo extraño en todo esto? una noche las luces invadieron la tienda y el murmullo de los niños aumentó.
Drosselmeyer dijo: "Perdóname mi príncipe... ". Y dejó al cascanueces abandonado aquella noche de navidad.
No fue un dulce cuento de navidad..., en verdad hacía tanto frío ese invierno
Y mi príncipe, no sonríe... sobre un pedestal de cristal se bufó... de mi amor
Y esa molesta rata enorme, no deja de mostrarme sus malos modales
Y ahora aparezco ante ti, ¿Por qué aún estas en pijama?

.*.


Una brumosa soledad lo envolvía todo, Deniss caminó con cautela, todos aquellos colores pastel en aquel reino no provocaban ni un "poquito" de ternura, hacía frío y el viento soplaba fuerte, el cascanueces, por el contrario, parecía que a cada paso su corazón palpitaba con más fuerza, una aparente sonrisa en su rostro y la canasta con bayas seguía presionando su pecho.

- ¿En dónde está aquel hombre? - Cuestionó Deniss de pronto -

- ¿Qué hombre? - Preguntó el cascanueces confundido, saliendo de su mundo de ensueño, miró el rostro de Deniss.

- El que va a ayudarme a regresar. - Comentó convencido

- No lo sé - Titubeó un poco, Deniss iba a decir algo pero el cascanueces prosiguió. Entonces lo recordó - ¡Mi tío! No le he visto desde hace tanto... Pero puedo encontrarlo... le buscaré. ¡Esperen aquí!

- Vamos contigo... - Mencionó Criss seguro.

- Sí. - El cascanueces sonrió, asintió y adentrándose en el reino, estrujando más a su pecho la cesta de bayas, el cascanueces volvió a sonreír. -

- ¿Y su familia? - Cuestionó Deniss de pronto, tanto Criss como el cascanueces se quedaron mudos - ¿No se preocupan por ti? - la cuestión fue dirigida a Criss. Porque dudaba mucho sobre como preguntarle al cascanueces.

- Eres un tonto, no debes de preguntar esas cosas. - Dijo sonriendo Criss, - en este lugar las cosas no son como en tu hogar. Ni el cascanueces ni yo tenemos padres.

El cascanueces miró de reojo a Criss, después a Deniss. Sin saber realmente de lo que estaban hablando, prefirió no preguntar.

- Es imposible que no tengan padres. - Murmuró Deniss, pero Criss no dijo nada, y el silencio fue la señal necesaria para que Deniss entendiese que no deseaba hablar más.

- ¿Porqué es imposible? - Cuestionó bajito el cascanueces, Deniss no entendió ni un poco su pregunta.

- No hagas caso a nada de lo que está diciendo. Deniss está tan ansioso por volver que no sabe ya ni lo que dice.

- ¿Deseas tanto volver? - Cuestionó el cascanueces a Deniss. Criss sonrió, porque sería una tontería intentar sólo de banalidades, después la cuestión ¿Intentaba proteger a alguien? Sonrió nuevamente y entonces la respuesta de Deniss salió de sus labios

- Sí - Respondió Deniss, sonrió de manera linda, sintió como era liberado de un tremendo peso y de una la nostalgia y el pesar... todo aquello se iba. - Antes no había pensado que tan injusto estaba siendo con todos... pensé que sólo yo era quien sufría. Pensé que nadie más le iba a extrañar... - Un murmullo bajito, bastante bajito que lo dijo pero tanto el cascanueces como Criss lo escucharon -...a Clara, pero no es posible que yo sea el que más le estañe, quizás es porque lo que había ocurrido, por eso pensé que yo tenía más derecho a extrañarla y a mostrarme dolido pero... - Sonrió, eso era lo que sentía, y una simple pregunta le había hecho hablar de lo que tanto había estado guardando. - en verdad que quiero volver y arreglarlo todo...

- Entonces... - El cascanueces ahora no parecía tan conforme y a pesar de todo lo dijo con el corazón. - Hay que esforzarnos para que vuelvas...

Los pasos del cascanueces se tambaleaban en un cómico andar, estaba volviéndose alguien demasiado egoísta...

- ¿Qué tú? - Cuestionó Deniss al cascanueces - ¿Qué harás después...?

- Regresaré... a servir al palacio - Y no muy seguro de sus palabras, dijo lo primero que se le vino a la mente. Sería muy difícil que el príncipe le permitiera quedarse con él... pensar en eso ahora le aterraba, recordó vagas imágenes, ese momento y los ojitos del cascanueces comenzaron a llenarse de lágrimas. Había fallado a su príncipe.

- ¿Y tú Criss, qué harás?

- Iré a mi reino - Dijo un poco serio - Pensé que esto sería diferente, pero no puede ser así. Declararé la guerra a este reino y me quedaré con todo...

- No puedes... - El cascanueces le dirigió una mirada suplicante. - No debes...

- Voy a hacerlo, tú regresarás con ese príncipe ¿No? Eso es lo que harás... y dime Cascanueces ¿Qué hará cuando sepa que no le has llevado a Clara?

- ¿De qué estás hablando? - El cascanueces le miró asustado.

- Tu príncipe quería a Clara pero es tan cobarde que tuviste que ir tú por ella ¿No? - Criss miró con decepción, esperaba algo diferente, en verdad que lo quería -

- Yo... yo...

- ¿Y para qué quería tu príncipe a mi hermana? - Cuestionó Deniss bastante molesto, el cascanueces son fue capaz de decir nada... - Que decepción. Estabas fingiendo. Has mentido... ¿También mentías cuando dijiste que alguien podía regresarme a mi hogar? Seguro que sí... - Deniss echó a correr, más que enojado, furioso.

- Deniss... - Llamó el cascanueces... Criss le miró y después entendió su error. No era para él todo aquello... intentaba que el cascanueces reaccionara, que se diera cuenta de que monstruo era aquel príncipe...

- ¡Maldición! - Criss echó a correr detrás de Deniss, el cascanueces les miró alejarse - ¡Deniss espera...! o tienes que tomarte tan apecho esto... sólo estaba jugando.
Entonces todos se alejan
Miran solamente las sombras
Quedándose son los recuerdos
Los momentos bellos duran tanto...


Caminó el cascanueces hacia el lado contrario. Sus pasos eran pesados y torpes... caminó tan lento y llegó al portal del castillo, la primera vez que le vio le pareció más reluciente, iba apenas a adentrarse cuando escuchó que le llamaban. Viró su rostro...

- Joven, le hemos estado buscando por todo el pueblo - Era aquel hombre, el que llevó la noticia sobre clara a su príncipe, el del la barba espesa y los risos graciosos - Oh... pero ¿Qué le ha pasado...? Ha mejorado mucho su aspecto - El cascanueces hizo una reverencia para saludar a aquel hombre, que bajó de su caballo y con fuerza tomó al Cascanueces por su brazo, sin ocasionar verdaderamente ningún daño. - El príncipe estará bastante contento por verle.

- ¿En verdad?

- Claro... en cuanto se enteró que usted había llegado me pidió que fuese a recibirle... y dígame ahora jovencito... ¿En dónde están sus amigos?

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Última edición por Doki el Lun Dic 26, 2011 10:41 pm, editado 1 vez




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Cap. 10: No llores cascanueces...

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Sáb Mayo 07, 2011 10:02 pm

Cap. 10: No llores cascanueces...
Si no quieres que se marche entonces...
No llores cascanueces...
.*.


Su príncipe bajaba las escaleras, una reverencia y entonces esperó a que estuviese a su lado. El cascanueces sonrió un poco... le quería tanto.

- Has vuelto... - Contenía su enojo, quería saber primero qué había ocurrido, no con su tonto súbdito... quería saber él, todo sobre Clara - ¿Y Clara...?

- Clara no... - Un nudo en su garganta. Su príncipe estaría tan dolido cuando lo supiese, recordó un poco, la canasta con bayas seguía en sus manos - Traje Bayas rojas,

- Te pregunté por Clara...

- Hay una villita con muchas de ellas. Un hombre amable me las ha obsequiado y...

- ¡Eres un inútil! ¡TE ENVIE POR CLARA Y TÚ..., me traes bayas...! - Arrebató de las manos del cascanueces la canasta y las arrojó al suelo y explotaron varías bayas tras ser pisadas con saña, después se acercó lentamente a su súbdito, tomó entre sus manos el cuello blanco de su camisa de muñeco, le sostuvo con fuerza... y mirándole fijamente habló - ¿Dime en dónde está Clara?
.*.

- Espera Deniss... - Criss por fin pudo dar alcance.

- Ha estado mintiendo... - Murmuró el rubio, bastante agitado. - ¿Para qué quería a mi hermana?

- Lo siento, no debí de haber dicho eso... - Criss sostuvo con fuerzas la mano de Deniss para que no se alejara de nuevo - Me enojé, porque el cascanueces dijo que regresaría con a servir al palacio. Ese príncipe es una aberración al mundo. - Las palabras con Deniss no funcionaban, Criss decidió contar más - Hace algún tiempo un rumor empezó a correr. Un viejo viajero lo dijo: "La he encontrado... es apenas una niña, la salvación para todo es ella... Clara". Todos buscaron al indicado para guiar a esa niña hasta este reino, el príncipe tendría que ser. Le encontraron pero el príncipe resultó ser un cobarde... El cascanueces no fue siempre una figura de madera, enfrentó a mi madre para proteger a su príncipe y mi madre le convirtió en madera - Guardó silencio, de pronto notaba todo con más claridad Criss lo había descubierto - Ella era buena, fue tan cariñosa conmigo, intentó ganarse mi amor por de todas las formas pero... mi corazón estaba sellado, mi corazón de piedra nunca pudo corresponderle... no era tan mala... con los súbditos fue estricta y firme pero... una buena gobernante...

- Criss... - El rubio miró con pena al castaño

- ¡Por eso lo siento...! Se malinterpretó todo y el cascanueces no es culpable de nada... y si le dejamos volverá con ese príncipe... y cuando se entere de que Clara no está con él matará enseguida.

- ¿Matarle...? - Deniss abrió los ojos con horror... sintió que algo dentro de él se hundía lentamente. - ¿Sería capaz...?

- De eso y más...
.*.


- ¿Clara está con los hombres que te acompañaban? - El cascanueces negó, intentó apartarse del príncipe un poco, pero el príncipe le sostenía fuertemente apoyando el cuerpo del cascanueces sobre su pecho mientras con fuerza y brusquedad obligaba al cascanueces a poner la palma de su mano sobre el hilo ardiendo de una vela encendida. - Estás de su parte ¿No es cierto? Me has traicionado...

- No... yo... yo le quiero - Salió de sus labios la declaración que escondía desde que tenía memoria, el amor que fue creciendo mientras él crecía, la adoración y el deber. - No podría traicionarle...

- Eres un mentiroso...

- No... - Negó e inmediatamente después el cascanueces mordió su labio inferior mientras comenzaban a escurrir lágrimas por sus ojos, era un mentiroso... Deniss le había llamado de esa manera también... Dejó de ejercer fuerza, casi sin esfuerzo el príncipe sostuvo la mano del súbdito sobre la llama. Y su mano empezó a crujir, el cascanueces frunció el ceño mientras las lágrimas seguían cayendo...

- Iré a buscar a Clara - Afirmó el príncipe, planeando sus actos - Si tus amigos le han hecho algo les mataré... y Clara estará por siempre conmigo.

- Clara ha muerto - Soltó bajito el cascanueces mientras miraba como el humo gris comenzaba a salir de su mano. - Clara... ha muerto...

El príncipe soltó de golpe al cascanueces y entonces cayó al suelo, su mano terminó de quebrarse por la caída, con la mirada vacía pensó. Que todo estaba bien ahora...

- Tú... mataste a mi Clara - Colérico el príncipe desenvainó su espada de plata. Combinaba tanto con sus cabellos lindos. -¡¡ Mataste a mi clara!!

El cascanueces le vio pero no le miraba. Escuchaba pero no le oía.

- No... no es su Clara... Clara es de Deniss, él le quería tanto y sufrió cuando murió.

- ¿Qué estás diciendo...?

- Le amaba verdaderamente, clara también le quería. Por eso no podría ser tu Clara... - Soltó un suspiro el cascanueces. Empezaba a entender todo. - Aunque yo le quiera... usted no podrá querer ni un poco... nunca... entonces no es mi príncipe... usted no puede ser mi príncipe.
.*.


Denis corrió detrás de Criss, se adentraron y demoraron un poco. Criss era bueno con la espada, de un solo movimiento derribó a los tres hombres que estaban en la entrada del palacio. Al anciano con barba no hubo necesidad de derrotarle, echó a correr en cuanto vio lo que ocurrió, se adentraron por los pasillos, buscaron entre todas las habitaciones. Acelerado el corazón de ambos... necesitaban ver al cascanueces.

No... no es su Clara... Clara es de Deniss,

Escucharon ambos, pararon en seco al ver como el príncipe golpeaba al cascanueces. Criss no pudo evitarlo se adentró a la habitación y esquivó a algunos de los súbditos que habían permanecido congelados por tantos años. Entonces vio a ese príncipe que tantos problemas había traído. Era su medio hermano y para ser sinceros tenía mucho en similitud con él, ambos lindos, buenos mozos, el mismo brillo en los ojos, los mismos labios... Miró hacia los tronos. Tanto el rey como la reina permanecían petrificados. Criss sintió escalofríos, era la primera vez que miraba a su padre.

- Déjale - Ordenó el castaño, el príncipe de cabellos plateados paró en seco sus golpes, examinó con la mirada al recién llegado. - Deniss. Saca al cascanueces de aquí. - Murmuró bajito y el rubio asintió con la cabeza, permaneció escondido tras los cuerpos quietos. - Es muy cobarde de tu parte atacar a quién no puede defenderse.

- ¿Y tú quién eres? - Criss sonrió ante la cuestión levantó entre su mano la espada dorada dada por las hadas. Tiró la corona de su cabeza y se plantó como igual ante aquel príncipe.

- Soy quién debo ser - Dio el primer ataque y ante el asombro del castaño, su oponente supo defenderse. Hábil muy hábil que resultó ser ese príncipe cobarde.

Criss siguió atacando, alejó al príncipe del cuerpo del cascanueces, Deniss lo supo inmediatamente, corrió hasta el cascanueces e intentó levantarle. El cascanueces no cooperó en nada.

- Anda levántate, témenos que salir de aquí - Dijo en susurró pero el cascanueces permanecía con la mirada baja. - Criss está haciendo su mayor esfuerzo, por favor, tenemos que salir de aquí.

El príncipe viró su cuerpo para evitar un ataque de Criss, alejados miró al cascanueces siendo levantado por otro joven... frunció el ceño. El cascanueces no saldría de ahí, tenía que matarle... Criss comenzó a tener ventaja, el príncipe fruncía el ceño.

- Ya sé quién eres... - El príncipe sonrió de manera burlona - Eres el hijo de esa asquerosa rata.

Criss perdió el control un momento. El príncipe supo aprovechar. Empujó a Criss al suelo y enterró la espada en su hombro derecho, el crujido de la espada penetrándole fue acompañado de un grito desgarrador. Removió la espada un poco más sobre la carne sangrando y Criss con un intenso dolor reprimió un segundo grito, el príncipe sonrió con maldad, sacó de lleno la espada y la hundió esta vez en una de sus piernas. Aun era muy pronto para matarle. El dolor fue demasiado, Criss sintió como todo le daba vuelvas.

Fue cerrando los ojos poco a poco, el príncipe giró su cuerpo hacia donde estaba el cascanueces, ido con la mirada apagada y alguien más le arrastraba hacia afuera de la habitación.

- ¡Alto ahí! - Deniss ni siquiera se detuvo a verle, siguió guiando el cuerpo del cascanueces hacia otro lugar, el príncipe corrió de tras de ellos, les dio alcance y con fuerza separó a ambos jóvenes, el rubio era quien ponía resistencia amenazando a Deniss el príncipe tomó entre sus manos uno de los brazos del cascanueces. - No te voy a perdonar...

Sería imposible que se defendiese siquiera, no tenía una espada, no sabía usarla, el cascanueces no reaccionaba, frunció el ceño, Criss estaba herido... ¿Qué podía hacer...? ¿Cómo había llegado a eso?
Tú sabes muy bien... que es lo que él quiere


- ¿Por qué querías a Clara...? - Deniss lanzó la primera pregunta. El príncipe no dijo nada, su mirada penetrante le heló el corazón. - ¿Porqué a Clara...? - El príncipe estaba justo a su lado. Deniss arrojó lejos de él, el cuerpo del cascanueces. Lo cierto era que sí hablaba de Clara al príncipe no le importaría ni Criss ni el súbdito de madera. - Es una suerte que ella no haya tenido el desagrado de conocerte.

Y las ofensas prosiguieron, alejó al príncipe del Cascanueces y de Criss, era un tonto, sus manos temblaban y su voz comenzaba a sonar entrecortada, el príncipe no hacía más que mirarle, avanzar a cada insulto, tanto odio en una mirada tan joven, no le conocía, no habría gustado de conocerle, no entendía nada y sin embargo, lo que más le preocupaba era no saber qué ocurriría si no podía detenerle... primero el cascanueces, después Criss. Con aquel odio sin sentido, Deniss pudo verse a sí mismo reflejado en el príncipe... el también odiaba sin motivo, culpaba a todos de su suerte y extrañaba lo que no podía tenerse más... había estado tan ciego.
.*.


- Cascanueces... escucharme -

- No... - Suplicó bajito el cascanueces - No quiero...

- No seas niño... por favor, escucha lo que tengo que decirte - La niña le hablaba de forma dulce, el cascanueces hundía el rostro entre sus rodillas y ella acariciaba su cabello. - Mi hermano está en peligro... cascanueces ayúdale...

- No puedo ayudarle... no, no puedo...

- Sí puedes, tú puedes hacerlo, no dejes que el príncipe le haga daño, él quiere ayudarte, se está esforzando por cuidar de ustedes, Criss está en aquella habitación herido... cascanueces no le dejes solo. Cascanueces... despierta... defiende a aquellos que te quien...
No fue un dulce cuento de navidad..., mi corazón cambió ese invierno
Y mi príncipe, no es más mío... con una espada ha roto mi corazón
Y esa molesta rata, no es más una rata... es Criss y nos ha defendido
Y ahora aparezco ante ti, Deniss. Debes ponerte de nuevo el pijama


Su vista nublada fue enfocándose un poco más... Desapareció la voz de clara pero su presencia estaba más presente que nunca, el cascanueces apenas si pudo ponerse de pie, sus piernas chuecas trastabillaron y tenía una mano rota que bailaba sin pudor.
Gracias...
Por permitirme conocerles...


Una estela en espiral comenzó a rodearle, luz cálida, el cascanueces sintió pequeñas agujas desprendiéndose poco a poco de su piel... un dolor de cabeza intenso, no dejó nunca de pensar en ellos dos... en Deniss, en Criss.
Gracias.
Hubo una vez un hombre que dejó a su reino por la mujer que amaba
Gracias.
Hubo una vez a una mujer, que me regaló la vida y perdió la suya
Gracias
Hubo una vez una niña que como mota de luz guió a su hermano hacia mí
Gracias...
Hubo una vez dos personas...
Gracias... por quererme.

.*.


Tanto el príncipe como Deniss se asustaron ante el crujir de las paredes, el suelo fue brillando más y más, ambos, sin mencionar nada corrieron hacia la mota enorme de luz que les llamaba insistentemente... la gran estela de luz brillante les cegó un momento.

En la habitación continua, Criss sintió un terso contacto que le despertaba, era limpio, puro y amable... y se le antojaba tan familiar que abrió los ojos para ver de quien se traba y sin embargo, lo único que puedo ver fue la inmensa luz que se colaba por el marco de la puerta, sus heridas dolían otra vez, miró a su alrededor... todo lleno de sangre, su estomago empezaba a revolverse.

Bastante esfuerzo le costó ponerse de pie y al primer paso cayó por la punzada que había sentido en su pierna, necesitaba verlo... porque se sentía tan atraído, apenas si pudo arrastrarse con su brazo sin heridas... el Rey Criss se arrastró por el suelo. Asombrado, era una bella estela de luz que envolvía con cariño a...

- Cascanueces... - Murmuró Criss con un nudo en su garganta. - Que tonto... no me di cuenta antes...

En una explosión de luces, y el príncipe... tuvo miedo y con espada en mano se abalanzó hacia el cascanueces. Incluso en aquel momento hubo algo que impidió su ataque... un cuerpo delgado que se posó justo enfrente de su súbdito y que se llevó la peor parte... el acto que provocó tanto odio.

- ¡¡¡DENISS!!! - Gritó fuerte Criss que veía la espada incrustada en el estomago de Deniss... y atravesándole con saña podía ver la punta del otro lado. Collerón las primeras gotas de sangre y ante el contacto el suelo se volvió algodón de azúcar, el príncipe lo miró con asombro, su mirada opaca cogió la maldad contenido... retiró con fuerza la espada y la sangre salpicó en las paredes...
El príncipe entendió.
Salpicó un poco más... y más allá,
Sometiendo a una metamorfosis toda lo que tocaba,
Las paredes se convirtieron en barras arcoíris.


- Cascanueces... - Llamó Deniss al cascanueces, suplicó por atención... como cristales, cayeron los pocos rastros de magia... el cascanueces dejó de ser envuelto por la estela... vio al rubio... tuvo miedo... se acercó a con prisa a él. Sus manos se llamaron de sangre. "Sangre preciada" pensó el príncipe, iba a apartar al cascanueces de él, pero el cascanueces estaba aferrado a Deniss, sus manos se mancharon de sangre y su rostro de lágrimas. - Criss me... dijo... tantas cosas... lo siento... siento... lo que dije... yo...

- Deniss... - El cascanueces recostó su frente en el pecho de Deniss... y el rubio sonrió.

- Me alegro tanto de... - Su voz se entrecortó, la sangre en las manos del cascanueces empezaba a desvanecerse y con esto, la apariencia a maderada de su piel... los ojos de muñeca ambiente abandonaros y por las mejillas tersas escurrían verdaderas lágrimas de dolor... se parecieron a Deniss cómicas, las puntas enroscadas en el cabello del cascanueces... su uniforme militar, azul, se tenía también de blanco... el cascanueces era un jovencito bastante buen mozo, pero ni siquiera podía notarlo... no notó que dejó de ser el cascanueces, no notó que sus lágrimas acumuladas empezaron a formar una estrellita de cristal brillante... ni que el príncipe se acercaba a ellos para aventarle y tomar entre sus manos la muñeca de Deniss.

- ¡Basta de juegos! - Murmuró el príncipe, llevó arrastrando por el suelo a Deniss, hacia la el salón de junto, en dónde estaban sus padres... Al pasar junto a Criss depositó una patada para impedir que dijese algo. Había roto, la sangre del jovencito, la maldición que la reina rata había lanzado a su súbdito... rompía la maldición del castillo... ¿Porqué no habría de hacer lo mismo con sus padres?

Y entonces así lo hizo el príncipe. Manchó su mano de sangre la restregó en el rostro de su padre... pero nada ocurrió.
Presionó por segunda vez en la herida... y nada pasaba, después con sus dos manos... pero no había ningún cambio.

Criss intentó levantarse pero era inútil...

- ¡¡CASCANUECES HAS ALGO...!! Va a matarle... - El cascanueces tomó entre sus manos la estrella de cristal... sonrió con tristeza a Deniss... un escalofrío recurrió el cuerpo del castaño cuando notó que el cascanueces empezaba a ponerse de pie...
"¿Deseas tanto volver?"


- Príncipe... no funciona de esa forma... nunca podría ser así. - Murmuró bajito y su príncipe paró en seco, con las manos llenas de sangre y las lágrimas de impotencia en su rostro - Puedo ayudarte pero... necesito que te ales de Deniss...

- Todo esto es tú culpa...

- Sí, entonces, ven a mi lado... Deja a Deniss por favor...

- ¿Porqué te importa tanto...? - Una idea caló en sus corazón. El príncipe sintió que empezaba a perder su poder sobre aquel súbdito que toda su vida había esperado una mirada de amor. - ¿Te importa más que yo...?

El cascanueces son respondió... quedaba poco tiempo...
"Sí. En verdad que quiero volver y arreglarlo todo..."



- Sé que puedo hacerte volver... - elevó las manos sobre su cabeza, y tras un suspiro fuerte, estrelló con todas sus fuerzas la estrellita de cristal que sus lágrimas habían formado... - Porque... es lo que quieres...
"Entonces... hay que esforzarnos para que vuelvas..."


La luz comenzaba a lastimarle... Entonces Deniss abrió los ojos... restregó el interior de su brazo sobre sus ojos... recordó, con temor miró hacia su estomago... su pijama estaba desabotonado... Pero debía de tener algo más alarmante que un botón desacomodado ¿No? Miró a su alrededor, estaba recostado en uno de los sillones, la sala estaba como la noche anterior, las velas en el árbol ya se habían apagado... los regalos estaban desenvueltos. Se puso de pie y no encontró por ningún lado sus zapatillas...

- ¡Auch! - Dejó escapar un quejido e inmediatamente, miró al suelo y notó un montoncito de vidrios regados por todas partes... de su pie salía sangre y por un momento se quedó completamente paralizado. Retiró el vidrio de su pie y sin temor a lastimarse caminó hacia el árbol... buscó sobre la repisa de la chimenea, entre los juguetes... y le encontró por ningún lado... sintió temor... pedía a gritos una prueba y sin embargo, no fue capaz de pensar que todo había sido un simple sueño...
.*.


Drosselmeyer abrió los ojos de golpe, con un gesto amargo en su rostro y los ojos llorosos... se levantaron, colocó apenas si bien, la bata negra sobre su cuerpo y se acercó al reloj "cucú" que anunciaba las ocho de la mañana..., "toc-toc" en la puerta.

- Mi príncipe es... - Murmuró alarmado...
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«. ·°·~*~' Fin ~*~·°·. »
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La muerte de la reina rata no fue el motivo del fin de las maldiciones...
... lo que ayudó a romperlas fue amor que poco apoco fuiste demostrando por nosotros...
Gracias por querernos.
Y gracias a Clara... que donde quiera que esté, siempre te cuida.


Última edición por Doki el Lun Dic 26, 2011 10:40 pm, editado 1 vez




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y montando vestido de payaso en un caballo de tiovivo.
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Doki Amare Peccavi

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Re: No llores... cascanueces

Mensaje por Doki Amare Peccavi el Lun Dic 26, 2011 10:15 pm


Epilogo


Las lágrimas después de ese día
Fue tanto, tanto para llegar a este momento…

Sus ojitos se abrieron, sentados en la nieve, se humedeció el pijama blanco que extendía el vuelo hasta sus tobillos, poniéndose de pie, el cansancio acumulado le impidió dar pasos presurosos, descalzo caminó algo lento hasta la parte delantera de la casa y posado frente la puerta, giró la manija y se adentró… tan cálido ahí, sus ojitos reconocían aquel lugar, entrando por el pasillo, subiendo las escaleras, caminando hasta donde su corazón le llevaba, subió más y abrió una de las puertas despacio.



— Deniss… yo quería verte de nuevo — El rubio abrió los ojos ante el contacto de una mano sobre su hombro, había sido una noche larga y ahora navidad había llegado mientras él permanecía en uno de los bordes de la cama.



— ¿Quién eres…? — Murmuró bajito para no perturbar el sueños de quién había estado velando aquella noche — ¿Cómo has entrado?



— ¿No me recuerdas? — Cuestionó levantando la mirada, indagando en los ojos de Deniss y no mentía… él que se había esforzado tanto por volver y verle pero… Deniss le había olvidado —






.*.

“Sí. En verdad que quiero volver y arreglarlo todo…”





— Sé que puedo hacerte volver… — elevó las manos sobre su cabeza, y tras un suspiro fuerte, estrelló con todas sus fuerzas la estrellita de cristal que sus lágrimas habían formado… — Porque… es lo que quieres…

…y Deniss desaparición.



— ¿Qué has hecho? — Cuestionó el príncipe, el cascanueces comenzó a sollozar y sus ojos cerrados no miraron nada, permaneció de pie cubierto por motas luminosas que empezaban a rodearle. Chris que en el suelo miraba atento cada movimiento, observó que el llanto no disminuía… ese jovencito lindo que había sido simple madera lloraba y tras el incremento de sus sollozos, las paredes congeladas siguieron convirtiéndose en caramelo y algodón, los súbditos de cristal a caramelo de caramelo a piel sensible y mientras la dureza disminuía, uno a uno casa súbdito que despertaba hacía una reverencia al cascanueces y permanecía de rodillas sin levantar la mirada.



— Eres tú — Murmuró Chris entendiendo “algo” — Eres el verdadero príncipe… Cascanueces… siempre fuiste tú… — Dijo bajito, muy emocionado.



— El no es un príncipe — Dijo su real majestad con los ojos desorbitados, empuñó su espada que se convirtió en espuma introducirse en entre el aura de motitas que protegían al cascanueces, unas motitas singulares que resultaron ser aquellas, hadas de todo el reino le protegieron con honor. “sus lágrimas tan valiosas”. Y así por varios minutos, fue el reino de los juguetes, el de Chris y los otros dos restantes que sintieron la calidez de las lágrimas del soberano más grande de todos. Heridas curadas, rostros sonrojos, haditas volando y el cascanueces lo vio todo con tristeza… no tendría sentido arreglarlo todo.



— Tenemos que volver a empezar… — Miró con Ternura a Chis, también a quién hubiese deseado que fuera su príncipe — tenemos que empezar de nuevo… murmuró plasmando en las paredes, en los muros blancos como proyecciones mágicas, los sueños eternos que definían su existencia y el principio de toda la historia. — Porque fue en aquel momento, en que todo empezó…





Era un baile en el palacio, por fin ella tenía la edad suficiente para acudir a uno. Aun conociendo sólo a pocos, sonreía a quién le mirase un segundo… El príncipe blanco bajó de las escaleras hacia el salón principal ella tan tímida y risueña, se escudó bajo el nombre de su hermano cuando la presentación se hizo, después el príncipe que dedicó tanto tiempo sólo a ella, a nadie le pareció correcto y a la chica risueña le hicieron volver a su hogar.



Había algo que nadie contempló, el príncipe blanco… era tan buen amigo de aquel hermano suyo, el príncipe era bueno y atento. Poco a poco… lentamente su corazón tan puro hizo un especial espacio para el soberano, más visitas y un primer beso fue. Más momentos, sonrisas y en poco tiempo habían roto las reglas de etiquetas, ella era simplemente ella, y él, sólo un joven, él más perfecto de todos. . .



Amor naciendo y una noche el Rey no despertó más, entonces surgió la exigencias, el príncipe blanco dejó de ser él y se convirtió en el Rey de aquel lugar de juguetes, exigiendo un matrimonio que diese como fruto otra generación más de buenos soberanos, negándose rotundamente el Nuevo Rey; porque él amaba a la jovencita Dulce, quien no tenía permitido casarse con él, no era princesa, a pesar de lo linda que era, no tenía una corona sobre su cabeza, pero a cambio, digiero más nobles, había dos princesas hermosas que jurarían amor eterno a él.


Primer acto: “No me alejaré de ella”

Y siguieron las visitas a escodadas, ella dijo: “No me importaría si no soy la reina”, entonces él, mirándole fijamente a los ojos, sonrió, a mí tampoco me importa si no soy el rey. Un comunicado y dijo: “Existe un reino vecino que ha sido gobernado con sabiduría, traigan a su gobernante y acójanlo como lo han hecho conmigo”



El príncipe lo abandonó todo, vivió en una posada con la jovencita que amaba, varias noches dulces y tras varios meses se enteraron de lo que ocurría tras su ausencia. Supieron de aquel acuerdo que no consideró los deseos de los súbditos, se quedaría con su reino de Juguetes quien tuviese al primer heredero, dos princesas que fueron otorgadas a él, ahora se codeaban para ser escogidas por su amigo, el príncipe de Cristal.



De la desdicha de la elección, ellos fueron testigos, la princesa escogida fue la del reino de plata pura, la princesa del reino de hechicería fue desechada con un hijo en el vientre, se organizó una fiesta a la que ellos fueron invitados, porque en un lugar de estos cuatro reinos se encontraban. Prefirieron sembrar cosecha y lavar legumbres en la calidez de su hogar, más tarde los pajarillos dijeron: De la nueva Reina de las ratas y los dos soberanos congelados. “Hemos dañado a tantos” dijeron ambos jóvenes enamorados, cuando se enteraron que él hermano de ella había ayudado a solucionar las cosas.



— Mi hermano está en peligro — Sollozó a su príncipe.



— Regresaré a mi reino, tal vez me rechacen rotundamente pero…un sacrificio lo arreglaría todo, y las lágrimas si se esparcen pueden ser muy poderosas, mi jovencita linda, por favor, no te olvides de mí, porque si logro remediarlo, ¿Sabes? Regresaré por ti de algún lugar — Ella con lágrimas en los ojos, se despidió de su amado joven, con las manos sobre su vientre, disimuló el día de la partida del joven, el bultito indiscreto que bajo su vestido resaltaba.



Las noticias que siempre llegaban, por el viento alegre y las hadas murmuronas: “Alguien que delira y dice ser el príncipe de los juguetes” ¿Y qué le hicieron? “Lo silenciaron para siempre, hirieron su cuerpo que usurpaba y cegaron sus ojos que no podían ver la verdad” En las mazmorras murió delirando porque mintió sobre lo más sagrado que teníamos. La memoria de un gran soberano.



Ella sollozando mucho, tomó recuerditos, prendas y dinero, las colocó en una tela que fue doblada y presionada en su pecho.



— Mi pequeño… tu padre — Decía entre llantos todas las noches — Si le hubiese dicho de tu existencia… si hubiese sabido que tendría un heredero…— Caminó por largos días y noches, quince para ser exactos, adorando desde siempre el producto de ese amor que se había ido, ella caminaba hacia su pasado hogar, escondiéndose de delincuentes, de las enormes ratas y las sombras. Y cuando llegó a su hogar, una mirada le recriminó su presencia.



— ¿Por qué has vuelto? — Cuestionó Drosselmeyer a su hermana en cinta. — Vete de este lugar, vete con el padre de tú hijo.



— Hermano… él ha muerto, déjame quedarme contigo por favor… sólo hasta que mi hijo nazca.



— Querida, este sitio no es para ustedes, te habrás dado cuenta de lo horrendo que se ha vuelto este lugar, sólo tengo ojos para cuidar al hijo del nuevo Rey. — Ella miró el pequeño rubio escondido detrás de Drosselmeyer, una punzada en su pecho… tristeza



“Mi hijo es el hijo del verdadero príncipe… Drosselmeyer, en mi vientre está nuestro soberano”


Segundo acto: “No le diré a nadie quién eres…”



— ¿Porqué tendrías que cuidar tú al pequeño príncipe?— Ella suplicaba respuesta, su hermano no la daría, no frente al niño,



— No te importa — Miró de nuevo el vientre abultado ¿Qué clase de persona sería sí no ayudase a su hermana? Lo meditó — Será sólo hasta que él nazca ¿No? Después no tendré ningún reparo en pedirte que te vayas y no vuelvas



— ¡Gracias…!



Ella ayudó a su hermano a cuidar al principito, bastante revoltoso que era, le divertía jugar con él, porque aún con un hijo en su vientre… ella seguía siendo una niña, juegos inventados por ella, nuevas historias y tanta fantasía en sus palabras, fantasías que el príncipe creyó reales y le dijo, con esa voz infantil pero clara: “Me casaré contigo… haremos por un viaje al reino de las nubes…” ella sonriendo, de infantiles deseos no pasaban aquellos comentarios, lo sabía, un pequeño príncipe y ella. Con los meses que pasaron, de un momento de ensueño a la horrible realidad…



El parto del que no sobrevivió la madre y el príncipe de cristal que aborreció, desde el día de su nacimiento, al príncipe de los juguetes, Drosselmeyer también, tuvo, durante los primeros años de vida, de ese príncipe escondido, un cosquilleo en el corazón que le impedía cuidarle con dedicación y amor, fue estricto y un poco duro y a pesar de todo, con esos gestos bonitos y dulces, el príncipe de los juguetes fue ganando un lugar en su corazón, porque después de todo… era su pequeño sobrino.



No me toques — El pequeño príncipe de los juguetes encogió sus manos y mordió su labio inferior — No me gusta que estés siempre junto a mí, vete. — Tras un ligero puchero el niñito de sonrojadas mejillas, hizo una reverencia y echó a correr, en la puerta de su hogar se encontró con el tío Drosselmeyer y su ceño fruncido.



— Te he dicho que no se corre a menos que sea necesario — Regañó el hombre.



— Lo siento — Se disculpó, el hombre rodó los ojos y dirigió su mirada al príncipe, su orgullo, ladeaba entre sus manos una espada al compas del viento. — Príncipe, la merienda está lista.



— ¡Sí! — Respondió entusiasmado, con su respiración agitada se acercó a Drosselmeyer, colocó su espada en las manos del mayor y se adelantó en el camino, Drosselmeyer dio un suspiro fuerte, miró nuevamente al niño que había estado sin hablar — Anda que la leche se enfría.



Sonrió su sobrino, asintió y caminó aprisa detrás del príncipe, su cabello negro y los bucles sólo al final de estos se aceleraban grácil mente y él ni notaba que alguien le detestaba cada vez más. Se sentó tres asientos alejado del príncipe, el joven a la cabecera de la mesa, Drosselmeyer entre ellos dos, el pequeño notaba al príncipe un tanto serio, pero si Drosselmeyer hablaba de inmediato aparecía una sonrisa satisfecha. Tomó entre sus manos un puñado de bayas y ante la mirada reprobatoria de Drosselmeyer, el príncipe, las echó todas a su boca, sus mejillas infladas hicieron sonreír al príncipe de los juguetes.



Cuidó de ambos príncipes hasta que tuvo que marcharse, había escuchado de alguien que podía ayudar a ese reino a salir de tanta amargura, su nombre era “Clara” y vivía en un lugar muy alejado de ahí. Ambos príncipes solos, uno con mayor apatía, el pequeño, con una adoración desmedida hacia el príncipe cristal, le adoró tanto, cuando mientras crecía, que no le importó dejar de ser el adorable niño de mejillas tersas para convertirse en cascanueces, no le importó dejar su hogar para buscar a su tío, necesitaba salvar al príncipe cristal, ni hacer amistad con el hijo de la Reina rata, no le importó nada más que el príncipe, hasta que conoció a Dennis…


.*.

Drosselmeyer abrió los ojos de golpe, con un gesto amargo en su rostro y los ojos llorosos… se levantaron, colocó apenas si bien, la bata negra sobre su cuerpo y se acercó al reloj “cucú” que anunciaba las ocho de la mañana… “toc-toc” en la puerta.



— Mi príncipe es… — Murmuró alarmado… — Mi querido sobrino…— El temblor en sus manos no fue posible de evitar, porque todos estos años, había cuidado al príncipe equivocado, su sobrino, el hijo de su hermana, el hijo de su amigo… su amigo el príncipe de los juguetes, eran la misma persona, con todas aquellas cualidades.



— Tío Drosselmeyer — Entró Deniss, con el cabello alborotado y sus zapatillas de dormir, el mayor le miró entristecido. — ¿Qué ocurrió?



— El cascanueces…, el cascanueces no está y tengo que saber si es cierto lo que ocurrió anoche.



— Tuviste una pesadilla — Le preguntó, sonriendo el hombre y bajo su sonrisa, la desesperación de saber qué había ocurrido “ni siquiera pude ayudarle a volver”. — ¿Por qué no me cuentas que has soñado?



— No fue una pesadilla — Aclaró muy seguro, pero no recordaba algo concreto que le dijese que lo de anoche había sido real, negó a su tío — Sólo fue un sueño. — Dijo para convencerse a sí mismo. Durante el transcurso del año, se vio al tío Drosselmeyer por menos días, la juguetería decaía poco a poco y su salud empeorando, porque lo que quería, lo que le importaba en ese momento era volver al reino de ensueño, con algodón de azúcar y chocolate en cosecha.



Un año después, en noche buena recibió un recado “El tío Drosselmeyer se ausentaría de la cena” y nunca lo había hecho, Deniss decidió que entonces iría a saber el motivo de aquel de tanto malestar, Se adentró por la juguetería y contrario a lo que imaginó, todo estaba lleno de esplendidos juguetes e innumerables listones, la tos en casa llamó su atención, y caminó por los pasillos hasta llegar a la recamara del tío.



— ¿Drosselmeyer? — Más tos, Deniss entró olvidando su etiqueta, el hombre mayor estaba recostado en su cama, bastante agotado, dormía. Cobijarle fue lo primero que Deniss hizo, también bajar la fiebre y cuidarlo… por lo menos hasta mañana al amanecer, porque ningún medico quería acudir la noche de navidad a cuidar a un viejo.



Cerró los ojos un momento y cuando los abrió, la luz del día entraba. Un jovencito parado frente a él y no escuchó muy bien lo que decía, era extraño y no debería e estar ahí.



— No podemos hablar aquí… no quiero despertarle — Murmuró el rubio, miró de nuevo a la persona recostada en la cama enorme — Espérame en el recibidor, en un momento salgo.



El jovencito no dijo nada, su mirada se nublaba y levantó su mirada para que las lágrimas no saliera… no debía llorar más, salió de la habitación de la misma forma que había entrado, bajó las escaleras sosteniéndose del pasamanos, sus pies dolían… escuchó como una puerta estrepitosa se cerraba de golpe y los pasos fuertes dirigiéndose hacia él, apenas pudo virar su cuerpo cuando sintió a Deniss aferrarse él…


Tercer acto: Volveremos a empezar.



— Eres tú… ¿Cascanueces…? — Dijo palpando su cuerpo y la sonrisa en el jovencito iluminó el rostro del rubio… y a pesar de todo el jovencito tengo con la cabeza.



— Soy Eryck, Drosselmeyer es mi tío — Murmuró cuando las lágrimas en sus ojos empezaron a escapar de sus ojos… — Vine a quedarme con él… “con ustedes…”



.*.



Las memorias de su padre y de su madre conocidas por todos los súbditos, que bajaban la mirada y murmuraban frases con dolor, y príncipe de los juguetes permaneció de pie, hasta que el tiempo fue tiempo y las memorias sólo memorias, miró por último a los príncipes a sus lados — “Perdónenme…”



Las motitas resplandecieron por todos los rincones, cegaron a todo aquel que existía sobre los cuatro reinos, que se convirtió en uno sólo, con súbditos felices, praderas repletas de vida “y muchas bayas por todos lados” sonrió, poniéndose de rodillas, y el llanto de dos niños le hizo sonreír, su posición cansada se convirtió en una inclinación de respeto…



— Ellos serán los príncipes desde ahora — Comentó a los súbditos con su voz dulce, les sonrió y tomó la mano del castaño que le miraba hipnotizado “Chris”, también al niño de cabello plateado… que fue el príncipe de Cristal.



— ¿Y tú quién eses? — Refunfuñó el castaño al cascanueces, recordaba a su Mami y por alguna razón no le extraño, no se preguntó más sobre ella. El niño cristal más observador, dirigió una mirada de asombro al príncipe de los juguetes, que tras el resplandor había adquirido prendas blancas y una corona que no llegaba a tocar su cabello.



— ¿Es un rey? — Preguntó inquieto. Giró su vista hacia los tronos en la sala, estaban vacios, en dónde sus padres estuvieron antes, ahora sólo quedaba el terciopelo blanco intacto y limpio.



— No soy un Rey — Contestó, levantando su reverencia y tomando la mano de ambos, caminó en dirección a las escaleras y subió, ante la vista de todos, hacia la recamara real — las haditas en la habitación, murmuraron bajito y cambiaron las prendas de los tres, por camisolas blancas y cómodas. El príncipe de los separó frente a la cama e indicó a los pequeños que subieron cada uno por un lado. Asintieron ambos pequeños. — Recuerden muy bien esto, porque no podré repetirlo otra vez — Le miraron atentamente pero estaban tan cansados — Todo esto, es de ustedes dos, es un reino que no debe nunca separarse ¿Entienden? Este sitió no soportaría que ustedes dos se separen. — Le escuchaban pero sus ojitos cerraban — Porque estarán sólo el uno para él otro… no los volveré a ver.



— Cascanueces… — Murmuró el pequeño castaño antes de sonreírle tiernamente… — Salúdalo por mi…



Los ojos de El príncipe se abrieron… sonrió también, en algún momento de sus vidas lo recordarían todo



— Habrán hecho crecer este reino para cuando eso suceda.



Los arropó, y cuidó de ellos, por el tiempo que él estuvo ahí, los niños no despertaron. Tardó el tiempo necesario, en la supuesta soledad de esa habitación, en recrear la estrella que había llevado a Deniss a su mundo… el cascanueces estaba decidido, regresaría hasta donde él, hasta donde su tío, y no se separaría de ellos. Los días, más meses… un año exacto, y el cascanueces dejó caer de nuevo esa estrella al suelo, los niños despertaron de aquel sueño tan largo, estremecidos un poco, inmediatamente las mucamas caramelo se adentraron a la habitación, se escuchó el crujir de los cristales pero lo importante era no cometer ningún error…



… consolando a los niños, fueron sirvientes fieles y dispuestos, quienes les vieron crecer, a través de los años, hasta convertirse en dos apuestos jovencitos.



— Eres tonto y lento — Murmuró el de cabellos plateados.



— Mira quién lo dice, el que llora por que le gano en los duelos de espada — El príncipe ofendido correteó a su hermano por todo el bosque, hasta que ambos se encontraron en el pueblo que estaban buscando… —- Lo vez, te dije que era por aquí. —



— ¿Cómo los supiste? — Cuestionó su hermano asombrado



— Él me lo enseñó… — El silencio se instaló entre los hermanos… Ambos sonrieron, los hombrecillos en el pueblo de Té, les sonrieron, y las damitas con vestidos ampones y verdes.




.*.



Él sobrino de Drosselmeyer se dedicó a cuidarle y la tienda de juguetes tuvo un nuevo comienzo “También se lo merecía”. Deniss acudía después del colegio, en ocasiones con su hermanito, la mayoría de las veces, sólo él y se sentaba ver al “cascanueces” construir los juguetes más hermosos. Ese jovencito buen mozo, nada tenía que ver con la cómica figurita de madera que conoció una navidad. “Es hermoso”. Se descubrió, Deniss pensando en más de una ocasión. Regresaba a casa y murmuraba que malvado era. “Eryck es sólo un niño”, se decía un poco arrepentido, pero no hacía falta que la tarde llegase, para que él volviese a la juguetería a contemplarle trabajar, atento a sus juguetes.



— Mi tío está un poco mejor — Respondió terminando de pintar los detalles de una muñeca bonita, el tío no se levantaba de su cama y lloraba mucho y pedía disculpas también. Eryck siempre le sonreía atento, nada tenía que perdonarle porque era muy feliz gracias a él. — Agradezco mucho a tu familia, me han ayudado mucho con los cobros del médico. — Murmuró apenado — Se los pagaré.



— No digas eso, todos queremos al tío Drosselmeyer, lo hicimos porque lo consideramos parte de la familia — Murmuró — Y mi madre se han encariñado tanto contigo también — Sonrió por las palabras de Deniss. — Todos nos hemos encariñado contigo “Pero nadie tanto como yo”— Aclaró el rubio bastante risueño y el jovencito evitó decir algo, pero el sonrojo lo delataba.
…Y algunos meses después, una noche de risas quejumbrosas y… de mañana, Drosselmeyer no despertó.



No llores, cascanueces — La primera vez que utilizó prendas negras… sería la última, le llamó bajito Deniss, apartó la mirada llorosa de la lapida de su Tío — No fue un sueño, cuando perdí a Clara. — Se puso en cuclillas para quedar frente a frente con el jovencito de risos en las puntas de su negro cabello. Secó las lágrimas… y acercó su rostro hasta que su aliento chocó con el rostro de Eryck. — Quedarte para siempre conmigo…






|¤°.¸¸. •´¯`» Doki «´¯`•.¸¸. °¤|

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«. •°•~*~' Se cierra el telón ~*~•°•. »
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Al abrirse nuevamente, no están todos esperando una ovación.

Los reyes perecen en el recuerdo de sus hijos:

Los príncipes, quienes recibieron una segunda oportunidad, descansan cada anochecer por sonreír de día.

Clara, en algún lugar , les protegió todo el camino, Drosselmeyer hizo más de lo que pudo imaginar.

Dennis fue omitido de los cuentos infantil y sin embargo, de la vida del casca nueves, jamás dejó de ser el protagonista

El cascanueces… que pasó de ser un súbdito a príncipe, de piel a madera y de Rey a Juguetero, aceptó lo que sentía: el verdadero amor. . .




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Re: No llores... cascanueces

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